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Tlatelolco Claves de la Masacre

Dirección: Carlos Mendoza        
Guión: Carlos Alberto Mendoza Aupetit 
Producción: Nancy Ventura Ramírez
Música: Benito Espinoza, David Mora
Fotografía: Eliseo Morales,Francisco Javier Zarco        
Montaje: Roberto Vázquez Rojas 
Productora: La Jornada, Canal 6 de Julio. 
Páis de producción: México
Año: 2003
Duración: 57 min.
"Fruto de la investigación de Carlos Mendoza y del equipo del Canal Seis de Julio, A.C., este video es un documental que reúne todos los testimonios cinematográficos que se conocen sobre los sucesos del 2 de octubre y que La Jornada ha decidido poner al alcance de sus lectores a partir del 27 de septiembre en los puestos de periódicos Quizá porque se nos advierte cuando empieza a correr la cinta que el sonido que acompaña a las escenas no es una ambientación a modo, sino el silbar de las balas y el bullicio angustioso que se escuchó la tarde del 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas, es precisamente ese rumor de descargas una de las cosas que más impresionan de Tlatelolco, las claves de la masacre."
Algunas notas previas a la masacre del 68:
  • La palabra Tlatelolco proviene del náhuatl tlatelli o xaltiloll que significa “terraza o lugar del montón de arena”. Era el hogar de los Chichimecas  hasta que en 1473 formó parte del Imperio Mexica gracias al emperador Axayácatl
  • En el México originario, Tlatelolco era la 2a ciudad más importante después de Tenochtitlan y fue muy famosa porque tenía el mercado más importante de toda la región.
  • El 13 de agosto de 1521, Tlatelolco es testigo de la derrota del último emperador azteca Cuauhtémoc en la batalla decisiva contra los mexicas y donde se calcula que murieron más de 40,000 indígenas.*2
¡CONTRA LA PARED HIJOS DE LA CHINGADA! ¡AHORITA LES VAMOS A DAR SU REVOLUCION! (frase histórica de los altos mandos del ejército mexicano al cargar contra los manifestantes) 
Hoy se cumplen los cuarenta (actualizando, son 42) años de la matanza de estudiantes en Tlatelolco, siguen pasando los años y las conmemoraciones pero el juicio histórico y político, aunque parezca mentira, está aún por hacerse. Los culpables amparados en un sistema que premia con la impunidad han logrado escapar al cerco de la justicia. Lo cierto es que el presidente de entonces Díaz Ordaz desde un primer momento asumió la responsabilidad en dicha tragedia que según sus propias palabras “fue provocada por los estudiantes comunistas que dispararon contra la tropa”. La democracia y el estado de derecho estaban en peligro y había que cortar de raíz ese fermento subversivo.

Díaz Ordaz no es más que un perverso matarife de guante blanco y levita sólo comparable al conquistador Hernán Cortés que también en la misma plaza de Tlatelolco un día 13 de agosto de 1521 inició el genocidio del pueblo Azteca. Para mayor ironía semanas después de la matanza el verdugo de Díaz Ordaz inauguró los Juegos Olímpicos del 68 con una suelta de palomas de la paz tras encomendarse a la protección de la virgen de Guadalupe. Lo más curioso es que ningún país se retiró de la olimpiada o hizo una declaración de protesta por la masacre La comunidad internacional, muy por el contrario, felicitó al presidente por la valentía y el arrojo que demostró en este “infausto” episodio.

El año 1968 será recordado en la historia de la humanidad como un año de revueltas y agitación social: el mayo del 68, la primavera de Praga o el movimiento hippie, las panteras negras en EE UU y las manifestaciones en contra de la guerra del Vietnam. También fue marcado por el asesinato de Martín Luther King y el de Robert Kennedy, y como, no Tlatelolco, que es lo que más nos atañe a los latinoamericanos. 
El movimiento estudiantil mexicano se declaraba antiimperialista y libertario resuelto a protestar contra del orden establecido, a protestar contra el autoritarismo y la represión policial propiciada por el gobierno, la inviolabilidad la autonomía universitaria y un sin fin de reformas sociales necesarias para consolidar un sistema plural y democrático. En esos años gobernaba el PRI que ejercía un poder omnímodo, monolítico sin apenas oposición, en donde no existían errores y el jefe máximo era glorificado por la camarilla oficialista. Cada una de sus palabras se consideraban sagradas y todos los medios de comunicación y la elite intelectual tenían que hacerle venias a su majestad todopoderosa.

