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Arriba España - José María Berzosa

Título original:  ¡Arriba España! 
Dirección: José María Berzosa 
Guion: José M. Berzosa, Ramón Chao, André Camp
Música: Luis de Pablo
Fotografía: Aurel Samson
Cámara: Robert Jaffray
Sonido: Serge Deraison
Pinturas: Antonio Saura
Documentación: Renée Bernanrd
Montaje: Michèle Dalbin
Voz en off: Adélïda Blasquez, Antoine Chao
Intervienen: Celso Emilio Ferreiro, Enrique Tierno Galván, Jesús Suevos, Simón Sánchez Montero, José María de Areilza, Pablo Castellano, Antonio García Trevijano, Venancio Marcos, Julián Ariza, Marcos Ana 
Productora: Louis Moillon, Société Française de Production
País de producción: Francia
Año: 1975 
Duración: 120 min.













Documental acerca de la Guerra Civil española y sus consecuencias posteriores sobre la sociedad española, con testimonios de diversos personajes, entrevistas y significativos documentos fotográficos y sonoros.






Arriba España, de Jose María Berzosa: 
Entre la deconstrucción y la intervención
por Luis E. Parés


En el reciente Diccionario de Cine Iberoamericano, en la voz ‘Documental’, cuya parte española ha sido redactada por Rafael R. Tranche, se incluye, entre los documentales de la transición “con una línea abiertamente política y con voluntad de abordar la guerra civil y saldar cuentas con el franquismo, ¡Arriba España! (1976), del exiliado en Francia José María Berzosa”. Esta inclusión de la película de la que nos ocupamos entre los documentales de la Transición, se había producido antes en un texto pionero en la reivindicación del cine de aquella etapa: Algunas instrucciones para evitar naufragios metodológicos y rastrear la transición democrática en el cine español de Julio Pérez Perucha y Vicente Ponce publicado originalmente en 1985. En la nota al pie número 13, dicen: “No queremos silenciar, aunque no sean películas españolas, la obra de Jose María Berzosa. La serie Las Españas (1973) y Arriba España (1975) son ‘documentales’ rigurosos tanto con los procedimientos retóricos del género como con los momentos pre-democráticos que ponen en escena. Un radical que queda a pie de página pero dentro de las más ricas elaboraciones rupturistas”. 

El texto del que la cita anterior ejerce de nota al pie, hablaba de unos documentales con una misma ‘radicalidad textual’. Sea como sea, se ve clara la importancia que para los investigadores tendría la inclusión de Arriba España en la tradición del cine documental español de tintes políticos de la Transición, con títulos como Canciones para después de una guerra (Basilio Martín Patino, 1976), Raza, el espíritu de Franco (Gonzalo Herralde, 1977), La vieja memoria (Jaime Camino, 1979), Informe general sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública (Pere Portabella, 1976) o ¿Por qué perdimos la guerra? de Diego Abad de Santillán y Luis Galindo, por citar algunos de los títulos con los que se ha relacionado.  

Sin embargo no tiene sentido incluir esta película en el cine de la Transición ya que no se pudo ver. Sólo estuvo una semana en cartel, tres años después de su estreno, y en una versión francamente alterada, cuando no censurada. Lo cual es un destino trágico para una película que ante todo pretendía incidir en el debate político español. 

El proyecto de Arriba España nació a partir de un  encargo de la Societé Francaise de Production, una empresa semipública de producción creada a partir de la ORTF, para una serie llamada “L’Europe après Munich”, sobre los regímenes totalitarios europeos después del nazismo. El siguiente documental iba a ser sobre la Yugoslavia de Tito. 

Por lo ambiciosa de la propuesta de Berzosa, se decidió su proyección en televisión y en salas de cine. El estreno en cine se produjo en el Festival de Cannes de 1976, en una sección paralela llamada ‘Perspectivas del nuevo cine francés’, sin la presencia de Berzosa, el 20 de mayo de 1976. Debido a que la sección no era oficial sino informativa, la película no tuvo mucho eco ni repercusión en la prensa. 

Según el profesor Fernando Redondo, ¡Arriba España!, surge estrechamente vinculado al libro que publica en 1976 su coguionista, el periodista Ramón Chao, Después de Franco, España, (título que pretendía responder al del libro de Santiago Carrillo Después de Franco, ¿qué?y cuya primera edición había tenido lugar en Francia en 1975), y que cartografía con amplitud y detalle, de la extrema derecha a la extrema izquierda, el diverso mapa de las opciones políticas en España en el momento del cambio de régimen, con el añadido de entrevistas a los principales líderes y la inclusión de las líneas ideológicas fundamentales de cada opción. Tal como asegura el propio Chao, se trata de un libro que le encarga Enrique Tierno Galván, quien firma el prólogo y le proporciona todo tipo de contactos para su elaboración.  

“No deberían pasarse por alto las no por evidentes menos relevantes conexiones entre aquel libro de Chao y este filme de Berzosa. Ambos comparten sin duda, por los muchos aspectos en común, un mismo proyecto de describir y analizar la realidad política española del momento, empezando por considerar al público francés como destinatario preferente y siguiendo por detalles como la presencia de los dibujos de Antonio Saura en el diseño de la portada del libro y en los títulos de crédito del filme.”  

En el prólogo al libro de Ramón Chao, Tierno Galván repite dos veces la misma frase: “el cambio es inevitable”. Y esta inevitabilidad del cambio conduce a que quienes lo lleven a cabo no tienen que venir del régimen anterior. A este punto le dedica Tierno una larga reflexión en el prólogo: 

Hay una presunción en el fondo, de la que participamos muchos, que dice que el continuismo es imposible en España y que una gran parte de quienes se han puesto al servicio del Régimen actual están excluidos del futuro por su biografía política. […] La opinión pública nacional, e incluso la internacional no va a tener capacidad de acogimiento ni elasticidad para integrar en la política española a la mayor parte de tales personas que han sido personalidades políticas durante el franquismo. […]

Los que se hagan cargo de los negocios públicos libres de la cortedad de visión e imaginación que impone la conservación del poder serán más capaces de crear, imaginar y poner en marcha el caudal de energía del país que están ahora en hibernación.

La figura de Tierno era vital para la oposición política al franquismo (una oposición de corte no extremista) porque en él se veía al presidente de la hipotética República que habría que sustituir al franquismo. Esto se ve en la amplitud de la entrevista que le dedica Ramón Chao en su libro, 6 páginas, la mayor del libro. Y se ve en la presencia de Tierno en la película, presencia central que vehicula toda la narración, ligando entre sí los personajes o las situaciones descritas, encarnando a la vez el papel de narrador objetivo y de testimonio (por fuerza, subjetivo), lo que lo convierte en el enunciador del sentido y la finalidad de la película. 



Por ello en una entrevista a Berzosa aparecida en la revista Triunfo, en su número nº 718, del 30 de octubre de 1976, con el título de “El Arriba España de José María Berzosa” se le pregunta a Berzosa por el protagonismo de Tierno Galván, a lo que Berzosa contesta: “Porque podría ser un día el artífice de una reconciliación difícil, improbable. Su presencia en el film es un elemento de credibilidad indispensable en un trabajo que necesariamente inspirará pasiones y polémicas”. Con esta respuesta se prueba la intencionalidad práctica de la película, que pretende dotar de elementos para la reflexión y de promover el debate sobre lo que ha de ser el futuro político de España.  En la misma entrevista Berzosa dice que la película pretendía “provocar impresiones nuevas y dar ganas de reflexionar”. 

