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Elvira y Teófila Palafox Herranz. Cineastas ikoots


 

Mujer ikoots. Cineastas indígenas

En 1985, el Instituto Nacional Indigenista (INI) llevó a cabo el Primer Taller de Cine Indígena, en la localidad ikoots (huave) de San Mateo del Mar, Oaxaca. En el proyecto participó un grupo de seis mujeres, integrantes de la organización local de tejedoras. La iniciativa fue propuesta por el cineasta Luis Lupone Fasano, quien coordinó un equipo de capacitadores que trabajó en la localidad durante cinco semanas.

Como resultado del taller, se generaron tres cortometrajes dirigidos y producidos por las alumnas, además de un documental que fue realizado por el equipo de capacitadores. Todos estos materiales se integraron al entonces Archivo Etnográfico Audiovisual del INI, antecesor del actual Acervo de Cine y Video Alfonso Muñoz del INPI. Sin embargo, debido a diversas dificultades, en su momento solo se concluyó una de las películas, Leaw amangoch tinden nop ikoods / La vida de una familia ikoods, así como el documental Tejiendo mar y viento, que fueron estrenados como un solo producto en 1988. Las otras dos producciones, Angoch tanomb / Una boda antigua y Teat Monteok: el cuento del dios del Rayo, han permanecido inéditas hasta la fecha.

Las dos producciones terminadas y difundidas han sido reconocidas como obras pioneras en la apropiación de los medios audiovisuales por parte de los pueblos indígenas, como testimonios etnográficos fundamentales sobre el pueblo ikoots y como obras claves para los estudios de antropología visual.

En 2006 se digitalizaron todas las cintas correspondientes al Primer Taller de Cine y en 2008 se reeditó la película y el documental, como parte de la edición en DVD de la serie “El Cine Indigenista”, conformada por las 48 producciones cinematográficas realizadas por el INI.

A partir de 2012, la Dirección de Acervos puso en marcha diversas acciones para finalizar las producciones generadas por el Primer Taller de Cine Indígena y publicar la totalidad de las obras. Así, se llevó a cabo una serie de entrevistas con las participantes, se actualizaron las traducciones y se finalizó la edición de las películas inéditas. Asimismo, se generó un proyecto editorial, titulado Mujer ikoots. Cineastas indígenas, que incluyera la totalidad de las producciones fílmicas junto con los nuevos testimonios, además de textos que recuperaban la visión y experiencias de los propios coordinadores y capacitadores del taller.

 


Mujer indígena. Videastas del presente

A principios de los años 90, el Archivo Etnográfico Audiovisual del entonces Instituto Nacional Indigenista (INI) implementó el Proyecto de Transferencia de Medios Audiovisuales a Comunidades Indígenas, que consistía en facilitar equipos de grabación en video y proporcionar capacitación a personas u organizaciones indígenas para que pudieran elaborar sus propios registros y producciones audiovisuales, con base en sus necesidades y parámetros. La iniciativa dio como resultado la formación de varias generaciones de videastas indígenas, así como la conformación de los Centros de Video Indígena en Oaxaca, Michoacán, Sonora y Yucatán, que funcionaron como centros de capacitación y repositorios de las nuevas producciones.

Desde 2007, como parte del Programa de Derechos Indígenas, se ha llevado a cabo el proyecto “Apoyo a comunicadores(as) indígenas para la producción y realización de proyectos de comunicación intercultural”, que cuenta con varias ramas, entre ellas la de video. Hasta la fecha, esta iniciativa ha dado lugar a la conformación de un corpus de más de 300 videos, que forman parte del Acervo de Cine y Video Alfonso Muñoz del INPI. Muchas de estas producciones han participado en festivales de cine y video en México y el extranjero, en los cuales han recibido favorables críticas y obtenido importantes reconocimientos.

Para contribuir a la difusión de las obras de videastas indígenas, en particular de las mujeres, y estimular la generación de nuevas producciones, en 2018 se generó la publicación Mujer indígena. Videastas del presente, que compila algunas de las producciones más destacadas, con enfoque de género y mediante una selección representativa de la diversidad cultural.

 

 


 https://www.gob.mx/inpi/articulos/nuevas-publicaciones-mujer-ikoots-cineastas-indigenas-y-mujer-indigena-videastas-del-presente


Hace poco más de tres décadas un grupo de mujeres ikoots participó, a instancias del Instituto Nacional Indigenista (INI) y bajo la asesoría de un equipo de capacitadores coordinado por el cineasta Luis Lupone, en un proyecto pionero que sentó las bases para transformar la manera en que los medios audiovisuales abordaban las realidades de los pueblos originarios en México. Conceptualizado y llevado a la práctica como el Primer Taller de Cine Indígena, esta iniciativa abrió un sinfín de posibilidades al poner a disposición de las comunidades indígenas, por primera vez en la historia, las herramientas tecnológicas y los conocimientos para crear obras cinematográficas. En el lapso que duró el taller, las mujeres se apropiaron de este lenguaje para narrar, desde su perspectiva, sus propias historias y realidades. Por motivos de los que se dará cuenta a lo largo de estas páginas, las metas del taller solo se lograron de forma parcial, ya que algunos de sus frutos han permanecido inéditos hasta la fecha. La presente obra da cuenta de esa historia y, a la vez, representa la culminación del proyecto al publicar juntas, por vez primera, las tres películas creadas por las mujeres ikoots.

Hasta aquel momento, el INI –cuyo patrimonio fue heredado por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI)– había producido importantes documentales antropológicos que mostraban la mirada institucional y de los realizadores acerca de los pueblos originarios. En su mayoría, estas obras audiovisuales se habían concentrado en registrar la vida en las comunidades indígenas desde un criterio etnográfico que ponía énfasis en aquellos aspectos menos conocidos o que representaran un mayor contraste con respecto a la cultura occidental. Este enfoque respondía a la necesidad de preservar la memoria de una diversidad cultural que se transformaba aceleradamente y que se consideraba en riesgo de desaparecer a consecuencia de las políticas de asimilación y modernización emprendidas en los primeros dos tercios del siglo XX (Korsbaek y Sámano-Rentería, 2007). El taller impartido en la comunidad ikoots de San Mateo del Mar, Oaxaca, buscaba ante todo que los pueblos indígenas contaran con las herramientas para retratarse a sí mismos y así mostrarse ante el resto de la sociedad.

Elvira Palafox y Guadalupe Escandón durante el Primer Taller de Cine Indígena del Instituto Nacional Indigenista. D.R. © Alberto Becerril, 1985, Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.


En esta publicación se da a conocer la historia, las experiencias, los altibajos y la trascendencia del Primer Taller de Cine Indígena, a través de la visión de sus artífices, en particular, la de Luis Lupone. Los textos que aquí se incluyen introducen a las obras de las realizadoras ikoots que, como ya se ha mencionado, se publican juntas por primera vez. La aportación de Lupone es muy relevante, en virtud de haber sido quien concibió la idea del taller, gestionó su implementación, coordinó las actividades y ha sido su principal promotor.

El artículo de Luis Lupone, seccionado en dos intervenciones, relata desde el punto de vista personal del cineasta el proceso que condujo a idear y proponer el proyecto, las vicisitudes para ponerlo en marcha, su desarrollo, los descubrimientos y las lecciones aprendidas. Asimismo, refiere los motivos a los cuales el autor atribuye las contrariedades que se presentaron para completar la totalidad de las metas del taller y difundir sus productos.