No existía la posibilidad de hablar mal del presidente, caricaturizarlo y menos demostrar como él y sus secuaces desfalcaron millones de pesos del erario público. Lo más natural era que los grandes dignatarios y su cortesanos salieran multimillonarios del palacio de gobierno. Bala, cañonazos y bayoneta calada fueron las órdenes impartidas por el sicario y sucesor de Díaz Ordaz, Luís Echevarria, en ese entonces Secretario de Gobernación, con el fin de reprimir las protestas estudiantiles. Estos dirigentes corruptos, asesinos a sueldo de los norteamericanos, en los libros de historia siguen siendo renombrados como próceres beneméritos del orden y al progreso.

¡Qué frágil y efímera es la memoria! Hoy el presidente mexicano Felipe Calderón no es más que el sucesor de esos genocidas pues continúa utilizando la represión para acallar los movimientos sociales, sin olvidar a los cachorritos de la Madrid, Salinas de Gortari, Cedillo y el zorro de Fox.

Díaz Ordaz ante la multitudinaria marcha del silencio el 13 de septiembre de 1968, en la que participaron alrededor de 200.000 jóvenes que tomaron el zócalo capitalino, dijo: hasta donde estemos obligados a llegar llegaremos. Fue tal la demostración de fuerza que los estudiantes amenazaron con ocupar el Palacio Nacional si el presidente no accedía a negociar un pliego de peticiones. En respuesta fueron desalojados a la brava con tanques militares y arrestados varios de sus dirigentes. 
Pero lo peor estaba por venir. Fue ese día aciago del dos de octubre del 68 cuando los estudiantes de la UNAM y del Instituto Politécnico junto al Consejo Nacional de Huelga se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas o Tlatelolco para conminar al gobierno a aceptar sus reivindicaciones. Pero Díaz Ordaz iracundo dio la orden de disolver el motín pues se acercaban las olimpiadas y para él los insurgentes pretendían boicotearlas. La reputación de México estaba en peligro. Uno de los lemas más coreados por los estudiantes no dejaba dudas de sus intenciones: no queremos olimpiada, queremos revolución. Ésta fue su sentencia de muerte.

Inmediatamente el régimen priísta los acusó de traidores a la patria y de estar financiados, entrenados y armados por los soviéticos y los cubanos. “Los Estudiantes no tenían otra intención que la de desestabilizar la institucionalidad”-titulares de la prensa-Esos son los instigadores de un golpe bolchevique Testigos de la matanza dicen que a las 18 horas 15 minutos vieron acercarse a un helicóptero militar que dio varias vueltas sobre la plaza lanzando una bengala. Esta era la señal para iniciar el combate. Los estudiantes cercados en Tlatelolco fueron presa fácil del “heroico” cuerpo de Granaderos y el batallón Olimpia del ejército mexicano que al grito de “a todos estos cabrones se los llevo la chingada” dispararon a mansalva -dizque en defensa propia- al verse atacados por francotiradores (que no eran otros que agentes infiltrados del propio Batallón Olimpia) Luego se demostró que la mayoría de las víctimas tenían heridas de bala en la espalda, los glúteos o en las piernas. En medio del caos fueron cobardemente fusilados a traición.

