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Lomax the Songhunter

Dirección: Rogier Kappers
Guión: Rogier Kappers
Fotografía: Adri Schrover
Intervienen: Alan Lomax, Peter Kennedy, Peggy Seeger.
Productora: MM Filmprodukties, NPS Televisie (Distribuidora: Parallel 40)
País de producción: Países Bajos (Holanda) 
Año: 2004
Duración: 94 min.













Alan Lomax (1915-2002) era un coleccionista, pero no un coleccionista cualquiera. Durante gran parte de su vida, viajó por el mundo con su grabadora para cazar las mejores canciones folk. Cuando Rogier Kappers, el director, visita a Alan Lomax para entrevistarlo, descubre a un Alan que no puede hablar por culpa de una hemorragia cerebral. El director decide, entonces, buscar a las personas que Lomax había grabado años antes. El viaje lo lleva a través de las desoladas islas escocesas, el interior deshabitado de España o los pueblos de montaña aislados de Italia. Kappers se encuentra con aquellos que Lomax convirtió en artistas: granjeros, trabajadores, amas de casa, pastores...; todos dan la mejor parte de sí mismos para cantar la canción más bonita. En esta road movie pasional y musical, descubrimos lentamente por qué la música folk puede ser tan bella y cuál es el tesoro que había poseído, en aquel tiempo, Alan Lomax.  



Alan Lomax​ era hijo del también etnomusicólogo John Lomax, con quien comenzó su carrera a los 22 años grabando temas cantados por presos o por trabajadores afroamericanos de Texas, Luisiana y Misisipi. Se graduó en filosofía en la Universidad de Texas en Austin, y trabajó posteriormente en varios proyectos para la Biblioteca del Congreso (Library of Congress) de Estados Unidos. Desarrolló su propio sistema para analizar canciones, que llamó cantométrica, donde trataba principalmente de encontrar las relaciones entre la sociología y el corpus musical.


Dedicó la mayor parte de su vida a viajar por el mundo para recoger con su grabadora muestras del folklore musical de países como España, Italia, Irlanda, India o Rumanía. También lanzó a la fama a varios intérpretes de blues, como Muddy Waters, Leadbelly, Woody Guthrie, Jelly Roll Morton o Jeannie Robertson, además de grabar estilos musicales casi desconocidos, como los espirituales de Sea Islands. Participó en varios programas de radio y series de televisión, y desempeñó un papel importante en el “renacimiento” del folk (folk revival) que tuvo lugar en los años 50 y 60 en EE. UU. e Inglaterra.

Colaboró también con Ruth Crowford Seeger en dos importantes antologías durante la década de 1940 (Our Singing Country, 1941, y Folk Song: USA, 1947)


Ganó el prestigioso premio National Book Critics Circle Award en 1993 por su libro The Land Where the Blues Began, donde exponía la historia de los orígenes del blues. Murió en Florida, a los 87 años, y un año más tarde recibió un póstumo Grammy en reconocimiento a su vida y a su aportación a la música.


 
Alan Lomax (derecha) con el músico Wade Ward,
 durante las grabaciones de Southern Journey, 1959-1960.
Shirley Collins / Cortesía de Alan Lomax Archive


El enorme archivo de Alan Lomax se digitalizó y se subió a internet en 2012



El catálogo de grabaciones de sonido comprende más de 17.400 archivos de audio digital, comenzando con las primeras grabaciones de Lomax en cinta (recién inventada) en 1946 y siguiendo su carrera hasta la década de 1990. 

Además de un amplio espectro de actuaciones musicales de todo el mundo, incluye historias, bromas, sermones, narrativas personales, entrevistas realizadas por Lomax y sus asociados, y artefactos ambientales únicos capturados en tránsito de transmisiones de radio, a veces sin darse cuenta, cuando Alan se fue. la máquina de cinta en funcionamiento. 

No se ha omitido ni una sola pieza de sonido grabado en el archivo de audio de Lomax: lo que significa que también se incluyen comprobaciones de micrófono, interpretaciones parciales y falsos comienzos. 

Este material del archivo independiente de Alan Lomax, iniciado en 1946, que ha sido digitalizado y conservado por el Association for Cultural Equity, se diferencia de las miles de grabaciones anteriores en discos de acetato y aluminio que realizó entre 1933 y 1942 bajo los auspicios de la Biblioteca del Congreso. 