En la primera parte de su exposición, Lupone narra sus experiencias en campo cuando trabajó como sonidista y asistente de cámara en algunas producciones del INI. A través de estas vivencias es posible encontrarnos ante una realidad quizá vivida por muchos aunque contada por pocos; historias que forman parte de los logros que se muestran ante el público, pero que muchas veces quedan como meras anécdotas “tras bambalinas”.


Al terminar los proyectos en los que participaba en el INI, Lupone tuvo la oportunidad, durante una estancia formativa fuera de México, de conocer las innovaciones que en cuestión de cine documental se estaban generando en el ámbito internacional, según relata él mismo. En particular, el autor refiere la significación de su paso por los Talleres Varan en París, Francia, fundados por el afamado antropólogo y cineasta Jean Rouch. Igual relevancia atribuye al formato súper 8 mm, que era “más propio del cine casero que del documental, porque era económico y a la vez permitía a los realizadores controlar la totalidad del proceso de filmación” (Vázquez, 2017: 181).

A partir de estas experiencias, Lupone imaginó un proyecto que, desde su perspectiva, transformaría radicalmente la manera en que se representaba a las comunidades indígenas del país. La idea rompía con el modelo de producción audiovisual con el que hasta entonces había operado el Archivo Etnográfico Audiovisual (AEA) del INI, pues consistía en dotar de los conocimientos teóricos y técnicos a los indígenas para que ahora fuesen ellos quienes contaran sus propias historias. Una iniciativa semejante nunca se había intentado en México.

En colaboración con el entonces jefe del AEA, Alberto Becerril Montekio, a lo largo de 1985 se llevaron a cabo las gestiones necesarias para afinar y poner en marcha la propuesta. Como requisito previo solicitado por el INI para autorizar la iniciativa, se realizaron las investigaciones necesarias para encontrar la comunidad más adecuada para llevar a cabo el proyecto piloto, un trabajo que fue realizado en conjunto con la antropóloga Diana Roldán y Susana Garduño del Departamento de Investigaciones del AEA. Ambas investigadoras y el propio Lupone decidieron trasladarse a la ciudad de Oaxaca, donde se celebraba la primera Feria Anual del Artesano Indígena. Tras varias pesquisas y acercamientos con distintas organizaciones procedentes de diversos pueblos originarios, que generosamente detalla Lupone en su artículo, se decantaron por trabajar con las tejedoras ikoots de San Mateo del Mar.

A partir de ese momento, la relatoría del autor transporta al lector a aquella comunidad de Oaxaca, situada en la costa del golfo de Tehuantepec, entre el océano Pacífico y la laguna Superior. A esta localidad, habitada por el pueblo ikoots desde la época prehispánica, el equipo que coordinó e impartió el taller trasladó cámaras de cine y fotográficas, micrófonos, reflectores, cables, audífonos, cuadernos, rollos cinematográficos, proyectores, pantallas y monitores, entre muchas otras cosas. Todo ello, desde luego, con la previa autorización de las autoridades comunales, con las que se había entablado el diálogo y a las que se les expusieron las intenciones y los objetivos del taller.


El Primer Taller de Cine Indígena le proporcionó a las tejedoras herramientas innovadoras para mostrar su realidad, sus historias, saberes y sueños. A través de los nuevos conocimientos adquiridos lograron empoderarse dentro de una sociedad, tanto a escala local como nacional, que consideraba su papel como secundario dado que eran mujeres e indígenas, una doble condición subalterna en el contexto de aquella época.

Otro aspecto relevante tratado en el texto de Luis Lupone son las motivaciones que lo llevaron a realizar el documental Tejiendo mar y viento, que se filmó de manera simultánea a la capacitación de las mujeres ikoots. El objetivo de esta producción era servir de guía para los siguientes talleres de cine que, de acuerdo con el proyecto original, emprendería el INI. En dicho documental se puede apreciar cómo se fue desarrollando el Primer Taller de Cine Indígena, experiencia que ha sido de gran importancia para antropólogos y documentalistas que han realizado talleres de cine o video con grupos socialmente marginados.

Es importante mencionar que en el ambiente cinematográfico de los años 80 no solían destacar nombres femeninos; sin embargo, para la preparación e implementación del taller fue muy importante el trabajo y la dedicación de las documentalistas María Eugenia Tamés Mejía y Arjanne Laan. Ambas habían logrado sobresalir en ese ámbito y, además, fueron figuras trascendentales para el buen desarrollo del taller, tanto al compartir sus conocimientos como al fraternizar con las participantes. Los textos que ambas presentan enriquecen significativamente esta publicación.

En su contribución, María Eugenia Tamés plantea un acercamiento a los perfiles de las tejedoras que participaron en el taller: Timotea, Teófila, Justina, Guadalupe, Juana, Elvira, Sofía y Aurora. Gracias a las notas que tomó podemos conocer a cada una de ellas más a fondo. Su texto también ofrece un panorama sobre la Organización de Artesanas de San Mateo del Mar, a la cual pertenecían las futuras cineastas, y cuya buena organización y manejo fue uno de los pilares para el éxito del proyecto.

En el “Diario del Taller”, Tamés rememora acontecimientos y anécdotas a través de los cuales las integrantes nos hacen partícipes, mediante sus opiniones e intervenciones, de su vida, sus actividades y sus mismas personalidades. Gracias a ello es posible comprender mejor los guiones y las películas que pensaron, filmaron y produjeron. A través del conocimiento del contexto social en el que vivían y de los esfuerzos que hicieron para involucrarse en el taller hasta el final, hay mayores elementos para analizar y valorar sus creaciones. Estos aspectos nos permiten adentrarnos paso a paso en el proceso de creación de las películas Teat Monteok (Padre Rayo), Angoch tanomb (Una boda antigua) y Leaw amangoch tinden nop ikoods (La vida de una familia ikoods). 


 

 
Se presenta enseguida el texto de Arjanne Laan, documentalista holandesa, quien en unas cuantas líneas llenas de emotividad muestra que tan solo cinco semanas bastaron para generar fuertes vínculos. Al existir una convivencia diaria y un constante intercambio de opiniones, conocimientos, comidas, juegos, sueños, proyectos, miedos, historias y vivencias se generaron lazos afectivos resistentes tanto al paso del tiempo como a la distancia. La autora deja de manifiesto que hay recuerdos que permanecen y conexiones que no se rompen, como el que existió entre “la indígena del Mar del Norte” –como la llamaron las ikoots– y Elvira Palafox, directora de Teat Monteok y Angoch tanomb.

Tras las colaboraciones de ambas mujeres entra nuevamente la pluma de Luis Lupone para abordar cuestiones técnicas sobre el desarrollo del taller y exponer, desde su visión personal, los contratiempos que surgieron y cómo se les fue enfrentando. A lo largo de esas páginas, el autor relata paso a paso cómo se trataron en el taller aspectos teóricos sobre imagen fija y en movimiento, sonido o secuencias narrativas. Según refiere el autor, la experiencia de la creación de storyboards y guiones fue muy enriquecedora, pues en ello se dejó ver el talento que las ikoots tenían para crear, mediante unas cuantas imágenes, la narrativa visual de una historia, de manera similar a lo que hacían en sus textiles.