A los oficiales que participaron en la operación de la Plaza de las Tres Culturas se les premió con ascensos, autos LTD ultimo modelo y viajes a Disneylandia. Díaz Ordaz de carácter autoritario y déspota, colaborador de la CIA como tantos otros gobernantes latinoamericanos, hoy yace enterrado en el pabellón de próceres ilustres. Incluso fue nombrado a finales de los años setentas embajador en España por ser uno de los estadistas mejicanos de mayor prestigio. Siempre se vanaglorió de que él había salvado a México de la catástrofe y así lo contaba la historia oficial hasta hace muy pocos años pruebas más contundentes salieron a relucir sentando en el banquillo de los acusados a los inductores de la masacre. Díaz Ordaz junto a sus esbirros Luís Echevarría, Secretario de Gobernación y Marcelino García Barragán, Secretario de Defensa son los directos responsables del asesinato, desaparición y tortura de cientos de estudiantes a los que hoy 40 años después homenajeamos como mártires de la libertad. No podemos cejar en el empeño de perseguir a los asesinos hasta que sean condenados porque estos crímenes de lesa humanidad jamás prescriben y el ordenamiento jurídico de los tribunales internacionales está presto a castigarlos. El estado mexicano es el directo culpable de este genocidio y debe pagar una justa reparación moral y económica a todas las víctimas. Ese día sangriento en medio de la balacera nació un nuevo México, un México que a pesar de todo se ha reafirmado en la lucha revolucionaria que inspiraron sus héroes populares Pancho Villa y Emiliano Zapata.*1 
Otros documentales que tratan este tema: El Grito, México La Revolución Congelada.
 
 
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¡EL 02 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA!

El Grito

Dirección: Leobardo López Aretche
Producción: José Rovirosa
Guión: Oriana Fallaci
Música: Óscar Chávez
Sonido: Rodolfo Sánchez Alvarado
Editor: Ramón Aupart
Fotografía: Leobardo López Aretche, Roberto Sánchez, José Rovirosa, Alfredo Joskowicz, Francisco Bojórquez, Jorge de la Rosa, León Chávez, Francisco Gaytán, Raúl Kamffer, Jaime Ponce, Federico Villegas, Arturo de la Rosa, Carlos Cuenca, Guillermo Díaz Palafox, Fernando Ladrón de Guevara, Juan Mora, Sergio Valdez y Federico Weingartshofer.
Narración: Magda Vizcaíno, Rolando de Castro
País de producción: México
Productora: Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC)
Año: 1968
Duración 100 min.





"El más valioso testimonio fílmico sobre el movimiento estudiantil de 1968 en la ciudad de México, desde el mes de julio hasta la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco. Incluye imágenes filmadas por los propios estudiantes del CUEC, quienes salieron a las calles para registrar las manifestaciones y la represión por parte del ejército y la policía de la cual fueron sujetos, hasta culminar con la inauguración de los XIX Juegos Olímpicos."


"Armado por Leobardo López Aretche después que los alumnos del CUEC documentaron el movimiento estudiantil de julio a octubre de 1968, El Grito es un tronante desahogo, un grito fílmico contra el gorila de cartón que esos alegres jóvenes sesentayocheros queman en el Zócalo, un exabrupto contra los golpes y la represión diazordacista, un documento político inapreciable, un espléndido documental de principio a fin."

"Sin concesiones al formato del documental convencional, sin letreros explicativos ni fechas anotadas en pantalla, sin identificar a quien habla o toma el micrófono, López Aretche recrea el movimiento estudiantil separándolo por meses (julio, agosto, septiembre y octubre) y utilizando, en lugar de la clásica voz en off narrativa, textos de la periodista Oriana Fallaci y del mismo Consejo Nacional de Huelga."

"La cámara (o más bien, las cámaras) de Alfredo Joscowicz, Alberto Bojórquez, Federico Weingarsthofer, López Aretche y media docena más, participa en el documental como un testigo nunca neutral, que resiste los embates de los granaderos, que disfruta de la quema del gorila de cartón, que sigue con avidez las palabras escritas en las puertas de Palacio Nacional (asesinos, gorilas), que participa jubilosa en las manifestaciones estudiantiles, que mira impávida los aplausos y los vivas a Díaz Ordaz en su informe presidencial y que termina, recatada, viendo la foto de un niño indígena porque se ha resistido a ver más, porque ya ha visto demasiado, porque después de lo visto es hora de callar."


México, 2 de octubre de 1968.

Diez días antes del inicio de los Juegos Olímpicos, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz liquida a sangre y fuego la revuelta estudiantil, entre 300 y 500 jóvenes mueren masacrados por disparos del Ejército en la Plaza de Tlatelolco, también conocida como Plaza de las Tres Culturas. Más de 6.000 son detenidos.

La masacre estuvo precedida por meses de intranquilidad política en la capital mexicana, con manifestaciones y protestas estudiantiles para apoyar los eventos que sucedían en el mundo en 1968.