Esta colección anterior, que incluye las famosas sesiones de Jelly Roll Morton, Woody Guthrie, Lead Belly y Muddy Waters, así como las prodigiosas colecciones de Lomax realizadas en Haití y el este de Kentucky (1937), es el origen del American Folklife Center en la biblioteca. 

Sin embargo, se está intentando digitalizar parte de este material más raro, como las grabaciones haitianas, y ponerlo a disposición en el catálogo de grabaciones sonoras. Consulte periódicamente las actualizaciones.








Fuentes de información: Filmaffinity, IMDB, Wikipedia, Alan Lomax Archive.


Ver en Youtube en V.O.S.Español.


Big Ben - Ben Webster in Europe

Título original: Big Ben: Ben Webster in Europe  
Dirección: Johan van der Keuken  
Guión: Johan van der Keuken 
Música: Ben Webster
Fotografía: Johan van der Keuken
Intervienen: Ben Webster, Cees Slings, Peter Ypma.
Productora: Verenigde Arbeiders Radio Amateurs (VARA)
País de producción: Holanda
Año: 1967
Duración: 31 min.

















La personalidad y el talento de Ben Webster, saxofonista americano instalado en Ámsterdam, marcaron profundamente a Johan Van der Keuken. El cineasta dedica este retrato a una de las leyendas del jazz y el blues; hombre capaz de concertar a un tiempo dulzura y violencia. *1

(...)






Porque he olvidado decir algo: Van der Keuken es un cameraman asombroso. Uno de los grandes. Lleva hasta paroxismos insospechados la pasión del encuadre. Digo bien: pasión. Calvario y éxtasis. El cine, para él, son veinticuatro encuadres por segundo. ¿Remordimientos de fotógrafo? Entre película y cliché, imagen que desfila e imagen detenida, una práctica singular, un poco asfixiante, del cine.

(...)



La cultura de Van der Keuken es la foto y el jazz. Hizo en su día una bonita película sobre Ben Webster (Big Ben) y su músico habitual no es otro que Willem Breuker. Filma como se dice que tocaban Charlie Parker o Bud Powell; todas las notas, sí, pero a una velocidad inaudita. Perdido en la masa del Cairo, Van der Keuken “toca el cine” como se toca el saxofón. Toca todos los encuadres, muy deprisa. Las panorámicas son como la exposición del tema, los desencuadres nerviosos son riffs, le reencuadres son coros, etc. Que se pueda. “tocar” el cine así es algo que sucede a menudo, por culpa de la manera miserable en que la tele utiliza el travelling óptico. El solista tiene que estar en forma. Cuestión de gimnasia." *2




¡Vivan las antípodas!


Título original: ¡Vivan las antípodas!
Director: Victor Kossakovsky
Guión: Victor Kossakovsky
Música: Alexander Popov
Fotografía: Victor Kossakovsky
País de producción: Alemania, Holanda.
Formato: 35mm
Año: 2011
Duración: 108 min.
















"Viajando en una remota región de Argentina, llegué a un pequeño poblado con sólo tres casas al borde de un acantilado y un pequeño río que corría por el cañon distante. Bajo la luz del atardecer, este parecía ser uno de los más hermosos y pacíficos lugares de la Tierra. La imagen de un hombre parado en un puente que atravesaba el cañon pescando con una línea de 25, 30 metros, me hizo preguntarme: ¿Qué pasaría si extendiera esta tanza mucho más lejos, a través del centro de la Tierra? ¿Qué encontraría al otro lado del mundo? Resultó ser Shangai, uno de los lugares más poderosos, explosivos y ruidosos del planeta. Fue así como nació la idea de esta película.

