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Vingt-quatre heures de la vie d'un clown

Título original: Vingt-quatre heures de la vie d'un clown (24 horas de la vida de un clown)
Dirección: Jean-Pierre Melville
Guión: Jean-Pierre Melville
Intervienen: Aristodemo Frediani “Beby”, Louis Maïss.
Producción: Melville Productions (FR)
País de producción: Francia
Año: 1946 
Duración: 18 min.   














Relato sobre un día en la vida de Beby, un payaso profesional: sus recuerdos, su trabajo y su vida cotidiana.




24 horas de la vida de un clown
por Sr. Feliú y Javier Jiménez en Circo Méliès
 
El director de cine francés Jean Pierre Melville (Jean-Pierre Grumbach), considerado como el padre de la nouvelle vague, realiza en 1945 su primera película, un curioso reportaje sobre el payaso Beby, Vingt-quatre heures de la vie d'un clown, un documental sobre este interesante payaso que trabajó durante un tiempo (ver la ilustración) con el considerado mejor carablanca de todos los tiempos, el famoso Antonet. En la película, Beby está trabajando con el clown Maïss en el Circo Medrano de París obteniendo un éxito notable.

El cortometraje supone un acercamiento al universo y la intimidad de los célebres artistas de la época (años 40), ahora olvidados y el director la realiza después de montar su propia productora tras su decisión de convertirse en realizador de cine, así que la película está realizada con un presupuesto bastante bajo. Aún así, la película resulta muy interesante ya que traza una biografía del payaso Beby con fotografías de archivo, podemos ver el ya desaparecido Circo Medrano y el camerino de los payasos donde estos se maquillan y hasta un trocito de su actuación. El título está inspirado en el libro de Stefan Zweig "Vingt-Quatre Heures de la vie d'une femme".


Fuentes de información: Circo Méliès, Patio de Butacas, IMDB, Unifrance, Montserrat Perez.




Ver en Youtube.

Titanes de la Carpa Grande


Título original: Titans of the Big Top - Titanes de la Carpa Grande 
Dirección y Producción: Tom Mullins
Guión: David Thaxton
Cinematografía: Kip Durrin
Montaje: Thomas D´Onofrio
Conducción: Rogel Wilkison
Productor ejecutivo: Ashley Hawken
Intervienen: Ringling Brothers, Barnum & Bailey
Produce: Ahora
Páis de producción: E.E.U.U.
Idioma: Castellano
Licencia: Dominio Público
Año: 1978
Duración: 26 min.









Sinopsis:

Traza la historia del circo y su impacto en la sociedad a través de generaciones para las que el circo fue el gran evento anualmente. 


A través de los años, el circo ha luchado contra los peligros económicos y naturales, pero ha vivido y es aún más popular hoy. características de los mundialmente reconocidos acróbatas voladores mexicanos. Relaciona la importancia de la familia en la historia y la tradición del circo. Además contiene  entrevistas con payasos y otros personas de circo que proporcionan una vista personal.




Fuentes de información: PublicResourceOrg, Archive.org.




Circo

Dirección: Aaron Shock
Producción: Aaron Schock
Guión: Aaron Schock, Mark Becker
Fotografía: Aaron Shock
Edición: Mark Becker
Música: Calexico
Compañías productoras: Hecho a Mano Films
Locación: México
Países de producción: México, E.E.U.U.
Formato: 35 mm, HD Cam
Año: 2010
Duración: 75 min.
Web oficial: www.circomexico.com/











Premiado en varios festivales nacionales e internacionales, incluyendo el Festival Internacional de Cine de Morelia y el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

El documental dirigido por Aaron Schock, siguiendo un guión co-escrito por Mark Becker, cuenta la vida en el circo de la familia Ponce, que desde el siglo XIX se ha dedicado a llevar alegría y magia a través del circo visitando todo México, hasta los lugares más apartados.