El 27 de agosto más de 200.000 estudiantes marcharon por el centro de la ciudad de Ciudad de México y se instalaron en el Zócalo (plaza central del D. F.). Al día siguiente fueron reprimidos por la policía y el ejército mexicano.

Los estudiantes buscaban atraer la atención que había sobre la ciudad por los Juegos Olímpicos de 1968. El entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, estaba empeñado en detener las protestas y en septiembre, semanas antes de la masacre, ordenó al ejército ocupar el campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El ejército detuvo y golpeó indiscriminadamente a muchos estudiantes. Como señal de protesta el rector Javier Barros Sierra renunció el 23 de septiembre.

A pesar de esto, las protestas estudiantiles no se acallaron. Las manifestaciones crecieron en tamaño hasta que el 2 de octubre, luego de nueve semanas de huelga estudiantil, 15.000 estudiantes de varias universidades marcharon por las calles de la ciudad, llevando claveles rojos para protestar por la ocupación del campus universitario. Al caer la noche, 5.000 estudiantes y trabajadores, muchos de ellos con sus esposas e hijos, se congregaron en la céntrica Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco.

Al final del día fuerzas militares y policiales "equipadas con coches blindados y tanques de guerra" rodearon completamente la plaza y abrieron fuego, apuntando a las personas que protestaban y a las que pasaban en ese momento por el lugar. En breve una masa de cuerpos cubría toda la superficie de la plaza.

La masacre continuó durante la noche, los soldados allanaron los edificios de apartamentos adyacentes a la plaza. Testigos de los hechos aseguran que los cuerpos fueron sacados en camiones de basura.

La explicación oficial del incidente fue que provocadores armados, ubicados en los edificios que rodeaban la plaza, inciaron el tiroteo, y las fuerzas de seguridad respondieron en defensa propia.

Los medios de difusión de todo el mundo publicaron la noticia de que se había registrado el choque más sangriento entre los estudiantes y tropas del gobierno.

29 años después de la masacre, en octubre de 1997, el congreso mexicano formó un comité para investigar la masacre de Tlatelolco. El comité tomó testimonio a varios testigos y activistas políticos involucrados, incluyendo al expresidente de México Luis Echeverría Álvarez (quien en aquella época era Secretario de Gobernación). Echeverría admitió que los estudiantes estaban desarmados y también sugirió que la acción militar fueplanificada anticipadamente para destruir o debilitar el movimiento estudiantil.



Fuentes de información: Wikipedia, Cine Vertigo (crítica), Patio de Butacas, Resiste Acapulco (documental online), Arcadia, UNAM, Filmoteca UNAM,




En septiembre de 2018 se presentó la versión restaurada de "El Grito" en Arcadia (Primera Muestra Internacional de Cine Rescatado y Restaurado)

La Filmoteca de la UNAM presenta una versión restaurada —tanto en imagen como en sonido— del trabajo documental realizado por los alumnos del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos durante el Movimiento Estudiantil de 1968 en México. Las imágenes recopiladas, desde el interior del Movimiento, sumaron un total de ocho horas de filmación, material que fue editado bajo la dirección de Leobardo López Arretche para dar como resultado uno de los testimonios más importantes de este evento histórico.


FECHA Y LUGAR:
25 de Sept. *
19:00 h.
Sala Miguel Covarrubias
Centro Cultural Universitario
FUNCIÓN DE INAUGURACIÓN
26 de Sept.
19:00 h.
Cinematógrafo del Chopo
28 de Sept.
18:00 h.
Sala Manuel González Casanova
Centro Universitario de Estudios Cinematográfico

Presentan: Hugo Villa, María del Carmen de Lara y Álbino Álvarez

30 de Sept.
19:00 h.
Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco
FUNCIÓN DE CLAUSURA

ARCADIA


Restauración "El Grito" (1968) Arcadia UNAM

México - La Revolución Congelada

Título original: México -  La Revolución Congelada (Mexico The Frozen Revolution)
Dirección: Raymundo Gleyzer
Guión: Raymundo Gleyzer
Producción: Bill Susman
Fotografía: Humberto Ríos
Montaje: Steve Susman
Sonido: Alicia Juana Sapire
País de producción: Argentina
Formato: 35mm, Color
Año de producción: 1971
Fecha de Estreno: 10 de mayo de 1973
Duración: 65 minutos