Luego descubrí que la mayor parte del planeta está cubierto por agua, hay muy pocos sitios con lugares habitados que tengan antípodas. Por ejemplo, en todo Europa, sólo España tiene antípodas, Nueva Zelandia. En los Estados Unidos sólo Hawai, que es antípoda de Botswana, a su vez la única verdadera antípoda africana. Filmamos en los más bellos lugares del mundo que son en mi opinion, Lago Baikal y Cabo de Hornos. A veces uno tiene una buena idea para una película, pero una vez que la haces, te das cuenta que la idea era mejor que la realidad. En ¡Vivan Las Antípodas! fue al contrario. La idea estaba bien, pero luego descubrí que la realidad es todavía más increíble y sorprendente." *1



O como filmar lejos de la Historia *2

Ver una película de Viktor Kossakovsky presentada por su propio autor, ciertamente es un espectáculo. Es un contertulio polemista y divertido, siempre proclive a la hipérbole y a la auto-mitificación, alguien que entiende claramente el cine como show business, fundamentando los logros de sus películas en la genialidad o en la fortuna. O dicho de otra manera, a causa de un inexplicable don, aunque sea difícil escapar de la saga que como un pie de foto acompaña sus películas. Si Antonioni decía que la historia del cine la hacen las películas, la historia de las películas debería estar en la pantalla.

Hay películas que suelen inventarse dispositivos que posan su eje en la forma cinematográfica; dispositivos que, entendidos como un encuadre, definen sus límites como amplios campos de acción; dispositivos en los que los formatos, los soportes o los propios medios de producción de una imagen son pensados como si de una epopeya se tratase. Es allí donde se encuentra parte del espíritu formalista del cine documental: la preocupación tanto por el significado como por el significante. Si Deleuze afirma que los dispositivos son máquinas para hacer ver, el cine entonces es todo dispositivo: ¿qué otra cosa sería la luz, la cámara o la acción sino dispositivos puros? Pero hay dispositivos de la visión y otros dispositivos que podríamos denominar de la mirada. Estos últimos serían las coordenadas que establecen el eje desde donde reformular lo que entendemos por realidad; y estos dispositivos son, posiblemente, los que vibran al unísono si cada cuerda pulsada corresponde con el tono adecuado.

Viktor Kossakovsky es un constante inventor de dispositivos: la búsqueda de personas que nacieron el mismo día que él (Wednesday) o la filmación de su barrio desde la ventana de su apartamento (Tishe!), por ejemplo. Con mayor o menor efectividad, estos mecanismos nos descubren lo real organizado según criterios de catalogación: una sucesión de retratos con un aniversario como común denominador en la primera o una mera acumulación de vicisitudes en un cruce de calles en la segunda. Pero, ¿estos atajos llevan hacia algún sitio? Como dispositivos son enormemente evocadores, conectándonos con una de las primeras fotografías de la historia, Vista desde la ventana en Le Gras de Niépce  (imagen que el director utiliza además como logotipo de su productora) o realizando un corte transversal de una generación. En ambos casos, estamos ante algo más parecido a un estudio cuantitativo que a una película nacida de un tamiz ególatra como declaración de intenciones, porque tanto una como otra no logran transformar el dispositivo en un medio, pues éste es el principio y el fin.
En ¡Vivan las antípodas!, la última película de Viktor Kossakovsky, el dispositivo es tan potente que su resultado se parece más a una ecuación que a un film documental. ¡Vivan las antípodas! es un compendio de cuatro oposiciones binarias que resuenan a estructuralismo simbólico pero que se sitúan lejos de cualquier inmersión seria en el significado porque relegan a la determinación geográfica toda asociación posible entre los pares: Botswana y Estados Unidos, Chile y Rusia, Argentina y China, España y Nueva Zelanda, ¿están relacionadas sólo por su condición de antípodas del otro?

Para Kossakovsky los une, además de la idea inofensiva de hacer un agujero en la tierra para atravesarla y salir por el otro lado, su figura y su artilugio cinematográfico que juega constantemente, en vez de disgustarse, con la desorientación horizontal. Cualquier alusión político-social entre las antípodas del primer y del tercer mundo brilla por su ausencia. La periferia y el centro, oriente y occidente, lo rural y lo urbano son entendidos desde la perspectiva multicultural más burda y naïf, estetizando frívolamente, exotizando flagrantemente. Al realizador ruso le interesa, al parecer, sólo el drama dentro del cuadro, relegando a la reivindicación de la postal  o a la confirmación del tópico cualquier posicionamiento, como si lo inconsciente operara en todo lo que queda fuera de su interés. Ni siquiera en su velado (y único) posicionamiento crítico al desarrollo chino, que es más bien una omisión predecible y tendenciosa, logra encarnar su mirada sobre un dispositivo rico en conexiones transculturales. ¡Vivan las antípodas! es tan ornamental como aséptica. En ella, el cine y sus obsesiones más superficiales se anteponen a cualquier lectura justa sobre como nos vemos a nosotros mismos transversalmente, punción que de tanto en tanto nos reclama una reformulación seria y comprometida.