El autor también explica cómo fue que, a pesar del corto tiempo y del presupuesto limitado, la dedicación de todos los involucrados permitió sortear la mayoría de las dificultades. Para las ikoots el reto fue doble, pues además tuvieron que desafiar los paradigmas sociales y los roles de género aceptados por su cultura. Sin embargo, supieron encontrar el equilibrio entre sus deberes comunitarios y su participación en el taller.

Dado que las tres películas fueron filmadas originalmente en ombeayiüts –autodenominación de la lengua materna de los ikoots–, Guadalupe, Elvira y Juana viajaron junto con los instructores del taller a la Ciudad de México, en donde se transcribieron y tradujeron los diálogos de las películas y del documental. Sin embargo, en aquel momento solo se subtitularon este y una de las películas, Leaw amangoch tinden nop ikoods (La vida de una familia ikoods). Las otras dos películas, cuya edición final quedó pendiente durante casi tres décadas, fueron subtituladas en 2014 por el propio Luis Lupone, con base en las notas hechas 29 años atrás. Al terminar, el material fue trasladado nuevamente a San Mateo del Mar para cotejar, con apoyo de las participantes, la fidelidad y precisión de los subtítulos.

El lector podría pensar que este fue el final del taller y de las películas, pero no fue así. Desde un inicio se había planeado divulgar las películas y el documental junto a una publicación impresa, pero ello no sucedió. En la parte final de su contribución, narrada desde su perspectiva personal y con una significativa carga emocional, Luis Lupone hace un recuento de los hechos ocurridos al terminar el taller. El autor cuenta que, si bien se logró finalizar la película dirigida por Teófila Palafox junto con el documental, no fue posible proyectarlos ni difundirlos masivamente, pues no se disponía de los recursos para presentarlos en los festivales de cine nacionales e internacionales adonde fueron invitados a participar. La poca difusión impidió que las tejedoras mostraran a gran escala la forma en que ellas querían representarse a sí mismas y a su cultura y, de tal manera, se opacó la posibilidad de revelarse como cineastas ikoots.

A principios de los años noventa, el INI presentó el proyecto Transferencia de Medios Audiovisuales a Comunidades Indígenas, mediante el cual se perseguían objetivos similares a los del Primer Taller de Cine Indígena. Sin embargo, esta nueva iniciativa no tomó como referencia a dicho taller, que debe considerarse como su antecedente inmediato. A pesar de ello, la historia y la antropología lo han reconocido y apreciado, pues para hablar de cine indígena y etnográfico en México es obligatorio conocer la experiencia del taller en San Mateo del Mar. Inclusive, por ser de los pocos filmes que trataban acerca de los ikoots y debido a la importancia antropológica de sus contenidos, era una práctica frecuente que Tejiendo mar y viento y Leaw amangoch tinden nop ikoods (La vida de una familia ikoods) se proyectaran en algunas clases de la Escuela Nacional de Antropología e Historia como parte del panorama etnográfico general. Posteriormente, se convirtieron en una referencia fundamental para los cursos de antropología visual.

En la actualidad, el valor de las producciones emanadas del Primer Taller de Cine Indígena está ampliamente reconocido por antropólogos, etnólogos, especialistas en antropología visual, documentalistas y expertos en cine etnográfico (Dorotinsky, Levin, Vázquez y Zirión, 2017; Novelo, 2011). Ello se debe a que la implementación del proyecto fue un hecho inédito y, en su momento, una experiencia única en el país. Esto no quiere decir que después no se intentara reproducir la fórmula, aunque ya no por parte del INI. Así, surgieron propuestas aisladas como “Camaristas”, a cargo de Carlota Duarte, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Sureste; el proyecto Videastas Indígenas, también en Chiapas, y en Angahuan, Michoacán, con el maestro bilingüe Valente Soto Bravo (Novelo, 2011). Es importante precisar que ninguna de estas iniciativas fue igual al taller en el que participaron las tejedoras ikoots, pues no fueron planeados ni impartidos por cineastas, sino por antropólogos que se iniciaban en lo que hoy conocemos como antropología visual. Debido a ello, es importante tener presentes las diferencias entre el cine indígena, creado a partir de las herramientas del cineasta, y el video indígena, concebido desde la perspectiva del antropólogo.



Ha sido un camino largo para que, finalmente, se presenten por primera vez las tres películas juntas, según se cuenta en esta publicación que nos hace imaginar lo ocurrido a finales del año de 1985. En sus páginas podemos percibir los sentimientos de alegría, emoción y entusiasmo latentes a lo largo del taller, así como la desilusión y el desencanto que vino después. Sin embargo, la espera ha terminado y ahora es posible conocer las creaciones fílmicas de las mujeres ikoots.

Para acercarse a estas películas y dimensionarlas adecuadamente, el espectador debe tomar en cuenta, en primer lugar, que los guiones fueron concebidos por las tejedoras con la finalidad de mostrar su origen, su cotidianidad, su trabajo, sus sueños y su cultura. Los filmes que crearon retratan y a la vez son fruto de la dinámica social de su comunidad y de la manera en que se tejen las relaciones de parentesco, de amistad y de compadrazgo. En su realización, las mujeres ikoots demostraron el esfuerzo que ponían día a día para salir adelante y cómo hacían frente a los retos planteados por la hegemonía de la cultura occidental, luchando por preservar, transmitir y mantener vivos su legado cultural y sus tradiciones.

Los cortometrajes y el documental poseen un indudable valor histórico, ya que son testimonios de creencias, formas de organización, de sentir, de comportarse, de vestir, de hablar y de la interacción cotidiana que había entre los ikoots durante la década de los ochenta, lo que permite contrastarlo con lo que hoy en día es San Mateo del Mar. Son documentos audiovisuales de gran valía pues en ellos se registran acciones y sucesos cuya memoria, de no ser por este proyecto, es probable que se hubiese desvanecido al paso del tiempo, tomando en cuenta que las comunidades indígenas están en constante transformación.




A partir de su participación en el taller, algunas de estas mujeres no solo se hicieron visibles a nivel nacional e internacional, sino que también generaron cambios al interior de su comunidad. Desafiando las normas de su propio ambiente comunitario, trascendieron los roles tradicionales como amas de casa, tejedoras y comerciantes, sin despreciarlos ni abandonarlos, para convertirse en productoras, camarógrafas, sonidistas, guionistas y editoras de cine. Con la justificación del rodaje, las mujeres lograron acceder a un entorno que les estaba vedado: el mar, espacio físico y simbólico que, en la cultura ikoots, es esencial y exclusivamente masculino.

A través de los tres cortometrajes y de Tejiendo mar y viento es posible apreciar la manera en que las mujeres ikoots asumieron el reto y lo superaron, enfrentándose incluso a señalamientos, rumores y murmuraciones dentro de su mismo contexto social. Con su participación en el taller demostraron que podían hacer mucho más que cumplir con los deberes que la comunidad les había asignado por ser mujeres, que por sí mismos no eran tareas menores, a pesar de que pocas veces fueran reconocidos y valorados.