Un profundo análisis de la realidad socio-política de México, dentro del contexto histórico de la Revolución Mexicana. Incluye material de archivo de los años 1910, entrevistas con campesinos, políticos, intelectuales, clase media, sindicalistas, etc. Escenas de la vida de una familia indígena en Chiapas, sus rituales religiosos, sus cultivos, juicios y escuelas bilingües. El film termina con la masacre en la Plaza de Tlatelolco en 1968, durante las infames Olimpiadas.





1-Presentación (”México: la revolución congelada”).

-Me llamo Raymundo Gleyzer. Soy un cineasta argentino y hago films desde 1963. He filmado quince: todos tratan sobre la situación social y política de América Latina. Trato de demostrar que no hay mas que un medio de realizar cambios estructurales en nuestro continente: la revolución socialista; como escribió el Che Guevara, las revoluciones que no son socialistas no son sino parodias de revolución. La mas significativa de las “revoluciones congeladas” de A. Latina es la mexicana: está en el mismo punto que hace 60 años. Por esta razón la escogí como tema e hice este film sobre México. Y no solamente para los mejicanos, sino para toda A. Latina.





El film ha sido realizado con un equipo mexicano. Es un film educativo concebido para informar al pueblo…Buscamos demostrar que las promesas de la revolución de 1910 no han sido cumplidas. Hemos utilizado también una parte del metraje rodado entre 1910 y 1917 por Salvador Toscano-Barragán, un excelente cameraman que se había plegado a las fuerzas de Villa y de Zapata, captando escenas extraordinarias; es la primera vez que su material es utilizado de este modo.





Es la burguesía, y no los campesinos, la que se ha beneficiado con la revolución. Incluso el título del film nos fue dado por un campesino de Yucatán, Antonio López Este no es un film concebido para ser proyectado en las salas comerciales.

Queremos proyectarlo en universidades, sindicatos y todos los grupos que lo pidan; el pueblo está mal informado…Nuestra misión de revolucionarios y de cineastas políticos es la de combatir lado a lado con el pueblo, y entregarle lo que nuestra ideología pueda aportarle.





En mi país; en Argentina, es absolutamente imposible hacer un film al interior del sistema, pues existe una censura que actúa no sólo sobre los films políticos, sino sobre todo lo que toque las relaciones humanas; por eso preferimos hacer films fuera del sistema y mostrarlos a pequeños grupos de gente. Que sean pequeños no tiene importancia; el año pasado en Córdoba, cuando la ciudad y la Universidad estaban ocupadas por los estudiantes, se proyectó “La hora de los hornos” ante 3000 personas; pero este es un hecho excepcional, generalmente se trata de grupos de veinte personas; vale m s, en mi opinión, transmitir a veinte personas ideas claras, que ideas confusas a millares de gente y eso es lo que estaríamos obligados a hacer si trabajáramos para el sistema; ya los que ven el cine político en pequeños grupos convencer n a los otros; como en Vietnam, la lucha por la revolución en A. Latina ser larga. Tenemos todo el tiempo. Nuestra intención de rodar un film en México era secreta, es así como entramos legalmente, como turistas; nuestro trabajo fue clandestino: nadie sabía que tipo de film rodábamos; algunos creían que hacíamos un film turístico o que trabajábamos para la T.V. Era el único modo de trabajar libres, a causa de la censura; hemos recorrido todo el país clandestinamente, ayudados por estudiantes y obreros; el revelado y montaje fueron hechos en New York, ya que fueron amigos americanos, gente de izquierda, los que nos produjeron el film y nos dieron facilidades para
mostrarlo.