Si seguimos la idea de Deleuze, un dispositivo funciona cuando hace ver, pero ¿ver qué? El cine documental necesita inventarse mecanismos para afinar su capacidad alegórica, solventando la dificultad de plegar el mundo dentro un mueble compartimentado, y dependerá del carpintero que lo diseñe que éste termine siendo un cachivache, un instrumento útil o una obra de arte.


Kossakovsky es un cineasta fascinado por la forma. Su película Losev está montada con todo el material rodado,  pues 6 latas de 120 metros cada una equivalen en total a una hora aproximadamente , que es la duración del filme. En Sviato, el eje se desplaza hacia fuera, y el dispositivo no se utiliza como mecanismo metafórico, sino que deviene un instrumento de control que impide a su pequeño hijo contemplar su propio reflejo durante meses hasta que la cámara esté preparada para registrar a Narciso reencarnado. En toda la filmografía de Kossakovsky los elementos se reorganizan de manera que forma y fondo se traduzcan en un concepto hecho película, tensión mediante. Kossakovsky sabe impregnar de emoción la luz, la acción, un rostro, en definitiva, algo así como saber humanizar la forma, concentrándose en el drama.

Tres Romances (Pavel y Lyalya, Serguei y Natasha, Sasha y Katya), es otra reorganización numérica: tres parejas, tres edades  y tres tipos de amor (heterosexual), en la que una de ellas, Pavel y Lyalya, alcanza tal nivel de proximidad que es difícil no conmoverse con los personajes, lo que no ocurre con las otras dos historias, eclipsadas por la belleza de este amor maduro en Jerusalén. La relación del cineasta con los personajes debe influir en la profundidad conseguida, Pavel y Lyalya son amigos; los demás, según el propio cineasta, fueron producto de una investigación. En Los Belovs (otros conocidos del cineasta) funciona una relación inversa parecida al retrato a su maestro enfermo (Pável Kogan) y su mujer. A menor formalismo estructural, mayor calado emocional y mayor profundidad textual, es un argumento que puede parecer trillado (y no por ello menos cierto), que no quiere decir nada más que las películas más eficaces de Kossakovsky poseen ciertos aspectos comunes que están ausentes en el resto de su filmografía, sobre todo en sus trabajos más recientes.

El director ruso, quizás uno de los nombres que más entusiasmo generan en el documental más industrial (“de autor” e “independiente” como trademark) a pesar de haber hecho, con su última película, todos los deberes de la buena producción: cinco países en co-producción (el plano inicial consiste en siete minutos de créditos superpuestos sobre la imagen), música copiosa, fotografía exuberante, hipernitidez, paisajes recónditos y un puñado de buenas intenciones, no logra capitalizar las grandes expectativas depositadas en él. Un plano de ¡Vivan las antípodas! es el remate final de la fascinación desubicada que el director venía padeciendo hace un tiempo: sin pronunciar una sola palabra, la cámara atraviesa (literalmente) un derruido nongtang shanghainés. Flota a una altura artificiosa, mirando a los perplejos pobladores desde arriba, perfecta en su estabilidad, indolente en su interés, afectada en su trance, como si bailase al son de una siniestra canción que oye sólo quien lleva una gruesa armadura, ¡Vivan las antípodas!



Fuentes de información: *1 FilmAffinity, *2 Reseña de Carlos Vásquez publicada en Blogs&Docs.

Amsterdam Global Village

Título original: Amsterdam Global Village
Dirección: Johan van der Keuken
Producción: Pieter van Huystee
Fotografía: Johan van der Keuken
Sonido: Noshka Van der Lely
Montaje: Johan van der Keuken, Barbara Hin
Música: Dionys Breukers
País de producción: Holanda
Año: 1996
Duración: 229 min.