Estas ganas, o más que ganas, esta necesidad de incidir en el debate español (en el fondo, el nudo gordiano de la interpretación de la película) se debe a la españolidad de la producción.  Y es que… ¿cómo definir la nacionalidad de su película? Arriba España, es obviamente, una película francesa, producida por la empresa pública Societé Francaise de Production. Pero sin embargo, sus autores eran españoles: el director, era Jose María Berzosa, los guionistas el propio Berzosa y Ramón Chao, y el músico, Luis de Pablos. Además, la voz en off en francés estaba dicha por la española Adelaïde Blazques (que escritora en lengua francesa), los créditos realizados por Antonio Saura y todos los intervinientes eran españoles. Por eso, Berzosa, en la entrevista ya mencionada para Triunfo (que después comentaremos más extensamente), a la pregunta de “Cuando se leen los créditos, da la impresión de ser una película española”, contesta: “Y lo es”. 

La película cuenta los grandes hitos de la historia del franquismo: victoria de la guerra civil, la creación de los cuatro pilares básicos (ejército, iglesia, Falange y carlismo), neutralidad en la II Guerra Mundial, legitimación internacional del régimen, apoyo popular al franquismo, colaboración con EE UU, Doctorado Honoris Causa a Franco por la Universidad de Salamanca, Ley de Sucesión, recuperación económica… A todos estos ‘hitos’, Berzosa les contrapone otros ‘hitos’ silenciados: represión, ejecuciones, uso de fiestas populares, mitología fascista (entierro de Jose Antonio, valle de los caídos), colaboracionismo con el eje (División Azul), propaganda, coacción para acudir a las manifestaciones a favor del régimen, corrupción (caso del Sindicato de panaderos y caso Matesa), legitimación internacional (acuerdo con EE UU para la implantación de  bases militares y el Concordato con el Vaticano), represión de los estudiantes en el 56, continuismo, represión del movimiento sindical, prohibición del Diario Madrid, centralismo…



Formalmente, la película se cimenta, como casi toda la obra de Berzosa en el contrapunto, en la inclusión de una imagen o de un testimonio que desdiga abiertamente el discurso oficial, en crear una estructura dialéctica. Normalmente en la obra de Berzosa, el contrapunto es sólo uno más de los elementos constructores del relato (junto con el collage de registros, la ironía, o el punto de fractura) pero en Arriba España es el elemento estructural. Los elementos son pocos  en comparación con otras películas de Berzosa (por ejemplo, Charles Fourier), y se reducen a imágenes de archivo, voz en off, entrevistas y comentarios a cámara de Tierno Galván en distintas localizaciones. Todo ello tratado con una gran subjetividad de la puesta en escena, subjetividad anunciada ya desde los mismos títulos de crédito: 

De todos los elementos de la puesta en escena, son las imágenes de archivo las más numerosas. Estas imágenes muestran una verdad ‘oficial’, que la voz en off o las intervenciones contradicen. 

Así, a las imágenes triunfantes de la victoria, por ejemplo, se le contraponen imágenes de las ruinas de Belchite mientras la voz en off de Tierno Galván comenta (en off):

“Los días de este Madrid angustiado que se entregó, no fueron los que nos pintan de un  Madrid deseoso de hallar la paz, fue al contrario, era un Madrid muy consciente de que perdía la guerra, y, perdiendo la guerra, no ganaba ninguna paz...  Ningún madrileño ignoraba que estábamos en presencia de un ejército vencedor,  que no se atenía a  sus promesas, y que exigía víctimas, que cumplía con proyectos de venganza que no correspondían a las palabras de paz.  

Cuando la rendición se hizo efectiva, por las calles de Madrid, no había nadie. Algunos charcos de sangre que correspondían a los últimos intentos de resistencia contra los acuerdos contraídos  por el Casado y una desolación casi absoluta. Grupos de Regulares, los primeros que entraron, grupos de legionarios y soledad. Un paseo triunfal por la Castellana de las tropas victoriosas. Había como una conciencia profunda de que se había perdido la guerra, y  que las guerras no se pierden en vano, y que la ciudad que había resistido durante tanto tiempo iba a continuar sufriendo un castigo peor.”



Muchas veces este contrapunto viene explicitado en la película, como cuando la propia voz en off dice: En ese momento en España se podía elegir entre dos películas: Franco ese hombre y El verdugo. Pero a veces, el contrapunto no aparece aunque se mantiene una estructura dual, porque lo que le interesa a Berzosa no es sólo crear antagonismos (es decir, mostrar alternativas) sino también explicitar paralelismos. Esto se ve claro en la secuencia de archivo, justo después de la declaración de la Ley de Sucesión, en la que a planos de Franco le siguen planos del entonces príncipe Juan Carlos.   

Este contrapunto conlleva mucha explicitud. Por ejemplo, la intención de la película queda meridianamente clara en las cuatro entrevistas que hace a los pilares del régimen. Cada entrevista viene precedida de un rótulo: Ejército (entrevista a don José Angosto Gómez-Castrillón), Iglesia (entrevista al Padre Venancio Marcos), Falange (entrevista a Jesús Suevos) y Carlistas (entrevista a don Lucas María Oriol Urquijo), 

El dispositivo de estas entrevistas siempre es el mismo: se presenta al personaje de pie, mientras una voz en off va enumerando sus cargos oficiales y su curriculum profesional. Después, ellos sentados desgranan su ideología, en un plano en el que la cámara reencuadra hasta crear un encuadre satírico en el que enuncia y describe al personaje, lo amplifica la resonancia de algunas de las frases que se dicen: “No hubo represión, sino justicia” (proferida por el padre Venancio Marcos) o “ser falangista es ante todo una forma de ser hombre, una forma de ser español” emitida por Jesús Suevos. 

Estos encuadres contrastan con los encuadres de las entrevistas a opositores (socialistas –Pablo Castellano-, comunistas –Simón Sánchez Montero-, el propio Tierno o incluso un terrorista de ETA), que son encuadres neutros, un plano medio ante una pared blanca. 

Pero esta explicitud encuentra su sentido en la vocación de intervención, en la vocación pedagógica. La película pretende denunciar la ilegitimidad del franquismo, al que se le define (se le muestra) como un régimen ilegítimo, nacido de  la represión y de la corrupción (los acuerdos internacionales por los que consigue ser reconocido internacionalmente son mostrados como fruto de cesiones o bien territoriales o bien legislativas). Por eso son tan frecuentes los testimonios de represión (Pablo Castellanos, Simón Sánchez Montero, Marcos Ana, la mujer de Julián Grimau, Julián Ariza, o la secuencia en la que sobre planos de karate s van desgranando las cifras de los fusilamientos en Madrid en la posguerra) y por eso hay un hincapié tremendo en la deslegitimación de cada avance franquista (la escena en la que se crea otra vez un paralelismo/contrapunto entre los turistas que en ese momento visitan la Plaza de toros de Las Ventas y el desfile de tropas nazis que allí desembocó en 1940). Y así de paso desmitificar la pretendida habilidad política del Caudillo mostrando cómo se ha beneficiado en todo momento de la coyuntura política, primero de la posguerra y después de la Guerra Fría (en la que se convirtió en una base indispensable para los Estados Unidos). 