La película termina con la masacre de la Plaza de Tlatelolco en octubre del 68′… Hubiéramos querido utilizar secuencias filmadas, en ese momento había en México un grupo de cineastas de todo el mundo, debido a los Juegos Olímpicos; pero no logramos encontrar ningún film; han desaparecido de las cinematecas y archivos del mundo entero; un cameraman belga había filmado a los soldados tirando sobre el pueblo: envío los films a un laboratorio en Bélgica y cuando quiso retirarlos se le dijo: “lo sentimos mucho, pero el original ha desaparecido”, cuando protestó le contestaron: “no se moleste, le pagaremos el seguro; el gobierno mexicano y la CIA han confiscado todo, se pueden encontrar films de las manifestaciones, pero de la masacre de Tlatelolco no hay un sólo plano”: hemos utilizado fotografías que fueron tomadas por los estudiantes y por periódicos y revistas underground.





México, la revolución congelada se estrena 
con 36 años de retraso
La mirada extranjera sobre la represión estudiantil 
y el trabajo semiesclavo del sureste




Nunca antes exhibido en México, el documental México, la revolución congelada, realizado en 1970 por el cineasta argentino Raymundo Gleyzer ­secuestrado y desaparecido por la dictadura de su país en 1976­, arranca con imágenes de la parafernalia priísta en la campaña presidencial del que fue poderoso secretario de Gobernación, Luis Echeverría. En el periodo que va entre las matanzas de Tlatelolco (1968) y del jueves de Corpus (1971), registra la decadencia de la "revolución institucional" del PRI en su quinta década de poder, recorre el empobrecido sureste mexicano y concluye con el sello de sangre del 2 de octubre de 1968.

La película, alentada por Echeverría, quien se había sentido halagado por el interés de ese equipo de "televisión alemana" que se le acercó cuando intentaba recomponer su deteriorada imagen internacional, se estrenó en Buenos Aires en 1971. El impacto del documental alcanzó las páginas de los diarios porteños. Aquellas imágenes de los caídos el 2 de octubre ­"cuando en una sola tarde el gobierno mexicano mandó matar 400 estudiantes"­; las historias de los modernos esclavos de las haciendas henequeneras, de una CTM gangsteril, nunca habían sido exhibidas en ese contexto en Sudamérica. No era el elogio a la "revolución hecha institución" que el régimen mexicano esperaba; era la feroz crítica a un ideal traicionado.

El filme enfureció a Echeverría, que mediante su embajador en Buenos Aires exigió y consiguió que se prohibiera el documental. La obra de Raymundo Gleyzer sólo duró un día en cartelera. Enlatado desde entonces, este miércoles 13 de febrero ­36 años después­ sale de la congeladora para llegar a las salas comerciales que albergan la Gira de Documentales 2007 Ambulante.

Gleyzer, cineasta militante, reconocido por las nuevas generaciones de realizadores como "el padre del cine piquetero", fue en su fructífera etapa frente a las cámaras, el impulsor del documental entendido como "un arma para la revolución socialista". Hoy, la gente de cine en Argentina celebra en su honor el Día del Documentalista el 27 de mayo, fecha de su secuestro.



Persona non grata

En México, en su momento, Echeverría lo declaró persona non grata.

Pero hoy, su viuda Juana Sapire, que laboró como asistente y sonidista en muchas de sus producciones, está en México promoviendo el documental prohibido. "Porque gente como Raymundo muere, pero no desaparece; él está aquí nuevamente, a la orden".

En entrevista con La Jornada, Juana recuerda el estupor del equipo que hizo México, la revolución congelada cuando conoció la prohibición de su obra: "Raymundo quería saber por qué. Se fue a ver al consejero de la embajada mexicana, quien textualmente le dijo: todo lo que se dice en la película es verídico y cierto. Lo que pasa es que hace que México se vea mal".

Inicios de los 70. En América Latina cineastas como el brasileño Glauber Rocha, el chileno Miguel Littin, el boliviano Jorge Sanjinés y el cubano Santiago Alvarez se debatían entre hacer cine o hacer la revolución. En Argentina, Fernando Solanas había hecho, desde la perspectiva peronista, La hora de los hornos. Gleyzer quería dar un contrapeso desde otro punto de vista político.

En México eran tiempos de persecución y cárcel para la izquierda; umbrales de la guerra sucia; bancarrota, censura y autocensura para los creadores independientes. No se podía filmar sin permiso y vigilancia del gobierno. Leobardo López, director de El Grito, Oscar Meléndez, Felipe Cazals, Julio Priego grababan, pero no verían sus producciones sino años después.