Es un cine que sólo existe gracias al rodaje, no al montaje. Miramos, pero no cortamos. Estamos presentes. Lo que se capta es una presencia, nada más: estábamos ahí, estamos ahí. Pasa algo y nosotros somos testigos. Pasa algo porque nosotros somos testigos. Johan van der Keuken





No considero la realidad como una cosa que pueda fijarse en una película, sino más bien como un campo (en términos energéticos). Lo que quiero decir es que la imagen filmada, tal y como intento hacerla, resulta más bien de una colisión entre el campo de lo real y la energía que utilizo para explorarlo. Es una cosa activa, agresiva.  
Johan van der Keuken




La paradoja tiene el tamaño del largometraje: aunque dura 245 minutos, no es mucho lo que puede "decirse" de Amsterdam Global Village. Seguramente, la obra de Johan van der Keuken no hubiera sido posible en un formato que no fuera el audiovisual. Heredero de la sensibilidad del gran Joris Ivens, el director que nos convoca –famoso por sus trabajos documentales fuera de Amsterdam– se decidió a inmortalizar propia ciudad.

Toda la película es la búsqueda incansable de la respuesta a esta pregunta: "¿cómo retratar a una urbe de fin de siglo?" Van der Keuken se tomó dos años para develarlo. Durante ese tiempo, salió con la cámara al hombro acompañado, como siempre, de su esposa y sonidista. Y la búsqueda lo llevó mucho más allá de la ciudad de los canales. El retrato de los habitantes multirraciales de Amsterdam acaba... ¡con un viaje al país de cada uno! Un boliviano trotamundos, que se casó con una holandesa, retorna al altiplano y participa de reuniones familiares y festejos tradicionales; un oriental que practica el kickboxing en los barrios bajos también es visto entrenando en su país de origen; un checheno, que sigue los avatares del conflicto de Europa oriental mirando CNN junto a su familia, vuelve a su devastado país y la cámara lo sigue hasta allí.

Sin embargo, uno de los principales personajes no es filmado en su tierra natal. Se trata de un marroquí que tras conocer Europa ya no pudo regresar a su terruño, y que ahora se gana la vida en Amsterdam repartiendo pizzas y fotos en su moto. Este joven es quen más metraje ocupa en Amsterdam... Sus viajes distendidos pero enérgicos no son, en el fondo, muy distintos de los que Van der Keuken emprende para contar estas historias. Viajando de puerta en puerta, la cámara o la moto se cruzan con historias que se niegan a ser reducidas a síntesis alguna. En la misma ciudad conviven el desarraigo, la soledad, la diversión, el sexo, los desperdicios. Los sufrimientos por una guerra que no termina y los recuerdos de otra que ya acabó; la música house, el hardcore, las orquestas que reviven a Mozart o a Debussy...

Este documental es el primero de una serie de documentales exhibidos por el cine Cosmos. Todos ellos tienen un costado excepcional. Amsterdam... conjuga el profesionalismo de quien ya realizó casi cincuenta trabajos de no ficción con la sensibilidad del que ama a su ciudad y no ha perdido la fascinación frente a las personas y las cosas. Atrás de este patchwork de razas, tecnología y globalización se esconden tradiciones imborrables, historias perennes, sentimientos gigantescos. Al realizador le llevó dos años retratar estos pequeños milagros, y cuatro irreductibles horas compartirlos con el espectador. Pero cuando el motoquero dice simplemente "bueno, me cansé, adiós", se aleja por la autopista y la imagen funde a negro, sentimos que la misión está cumplida.*1


Fuentes de información: DivxClásico (info y e-links), *1 Artículo de Máximo Eseverri  publicado en Cineismo,


Trailer


 
Más documentales de Johan van der Keuken en Naranjas de Hiroshima,
o en nuestro Canal de Youtube.

Zoo

Dirección: Bert Haanstra
Guión: Simon Carmiggelt, Bert Haanstra
Producción: Bert Haanstra
Música: Pim Jacobs
Imagen y cámara: Fred Tammes
Montaje: Bert Haanstra
Sonido: Wim Huender
Pais de producción: Holanda
Idioma: Sin diálogos
Año: 1962
Duración: 11 min.












En lo que parece ser una simple y divertida visita al zoológico Haanstra realiza todo un estudio biológico-psicológico. Al igual que dentro de “Glas” el sentido del humor esta presente de manera que el estudio biológico no es tan serio como pareciera. Mediante el uso del montaje Haanstra realiza analogías entre el comportamiento humano y el animal, realiza una comparación en la forma de ver, de caminar, de comer  y hasta entre los gestos y las caras. El documental esta lleno de juegos, en un momento vemos entrar a un tigre y al salir es un gato.
 
