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Novaro, el coloso mexicano


Título original: Novaro, el coloso mexicano
Dirección: Andrés Pardo
Intervenciones de: Luis Gantus, Jose Episcopo, Sixto Valencia Burgos, Gabriel Novaro, Fernando Franco Quiroz
Música: Yonny Roldan
Fotografía: Santiago Casarino
Compañías: K3Films
Distribuidora: K3Films
Año: 2017
País: México
Duración: 76 min. 

 

 

 

 

 

 

Novaro, el Coloso de México traza la historia desconocida de uno de los mayores editores de cómics en el mundo, que reinaba durante más de 30 años antes de desaparecer sin decir adiós en 1985. Sus fans nunca entendieron lo que pasó. Novaro solamente desapareció sin dejar rastro. Sólo los cómics se mantuvo.  

 

  Novaro: el coloso de la historieta nacional

por Marco A. Villa

 

Esta aventura continuará próximamente, ¡no se la pierdan!”, decía en una de sus últimas viñetas el Superman número 1537, a pesar de que sería la última edición que saldría de las máquinas de Editorial Novaro. Era agosto de 1985 y el fin de esta prolífica casa editorial estaba a punto de consumarse por malos manejos financieros. Sus más de tres décadas en la preferencia del público, millones de escenas dibujadas por sus talentosos historietistas y el tesón de sus primeros dueños, son algunas directrices que suman a la nostálgica reconstrucción de su historia, plasmada en el documental Novaro: el coloso mexicano.

 


Aquellos niños y jóvenes que nacieron entre los cincuenta y setenta, invariablemente conocieron las entrañables historietas producidas en esta empresa que Luis y Octavio Novaro fundaron en 1949 después de salir de La Prensa, pues sus variados títulos y coloridas portadas asomaban en los quioscos callejeros de muchas ciudades del país. Así, las aventuras de Archie, Kalimán, el Correcaminos, la Pantera Rosa, Tarzán, Superman (su primer cómic), Capitán Marvel y Batman, o títulos como Titanes Planetarios, Domingos Alegres (de origen francés), Chiquilladas o Dana en el Mundo Perdido, enriquecieron la ilusión de millones de menores que anhelaban que cada historia fuera interminable.

Editorial Novaro dedicó también cientos de páginas al exitoso personaje creado hacia 1911 en Europa, Fantomas, quien terminó siendo uno de los más representativos y longevos del sello editorial. Tal cual ocurrió con otras historietas, Fantomas. La amenaza elegante tuvo un talentoso equipo que la hizo posible, desde el escritor Julio Cortázar que aparece por primera vez en la edición 201, la cual presentó el capítulo “La inteligencia en llamas”, hasta los maestros Jorge Chargoy y Alfredo Cardona Peña, quien lideró la División de Cómic de Novaro por más de veinte años y que creó más de un ochenta por ciento de las aventuras de Fantomas.

 


 

Para el público infantil mexicano, las historietas de Novaro tuvieron un valor que iba más allá del ser solo productos para el entretenimiento. Fueran de drama, aventura o comedia, no pocos se pulieron en la práctica de la lectura mientras se divertían con las andanzas de sus personajes favoritos. Fueron también objeto de enseñanza, pues la casa produjo sus propias creaciones, algunas encaminadas a tratar temas de historia y ciencia, como fueron los casos de Epopeyas, Vidas Ejemplares o Vidas Ilustres, generalmente acompañadas de las obras de grandes historietistas, como Sixto Valencia, después dibujante de Memín Pingüín, o Fernando Llera, quien dio vida a la Pantera Rosa.

Asimismo, las traducciones y adaptaciones bien cuidadas, la pulcra ortografía y la creatividad de los contenidos hicieron de cada historieta un producto con calidad que terminó por derribar mitos, como el de que eran dañinos para el desarrollo del lenguaje y la enseñanza de ciertos valores que otras series, como La Familia Burrón o Lágrimas y Risas, se “encargaban” de empañar, a decir de las buenas conciencias de la época; pero esto fue, desde luego, un comportamiento prejuicioso que terminó por ceder a la masificación de la historieta con las decenas de títulos que llegó a tener en el mercado, y que gracias a su impresión en ófset, tuvo en algún momento el mayor tiraje para el género en el mundo hispano.


 

Y es que las tiras cómicas mismas habían sido, desde que comenzaron a aparecer en los periódicos hace alrededor de un siglo, principalmente en sus suplementos culturales, un producto “de cierto nivel” por estar dirigidas a la clase media, para en la década de los treinta convertirse en un fenómeno de lectura popular gracias en buena medida a su bajo costo, así como objeto de encono y vergüenza entre algunos sectores sociales que veían en las historietas populares, como los Pepines o Los Chamacos, un producto apto solo para los estratos sociales más bajos, lo que orillaba a otros a consumirlo a hurtadillas.