Este afán por descomponer el franquismo, contextualizar y mostrar el franquismo como un régimen demodé (en el sentido en que su enraizamiento ideológico se encuentra en el fascismo, ideología desaparecida en los años cuarenta), y su extraña pervivencia (digo extraña porque el tono que más predomina es el satírico-burlón: recuérdese el fragmento de un niño contando con lenguaje infantil el accidente de Palomares) tiene como objetivo un evidente didactismo que pretende sobre todo informar de los hechos más relevantes del período franquista hasta llegar al momento mismo del cambio. Y todo ello atendiendo al contexto internacional, relacionándolo con el resto de regímenes fascistas. Ése es el principal cometido de las imágenes de archivo, en las que se ve a Franco junto a Hitler, Mussolini, Petain (facilitando así la comprensión del mensaje al público francés, no especialmente familiarizado con la realidad española). 

Pero también, y quizá este sea la intención más importante, el film quiere mostrar una salida, un proyecto de país óptimo reverso del estado franquista. Los contrapuntos no sólo tienen la intención de deslegitimar sino de mostrar la alternativa correcta, una España donde su forma de gobierno sea una República parlamentaria no condenada al centralismo. De ahí la denuncia del continuismo del régimen expresada en la figura del rey Juan Carlos. Este carácter de intervención política (unida a la idea de que la vuelta a la República era la única posibilidad legítima de transición política) se muestra con las primeras apariciones del futuro rey Juan Carlos, cuya figura es mostrada como sucesora de Franco, como carente de un ideario político propio, como una figura más del aparato franquista.


Esto se hace más patente, por no decir absolutamente explícito, con la última imagen de la película, en la que quizá se muestre de una forma más precisa todo el sentido del film: el entonces príncipe Juan Carlos echando una palada de tierra al hoyo de Carrero Blanco mientras escuchamos, otra vez, en off, la voz del futuro monarca, infinitamente repetida, con una reverberación constante: “Juro lealtad al jefe del Estado y fidelidad al Movimiento Nacional y demás leyes fundamentales del Reino”. En esa reverberación y esa repetición extenuante se muestra claramente el no retorno que esas palabras suponen, cómo están abocadas hacia un abismo el que nada se puede construir. Como si “España fuese a enterrar su pasado y quizá con el mismo gesto, su memoria.”

Y ante esto aparece la alternativa de Tierno Galván, como el posible crisol de esa tendencia (que es enunciada en algunas cosas como tendencia natural). Él, al aparecer no sólo como hilo conductor, sino como intérprete cualificado de los defectos del franquismo (la secuencia sobre la represión acaba con él explicando que la crueldad del régimen en realidad se debía a la psicología del dictador). O cómo antecede a la entrevista con Ignacio Goicoechea (joven emigrante que representa la nueva juventud española, más preparada y más politizada) diciendo que la recuperación económica se volvió contra Franco porque creó una nueva juventud.

Pero es que además, Tierno es el único de los intervinientes, quizá junto a Joaquín Ruiz Giménez, (otro animal político) con un carácter sosegado, tranquilo, no impetuoso, reflexivo.  Eso muestra sus aptitudes como gobernante, pero es que además, en sus intervenciones, muestra que tienen un ideario. El ejemplo más concreto es en la secuencia que sucede a las imágenes de la represión de la huelga estudiantil de 1954, huelga tras la cual él fue expulsado. En imagen se le ve a él paseando por el claustro de la Universidad de Salamanca mientras en voz en off explica los motivos de su expulsión: 

“[En clase] Estuvimos exponiendo las ideas de la libertad en general, la libertad cívica, del estado de derecho,  de  lo que debía ser España realmente construida sobre supuestos de libertad, de garantía, la España de Europa. Y por defender la España de Europa, por fundar aquí una sociedad europeísta, por intentar que España saliese de la rigidez totalitaria fui expulsado de la universidad en compañía de otros profesores de la universidad de Madrid, como García Calvo y Aranguren.” 

De todo lo anterior se desprende que, como dice el profesor Redondo: “La idea de fondo que emerge en esta particular manera de articular el relato histórico se ajusta, entonces, a las tesis del exilio, que siempre se sostuvieron sobre la vinculación fascista de origen del régimen, la fidelidad a la legitimidad republicana y la frustración derivada de la evolución de un contexto internacional dominado por los avatares de la Guerra Fría.” Es decir, primero desmontar las bases sobre las que se había construido (y legitimado) el franquismo y después proponer una alternativa que continuase con el proyecto modernizador que la República había intentado implementar.


  
Recepción en España

Sin embargo, a pesar de su prestigio anterior y de la inteligencia de su sistema de enunciación, Arriba España no consiguió ser una película que interviniese o que al menos diese herramientas para la mejor compresión del periodo conocido como Transición. Y todo ello debido a una malísima distribución que esconde una censura encubierta, aunque explícita, que hizo que cuando su mensaje llegó a las salas españolas su mensaje ya fuese anacrónico e inaplicable. 

El estreno se produjo en Madrid el 2 de marzo de 1979, un día después de las elecciones legislativas que ganaría UCD, aunque sin conseguir la mayoría absoluta (y el mismo día del estreno de Superman); es decir, tres años después de su estreno en el Festival de Cannes, cuando la posible relevancia de la película se había ido difuminando por la evolución política. 

Las proyecciones, tuvieron lugar en el cine Peñalver de Madrid, en tres pases diarios (17:15, 19:35 y 22:00). El reclamo periodístico era: “Un filme de José María Berzosa ¡Un tremendo filme partidista, crítico, ejemplar y actualísimo!”. Pero la distribuidora no se molestó en publicitar la película, como si el estreno era un mero trámite contractual que había que solventar, limitándose a diseñar un cartel, con una frase de Francisco Franco: “El mundo en un mañana próximo comprenderá la magnitud del sacrificio y entonará sus cantos de agradecimiento…” Esta frase ambigua llevó a muchos espectadores a una idea desigual sobre el contenido de la película, lo que creó falsas expectativas sobre su contenido. Lo mismo pasó con los dos únicos fotocromos que se realizaron, con dos citas  extraídas de la película, pero que sacadas de contexto quedaban cuanto menos ambiguas. El guionista, Ramón Chao, me comentó que gran parte del público “estaba convencido de que iba asistir a una peli en honor a Franco”

Además, la película se estrenó en una versión, si no censurada, sí abiertamente alterada en su contenido. En 1981, José María Berzosa pudo ver la versión que se estrenó en España de su película, cuando se le brindó un homenaje en el Festival de San Sebastián de ese año. 

Contracampo: Al ver por primera vez la copia española en el marco del Festival de San Sebastián, dijiste que había sido manipulada con respecto al original. ¿Podrías preciar esto un poco más?
Berzosa: A mí me ha contrariado mucho, por un lado, la mala calidad de los subtítulos –tienden a debilitar, a disminuir la fuerza del comentario en off (que tratamos de cuidar mucho en el original francés); además, son técnicamente muy defectuosos- y, por el otro lado, el que hayan suprimido, sin más, todo el comienzo del film: una voz en off que se oía sobre cola en negro, como introducción general a la película. En cuanto a la manipulación del final, creo que se trata de una censura política –como política era la debilitación practicada en los subtítulos, ya que allí se veía, en foto fija, al entonces príncipe Juan Carlos arrojando una paletada de tierra en la tumba de Carrero Blanco mientras el fondo de la imagen estaba constituido por su voz –con un efecto de eco que se iba alejando- en el acto de la jura, ante Franco, de los Principios Fundamentales del Movimiento. Al sustituir, en la copia que aquí se ha visto esa banda sonora por otra con un simple fondo musical, el sentido de la escena varía por completo. 

Lamentablemente, no es posible poder hacer un estudio sistemático de las diferencias entre la película original y su versión alterada por el distribuidor, ya que ésta última ha desaparecido. 