 

Haanstra coloca cámaras escondidas para grabar las reacciones naturales de las personas y los animales lo que ayuda a que las respuestas en ambos lados de la reja sean siempre sorprendentes e interesantes, dándole también un poco más de seriedad al estudio biológico-psicológico. Nuevamente el acompañamiento musical es esencial para dar ritmo y sentido del humor a la película. Todo se va uniendo tan naturalmente que ni siquiera nos damos cuenta cuando llega a nosotros la pregunta de ¿Quién esta viendo a quien? Borrando también la barrera entre lo humano y lo animal.
 
Ver en Youtube. (Con introducción del director)

Fuentes de Información: IMDB, PacoPuntoDoc (reseña), Patio de Butacas (descarga directa).

De Weg Naar Het Zuiden (Hacia El Sur)

Título original: De Weg Naar Het Zuiden (Hacia El Sur) 


Dirección y cámara: Johan Van Der Keuken  

Montaje: Win Louwrier, Johan Van Der Keuken.  

Sonido: Menno Euwe, Herman Merman, Noshka van der Lely. 

Producción: Menno Euwe, Herman Merman, Johan Van Der Keuken, Jan-Willen Geuzebroek. 

Música: Willem Breuker, Arjen Gorter. Mezclas: Bruno Boesma. 

Formato: 35 mm, 4:3.

Idioma: Holandés 

País de producción: Holanda. 

Año: 1981. 

Duración: 182 min. 

 

 

 

 

30 de abril de 1980, Ámsterdam. El día de la fiesta de coronación, la ocupación de un edificio por unos okupas provoca el enfrentamiento con la policía. Después, el film parte de viaje hacia el Sur. París, el departamento del Drme, los Alpes, Roma, el Cairo, hasta la zona meridional de Egipto. Retrato de la inmigración interior y exterior, de la humanidad excluida y abandonada en los márgenes, Hacia el Sur es el fascinante cuaderno de bitácora compuesto por la lúcida mirada del cineasta-viajero Johan van der Keuken. En el Camino hacia el sur, por ejemplo, una pareja mayor, campesinos de lavanda en el sur de Francia, sonriendo, se niegan a hablar con él. (¿Es por lo que hace no hacer las "preguntas correctas" o porque no les importa ser entrevistado para una película?). En lugar de apagar la cámara o quitar en la edición la secuencia, van der Keuken incluye unos quince minutos de esta relación incómoda en la textura de la película. Tenemos aqui un verdadero "choque" con la real, que es también un "encuentro perdido»: lo real es fugaz "tocado" en el momento en que se resiste y se niega en sí. Pero la resistencia esta, desde el principio, presente en el cuerpo del cineasta, que interviene como un elemento extraño, en los territorios que tiene la intención de explorar con su cámara. Física de resistencia: cuando la cámara ya era demasiado pesada para su brazo, no podía hacer todas los planos que él quería. Resistencia Ficticia : Es imposible comprender lo real sin la interferencia de un espacio mental propio (memorias, sueños, construcciones).
 
"No es la resistencia de los objetos entre sí. La resistencia de la estupidez, la cooperación de nuestra estupidez y nuestra inteligencia. No es la resistencia de nuestros instintos, de nuestros pensamientos, sino también la resistencia de nuestras "reglas del juego", de nuestra educación, de nuestra inhibiciones, para nuestro disfrute. En comparación con el de Straub-Huillet, mi cine es más "impuro", más contaminado" con todo tipo de preguntas, pero hay un punto sobre el cual estoy totalmente de acuerdo con ellos: hay un momento de la película que se resiste a su propia recepción por parte del espectador, que tiene el principio de otra forma de comunicación, que no sería posible de otra manera. " "El aspecto simbólico de mi trabajo no siempre es percibido por el espectador. Uso símbolos para volver a una más intensa, más descriptiva, tal vez más difícil percepción de la realidad. Hay una multiplicidad de niveles, y no puedo elegir una puramente material. El aspecto material/materialista de las cosas es como una herramienta para entender lo que está sucediendo en el mundo. También hay un aspecto especulativo, que no puedo rechazar por completo, aunque no debo hacer "mucho" con él, y siempre lo tengo en su justa medida por perspectiva. Al mismo tiempo, estoy muy ansioso, así, por la perfección, es decir, me gustaría ser capaz de demostrar algo con absoluta claridad. Sin embargo, estoy completamente consciente de que soy un realizador de films de aproximación ... Sí, se podría decir que hay un elemento de pleno juego en mi trabajo, que el cine es un "juego de construcción" para mí, pero, al mismo tiempo, hay cosas que son tan reales y tan poderosa que no puedes dominar. Por lo tanto, entramos en el ámbito de la aproximación. No puedo aceptar que exista el perfecto "plano, ángulo" como la "verdad" de una película. Algo en mí se desespera por no ser capaz de "decir lo correcto"."
 