Si bien hoy en día puede encontrarse un sinfín de producciones audiovisuales que tienen como base los saberes y las tradiciones de los pueblos indígenas, la mayoría de estas han sido generadas desde una visión externa. La importancia de los filmes aquí presentados reside también en el hecho de que no fueron realizados para ser consumidos por intelectuales, documentalistas o críticos, sino para hacer un autorretrato fiel y mostrarse de manera digna y honorable, primero ante los propios ikoots y, en segundo lugar, ante el resto de la sociedad mexicana. Aunque no era el objetivo del taller generar registros etnográficos, es innegable el valor que, desde el punto de vista de la antropología visual, poseen estos filmes, en los cuales se conjuga el interés por contar y la necesidad de escuchar, en un encuentro entre lo social y lo visual (Martínez, 2008).

Gracias a las distintas iniciativas de apropiación de los medios audiovisuales por parte de los pueblos originarios, entre las cuales el Primer Taller de Cine Indígena fue pionero, ahora podemos ser partícipes de saberes y experiencias a los que de otro modo no tendríamos acceso. A través de las películas de las mujeres ikoots, es posible generar experiencias de acercamiento recíproco entre personas y colectividades con distintas formas de verse en el mundo. En palabras del cineasta Alan Berliner, “La pantalla funciona a la vez como una ventana y como un espejo, como una ventana para adentrarnos en otros mundos y comprender la perspectiva de los otros, pero que a la vez permite que nos observemos unos a otros y a nosotros mismos.”


 

Créditos del equipo
Luis Lupone Alberto Becerril María Eugenia Tamés Arjanne Laan
Cecile Laversin
Director del taller, capacitación en la cámara, sonido, iluminación y producción.
Coordinador de producción con el INI. Encargado de la fotografía fija y registro visual del taller.
Documentalista. Coordinadora de capacitación en elaboración de guiones, preproducción y rodaje.
Documentalista. Coordinadora de capacitación en montaje, edición y traducción para los subtítulos en español.
Apoyo logístico y de producción en general, así como en actividades relacionadas con los hijos e hijas de las tejedoras mientras ellas estaban en el taller.


Leaw amangoch tinden nop ikoods

(La vida de una familia ikoods)

 

Título original: Leaw amangoch tinden nop ikoods (La vida de una familia ikoods)
Dirección: Teófila Palafox Herranz
País de producción: México
Año: 1985.
Duración: 21 min.

 

"Primer cortometraje de Teófila Palafox, experta tejedora, partera, gestora cooperativista y, desde entonces, primera cineasta indígena; fue la única de las tres producciones emanadas del Primer Taller de Cine Indígena que se finalizó y difundió desde la época de su filmación. El corto retrata la cotidianidad de San Mateo del Mar, a través de la historia de una familia de pescadores, tejedoras y comerciantes, en una narrativa que combina el documental con la ficción. El filme retrata así, desde la perspectiva de sus integrantes –y, específicamente, desde una joven mirada femenina–, diversos aspectos de la sociedad y la cultura del pueblo ikoots, así como la manera en que deseaban documentarlos y mostrarlos al exterior. Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas."



 

Teat Monteok: el Cuento del Dios del Rayo 



Título original: Teat Monteok, El cuento del dios del Rayo.
Dirección: Elvira Palafox Herranz
País de producción: México
Año: 1985.
Duración: 19 min.

"Una abuela cuenta una historia para dormir, mientras la vida continúa en un lugar donde las historias antiguas y la realidad se entrelazan. El cuento narra la historia de un hombre devorado por una ballena, que después de mucho tiempo encalló en la arena, donde el hombre logró salir hallando un lugar desconocido junto al mar, en el cual se originó el pueblo ikoots."


 

Ver en Youtube.



Angoch tanomb (Una boda antigua)

Título original: Angoch tanomb (Una boda antigua)
Dirección: Elvira Palafox Herranz
País de producción: México
Año: 1985.
Duración: 11 min.

San Mateo del Mar, Oaxaca 

"Una boda antigua es un cortometraje que refleja el interés de su directora por mostrar las tradiciones de su comunidad, así como documentarlas para la posteridad. Producto del Primer Taller de Cine Indígena llevado a cabo en 1985 con tejedoras ikoots, este corto enfrentó varias vicisitudes durante su filmación, que implicaron cambios en el guion y el montaje final, todo lo cual no hizo más que reforzar la voluntad de la realizadora para contar historias a través del lenguaje cinematográfico. Para su preparación, Elvira y su equipo de producción realizaron investigaciones con las personas mayores del pueblo –como Timotea Michelin, también integrante del taller–, elaboraron u obtuvieron vestimenta a la usanza local de la primera mitad del siglo XX, localizaron un pozo natural y consiguieron vasijas de barro de aquella época, elementos que permitieron ambientar históricamente la filmación." 


Ver en Yotube.


Las tejedoras cineastas de San Mateo del Mar.
Entrevista con Teófila Palafox



Fuentes de información: Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, Mujer indígena. Videastas del presente, Últimas pioneras del Súper 8: cine hecho por mujeres ikoots por Lourdes Roca,  Antonio Zirión, jefe del Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa. Comunicación personal, julio de 2018.


Lupita - que retiemble la tierra

Título original: Lupita - que retiemble la tierra
Dirección: Mónica Wise Robles
Fotografía: Mónica Wise Robles,   Eduardo Gutiérrez Pérez
Edición: Mar Jardiel
Producción: Eduardo Gutiérrez Pérez Mónica Wise Robles Morena Pérez Joachin
Guión: Mar Jardiel Mónica Wise Robles
Música original: Fonobox, Esperanza de Velasco y Josefa de Velasco
Diseño sonoro y mezcla: Christian Giraud, Jerónimo Gorráez
Productores ejecutivos del Guardian: Charlie Phillips, Jacqueline Edenbrow, Lindsay Poulton Productores ejecutivos de Sundance: Hajnal Molnar-Szakacs, Paola Mottura
Edición adicional: Mariano V. Osnaya, Víctor Romero
Fotografía adicional: Gabriel Villegas, Carlos Ogaz, Guillermo Ramírez, Thiago Dezan, Rafael López Caballero, Antonia Colodro
Producción adicional: Carlos Ogaz, Eli Acosta, Pía Quintana
Traducción Tsostil a Español: Eduardo Gutiérrez Pérez
Cámara aérea: Guillermo Ramírez, Mónica Wise Robles
Sonido directo: Glenda Charles, Gabriel Villegas, Christian Giraud, Eduardo Gutiérrez Pérez Corrección de color: Salvador Reyes
Productores consultores: Juane Farré, Claudia Vicke Negrete Zuzanna Böhm Borucka Emily Pederson Jessica Wolfson Grace Remington
Archivo: Abejas de Acteal, Area de Comunicación Argos / Epigmenio Ibarra, Trópicosur / Carlos Martínez, TeleSUR / Rafael López Caballero
Títulos y diseño gráfico: Miguel Escamilla, Gabriela Godoy Sánchez, Arnald Viladomat
Diseño del título y cartel: Coco Rodríguez
Música adicional: Canción original por Jacob Rosati, Mariposa de Barrio Escrita e interpretada por Jenni Rivera
Procesamiento de película super 8mm: Lab Tank / Alfredo Meza Moreno
Fotografía fija: Eduardo Gutiérrez Pérez, Andre Mantelli, José Ángel Rodriquez
Assistentes: Miguel Wise Rocio Cruz
DCP: LABO MX
País de producción: México
Año: 2020
Duración: 20 min.