Como se expone en el archivo fílmico incluido en este documental –que fue comprado en un mercado de la CDMX en marzo de 2011–, la historia de Novaro terminó en medio de una profunda crisis económica que apremiaba al país, y no por el terremoto de 1985, como suele decirse. Repartición de archiveros y escritorios, así como liquidaciones de miles de ejemplares por cabeza que al tiempo permitió la circulación de historietas en el mercado de segunda mano –muchas de ellas hoy cotizadas a precios desorbitantes–, más una misa el 12 de diciembre de este año, pusieron punto final a esta empresa que inició actividades en Donato Guerra 49 y terminó en Naucalpan.


Fuentes de información: Filmaffinity, Relatosehistorias,



Ver documental completo en Youtube.

El Archivo

Título original: El Archivo
Dirección: Anaïs Taracena, Rafael González
Fotografía: Anaïs Taracena, Rafael González
Sonido directo: Anaïs Taracena, Rafael González, Deleón Francisco
Montaje: Carlos Valle, Anaïs Taracena, 
Producción:   
Material de archivo: Procuraduría de los Derechos Humanos, Archivo Histórico de la Policía Nacional AHPN.
País de producción: Guatemala
Año: 2017
Duración:  30 min.













El Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala es el acervo más grande perteneciente a un institución policiaca que pueda ser consultado libremente en el continente americano. 



Durante años estos archivos permanecieron ocultos en un edificio abandonado en las instalaciones de la Policía Nacional. Desde su descubrimiento en el año 2005, se rescataron la totalidad de los archivos encontrados y más de 20 millones de documentos han sido digitalizados

Este documental retrata la labor de archivística de este acervo donde los papeles cobran una labor de memoria histórica y de búsqueda de la verdad y la justicia en un país marcado por una guerra civil.


 Testigos de papel en el AHPN de Guatemala

En julio de 2005, ocho kilómetros de papeles viejos fueron encontrados, entre ratas y cubiertos de excrementos de murciélagos, en las ruinas de una construcción abandonada. Eran los restos mortales de una de las máquinas de represión en los 70 y 80 en Guatemala. Después de un intenso y discreto trabajo de archivística, de digitalización y, sobre todo, de interpretación, el Archivo Histórico de la Policía empieza a hablar. Aporta una voz potente a los procesos judiciales y a la reescritura de la sangrienta historia reciente del país centroamericano. 

Los documentos hablan 

Cuarenta y cinco mil personas que podrían contar esta historia no lo harán nunca: desaparecieron, están desaparecidos, son desaparecidos. Son parte de los 300.000 asesinados por el conflicto y la represión que asolaron Guatemala durante más de tres décadas. Sin embargo ya “testifican” 80 millones de hojas de papel que brindan su testimonio con modestia, pero con contundencia. De estos datos ya han surgido cuatro libros y al menos ocho procesos judiciales llevados por crímenes contra la humanidad. Estos legajos son tratados con los más modernos métodos de análisis por un grupo de técnicos, académicos y activistas de derechos humanos. Su trabajo es ayudar a los documentos a contar las historias que la misma historia ha intentado olvidar. Todos los funcionarios entrevistados que trabajan en el archivo, sin excepción, hablan de éste como la misión de sus vidas. “Mi record personal sugiere que yo soy el hombre menos indicado para ser el director de un archivo policial, pero fue lo que me tocó”, bromea el coordinador del AHPN, Gustavo Meoño, un ex-militante guerrillero que dirigió la fundación Rigoberta Menchú y que pasó a liderar el proceso de reorganización del archivo policial más grande de América Latina.  



El milagro 

Meoño considera un milagro que el archivo exista, pero le da una explicación más terrenal. La Policía Nacional, disuelta después de la firma de la paz en 1996, requería de una organización bien controlada para cumplir sus objetivos. “Una burocracia, por necesidad, conserva sus registros porque son útiles para su funcionamiento”, dice Meoño, y hace una analogía de los registros detallados de los movimientos de trenes que cargaban a los detenidos.

Se hizo limpieza, quedan las telarañas 

El archivo del que se habla en los más importantes foros de archivística del mundo, ese que ha llevado al banquillo a algunos de los personajes más buscados de la historia reciente de Guatemala, está escondido entre callejones de un barrio obrero de la zona 6 de la capital de Guatemala, lo rodea la escuela de la recién fundada Policía Nacional Civil y un predio que apila cientos de carcasas de coches viejos. Está en un terreno del Ministerio de la Defensa, un predio del Ministerio de Gobernación, y en la jurisdicción archivística del Ministerio de Cultura. Es un cuerpo funcional financiado y equipado por donaciones de instituciones de más de diez países. El Estado de Guatemala no tiene un presupuesto para su mantenimiento. La cooperación internacional permite que haya un buscador de datos básicos en el sitio de la Universidad de Texas, y un respaldo completo resguardado en Suiza que se actualiza regularmente conforme los técnicos y profesionales avanzan en la limpieza y digitalización de miles y miles de folios. En paralelo el estadístico Patrick Ball, de Human Rights Data Analysis Group y perito en el juicio por genocidio contra el ex-dictador José Efraín Ríos Montt y el ex-jefe de inteligéncia José Mauricio Rodríguez Sánchez, coordina un trabajo de estimativa del tamaño y contenido de las colecciones del archivo a través de muestras de los documentos.  