Y a los errores publicitarios y a la manipulación de la obra, hay que sumar que en esos tres años (5 años desde el rodaje de la película) las cosas habían cambiado mucho en política.  España se había convertido en una monarquía parlamentaria, con lo que el rey Juan Carlos, que la película denunciaba como sucesor de Franco (y garante de la continuidad del régimen) se había convertido en el jefe de un estado democrático. La derecha moderada que ahora gobernaba, no había sido tenida en cuenta en la película como alternativa (la presencia de Ruiz Giménez respondía a su condición de ex-ministro de Franco, no de alternativa política). Y sobre todo, la figura de Tierno Galván, central en la película y supuesto elemento central de la reconstrucción democrática del país, había perdido toda relevancia política: el partido que lideraba, el Partido Socialista Popular, había perdido mucha iniciativa, que se la había llevado el PSOE de Felipe González (en las primeras elecciones de junio del 1977, el PSP, que formaba parte de la coalición Unidad Socialista, sólo había obtenido seis diputados). Además, Tierno Galván había sido vetado por el PSOE para la redacción de la Constitución. Y finalmente, en abril de 1978, el PSP, había sido absorbido por el PSOE. Un mes después del estreno, en las primeras elecciones municipales de la democracia, Tierno Galván sería elegido alcalde de Madrid.

Arriba España fue sustituida el 14 de marzo de 1979 por Fiebre Musical (FM, John A. Alonzo, 1978), apenas once días después de su estreno. Según la Base de Películas Calificadas del Ministerio de Cultura, la película fue vista por 9.502, recaudando aproximadamente 1.202.500 pesetas. Sin embargo, la película tuvo rendimiento económico al menos hasta 1984, año en el que se reestrenó en Barcelona, el 2 de marzo, en el Cine Padró. Esta proyección, que sólo duró una semana, tenía como frase publicitaria la siguiente: “Arriba España de Berzosa. La película antifranquista prohibida después del franquismo”. La película se proyecto en versión original subtitulada. 

Conclusión

Con todo esto, huelga subrayar que la posible influencia social y cinematográfica que podía haber ejercido la película de Berzosa, se vio limitada y anulada por el retraso en de su estreno, por su nula publicitación y por su manipulación. Esos años fueron años de cambios muy profundos y muy rápidos, y la España para la que fue hecha la película no era la misma España que la recibió. Aun así, su análisis del franquismo, de su ideología y su mitología, y la deslegitimación del discurso histórico (e incluso moral) que el régimen había hecho de sí mismo, era (y es) validísimo, y pertinente. Pocas películas en nuetsro país han sido tan ambiciosas como ésta.

Hoy, que la intervención de la película en nuestro sistema político ya no tiene sentido, se hace explícito que Arriba España, necesita una revisión historiográfica y analítica que la sitúe con justicia no sólo en su contexto sino también en su valor como documento y como obra cinematográfica.  

HEREDERO, Carlos F. y RODRÍGUEZ MERCHÁN, Eduardo (Dir.) Diccionario de Cine Iberoamericano, Madrid, SGAE, 2011. 
 El texto ha sido reeditado en PALACIO ARRANZ,  Manuel (Ed.), El cine y la Transición política en España (1975-1982), Madrid, Biblioteca Nueva, 2012
La serie Espagnes, emitida en Francia en 1973, estaba formada por tres capítulos: Comment se debarraser des restes du Cid, Don Juan. L’amour et la charité, y el más conocido Mourir sage et vivre fou, sobre Don Quijote. 
REDONDO NEIRA, Fernando, “Españoles en París: ¡Arriba España!, un documental del exilio sobre el franquismo y la transición a la democracia”, ponencia presentada en el Congreso En Transición, Universidad Carlos III, Madrid, noviembre 2012.
 Ediciones Felmar, Madrid, 1976. Editado el año anterior en Francia: París, Stock, 1975
 CARRILLO, Santiago; Después de Franco, ¿qué?, París, Editions Sociales, París, 1966.
 Ramón Chao había conocido a Tierno Galván en París en un encuentro de los socialistas españoles y franceses en el que participaron François Miterrand y Felipe González. Chao no es exactamente un exiliado. Reside en París, adonde llegó para estudiar piano y donde se quedó a vivir para trabajar como crítico literario y periodista, desde 1960, en las emisiones en lenguas ibéricas para Latinoamérica de Radio France. 
 El ‘¡Arriba España!’ de José María Berzosa, Triunfo, nº718, 30-10-1976.
 Esta forma de ‘filmar al enemigo’ ya la había puesto en marcha en películas anteriores: Rouge, Greco, Rouge, Zurbarán o Comment se debarraser des restes du Cid y la seguiría desarrollando en su trabajo posterior, sobre todo en la tetralogía Chili-Impressions. 
 MARTÍNEZ-VASSEUR, Pilar, “Jose María Berzosa: La lutte contre l’oubli”, en Voix Off. Temps, mémoire et représentation. L’avant-scène du cinema espagnol nº7, Nantes, CRINI, 2005
 Las dos citas son: “Acabo de quitarme nuestra gloriosa y emocionante boina roja con la cual he combatido desde el 19 de julio de 1936 hasta el primero de abril de 1939. Yo me incorporé al Alzamiento en Vitoria y allí me encargaron que dijese por la radio cuáles eran los motivos por los que acudimos a las armas. Yo dije, nos levantamos para recuperar el derecho a sonreír y a confiar.” de Lucas María Oriol  y “España ha vivido 40 años de paz, pero hay que reconocer que el cansancio ha hecho que la paz se esté quebrando en estos momentos. Están levantando otra vez la cabeza aquellos movimientos que nos levaron al 36 y que son el marxismo, el separatismo, el liberalismo, ayudados por las fuerzas secretas de la masonería” del padre Venancio Marcos
 E-mail de Ramón Chao al autor, el 30/10/12
 Contracampo nº14
 En 1997, Diasa depositó todo su fondo en Filmoteca Española, pero esta película no está en el depósito. Si atendemos a la duración de la película en la base de datos de películas calificadas del Ministerio de Cultura, la duración es de 105 minutos, mientras que la versión original, la estrenada en Francia, es de 120 minutos, es decir, 15 minutos más.  Pero, sin embargo, en la ficha que acompaña la reseña de Cineinforme, la duración viene expresada en metros: 3293, que equivalen a 2 horas de metraje, lo que coincide con la duración normal
 Joaquín Romaguera describe así las circunstancias del estreno en Barcelona: “Decir por último que Arriba España no se estrenó en Barcelona hasta primeros de marzo de 1984, con lo que una vez levantada la prohibición que existía sobre él [no sabemos de qué prohibición se trata], terminó en una sala ‘marginal’, minoritaria, para un público selecto constituido por cinéfilos y ya convencidos.” En ROMAGUERA I RAMIÓ, Joaquín; Historia del cine documental de largometraje en el Estado español, Bilbao, Certamen Internacional de Cine Documental de Bilbao, 1988. Pag. 44.



Fuentes de información: Arriba España, de Jose María Berzosa: Entre la deconstrucción y la intervención por Luis E. ParésFilmaffinity, Mogambo (info y descargas).

O Todos o Ninguno

Dirección: Helena Lumbreras, Mariano Lisa 
Guion: Mariano Lisa y Helena Lumbreras
Producción: Colectivo Cine de Clase
Formato original: 16 mm, Color.
País de producción: España
Fecha: 1976
Duración: 45 min






















Mariano Lisa y Helena Lumbreras 
junto a un trabajador de Laforsa 
en la presentación del documental


La historia de la huelga de Laforsa en 1975 en Cornellà, que se convirtió en un grandioso ejemplo de solidaridad entre los obreros. Durante los tres meses que duró, el equipo de rodaje siguió los trabajadores y trabajadoras, movilizados contra las presiones de la empresa y las fuerzas del orden. Sus acciones culminaron en una huelga masiva de los obreros de toda la comarca del Baix Llobregat que duró quince días.