Guadalupe Vázquez Luna es una mujer tsotsil, sobreviviente de la masacre de Acteal. Con admirable entereza nos comparte sus memorias de aquella matanza en 1997, donde siendo apenas una niña perdió a sus padres y hermanos, que murieron junto con otras 45 personas mientras rezaban en la iglesia. Lupita sobrevivió de milagro y desde pequeña supo que su supervivencia implicaba un compromiso y una misión. Ahora lucha incansablemente por la justicia y la defensa del territorio de los pueblos originarios desde Los Altos de Chiapas. Este retrato muestra diferentes facetas de Lupita: madre tierna con sus hijos, en su vida cotidiana, en su espacio doméstico, pero también aguerrida, marchando y enfrentando a los soldados, y la revela como una gran oradora y una promisoria líder. Se trata de un documental esperanzador, con muy altos valores de producción, que exalta la capacidad de organización de los pueblos originarios y resalta ante todo la fuerza y la valentía de las luchadoras indígenas.

Por Antonio Zirión, programador de Ambulante.

 


Semblanza

Mónica Wise Robles es una documentalista colombo-americana asentada en la Ciudad de México. Ha centrado su trabajo en historias íntimas sobre resistencia feminista, indígena y migrante en América Latina; su labor cinematográfica se ha centrado en producción y fotografía. Actualmente, está dirigiendo dos documentales que exponen abusos de Estado a través de la mirada de mujeres sobrevivientes.



Fuentes de información: LutipaFilm, Ambulante



Ver en Youtube.

Gente de Mar y Viento

Título original: Gente de Mar y Viento
Dirección: Ingrid Eunice Fabián González
Fotografía: Pablo García Morales 
Intervienen: Mariano Herminio
Idioma: Español, Zapoteco 
País de producción: México
Año: 2016
Duración: 64 min.





"En el itsmo de Tehuantepec, en el pueblo Álvaro Obregón de Juchitán, Oaxaca, los integrantes de una comunidad Binnizá (zapoteca) se encuentran bajo constante amenaza desde que una transnacional pretende instalar un parque eólico en el mar sin el consentimiento de la comunidad. Los pobladores han resistido desde el principio; organizaron y crearon una policía comunitaria que vigila la zona en conflicto. Herminio y Mariano, dos pescadores zapotecas, han vivido de manera activa este proceso de lucha y resistencia. Esta película forma parte de Ambulante Más Allá, un proyecto de formación documental que mantiene el propósito de acompañar los primeros pasos de nuevos realizadores en México y Centroamérica. Estas historias son contadas desde diversas comunidades con una perspectiva cultural y estética propia lejos de los parámetros convencionales que son impuestos desde el discurso dominante."



"Cuenta la historia de Álvaro Obregón y La Venta, dos lugares ubicados en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Álvaro Obregón, una comunidad de pescadores, ha resistido, desde hace varios años, ante la amenaza de la construcción de un parque eólico; mientras en La Venta, un pueblo agricultor y ganadero, las empresas transnacionales eólicas lograron invadir las tierras hace más de una década y hoy se encuentra perturbado por las consecuencias negativas que trajeron consigo."







Fuentes de información: Ambulante, FilminLatino, Filmaffinity,


¨Gente de Mar y Viento¨ (2016) from Ambulante Más Allá on Vimeo.





Cuando las montañas tiemblan - When the Mountains Tremble

Título original: When the Mountains Tremble
Dirección: Pamela Yates, Newton Thomas Sigel
Música: Rubén Blades
Fotografía: Newton Thomas Sigel
Producido por: Peter Kinoy 
Intervienen: Rigoberta Menchú Susan Sarandon
Productora: Skylight Pictures
País de producción: Estados Unidos
Año: 1983
Duración: 83 min.
















Un documental sobre la guerra entre el ejército guatemalteco y la población maya, con testimonios de primera mano por la ganadora del Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú.  




Los testimonios de Rigoberta Menchú, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992, amplían el panorama sobre los abusos de las fuerzas de seguridad guatemaltecas contra su pueblo y otras comunidades indígenas en el despojo de sus tierras. El enfrentamiento en la Embajada de España en 1980 que tomó la vida de más de 30 personas, incluido su padre, acentuó la represión hacia la sociedad civil. El documental fue presentado en Estados Unidos en 1983 y ganó el Premio del Jurado en el Festival de Cine de Sundance, pero tuvieron que pasar 20 años para que pudiera estrenarse en Guatemala.




INFORMACIÓN DE CONTEXTO 
Historia reciente de Guatemala 

Luego de 30 años de impunidad, en enero de 2012 un juz-gado guatemalteco acusó al ex dictador de GuatemalaEfraín Ríos Montt de haber cometido crímenes contra lahumanidad. Contrario a lo que cabía esperar, dados los an-tecedentes de la justicia guatemalteca, fue acusado dehaber cometido genocidio en la década de los 1980s encontra del Pueblo Maya pobre. En 1982, Pamela Yates, una joven y novel cineasta, se valióde su aparente ingenuidad para lograr un acceso sin prece-dentes   a   Ríos   Montt,   sus   generales   y   la   guerrilla   deizquierda, quienes libraban una guerra clandestina en lasmontañas profundas de Guatemala. Así surgió la películaCuando las montañas tiemblan(1983), que reveló que elejército   de   Guatemala   estaba   matando   población   civil Maya. Tal y como apunta Yates en su extraordinario docu-mental que da seguimiento a la temática, Granito de arena,cómo atrapar a un dictador, Guatemala “abrazó mi alma ynunca más me soltó.” Treinta años más tarde, Cuando lasmontañas tiemblan volvió al centro de la vida de Pamelacuando la buscó una abogada española que investigaba elrégimen de Ríos Montt. La abogada creía que el primer filmde Yates y su material fílmico inédito podrían contener ev-idencia que permitiría presentar una acusación por geno-cidio, en el marco de la legislación internacional


Fuentes de información: PBS, IMDB, Filmaffinity, Wikipedia.





Juchari Uinapekua


Titulo Original: Juchari Uinapekua (Nuestra Fuerza)
Dirección: Javier Téllez
Guión: Dominique Duffetel, Javier Téllez
Fotografía: José Rodríguez, Javier Téllez, Luis Morett
Edición: Luis Morett
Música: Tatá Pedro Cuiriz Nambo, José Luis Camacho
Productora: Universidad de Chapingo, Sociología Rural y Difusión Cultural de la misma universidad agronómica.
País de producción: México
Formato Original: 16 mm, Color.
Año de producción: 1980
Duración: 125 min. (Solo disponibles 40 min.)












Documental que narra la larga lucha de campesinos indígenas de Santa Fe de la Laguna, Michoacán, México,  contra los terratenientes y autoridades gubernamentales por lo posesión de sus fierros.*1

El vídeo que se presenta en este post, es un resumen y no refleja la totalidad del vídeo documental. Fue editado para la presentación en linea desde la red de internet y de forma exclusiva para purhepecha.com Se presenta con fines culturales exclusivamente y por autorización directa desde hace un año por las Autoridades Civiles y Comunales de Santa Fe de la Laguna, Michoacán.