 
Fuentes de información: Extracto del artículo "Johan van der Keuken: Fragments for a Reflection" de Bérénice Reynaud, disponible en Moma.org.


 

El espiritu del tiempo


Título original: De tijdgeest - The Spirit of the times
Dirección:
Johan van der Keuken
Cámara, producción: Johan van der Keuken
Aydante dirección: Peter Abbink
Montaje: Herman Orta, Rudolph St. Gotthard, Johan van der Keuken.
Sonido: Yvonne van der Keuken, Peter Abbink, John Caljouw.
País de producción: Holanda.
Formato: 35mm, B/N.
Año: 1968
Duración: 43 min.













"1968 fue un año de profundos cambios. La cámara del cineasta capta el pathos de esta época en plena mutación en la que la juventud interioriza la lucha contra la violencia social y política para dirigirla hacia la exploración de las percepciones y emociones personales, alejadas del rígido marco de la sociedad de su tiempo: el movimiento hippy, la guerra de Vietnam..."

Van der Keuken tiene una preocupación con la conciencia, que figura, tal vez idealisticamente, a través de sus películas.
En El Espíritu de los Tiempos (1968) van der Keuken presenta un collage de inadaptados, los manifestantes (de izquierdas y de derechas), los músicos y los "hippies". Organiza estas figuras en torno a una idea de "reajuste mental", de lo tambien conocido como la contracultura. Actuar sobre una retirada política y social en sí mismo, que han tratado de encontrar nuevas formas de vivir juntos. Crucial para su filosofía, fue una nueva noción del tiempo que venía de la filosofía oriental y las experiencias de las drogas. Van der Keuken trata de explorar esta nueva conciencia mediante la celebración de imágenes fijas de un "largo tiempo", mediante la reducción de un lado a otro, por exceso de velocidad tomas hacia arriba o repitiéndolos o invertirlos, mediante la ejecución de secuencias hacia adelante y hacia atrás. Un rostro masculino en primer plano cambia su maquillaje como un actor con nuevas máscaras: Hitler, un payaso, un hombre lobo, Cristo, un rostro negro, la cara de una mujer, la cara de un caballero del siglo 19, la cara de un cortesano francés, y así sucesivamente.

Él nos pide, ya que tratamos de cambiar nuestro yo exterior en la era de la moda, que nos preguntemos quiénes somos, cuál es nuestra identidad, y la forma en que mostramos a los demás lo que somos. La interrupción de los métodos cotidianos de ver, escuchar y evaluar el tiempo y los aspectos exteriores de la personalidad de una persona, Van der Keuken reproduce búsqueda de la generación de 1968 en su construcción cinematográfica. Si los participantes u observadores, estamos igual, sin soluciones fijas, abrumados por la conciencia de la relatividad, que deja sólo al individuo como un eje flotante.


Fuentes de información: Artículo de Cohn Chambers publicado en Mubi, Wikipedia, Intermedio (editada y distribuida en DVD en España).

Otra información de interes: 10 años sin Johan van der Keuken por Andrea Queralt Lange, publicado en El Lumiere. Meandros, texto de Johan Van der Keuken publicado en LeyendoCine.




Ver directamente en Youtube.

Ver en Naranjas de Hiroshima TV.

Glas

Título original: Glas
Dirección: Bert Haanstra
Guión: Bert Haanstra
Año: 1958
País de producción: Holanda
Duración: 10 min
Formato: 35 mm, Color Technicolor.
Idioma: No hay dialogos.
Edición: Nunca editado en Video o DVD en España, editado en Holanda en DVD, en un pack con la filmografía del director, mas información en la web de Bert Haanstra.