El descubrimiento casual 

En 2005, los vecinos de la zona 6 presentaron una denuncia ante la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), pues temían que el depósito de armas y explosivos, guardados de manera precaria en lo que parecía un terreno abandonado, pusiera sus vidas en riesgo. El predio, acorralado entre chatarra y lleno de laberintos sombríos en sus entrañas, había sido la construcción fallida de un hospital policial, la sede del Cuerpo Dos de la policía y el sitio del que se rumoraba haber sido centro de detenciones y torturas entre los años 70 y 80. Un historiador acompañaba a la comisión que verificaba la retirada del armamento. Curioso, vio por una ventana montañas de papeles; le intrigaron los candados en las puertas. Así, entre escombros, tierra y moho, apareció el archivo cuya existencia se venía negando desde que la Comisión de Esclarecimiento Histórico solicitara los documentos de la Policía Nacional. Fiscales, defensores de derechos humanos y familiares de desaparecidos se apostaron ante las puertas de aquel hallazgo. Permanecieron en vela hasta que los sucios papeles tuvieran resguardo para responder a cientos, miles de preguntas, acumuladas en 36 años de guerra. Hace cinco años, Meoño decía a los periodistas que serían sus hijos o quizás sus nietos quienes concluyeran su tarea. El coordinador ahora calcula unos diez años y la tecnología va avanzando. Los procesos judiciales apenas empiezan, la reconstrucción histórica y los procesos de reconciliación después de 17 años de la firma de la Paz son embrionarios, y el Archivo Histórico se ha constituido en un engranaje que gira tímida y silenciosamente para ayudarlos a avanzar.  


El rompecabezas de los recuerdos 

Encontrar las respuestas entre 8 km lineales de folios parecía imposible. Fue solicitado el apoyo de la archivista Trudy Peterson, que ya había dirigido los trabajos en el archivo de Kremlin, en Rusia. Peterson estaba a punto de jubilarse, pero cuando vio aquello, decidió aplazar el retiro y poner orden al que es quizás el trabajo más grande de su vida. La primera instrucción de Peterson a los activistas que ahora iniciaban su carrera de archivistas fue que había que poner orden. Necesitaban meterse en la cabeza del que creó y ordenó los datos. Organizar los documentos requirió entender la estructura, la jerarquía, las diversas instituciones que iban cambiando de nombre al largo de más de un siglo de burocracia. Así como los antropólogos de la Fundación de Antropología Forense (FAFG) buscan el pasado soterrado y recomponen los huesos de las víctimas, así también se ordenan los restos del que fue un cuerpo represivo que actuó de la mano del ejército. Era preciso identificar los órganos vitales, hacer un estudio de la anatomía institucional.


Fuentes de información: Artículo por Alejandra Gutiérrez Valdizán y Marcelo SoaresArtículo realizado en el taller “Periodismo sensible a los conflictos”, organizado por la DW Akademie en cooperación con el Archivo Histórico de la Policía Nacional. Editor: Roberto Herrscher. Guatemala, noviembre de 2013.,


Lágrimas de aceite

Título original: Lágrimas de Aceite
Dirección: Marc Gavaldà
Guión: Marc Gavaldà
Fotografía: Marc Gavaldà
Cámara: Lídia Álvarez, Marc Gavaldà
Montaje: Marc Gavaldà
Sonido: Manu Estrada
Música: Manu Estrada, Los Wembler, Cuarteto Continental
Productora: Colectivo Alerta Amazónica
Formato: FullHD
Intervienen: Comunidades Nativas del río Chiriaco, Nieva y Marañón
País de producción: Perú, Catalunya
Distribución y/o venta: alertamazonica@gmail.com
Licencia: Creative Commons
Web oficial: http://alertamazonica.wordpress.com
Año: 2017
Duración: 62 min.





La Caducidad del modelo petrolero en la Amazonía peruana

Cuándo caduca un oleoducto en la Amazonía? En 2016 más de 10 roturas en diferentes tramos del Oleoducto Norperuano afectan a decenas de comunidades nativas de los pueblos Awajún, Huampis y Kukama. "Lágrimas de Aceite" explora las consecuencias de la obsolescencia de la infraestructura petrolera interpelando a un cambio de modelo energético que no genere desplazados ambientales a largo plazo.