Este Vídeo/DVD contiene aproximadamente el 90% del la totalidad de la película completa, constituye la primera parte del film completo y se desconoce el paradero de la segunda parte de la digitalización del vídeo documental en formato de DVD o similares.



"JUCHARI UINAPEKUA"
LA LUCHA DE UN PUEBLO P'URHÉPECHA.
COMUNIDAD INDÍGENA DE SANTA FE DE LA LAGUNA, MICHOACÁN, MÉXICO.



El conflicto entre Santa Fe y Quiroga, que se expone a continuación tiene que ver con la disputa de tierras entre dos reformas de propiedad que se contraponen.

Por un lado los pequeños propietarios y ganaderos que se aferran y sostienen el acopamiento y usufructo de la tierra en forma individual y por el otro lado la lucha de los comuneros por la recuperación y defensa de su forma tradicional de propiedad como un bien social y colectivo.

Por la falta de recursos económicos los comuneros de Santa Fe no trabajaban grandes extensiones de tierra, por lo cual tenían que buscar otros medios de sustento. En ocasiones cuando se presentaba una emergencia se les hacia fácil vender o empeñar sus tierras a los ricos ganaderos de Quiroga, pero no crean que por cantidades justas si no, que siempre los estafaban. Cuando ya pagaban las cantidades del empeño y trataban de hacer nuevamente uso de sus tierras eran amenazados verbalmente y hasta con armas de fuego.

  Fotografía de uno de los cuadros del Pintor y Muralista José Luis Soto Gonzáles.

No obstante con el despojo de las tierras comunales empezaron a talar y robar la madera del cerro del tzirate -perteneciente a la comunidad de Santa Fe- Debido a esto las mujeres que iban a lavar o a bañarse en los manantiales que se encontraban a las afueras de la comunidad, ya no eran libres de ir con toda confianza, ya que sabían que eran observadas por gente de Quiroga.

Paso lo mismo con otro de los recursos naturales con los que contaba el pueblo, que eran los pastizales ya que los ganaderos de Quiroga metían a pastar a sus vacas en terrenos comunales.

Y no solo eran invadidos por gente de Quiroga si no por personas de Morelia y de otros estados, que atraídos por las bellezas del lugar construían residencias de huerto y descanso a espaldas de la comunidad.

También en el año de 1978 la secretaria de obras y de asentamientos humanos intento robar 20000 m³ de arena del banco de arena que se encuentra en terrenos comunales.

Santa Fe de la Laguna se encontraba ante la alternativa de dejarse someter ante los intereses de los que detentan poder en el campo y desaparecer como a ocurrido con muchas comunidades del país o reaccionar colectivamente y enfrentar cada uno de lo problemas acumulados por años.

Para darle solución al robo de arena los comuneros fueron de forma amable a platicar con los de la secretaria de obras, y les pidieron que dejaran al banco de arena por que estaba e tierras comunales, ellos contestaban diciendo que habían sido mandados por el gobernador y que esa arena se utilizaría para la construcción de una carretera en la ribera del lago. Y como no hacia caso con palabras los comuneros hicieron una asamblea en la cual se llego al acuerdo de que irían al día siguiente por la mañana a descomponer el trascabo, los trabajadores del lugar de alguna forma se enteraron de que se pensaba hacer y ya nunca más se volvieron aparecer.

De la misma forma en se organizaron con lo del banco de arena, lo harían para defender sus riquezas de los ganaderos de Quiroga.

Para ello se realizo una asamblea en la cual se quedo definido que los comuneros irían a arrear el ganado. Y así fue, los arrearon hasta llevarlos a un corral cerca de la comunidad, en tota se juntaron 700 cabezas de ganado. Esto con el fin de que tenían que pagar una cantidad para que se los pudieran regresar. Se hiso in convenio en el cual establecieron que los ganaderos tenían que pagar lo justo de lo que los animales aprovechaban de los pastizales de la comunidad. Una de las veces cuando los ganaderos se presentaron a pagar lo de la cuota por sus reses, no pudieron llegar a un acuerdo ya que no aceptaban las nuevas condiciones que plantearon los comuneros. Los ganaderos inconformes se retiraron y amenazaron con desatar una campaña en contra de Santa Fe por la prensa local en la cual acusaban a los comuneros de “roba vacas” al mismo tiempo hicieron gestión ante las autoridades estatales para intervenir, con el fin de rescatar a su ganado. Ante la secretaria de la reforma agraria se firmo un convenio por los comuneros, ganaderos y la secretaria de la reforma agraria; en la cual los ganaderos se comprometían a pagar $1.00 pesos por cada becerro y $2.00 pesos por cada cabeza de ganado mayor, luego se harían contratos individuales. Algunos cumplieron conforme al convenio por que pagaban mensualmente la acumulado, pero cuando se tuvieron los contratos se reusaron a firmarlos.
Mural Comunal, plaza principal. Autor: Pintor y Muralista José Luis Soto Gonzáles.


Entre los propietarios de Quiroga afectados por el reclamo de tierras comunales de Santa Fe se encontraban algunos ganaderos agricultores que se habían enriquecido a partir del acaparamiento y explotación de las tierras que por diversos medios habían despojado a los indígenas, también se encontraban campesinos pobres que a espaldas de la comunidad habían adquirido parcelas ubicados dentro de las tierras comunales.

En apoyo y defensa de Santa Fe, surge el Lic. Efrén Capiz Villegas, quien apoyo como asesor jurídico y legal, argumentaba diciendo que el pueblo estaba actuando con razón jurídica e histórica: jurídica por que las propias leyes indias reconocieron sus derechos, e histórica por que tenían casi 500 años habitando la comunidad, decía que eran inexistentes todos los actos de particularidad, local, federal o administrativos de todo tipo, que tengan por consecuencia privarle sus derechos a las comunidades indígenas y también a los ejidos. Decía también que por esa razón independientemente de que dijeran los ganaderos de Quiroga que tenían documentos en los que se ponía manifiesto se habían comprado las tierras eran inexistentes.

Como los ganaderos no quisieron firmar los contratos individuales y tampoco siguieron pagando lo acordado, pero si seguían metiendo su ganado en tierras comunales, los comuneros tenían que hacer algo en contra de esto.

Por eso el 17 de noviembre de 1979, los comuneros se concentraron en la plaza principal para una asamblea, se acordó que tanto comuneros y comuneras fueran a recoger el ganado que andaba pastando en tierras comunales sin pago ni derecho.

Los ganaderos de Quiroga se enteraron de lo que estaban planeando los comuneros, y ellos actuaron mas rápido para hacerles una emboscada, esperaron a que llegara la mayoría de lo comuneros y entonces salir de donde se encontraban, al hacer esto los comuneros siguieron arreando el ganado hacia la comunidad sin hacer caso a los insultos que les hacían los ganaderos. Después de recorrer unos metros y llegar al crucero de carretera son balaceados los compañeros comuneros, y es entonces cuando empezaron a correr para salvar sus vidas, lamentablemente cayeron 2 muertos (Antonio Yepez y Alejandro Yepez) y 9 heridos.