En 1976 realizaron su segundo film, O Todos o ninguno, sobre la lucha obrera de una fábrica (Laforsa) de Cornellà en el que se utilizó material filmado por los propios trabajadores y se llevó el rodaje en un constante consenso. Sobre esta cuestión, relevante por cuanto atañe al objetivo del documental de intervención, la propia directora debatía con otros cineastas críticos –Manuel Esteban, Jesús Garay, Jaime Larrain, Joan Puig, Llorenç Soler, Pere Joan Ventura, Gustau Hernández y Ernest Blasi– en una mesa redonda publicada por la revista El viejo topo en 1977. Respecto a la cuestión del uso del lenguaje cinematográfico y si se debía o no enseñar a los protagonistas a realizar sus propios filmes, Helena Lumbreras afirmaba:

[...] si intentamos hacer un discurso de clase, de una clase que será la hegemónica, que tiene otra visión de mundo, ese discurso ha de ser forzosamente distinto al de la burguesía. Lo que han rodado los compañeros de Laforsa en el interior de su fábrica es completamente distinto a lo que hubiera hecho TVE, por ejemplo.



Lumbreras, en aquella ocasión, respondía que de la misma manera que se enseñaba a un obrero a leer y a escribir, también se le podía enseñar el uso de una cámara. En el caso de la fábrica de Laforsa, el proceso de filmación fue discutido por el equipo técnico y los trabajadores, incluido el montaje. De esta experiencia, Lumbreras resaltaba que el público que veía la película se sentía especialmente motivado ante los planos que estaban rodados por los obreros sin saber quién había llevado a cabo el rodaje de aquello. Por el contrario, Manuel Esteban afirmaba que era imposible extraer una nueva estética del film filmado por el obrero.



Este tipo de críticas tienen mucho que ver con la visión antropológica de la invención de las sociedades primitivas y del “buen salvaje”, práctica llevada al cine por ejemplo por Flaherty, en el que la “pureza” –en este caso de los esquimales– otorga un valor único a la imagen (Piault, 2002: 338). Lo mismo ocurriría con la idealización de la clase obrera presente en el discurso marxista.



La propuesta de Lumbreras suponía entonces un aparente salto cualitativo entre ser objeto o ser sujeto del film, al atender a la esencia propia del trabajador, aunque al mismo tiempo hubiera una visión posiblemente paternalista, que impidiera la conjunción de sujeto histórico y a la vez fílmico. Esto conllevaba, en sus propias palabras: “En cuanto se trata de darle a la clase trabajadora una autonomía y de potenciar su cultura se está haciendo algo muy peligroso”



God Speed You! Black Emperor

Título original: Goddo supiido yuu! Burakku emparaa (God Speed You! Black Emperor)  
Director: Mitsuo Yanagimachi  
Guión: Mitsuo Yanagimachi 
Fotografía: Mitsuo Yanagimachi  
Formato: 16mm, B&W
Idioma: Japonés con subtítulos en inglés (Nunca editado con subtítulos en castellano). 
Productora: Gunro, Toei Company, Production Genro.
País de producción: Japón
Año: 1976 
Duración: 90 min. 










Documental japonés grabado en blanco y negro en 16 mm del año 1976, dirigido por Mitsuo Yanagimachi, y que sigue las hazañas de un joven grupo de motoristas, los Black Emperors. En la década de los 70 surgió en Japón un importante movimiento motorista, que fue llamado Bosozoku y que pronto atrajao la mirada de los medios. El film sigue a un miembro de la banda y sus relaciones familiares, antes y despues de meterse en problemas con la policía.




Black 卐 Emperor


Famoso hoy en día por prestarle su nombre al colectivo canadiense de post-rock, el documental del año 1976 del director Mitsuo Yanagimachi sigue a una banda de motociclistas llamada The Black Emperors. A diferencia de las bandas al margen de la ley en «Los angeles del Infierno» de Hunter S. Thompson The Black Emperors son descritos como machos-adolescentes obsesionados con las motos y complaciéndose en la de anarquia -pintando su logo en un muro (en inglés con una swastica colocada entre las palabras Black y Emperor); hay charlas sobre reuniones y peleas con grupos rivales, pero la banda se acalora más es cuando los policas irrumpen en su reunión, o cuando los cachean buscando armas y drogas. Al principio del filme uno de los black emperors le pide a su madre que lo acompañe a la corte, como testigo para que él pueda escapar de cumplir sentencia en la carcel. Con esto dicho, el filme incluye una más bien cortante secuencia donde uno de ellos es golpeado y pateado en el rostro como castigo por algunas transgresiones contra el grupo. Es una secuencia clave dentro del filme, pues parece que Yanagiamchi capturó al grupo en lo que quiza sea la agonia de sus 8 años de existencia; al principio del filme un dirigente de los emperadores negros le pide a los motociclistas por una unidad mayor, pero al final de del filme, el grupo enfrenta un futuro incierto e intenta con desesperación la adición de los miembros salientes. *1





Las películas de motociclistas eran populares en japón desde principios de los '70, y el filme de Yanagimachi, producido de manera independiente, fue elegido para su distribución por Toei con un éxito considerable. El filme, rodado en 16mm en blanco y negro tiene una apropiada apariencia sucia con una visualisación de tinta negra y el siempre constante giro de la camara con el soundtrack. El soundtrack mismo presenta una muy buena muestra del rock japonés de los '70 y del proto-punk.

El filme esta disponible en dvd en Japón (trsitemente, sin subtítulos), y en varias ediciones pirata en el mercado en otros países. *2


Fuentes de información:*1 FilmAffinity,*2 IGDF.





El Palacio Negro de Lecumberri

Título original: Lecumberri (El palacio negro)  
Dirección: Arturo Ripstein 
Guión: Arturo Ripstein, Margarita Suzan, Miguel Necoechea, José Emilio Pacheco, Tomás Pérez Turrent. 
Música: Guillermo Zuñiga, Arturo Casas, Enrique Marín, Roberto Tello, J. M. Alvarado 
Fotografía: Tomomi Kamata
Productora: Centro de Producción de Cortometraje (CPC), Estudios Churubusco Azteca S.A.
País de producción: México 
Año: 1976 
Duración: 110 min. 











El 24 de abril de 1976 cuatro hombres escaparon de la Cárcel Preventiva de la Ciudad de México, mejor conocida por sus dos nombres alternativos: Lecumberri, el nombre que una de las calles vecinas de la prisión había tomado de un noble español, y el palacio negro, imagen de connotaciones diversas, ninguna de ellas agradable. La fuga sirvió de motivo para el cierre de un lugar que fue testigo de buena parte de la historia mexicana del siglo XX: allí fue asesinado Francisco I. Madero por orden de Victoriano Huerta, encerrados los hombres de Carranza, de Villa y de Zapata; allí pasaron sus días ladrones, asesinos y militantes de izquierda. Ripstein se enfrenta a este espacio de manera distante, como muestra del minucioso registro de la burocracia carcelaria, pero sin renunciar por ello a la empatía.*1




Rispstein retrata en este documental el funcionamiento de Lecumberri poco antes de que dejara de funcionar. No es tanto un documental de denuncia ante las atrocidades que surgían ahí, es más como un documento que invita a la reflexión del sistema judicial y penitenciario en México así como un retrato del edificio que atestiguó grandes cambios en México.