Retrato de la producción artesanal de objetos de vidrio a través de técnicas de soplado y tallado acompañado de música de jazz.


*1 Un poeta, aun cuando trabaja bajo órdenes, no puede esconder su visión personal de las cosas. Así le pasó a Bert Haanstra cuando rodó y montó Vidrio.

La maquina de las botellas, los moldes, nuevas cabezas de obreros, soplando, que se suceden cada vez más rápidamente.

Bert Haanstra no usa el campo total. No era su intención hacer un film sobre la fabricación del vidrio en general. Ni tampoco usa el campo medio, excepto el de la maquina que reproduce botellas en serie. El film comienza y termina con la mirada sobre la puerta del horno donde comienza la inteligencia creativa del obrero.

Muchas tomas de caras en plano americano o en plano medio y primer plano, esto independientemente de las manos. Las tomas en plano americano representan una acción técnica, pero los primeros planos tienen su valor propio de expresión: la tensión de los músculos, la precisión de la mirada, la representación de la voluntad.

Las manos siempre en primerísimo plano que expresan su movimiento, su gracia, su habilidad. Las masas de vidrio que son trabajadas, los objetos que se realizan, son tomados siempre muy de cerca pero sin exageraciones. El director no desea una atención especial hacia el vidrio.
Este pequeño estudio de las diversas tomas, nos muestra el fin de Haanstra: no es tanto la composición del vidrio, las diversas fases de su fabricación, ni siquiera los objetos refinados que presenta sino el trabajo del hombre.

Los movimientos de la cámara son verdaderamente muy buenos. No tienen ni un solo tirón. Las tomas estáticas logran llamar la atención de las caras, de los gestos, de los obreros. Algunas panorámicas descriptivas: seis manos intervienen en la fabricación de un florero, una vista general sobre las botellas al final.
Luces y colores
La luz sobre el rostro y sobre las manos subraya el color de la piel, que tiene aquí un color de fuego, a causa del reflejo del fuego del horno. Ha sido el director ciertamente quien ha valorado este efecto. El tejido escocés de las camisas de los obreros añade más imaginación a la escena.
Todo lo que se refiere en el Film a la maquina, tiene un color verdoso mezcla de golpes de luz y vidrio en fusión. De este modo se llega a un ritmo siguiendo el color principal, que está combinado con la estructura cinematográfica, y estrechamente ligado a la música: I fuego, II verde, III fuego, IV cambio rápido de los dos.
La banda sonora
Sería mejor hablar de partitura sonora. La banda sonora es como
una fuga en cuatro movimientos que corresponden a las cuatro partes
del film:
I.- Música de jazz del quinteto Jacobs.
II.- Nada de música: sólo los ruidos de la maquina, chirridos, y luego
cada vez más fuerte la voz de la maquina que cuenta siempre imper-
turbablemente...4331,4332,etc...
III.- Piano-solo, jazz.
IV.- Quinteto como en el I.
El montaje audiovisual
La primera parte, que se refiere a las imágenes, al juego de las caras, las manos, las cañas, los moldes, los objetos de vidrio que giran, vienen acompañados por una partitura brillante de jazz, en la que el De la maquina le interesa solamente la regularidad, el automatismo, no el funcionamiento. Se para sobre el brazo-tenaza que incansablemente toma las botellas por el cuello. En la tercera parte, toma sólo las manos, en primer plano, manos que hacen sonar las cañas como si tocaran en las teclas del piano o en una flauta. Cualquier otra imagen es eliminada. Como única variación se nota la composición lineal de la imagen: la línea de fuerza es la caña, que sucesivamente, de modo horizontal, vertical u oblicuo, entra en la imagen.
La cuarta parte es una variación siempre más rápida de las tomas de caras de los obreros y de la maquina. La larga panorámica tiene una función evidentemente irónica.

Todos estos esfuerzos tienen un solo fin: poner en fila siempre las mismas botellas






Extra: Documental posiblemente de los años 40 de la Nederlanse Glasindustrie sobre la producción de vidrio en Holanda.
Fuentes de información: *1 Extracto de Un Ejemplo de Análisis Cinematografico de Fidel Martín Cillero, Patio de Butacas (info y descargas),