Después de la balacera, rápidamente llego la noticia al pueblo de los comuneros habían sido atacados, las mujeres se movilizaron y fueron al lugar de la emboscad, pero a los heridos los habían llevado a la clínica ahí no los pudieron atender, asique los trasladaron a la ciudad de zacapu.

Después de estar en el hospital y en la cárcel municipal de zacapu los 9 comuneros heridos son trasladados a la cárcel municipal de Patzcuaro, donde los mantuvieron incomunicados y sin darles ninguna atención medica. El 20 de noviembre se cumplían las 72 horas en que los comuneros debían ser declarados formalmente presos o puestos en libertad, si embargo el juez García Avilés violando el código penal decreta el alto de formal prisión hasta el día 26 y convoca a la prensa para divulgarlo, también el procurador Contreras Vallejo acuso a los indígenas de haber provocado los hechos de sangre ya que fueron los primeros en agredir a pedradas lo que obligo a los ganaderos contestar con armas de fuego. Por lo tanto 11 comuneros son formalmente declarados presos, culpables de homicidio tumultuario y por uso indebido de sus propios derechos. Del lado de Quiroga solamente detuvieron a 2 ganaderos.

Los comuneros se trasladaron al palacio de gobierno para entrevistarse con Carlos Torres Manso para plantear el problema que tuvieron el 17 de noviembre, el día 19 no había sido posible hacer la entrevista directamente con el Sr. Torres, lo hicieron con el oficial mayor Jorge Alvares, pero la entrevista no había tenido efecto por que no se había hecho absolutamente nada al respecto.

Desde el día de la agresión los comuneros y comuneras se organizan y buscan dialogar en Morelia con las autoridades estatales a si como con la secretaria de la reforma agraria, en respuesta el gobernador Carlos Torres Manso declara que el caso de Santa Fe es judicial y no asunto de su competencia, reduciendo el problema al ámbito publico, mientras que en declaración a la prensa el procurador de la justicia Efrén Contreras, al avalar el Juez, en contra de los comuneros señala que actuó como simple empleado del gobernador y declara que los indígenas purépechas son infantiles e inocentes y que están dirigidos por Marxistas , por lo tanto turna el problema al ámbito político.

Ante la actitud de las autoridades los comuneros piden que se atienda su pliego de petición en el que fundamentalmente exigen:

1) La libertad inmediata e incondicional de los 11 comuneros presos injustamente.
2) Atención medica inmediata de los heridos.
3) Castigo a los responsables de los asesinatos.
4) Y el replanteo de linderos de la comunidad.

Al mismo tiempo se desata una campaña de difamaciones por parte de las autoridades y la prensa local, en contra de los comuneros, estos consideran indispensable prepararse para la nueva fase de la lucha, para esto deciden en asamblea formar comisiones de información, y difusión y financiamiento de accesoria jurídica así como una comisión para atender a los heridos y otra para cuidar el ganado detenido en la comunidad.

De inmediato logran una respuesta favorable de diversas organizaciones y sectores de publicación de la ciudad de Morelia asa como de campesinos de la región que de manera activa apoyan su lucha a partir de ese momento.

Y a tan solo 4 días de la agresión realizan una gran manifestación como no se había visto en desde hacia muchos años en Morelia.

Los campesinos P'urhépecha que estaban en la prisión no pudieron hacer mas, pero los demás compañeros comuneros SIGUIERON LA LUCHA.

Gracias a esto consiguieron que dejaran en libertad a los compañeros presos en Patzcuaro. Al igual que para el día 10 de Septiembre de 1981 se hiso un replanteo de linderos de la comunidad de Santa Fe, en dicho replanteo acudieron los comuneros, la secretaria de la reforma agraria y los invasores de Quiroga. Al terminar el replanteo, los de la secretaria se retiraron, lo mismo iban a hacer los comuneros, cuando nuevamente fueron atacados por los ganaderos con armas de fuego. Esta vez hubo un muerto (Juanita Ramírez) a pesar de que esta vez fueron atendidos inmediatamente en el hospital general de Morelia, y 3 heridos (Mateo Bautista Medina, Manuel y Abel).*2



Fuentes de información: *2 Purepecha.mx, *1 Catálogo de Cine y Video Pueblos Indígenas de América - Clacpi.




Newen Mapuche


Títutlo original: Newen mapuche, la fuerza de la gente de la tierra
Dirección:  Elena Varela
Guión: Elena Varela
Produce:  Ojo Film
Producción: Encarnación Martínez, José Cid, Paula Talloni, Pablo Stephens, Alejandra Holzapfel, Rosita Ayress
Fotografía: Andrés Urrutia, Freddie Hayes
Dirección de arte: Marcelo Quintrileo
Montaje: Elena Varela, Marcelo Vega
Música: Patricio Wang, Elisa Avendaño, José Necul
Sonido:  Alejandro Contreras

Formato: HDV / Color
País de producción: Chile
Duración: 120 min.
Web Oficial: http://www.newenmapuche.com/








...Esta película es una es para mi no solo un deber de humanidad sino que además la reivindicación de lucha de los documentalistas que luchamos por registrar las manifestaciones sociales y políticas de nuestros pueblo”…
Elena Varela


A minutos de un allanamiento de las fuerzas especiales de carabineros, la realizadora, recibe los testimonios de mujeres respecto al trato. Entonces, ella empieza a indagar respecto a la reforma procesal penal y la aplicación de la ley de seguridad interior del estado en el conflicto mapuche. Busca información a través de informes y entrevistas a abogados y profesionales de ONG y organismos de derechos humanos, así va descubriendo la estrategia y la política comunicacional orquestada por las empresas forestales para judicializar y criminalizar al movimiento mapuche.


Documental que comenzó a producirse en el año 2006 y que se vio interrumpido por la detención de la directora por parte de la policía chilena y fue imputada por asociación ilícita para delinquir y por robo con violencia, luego de que se le involucrara en el asalto al BancoEstado de Loncoche el año 2004 y también estuvo imputada por el robo con homicidio en una plaza de pagos del INP en Machalí, el año 2005, hecho que terminó con la vida de 4 personas. Tras una investigación en donde permaneció encarcelada, salió libre y su detención abrió todo un tema respecto a la libertad de expresión y a la protección del registro que había obtenido para la película, pues todo el material que había grabado fue decomisado por la policía.








Newen mapuche, la fuerza de la gente de la tierra

Por Pablo Gamba

En Newen mapuche, la fuerza de la gente de la tierra, de Elena Varela (Chile, 2010), el documental se combina con la película de espionaje. Es un filme sobre la lucha de los indígenas mapuches contra las empresas forestales que se han instalado en sus tierras y consumen su agua, pero está lleno de los tópicos del segundo género: entrevistas a escondidas en bares, conversaciones registradas en grandes planos generales para hacer indiscernible el rostro del interlocutor; entrega de sobres con información confidencial y una cesta que alguien deja en la puerta de la casa; llamadas telefónicas en las que no se pronuncian nombres, y frases como "si usted se cuida, nos cuida a nosotros". Hay incluso una burla de la iconografía de los procedimientos policiales: el filme comienza con unos planos de una bandera del MIR, uniformes militares, fotos, diversos documentos y latas de película bajo la luz de flashes, una puesta en escena típica para la prensa de lo incautado en un allanamiento. 