Lecumberri fue construido bajo la estructura de un panóptico que implica una estructura circular en la cual los sujetos pueden ser observados, pero no saben en qué momento realmente lo son. Esta sensación es transmitida a través del documental ya que vemos claramente lo que ocurre. Ripstein echa mano de diversas técnicas para construir el documental. Tiene cierto grado de humor dadas las coincidencias del montaje y las reacciones de las personas ante la cámara. Cuenta con muchas entrevistas que cuentan cómo es la estadía en Lecumberri y las razones por las cuales se encuentran ahí. Por tal motivo, hay un sinnúmero de voces, pero las oficiales están un tanto diluidas debido a que los que llegan a aparecer sólo hacen su parte en el proceso y se muestran como simples burócratas haciendo su trabajo.


La estructura documental parece ser redonda, aún si comienza con la fuga del penal,  en el sentido de que inicia con el ingreso de algunos presos al palacio y termina con la salida de otro. Sin embargo, en medio, trata de abarcar lo más posible del funcionamiento de Lecumberri y de las personas que lo habitan. Lo primero que sabemos es que puedes acabar en prisión incluso por chocar en tu coche, lo que nos muestra una situación un tanto patética dentro de la sociedad, porque sabemos que realmente es por la imposibilidad de pagar un seguro o los daños. Después de eso, vemos las tipificaciones de los delitos dentro del penal y es curioso como se habla libremente de presos políticos. Un secreto a voces pero no es algo de lo que se hablaba tan libremente. 

Lecumberri se presenta como una especie de microsociedad, pero caducada en el sentido de que le cuesta integrar por su capacidad los nuevos conceptos penales de reintegración a la sociedad. Aún así vemos como los presos con dinero pueden acceder a una mejor celda, evitar castigos y gozar de otros privilegios. Otra muestra clara de la corrupción del sistema. Le es imposible retratar los abusos entonces echa mano de la recreación y hace que quede muy claro que es una recreación de los castigos de los presos. *2


Producción:  El documental se realizó por encargo del gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y de su hermano Rodolfo Echeverría Álvarez, director de cinematografía, con la consigna de registrar los últimos momentos de Lecumberri como cárcel a raíz de la reforma del sistema carcelario del estado mexicano, que buscaba la rehabilitación social de los reclusorios existentes. Concebido inicialmente como un cortometraje, el proyecto creció hasta convertirse en un largometraje documental. 

Guionistas:  El guion fue escrito por Arturo Ripstein, Margarita Suzan y Miguel Necoechea, con colaboraciones de José Emilio Pacheco y Tomás Pérez Turrent.  

Durante la filmación del documental Lecumberri albergaba a más de cinco mil reclusos; entre ellos se encontraban activistas políticos, encarcelados en las mismas condiciones que los convictos por otros crímenes.

Ripstein trató de entrevistar a un gran número de internos; sólo cuatro de ellos, presos por su militancia política, accedieron a colaborar con el director. Años después, Ripstein retomaría los testimonios de estos cuatro reclusos para realizar otro documental: Los héroes y el tiempo.

Temas: Para Ripstein, una prioridad era retratar el movimiento de izquierda de la época.  

Según el crítico de cine Paulo Antonio Paranaguá, El Palacio Negro presenta el contraste entre los representantes del discurso oficial (el orden burocrático, los uniformados) y la humanidad de los reclusos, y las canciones que estos interpretan en algunas escenas.

Estreno:El palacio negro se estrenó el 2 de noviembre de 1977 en el Salón Rojo de la Cineteca Nacional, dentro del ciclo Nuevo Cine Mexicano.*3

Fuentes de información: Filmin Latino *1, Diario Documental *2, FilmAffinity, mxcity.mx, Wikipedia *3, Antonomakia Art.



 

Can Serra - la Objeción de Conciencia en España

Dirección y Guión: Cooperativa de Cinema Alternatiu
Producción: Cooperativa de Cinema Alternatiu
Formato: 35 mm / Color
Formato copia: DVD-Rip.
Idioma: Castellano
Año: 1976
País de producción: España

Duración: 30 min.















Sobre las razones de la Objeción de Conciencia contra el servicio militar en España en los 70. El grupo de objetores de conciencia que montaron uno de los primeros servicios civiles autogestionados en el barrio de Can Serra, en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Las primeras etapas de un movimiento de desobediencia civil que eclosionaría con la insumisión al servicio militar y a su prestación sustitutoria en los años 90, y que terminaria por hacer que se derrumbara esta arraigada (por entonces) institución militar.

Hasta el año 1976, la información que tenía la sociedad española sobre la objeción de conciencia era que los Testigos de Jehovà se negaban a cumplir el servicio militar obligatorio. De vez en cuando, la prensa franquista se hacía eco del hecho, intentando evidenciar que se trataba d’una protesta anecdótica y estrambòtica. Aún así, era cierto que había habido algunos objetores por razones no confesionales, y el caso sobre el cual se transmitió cierta información –si bien muy limitada– fue quizás el del valenciano Pepe Beúnza.

A finales de 1975, justo tras la muerte de Franco, se puso en contacto con la Cooperativa Cinema Alternatiu un grupo de prófugos del servicio militar que habían decidido iniciar una campaña a favor de la objeción de conciencia; su intención era pasar un año cumpliendo un servicio civil en el barrio de Can Serra y, después, convocar una rueda de prensa para explicar sus motivos y lo que habían hecho.

Can Serra era un barrio de nueva hornada en L’Hospitalet de Llobregat, tocando con Barcelona, dónde se había instalado una parte de las oleadas inmigratorias de los años sesenta. La CCA asumió la propuesta de documentar las diversas tareas y actividades que los integrantes de este grupo irían desarrollando durante aquel año.
Finalmente, poco antes de su rueda de prensa, se grabaron sus opiniones y argumentos contra la guerra y el servicio militar. Era evidente que una vez se hiciera pública su opción, serian encarcelados, por lo que la película les dio voz, y su intención era que sirviera para realizar una gran campaña en cualquier parte del Estado español.

Quizás ésta es la película marginal de la que se realizó un número más elevado de copias, y la que tuvo más difusión por canales diversos. Vista desde ahora, el 2005, se pueden remarcar unos cuantos aspectos. En aquellos años sesenta, y con una única televisión estatal (franquista), la sociedad española no tenía el referente visual –evidenciado en toda su crudeza– de las guerras que había al mundo, como pasa en la actualidad. Por esto era importante incorporar a Can Serra imágenes de la Guerra de Vietnam. Las imágenes de unos soldados americanos con un cigarrillo en la boca fotografiándose con el pie encima de un cadáver vietnamita, o golpeando brutalmente y matando a punta de cañón a otros soldados, recuerdan a las tristemente famosas imágenes tomadas en las prisiones de Iraq. En la película se evidenciaba también, en mitad de los años sesenta, el peligro de aquella nueva sociedad de consumo cuyo desarrollo se podía ya entrever.


Fuentes de Información: Carlos Peréz (info, video online y descargas), J.M. Martí Rom (texto), Archive.org (textos, video online y descargas), Insumissia (info y video), Movimiento de Insumisión por Wikipedia.
Textos: La Guerrilla del celuloide: resistencia estética y militancia política en el cine español (1967-1982)
por: Roberto Arnau Roselló 


Ver directamente en Archive.or y/o descargar en diferentes formatos.

Ver en Youtube.