Llena de alegrías y sinsabores, el legado centenario de la familia está en peligro cuando Tino, el líder de la tropa circense, se ve entre la espada y la pared. Por un lado con el deseo de mantener la tradición y por el otro su esposa, Ivonne, que quiere una vida mejor lejos de un espectáculo que cada vez es más penoso y más duro de mantener.

Circo retrata a la perfección el dilema que enfrentan este tipo de atracciones ambulantes. Personajes reales: Tino, Ivonne y sus 4 hijos, los padres de Tino y su hermano Tacho, su sobrina Naydelin, trabajan muy duro para armar la carpa y hacer el espectáculo. Ellos sufren en carne propia la crisis económica que azota a las regiones rurales en México, donde ellos son parte importantísima para llevar un poco de alegría y fantasía a los marginados, aun a costa de su propia supervivencia. Las imágenes e historia se complementan con la banda sonora en manos de la banda Caléxico.


Fuentes de Información: IMCINE, Artículo de Jose F. Sánchez públicado en Al Borde, Documaniático.


Ver directamente en VK.

Man on Wire

Título: Man on Wire
Dirección: James Marsh
Producción: Simon Chinn
Música: Josh Ralph (títulos), Michael Nyman
Fotografía: Igor Martinovic
Montaje: Jinx Godfrey
Intervienen: Philippe Petit
País de producción: Reino Unido
Año: 2008
Género: Documental
Duración: 90 minutos














Por Javier Moral

En sus orígenes, los documentales eran auténticos registros de realidad que funcionaban como testigos históricos de formas de vida y de grandes acontecimientos, o como elementos adoctrinadores y de propaganda. Con el tiempo, su utilidad se ha ido abriendo a nuevos terrenos y la funcionalidad ha variado, desde la protesta reivindicativa por el descubrimiento de escándalos públicos, al engrandecimiento y la loa de hazañas cuasi anónimas, como la que aquí nos toca. 

James Marsh se estrena en el género documental con Man on Wire, tras haber filmado sólo una película con anterioridad. Aún siendo un principiante del medio cinematográfico, Marsh logra una factura decente con algunas deficiencias, sobre una historia de superación personal, mezclando con criterio la veracidad de las imágenes de archivo con reconstrucciones armadas mediante técnicas y recursos propios de la ficción, pues, es apreciable una estructura narrativa completa con introducción, nudo y desenlace.

El 7 de agosto de 1974, Philippe Petit pasó de ser un artista circense de barrio parisino a ocupar las portadas de los tabloides de medio mundo, al atreverse a cruzar los sesenta metros que separaban las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York haciendo equilibrios sobre un alambre. El propio Petit y su equipo narran el episodio como si de un film de suspense se tratara, repasan la larga lista de incidentes que pudieron dar al traste con el plan, creando una tensión falsa, aunque suficiente, sobre un acontecimiento que sabemos exitoso. 

Y es que, más que en la machada de Petit, el interés de la cinta recae sobre la planificación y la ejecución de una misión en la que se debía salvar la seguridad de una de las zonas con mayor vigilancia del planeta. Sabemos que una caída desde la cuerda no va a ocurrir. Es algo tan imposible como se nos presenta, en un principio, la infiltración en los edificios. Más adelante y lejos de todas las dificultades que se comentan, contemplamos cómo la aventura fue más parecida a una visita guiada que a una misión de riesgo. Al margen de la ausencia de obstáculos físicos, el principal problema residió en las inseguridades y miedos de un equipo no muy convencido. Tan sólo la caída del cable desde la azotea de las torres en la madrugada previa al evento, supuso la ruptura de una racha de fortuna que parecía inagotable. En lugar de aprovechar el imprevisto como instrumento dramático, Marsh lo resuelve milagrosamente, a matacaballo y sin justificaciones de ningún tipo. La suerte de que todo les saliera a la primera y de que los contactos clave que les sirvieron de apoyo les llovieran en abundancia, provoca la comparación de hilo argumental del documental, sin merecerlo demasiado, con el de un thriller barato y mediocre.