Alarmado por la recurrencia de derrames en el norte del Perú, el colectivo Alerta Amazónica, un grupo de investigadores-activistas que centran su creación en la denuncia de los atropellos a los pueblos amazónicos a través del lenguaje audiovisual, recorrió en agosto y septiembre de 2016 el curso del río Marañón desde sus vertientes andinas hasta su desembocadura en el gran Amazonas.


Un recorrido a través de una infraestructura petrolera deteriorada como es el Oleoducto Norperuano, puesta en marcha en 1972 para que empresas como Occidental, luego Pluspetrol, Petroperú, Pacific y otras inyecten a los mercados globales el petróleo alojado en las profundidades de la Amazonía.

El documental aborda el envejecimiento de la infraestructura petrolera en la región amazónica. Construida hace 40 años de la mano de corporaciones privadas, frecuentemente con financiamiento estatal, oleoductos como el Oleoducto Caño Limón -Covendas (Colombia), Sistema de Oleoducto Trans Ecuatoriano (Ecuador), Oleoducto Sica Sica- Arica (Bolivia) o el mismo ONP parecen compartir un nefasto ocaso y deterioro.

Los derrames son el hilo conductor de un documental que aborda, a través de sus protagonistas, las comunidades directamente afectadas, temas como la gestión de las emergencias, la comunicación corporativa, el racismo ambiental y el envenenamiento paulatino que sufren los pobladores de una toxicidad impresa en el territorio.





Lagrimas de aceite, el petróleo antes que el agua. Documental de Marc Gavalda

Animales muertos; niños con dolor de cabeza, de estómago y mareos; madres que sufren abortos no intencionados; o una botella de agua completamente negra como prueba ante un tribunal son algunas de las imágenes que dejó el derrame de petróleo en las comunidades amazónicas del norte de Perú, y que el director catalán Marc Gavaldà retrata en ‘’Lágrimas de aceite’’ (2017), documental que podrá verse en la Muestra de Cine Indígena del Museo de Arte Precolombino.



‘’Lágrimas de aceite’’ explora los efectos de la obsolescencia del Oleoducto Norperuano, la mayor infraestructura de transporte petrolífera del país, en manos de la empresa estatal Petroperú, desde que en 2016 se registraran más de 10 roturas, afectando a los pueblos indígenas Awajún, Huampis y Kukama que habitan en la zona del río Marañón.

Pero todo empieza en los años sesenta, cuando se encuentra petróleo en la Amazonia y grandes empresas petrolíferas empiezan a construir oleoductos en Perú, Ecuador y Bolivia, iniciando un negocio de gran rentabilidad. Sin embargo, las construcciones tienen un ciclo de vida de cuarenta años, y al no darles la mantención adecuada, eludiendo a ‘’políticas de austeridad, empiezan a quebrarse.

Entonces la historia se repite más o menos igual en cada caso: las empresa se resiste a actuar, negando o minimizando el impacto, incluso acusando a los perjudicados de sabotaje. Y luego, si empiezan las soluciones, estas toman tiempo, nadie toma responsabilidades y los vacíos legales tienden a darles impunidad.

La fortaleza del documental son sus testimonios. Los afectados cuenten como, aun y sabiendo el riesgo de tener contacto con el hidrocarburo, no tienen otra alternativa que seguir tomando el agua y comiendo los peces que el río en el que se basa su comunidad les da. Muestra también a los niños que fueron arrastrados a colaborar en la recogida de los desechos, a quienes estafaron, y que además no recibieron ninguna advertencia ni protección para trabajar.

Los casos retratados en el documental tuvieron un final favorable a las comunidades gracias a su movilización y denuncia, pero no es tanto la especificidad del film lo que le queda a uno tras verlo, sino la exposición de una dinámica extendida hoy mundialmente, en que los beneficios económicos resultantes de la explotación de los recursos naturales se superponen a la supervivencia de los territorios y sus habitantes. Y en este aspecto, ‘’Lágrimas de aceite’’ se inscribe a la demanda cada vez más necesaria de que hay que transitar hacia nuevas formas de generación de energía que consideren la conservación del planeta como prioridad.




‘’Lágrimas de aceite’’ fue dirigido Marc Gavaldà, especialista en impactos del petróleo y en poder corporativo en América Latina y autor de libros como Las manchas del petróleo boliviano. Tras los pasos de Repsol (1999), La recolonización (2003) y Gas Amazónico (2013). Un proyecto colectivo audiovisual de Alerta Amazónica, financiado a través de una campaña colectiva de micro-mecenazgo.*1
https://bitacoradecine.cl/lagrimas-de-aceite-el-petroleo-antes-que-el-agua-documental-de-marc-gavalda/

Fuentes de información: Alerta Amazónica*1 Bitacora de Cine, Kaos en la Red, CCMA.