El cineasta mexicano Paul Leduc, que entonces era un jovencito, hizo para el equipo argentino de productor, fixer, asesor y chofer. En Nueva York tenían un superproductor y protector, William Susman, también hombre de cine y todo un personaje, combatiente de la Brigada Lincoln que peleó por la República Española contra Francisco Franco.

Cuenta Juana Sapire: "Raymundo, que tenía 29 años apenas, invitó como camarógrafo para su proyecto a su maestro, la mejor cámara que había entonces en Argentina, Humberto El Negro Ríos. Su esposa María Vera, antropóloga, hizo la investigación. Yo hacía el sonido y Paul los contactos. Ese era nuestro staff".



Joven carismático y de ojo claro, Gleyzer encantó a Echeverría. El futuro presidente le dio todas las facilidades para grabar ­y descubrir el revés de la trama­ sus aparatosas giras de campaña, le cedió un sitio a su lado en su autobús e inclusive le prestó un helicóptero. Pero el equipo de Gleyzer, que poco después se incorporaría en su país como "brazo propagandístico y cultural" del Ejército Revolucionario del Pueblo Argentino, y fundaría el grupo Cine de la Base, tenía otro guión en mente. Muy otro, de hecho.

El pensamiento guevarista

Registró la campaña de un partido, el PRI, que detentaba "la ideología de la pancarta"; grabó el último primero de mayo de Gustavo Díaz Ordaz presidiendo el "desfile obrero" rigurosamente vigilado desde su balcón. Obtuvo una entrevista con el inefable Fidel Velázquez, a quien llama "traidor y gangsteril". Saca en pantalla al líder del PPS, Jorge Cruickshank, quien, con todo y patillas, justifica su adhesión "táctica" a la candidatura del hombre que ordenó la matanza de Tlatelolco en aras de avanzar "hacia el socialismo". Todo ello con el trasfondo de un guión leído por una voz en off del más puro corte guevarista.

El documental La revolución congelada es un típico producto de las izquierdas de los 70, panfletario, apasionado, no tan riguroso con los datos históricos. Habla de la "atomización" de la izquierda mexicana pero no menciona que en ese México sus organizaciones estaban proscritas y casi todos sus líderes estaban en prisión.

Después del repaso de la revolución mexicana, la película llega, al volante de un viejo auto que conduce el joven Leduc, al sureste mexicano. Años después, Leduc sería uno de los exponentes del cine independiente, con Mezquital; Reed: México Insurgente; Historias prohibidas de Pulgarcito y Frida, naturaleza viva.

El viaje al sureste es un momento luminoso en el documental. El equipo filma la mano de obra semiesclava de las haciendas yucatecas, que habla de su vida cotidiana. En una mansión del Paseo Montejo, en Mérida, una hacendada de casta divina se lamenta del declive de las plantaciones. "(Lázaro) Cárdenas trajo el mal a Yucatán", dice la oligarca que "sólo" posee 14 haciendas, de las más de 30 que alguna vez tuvo su familia.



"¿Y que tal sus trabajadores?", pregunta Gleyzer en off.

"Algo flojitos", responde la señora mientras se mece en su silla, ajena al destino que tienen sus palabras. "Ahí les pagamos para que no se mueran de hambre".

El equipo llega al entonces remoto San Juan Chamula, el sincretismo tzotzil, la escuelita bilingüe, el racismo y la demagogia del gobernador chiapaneco en turno.

Hoy, en Argentina, la figura de Gleyzer está plenamente reivindicada, sobre todo a partir del documental Raymundo, filmado en 2002 por Virna Molina y Ernesto Ardito. "Sí, ha sido reivindicado", admite Juana Sapire, pero acota: "no es suficiente poner una placa con su nombre en alguna sala si sus películas no se exhiben y circulan, si nadie quiere invertir en la preservación de su obra. Ahora yo tengo todo, las cintas, los documentos, las fotos. ¿Y cuando yo me muera? Andá a cantarle a Gardel..."*2

Fuentes de información: ArditoDocumental (entrevista de 1970 a R.Gleyzer), Cinenacional, *2 México, la revolución congelada se estrena con 36 años de retraso por Blanche Petrich (La Jornada, 10-02-2007)