La estrategia retórica es reforzar en el espectador la impresión de que lo que relata la cinta tendría que ser ficción. En una democracia no deberían ocurrir cosas como la que relata Newen mapuche, tanto en lo que respecta a la represión como a las razones por las cuales se reprime. Y la realidad es como una mala película de Hollywood: los indígenas deben actuar como agentes secretos porque la respuesta a sus reclamos y desobediencia civil ha sido la aplicación de las leyes contra el terrorismo promulgadas por la dictadura. La documentalista también fue víctima de una represión similar a la que sufrió cuando era estudiante bajo el régimen militar. A Elena Varela la detuvieron y la acusaron de estar vinculada con un grupo subversivo, y en el allanamiento de su casa le incautaron lo que había grabado para Newen mapuche. Evidentemente esa era la verdadera razón del arresto, apoderarse de un material posiblemente útil para la desarticulación del movimiento de resistencia de los indígenas.


El documental responde así a los cambios en las circunstancias políticas. Bajo una dictadura, la difusión de las películas de denuncia está forzosamente limitada a círculos clandestinos de resistencia, en el país, o de gente que simpatiza con ellos, en el exterior. Eso permite entender por qué muchas veces parecen o son filmes hechos para convencer a los convencidos, como se dice. Pero cuando hay democracia, incluso a pesar de las leyes antiterroristas está abierta la posibilidad de llegar a un público más amplio, ante el cual pueden funcionar argumentos como el "aunque usted no lo crea", apoyado en referencias al cine comercial. Y si se gana su favor de esa manera, posiblemente también la gente esté dispuesta a considerar el fondo del problema ocasionado por la actividad de las empresas Arauco y Mininco, y a entender que, si los indígenas han violado y violan la ley, lo hacen para recuperar sus tierras y tener agua.


Con su manera de presentar a los mapuches, Newen mapuche plantea también una pregunta sobre la democracia. A los que no están familiarizados con el discurso de las resistencias indígenas probablemente les sorprenda la serenidad de una razón que suele desplegar sus argumentos sin hacer casi ningún tipo de teatro. Las secuencias grabadas en el estudio de Marichiweu, la radio de la resistencia mapuche, mantienen el tono de tertulia aunque el tema de conversación sea una cuestión de vida o muerte para ese pueblo. La líder Patricia Troncoso sabe que su defensa ante el tribunal es registrada por las cámaras, pero aunque sabe que a través de ella habla su pueblo y aspira a ser escuchada por la ciudadanía, no se exalta. 


El discurso indígena en la película es así la antítesis perfecta de El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl (Triumph des Willens, 1935), en el que los ladridos de Hitler tienen la fuerza de un odio terrible que los impulsa a convertirse en actos, pero sin ningún sentido, sin ninguna razón. Además de llamar la atención sobre las historias de agentes secretos que no deberían estarse desarrollando en un país democrático, Newen mapuche recuerda de esa manera que debe existir una diferencia entre la verdadera democracia, que es la del debate racional, y el espectáculo que montan los políticos, por ejemplo, cuando visitan a los mapuches. Tanto ellos como los indígenas saben que esas palabras en el fondo no tienen ningún significado, pero tienen una fuerza que históricamente se ha traducido en el exterminio, lo que no deja de guardar cierto parecido con los discursos en los actos de los nazis en Nuremberg, en 1934.




Fuentes de Información: Cine Chile, Newen Mapuche, Artículo "Newen mapuche, la fuerza de la gente de la tierra" de Pablo Gamba, publicado en El Espectador ImaginarioArtículo "Newen Mapuche de Elena Varela en FICViña" Blog 7ºArte.
Ver también en Naranjas: Newen Mapuche Libertad Elena Varela.





Araucanos de Ruca Choroy

Titulo Original: Araucanos de Ruca- Choroy
Dirección: Jorge Prelorán
País de producción: Argentina
Formato: 16 mm, Color
Distribuidora: FCA
Producción: Jorge Prelorán
Año de producción: 1971
Duración: 18 min.















Narra la vida y costumbres de una comunidad mapuche que habita en el valle del río Ruca- Choroy.

La voz del investigador nos da un tipo de relato. El testimonio de Damasio Caitruz ha sido publicado en otros trabajos y aunque vemos que los compiladores han hecho diferentes recortes, siempre aparece el tema de la “Conquista del Desierto”. En la obra de Gregorio Álvarez hay un artículo centrado en el testimonio de Damasio Caitruz, grabado por el documentalista Jorge Prelorán, allí vemos que la “Conquista del Desierto” fue parte de la vida de su madre, una parte que repercutió para siempre en la vida de su familia y de su pueblo. 


“Dice Caitrú que su mamita, la Juana Vera, que en mapuche se llamaba Incao, le contó que había nacido en Azul [localidad de la provincia de Buenos Aires, distante a más de mil kilómetros de Ruca Choroy]. Que era una chica que ya sabía andar a caballo. Cuando la gente aborigen de la zona supo que los “huincas” estaban tomando cautivos a todos los jefes o caciques, de entre ellos uno llamado Queupu hombre “petisito” que usaba grandes aros, encabezó gente y se fueron del Azul. 

Llegaron la río Colorado, lo “bandearon” (vadearon) a este lado y vivieron aquí, 4 ó 5 años. Pero los huincas vinieron avanzando hasta donde está el pueblo de Las Lajas, aquí en Neuquén. De ese rincón…los indígenas huyeron de nuevo para el sur, y pasando el río Covunco, llegaron al lago 


Aluminé que entonces lo llamaban Huenucó (agua del cielo). Por allí los huincas tomaron a un hermano del cacique Queupu y lo cautivaron conjuntamente con las mujeres que andaban “piñoneando”. De allí los llevaron hasta Trompul en donde la madre tenía un tío que era cacique en Chile y tenía cuatro mujeres. Desde allí pegó la vuelta otra vez y llegó nuevamente a la frontera. Por allí se enlazó el brazo derecho de mi madre con mi padre [se casaron, según nota del autor], quien desde muchacho ya sabía andar a caballo, con “un conocimiento”, nacido en Pilo Lil, acá en la Argentina.

Cuando se quedó en paz nuestra Argentina, esa gente volvió. Así fue la vida de mi madre y de mi padre.

Después que estuvieron varios años en Chile, cuidando la salud y su vida, como no eran chilenos, volvieron para acá a Ruca Choroy. Y aquí están sepultados en este valle de Ruca Choroy. De ahí entonces, comenzaron a levantar, ahí fue porque dejaron todas sus riquezas mi abuelo Juan de Dios Vera, el padre de la mamita mía, porque salieron a enterrar la plata y ella se acuerda. La abuelita, la mamá de mi mamá pegó la vuelta cuando quedaron en paz y no encontraron el entierro que está al lado de un molle grande. Había mucho herraje. Así acordaba mi mamita. Entonces cayeron a Chile, pero ya personas grandes, y entonces se juntaron a la entrada, se matrimoniaron con mi padre Cecilio Caitruz, quien viajaba desde abajo, para el lado de Bahía Blanca, Patagones. Ya sabía que por ahí ya estaba mansita la gente. Ya no le hacían nada a la paisanada ni a la indiada tampoco. Ya estaban todos bien, trabajando. Después salieron y llegaron al Pullmarí y allí vinieron a nacer todos los hermanos.”