Ya en los primeros minutos de metraje, se había echado en falta una breve biografía cronológica de la experiencia de Petit -o las motivaciones que le movieron a una idea tan delirante-, del que apenas conocemos su pasión por el funambulismo. Tan sólo un ejemplo: el espectáculo sobre la catedral de Notre Dame. La ausencia de antecedentes (por poco impresionantes que fueran) con los que poder comparar la bravuconada de Nueva York, no la convierten en gesta incomparable, sino que reducen la grandeza de un hecho no medible por el ajeno a los números de circo. Del mismo modo, se acusa un vacío de información en la presentación de los miembros del equipo, confundibles entre sí al presentar el mismo corte de hippie trasnochado de comuna francesa de la época. Esta agrupación de melenudos se desvive moviendo cielo y mar para servir a un líder que se olvidará de ellos en cuanto logre su objetivo. He ahí el precio de la fama; para uno significa un sueño que llega a ser real; para otros, la amargura de un súbito e incómodo despertar.


No todo en Man on Wire van a ser reproches para Marsh, pero sí mala pata por su parte. Detrás de cada imagen de archivo se aprecia un duro trabajo de campo y las reconstrucciones simuladas permiten revivir una bella historia que vale la pena mirar. Pero, en el colmo del gafe para el director, la exhibición de tres cuartos de hora sobre el alambre entre las Torres Gemelas, carece de documentos filmados, ofreciendo para su acreditación una chapucera selección de diapositivas, tan escasa que incluso repite instantáneas. Debió de sentirse Marsh incapaz de engendrar interés, aún de un reclamo tan atractivo, pues cedió la completa narración de la proeza a las bocas de los protagonistas, que se dedican a refugiarse en la nostalgia de un recuerdo borroso. Sólo el dicharachero y guasón Petit, reciclado en un auténtico actor del método, cuenta con ganas una aventura de la que fue el exclusivo beneficiario. La nula explicitud documental de lo contado es compensada por la emotividad que desprenden las lágrimas de algunos testimonios, siendo imposible averiguar el sentimiento real que las provocan.

Una interesante discusión ética emana de una obra que rememora una afrenta a la superprotección estadounidense, a una sociedad hoy sumida en la cultura del miedo. Así, en el film se reflejan las dudas de un equipo que cree probable una condena por suicidio asistido. Petit fue arrestado por poner en peligro su propia vida, pero la pena posterior fue tan ridícula que cuestiona una jurisdicción extremadamente conservadora en lo que concierne a un asunto tan delicado como el del libre albedrío. La violación de la seguridad del World Trade Center supuso la puesta en evidencia de un sistema protector que presumía de ser el primero del mundo; un atentado contra el orden público en el lugar menos comprensivo y más desconfiado hacia todo aquello que huela a amenaza. Hoy, es particularmente curioso que Petit sea el que siga con vida en detrimento del complejo americano de los negocios, que veintiséis años después, vio, y esta vez sin bromas, vulnerado su infranqueable control sobre los peligros exteriores. Agradezcamos que el film no se venda haciendo escarnio de ello.

Del final amargo que ya hemos citado, en el que el héroe -del que no se sabía si buscaba la fama o simplemente superarse a sí mismo- triunfa, se desprende una enseñanza natural, la del egoísmo del victorioso que olvida amistades fieles y amores verdaderos. No nos consta cuánto tiempo le duró a Petit su particular cuento de hadas, pero sí tenemos una pista (desalentadora, por cierto): la peripecia ha necesitado una película comercial para desempolvarla tras un cuarto de siglo en los archivadores.

Fuentes de información: Wikipedia, Artículo de Javier Moral, públicado en El Espectador Imaginario,



Ver en V.O.S.E. en Youtube.