Ver en Youtube.

Harlan County

Título Original: Harlan County U.S.A.
Dirección: Barbara Kopple.
Producción: Barbara Kopple
Fotografía: Kevin Keating / Hart Perry
Música: Hazel Dickens / Merle Travis
Año: 1976
País: U.S.A.
Formato: 35mm / Color.
Duración: 103 min.










Documental sobre la huelga de los mineros del condado de Harlan (Kentuky) entre 1973 y 1974, que duró 13 meses y se resolvió con un nuevo convenio que no incluía algunas de las mejoras por las que habían luchado. La realizadora convivió con los mineros y sus familias durante cuatro años, identificándose abiertamente con su lucha; esta ausencia de falsa objetividad dota a la película de un dramatismo y un impacto emotivo difícilmente igualable.


Hay una secuencia curiosa en Harlan County U.S.A (Barbara Kopple, 1976). Para la película, que se ocupa de seguir a lo largo de varios años el movimiento huelguístico de los mineros del carbón en la explotación de Brookside, Kentucky, es un dato más; para el estilo general, no tanto. El fragmento en cuestión registra el diálogo entre uno de los mineros en huelga y un policía urbano que cubre su ruta en la acera de Wall Street, emplazamiento escogido por los inconformes en su intento por obtener mejorías en sus abusivas condiciones de trabajo, promoviendo el boicot accionario de la Duke Power Mining Co., propietaria de la mina, en la bolsa neoyorkina.


El diálogo es como sigue:

Minero : Debajo de aquí es igual a cualquier mina (dice, refiriéndose al subterráneo de la ciudad). Solo que la nuestra tiene 42 pulgadas de altura.

Policía : Creo que estas son más seguras que otras. No me importaría bajar aquí, pero a las suyas…

Minero : A usted no le gustaría bajar a la mina.

CORTE

Minero : Sacan buenas ganancias de las minas.

Policía : Creí que ustedes ganaban más. No en salario, sino…

Minero : Nos pagan muy bien.

Policía : ¿Cuánto es eso?

Minero : Cinco o seis dólares por hora.

Policía : Eso no es bueno. Yo gano mucho más.

Minero : ¿El salario de la policía es mayor?

Policía : Ganamos aproximadamente siete.

Minero : Es buen dinero… Sacamos beneficios de la huelga y es difícil vivir con cien dólares semanales. ¿Es peligroso su trabajo?

Policía : (Mueve la cabeza negativamente y sonríe) Solo míreme. Es muy fácil. Pura mierda.

Minero : Mucha gente no lo comprende, pero con la electricidad de allá (señala hacia el tendido eléctrico) alguien muere cada día. Un hombre muere cada día. ¿Tiene seguro médico?

Policía : Seguro médico gratis.

Minero : Yo ahorraría para comprar una casa. Los chicos se enferman y debo gastar todo el dinero. ¿Tienen dentista?

Policía : Tenemos dentista y todo tipo de médicos. Me puedo retirar a los 36 con diez mil anuales.

Minero : Ellos no quieren que nos retiremos. Por eso hemos estado en huelga durante nueve meses.

Policía : ¡Nueve meses! Creí que hoy era el primer día.

Minero : No, es que ellos no quieren firmar el contrato.

Policía : Es bueno que haya venido, para darle publicidad.

La conversación, registrada con sonido directo y desde cierta distancia, a manera de anécdota pintoresca en medio de la filmación de la protesta, adquiere otro sentido sembrada en el montaje definitivo de Harlan County U.S.A . La película de la Kopple relata el proceso del activismo creciente de los habitantes de Harlan County a partir de las formas reporteriles clásicas, utilizando ampliamente la entrevista en favor de la táctica que Bill Nichols definió como documental de observación (emparentado con el estilo de los representantes del cine directo), que presencia sin inmiscuirse -gracias a las cámaras ligeras y los equipos de sonido sincrónico- las reuniones sindicales, los debates acerca de cómo conducir la lucha obrera, los cierres de caminos, las golpizas que sufren, las discusiones de seres que todo el tiempo se manifiestan acordes a una militancia cuya expresión en la práctica de la lucha por la reivindicación de sus intereses laborales ha interesado a la Kopple a lo largo de su filmografía.

Mas, si bien el sujeto de la indagación cinematográfica es mayormente ese individuo anónimo, constituido como grupo y fuerza de cambio histórico en torno a su lucha, es en el fragmento de marras que la especificidad de su empeño se disuelve en una trama de circunstancias mayor, la cual se transparenta en ese diálogo de arriba. La potencia del hombre común, sin rostro, como sujeto histórico, descansa en esa interacción espontánea en la cual para ambos emerge su función en un tejido de relaciones sociales ante las cuales parecieran no tener capacidad de discernimiento.

El documental de la Kopple, como todo el cine direc to en general, va expresando la crisis de una forma de representar los eventos de la realidad en la cual pareciera insuficiente con brindar testimonio, con estar allí para contarlo; ahora se intenta que los individuos involucrados lo cuenten a partir de sus propias palabras, hábitos, credos. El desarrollo de tecnologías de registro menos voluminosas y libres del engorroso equipamiento conexo impulsadas por el auge de la televisión supuso para los lenguajes audiovisuales el cuestionamiento de la caligrafía de la puesta en escena y de las formas habituales de representación. Ello desembocó en el estallido simultáneo de movimientos estéticos (el cinema verité, el cine directo, la nouvelle vague , el free cinema, el cinema novo) cuya reacción de rechazo a los códigos de formalización cinematográficos al uso ocultaban la verdadera neurosis de esas nuevas tácticas de registro de la realidad: la crítica al estatuto de veracidad, la puesta en solfa de la mistificación tradicional del mediador, del sujeto de la enunciación, lo cual dio lugar a estéticas neodocumentales que obligaron al género a redefinir su actitud ante la desprestigiada institución del documento.

Todo ello venía a ser la expresión de los desplazamientos ocurridos en las ciencias sociales y la filosofía de la posguerra, pero sobre todo en las disciplinas y el método de indagación histórica. Bien mirado, la advertencia acerca del carácter engañoso de la legitimación de una clase de relato para otorgar sentido a lo real estaba ya en las Tesis de filosofía de la historia de Walter Benjamín, donde advirtiera: “ Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo "tal y como verdaderamente ha sido". Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro. Al materialismo histórico le incumbe fijar una imagen del pasado tal y como se le presenta de improviso al sujeto histórico en el instante del peligro. El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como a los que lo reciben. En ambos casos es uno y el mismo: prestarse a ser instrumento de la clase dominante. En toda época ha de intentarse arrancar la tradición al respectivo conformismo que está a punto de subyugarla.”
Fuentes de Información: Extracto del artículo Arquitectura del posdocumental
escrito por Dean Luis Reyes para Miradas (Revista del Audiovisual), El Blog de Gato Negro (info y descargas), RebeldeEmule (info y descargas, con extras), Gracias a Paula, por descubrirnos hace tiempo este documental, ademas de haberse currado unos subtítulos para proyectar, cuando aún no los había.

La Spirale

Título original: La Spirale
Director: Armand Mattelart
Año producción: 1976
País de Producción: Francia
Idioma: Francés con subtítulos en castellano.
Formato: 35 mm
Duración: 130 min.













De retorno a Francia, en 1973, tras su expulsión de Chile, Mattelart se propone realizar un documental sobre la experiencia del gobierno de la Unidad Popular. Con Jacqueline Meppiel y Valérie Mayoux, seleccionan documentos de unas 20 fuentes: cinematecas; filmes del chileno Patricio Guzmán, del norteamericano Saul Landau, del sueco Jan Linqvist, y del cubano Santiago Álvarez; noticiarios de Chile Film y reportajes televisivos chilenos, incluyendo los opuestos a Allende. Consultan también los archivos de televisiones estadounidenses, europeas del norte y latinoamericanas, particularmente los de la cubana. Finalmente, François Périer aporta su voz, Jean-Claude Eloy su música, y el célebre diseñador belga Jean-Michel Folon se ofrece para crear figurines originales.

El resultado es La Spirale, un riguroso y apasionante documental político de 140 minutos que expone los mecanismos del plan destinado a destruir, por todos los medios, el proyecto de socialismo democrático. Sus siete capítulos desarrollan el crescendo dramático: el Plan, el Juego, el Frente, el Acercamiento, el Arma, el Ataque y el Golpe. “No contamos aquí la historia de la UP –explica el relator– Otras películas lo hacen y se necesitarán muchas para expresar la riqueza de esos tres años. Queremos explicar cómo la derecha chilena hizo de esos tres años una máquina infernal que comienza antes de la elección de Allende; una espiral hacia la explosión...”

Fuentes de información: Documentales Libres (también tienen enlaces de descarga directa) y una muy buena selección de documentales sobre todo de corte político y económico.





El Desencanto

Director: Jaime Chávarri
Guión: Jaime Chávarri
Fotografía: Teodoro Escamilla
Producción: Elias Querejeta
Montaje: José Salcedo
Intervienen: Felicidad Blanc, Juan Luis Panero, Leopoldo María Panero, Michi Panero
Año: 1976
País de producción: España
Duración: 97 min








La historia del cine está llena de experimentos: algunos, con el paso del tiempo se acaban considerando fallidos o banales; otros, por el contrario, adquieren dimensiones casi míticas, como es el caso de El desencanto. Pensado, en un principio, como un cortometraje documental sobre la familia del poeta Leopoldo Panero –cuya sugerencia inicial, al parecer, partió del propio Michi Panero–, el experimento pronto se escaparía de las manos de Jaime Chavarri e iría engrosando su metraje y decidiendo por su cuenta su contenido. Y no podía por menos de ser así, pues los protagonistas desbordan con creces las expectativas de cualquier intento de dirección, creando sus propios personajes, que, a su vez, toman las riendas de la película. 

Los entresijos de su psicología se ofrecen en toda su complejidad al espectador, a modo de herida abierta por la cual no sólo se atisba el desencanto de la España del franquismo –que Chavarri pretendía reflejar–; la muerte del padre da pie a un ejercicio de crítica ajena y propia, con ferocidad desacostumbrada sin duda para los espectadores en el momento de su estreno (y a la que hoy nos ha habituado ya la proliferación de reality shows). Los hijos tratan de poner en su sitio a la figura de un padre que, fallecido tiempo atrás, no puede defenderse; haciéndolo, es inevitable que se analicen unos a otros, intentando definir sus respectivas posiciones dentro de la familia. Pero la crudeza de sus declaraciones (a diferencia de los espectáculos a los que nos tiene acostumbrados nuestra actualidad) desnuda sus espíritus y la confrontación de los miembros del núcleo familiar de los Panero, a modo de reunión de máscaras griegas, provocan la catarsis del público, al exhibir sus pequeñas miserias, ínfimas, como cabezas de alfiler; en algunos momentos la máscara cae, mostrando, casi insensiblemente, el dolor íntimo –y por qué no, deleitoso– que encierran sus vidas. 

El desbordamiento verbal del hermano mayor (Juan Luis Panero) y del menor (Michi, recientemente fallecido) plantea, in media res, los problemas familiares candentes; la verdad que se oculta tras las relaciones; la pugna entre hermanos por ocupar el lugar vacío que ha dejado el padre, y la aceptación de esta situación por parte de la madre. A la vez, sus circunstancias vitales reflejan, hoy más aún si cabe, por el tiempo transcurrido y el distanciamiento a que da lugar, aspectos cruciales de la reciente historia de España. Los “asesinos de los ruiseñores”, “la estirpe infiel de los Panero” denostada por Neruda, conjuga tanto la ambigüedad de la generación poética de la posguerra, su superficialidad fingidamente trascendente, su necesaria falsedad (y su inevitable verdad), como su opuesto, encarnado en la transgresión de toda norma, en el buscado satanismo de Leopoldo María. En último extremo, estas cualidades tienen su raíz en esa locura poética y real que lleva al ser humano al conocimiento de sí mismo.

La ausencia de Leopoldo se prolonga durante una gran parte de la película, mientras se nos presenta a Juan Luis, empeñado en seguir ocupando el papel principal, y desempeñando el papel de bufón, alternando conscientemente lo grotesco con lo serio: es inolvidable la escena en que enumera sus “fetiches”, como también lo es aquella en que relata la muerte de su padre. La inseguridad y la nerviosidad de Michi, ese chico tan mono, cobran diversos matices a lo largo de la película, cuando asume el papel de “entrevistador” de su madre, o bien cuando se complace en provocar la irritación de Juan Luis; quizá una de las escenas más sublimes del filme es aquella en la que deja traslucir la idealización que ha hecho de su madre, citando un verso de Rimbaud. Michi aparece aquí como eterno adolescente, desubicado y con las alas cortadas en el mundo franquista que le tocó vivir; sin embargo, es patente la intrascendencia de esa circunstancia, su desazón vital que, al no hallar cauce alguno, se dilata en la pereza y en la abulia. La pericia narradora de la madre, Felicidad Blanc, no logra ocultar cierto cinismo y un afán de protagonismo que tal vez siempre le había sido negado. 

Al inicio de la película, la figura de Luis Rosales, que aparece dando un discurso en el día en que se descubre en Astorga una estatua de Leopoldo Panero, ofrece un extraño contraste con los niños vestidos con trajes regionales; su andar indeciso, como el despiste generalizado de los habitantes del pueblo, parecen estar reflejando la impericia de los españoles en la transición. Las palabras de Luis Rosales surgen como vestigios ampulosos de una época pasada, que sin ser del todo mentira, ocultan gran parte de la verdad; en esa secuencia, la familia proyecta una mirada sesgada sobre la escena que se desarrolla ante sus ojos. Rosales es también protagonista de algunas de las anécdotas magistralmente relatadas por Felicidad Blanc, que sin duda no fueron muy de su gusto. (Al parecer, tras el estreno de la película, Felicidad Blanc propuso a Luis Rosales tomar algo después, y él replicó: «Ya por hoy he tenido suficiente».) 

El meollo de la película es sin duda la prodigiosa infancia de Leopoldo María, presentada primero por los demás, y pormenorizada y matizada en sus anécdotas, por el propio poeta; la infancia –tema fundamental de la película– se revela finalmente como el lugar en el que permanece anclado el ser humano. No en vano Leopoldo estuvo influido por Ana Mª Moix en su peterpanismo: «En la niñez vivimos, y después sobrevivimos».

Entre todo este denso material, poético por su naturaleza y por la aquilatada expresión de sus protagonistas, el mérito de Chavarri está sobre todo en haber sido capaz de ordenar un material tan valioso como caótico, y en haberlo acompañado sabiamente con la primera página de la sonata 959 de Schubert, cuyos doloridos acordes, en su reiteración, nos terminan de confirmar lo aburrido que hubiera sido ser feliz.

Fragmento:



P.D.: Gracias a Charly 2001, que nos recomendo este documental, sin duda una de los imprescindibles, esperamos que lo disfruteís.