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Novaro, el coloso mexicano


Título original: Novaro, el coloso mexicano
Dirección: Andrés Pardo
Intervenciones de: Luis Gantus, Jose Episcopo, Sixto Valencia Burgos, Gabriel Novaro, Fernando Franco Quiroz
Música: Yonny Roldan
Fotografía: Santiago Casarino
Compañías: K3Films
Distribuidora: K3Films
Año: 2017
País: México
Duración: 76 min. 

 

 

 

 

 

 

Novaro, el Coloso de México traza la historia desconocida de uno de los mayores editores de cómics en el mundo, que reinaba durante más de 30 años antes de desaparecer sin decir adiós en 1985. Sus fans nunca entendieron lo que pasó. Novaro solamente desapareció sin dejar rastro. Sólo los cómics se mantuvo.  

 

  Novaro: el coloso de la historieta nacional

por Marco A. Villa

 

Esta aventura continuará próximamente, ¡no se la pierdan!”, decía en una de sus últimas viñetas el Superman número 1537, a pesar de que sería la última edición que saldría de las máquinas de Editorial Novaro. Era agosto de 1985 y el fin de esta prolífica casa editorial estaba a punto de consumarse por malos manejos financieros. Sus más de tres décadas en la preferencia del público, millones de escenas dibujadas por sus talentosos historietistas y el tesón de sus primeros dueños, son algunas directrices que suman a la nostálgica reconstrucción de su historia, plasmada en el documental Novaro: el coloso mexicano.

 


Aquellos niños y jóvenes que nacieron entre los cincuenta y setenta, invariablemente conocieron las entrañables historietas producidas en esta empresa que Luis y Octavio Novaro fundaron en 1949 después de salir de La Prensa, pues sus variados títulos y coloridas portadas asomaban en los quioscos callejeros de muchas ciudades del país. Así, las aventuras de Archie, Kalimán, el Correcaminos, la Pantera Rosa, Tarzán, Superman (su primer cómic), Capitán Marvel y Batman, o títulos como Titanes Planetarios, Domingos Alegres (de origen francés), Chiquilladas o Dana en el Mundo Perdido, enriquecieron la ilusión de millones de menores que anhelaban que cada historia fuera interminable.

Editorial Novaro dedicó también cientos de páginas al exitoso personaje creado hacia 1911 en Europa, Fantomas, quien terminó siendo uno de los más representativos y longevos del sello editorial. Tal cual ocurrió con otras historietas, Fantomas. La amenaza elegante tuvo un talentoso equipo que la hizo posible, desde el escritor Julio Cortázar que aparece por primera vez en la edición 201, la cual presentó el capítulo “La inteligencia en llamas”, hasta los maestros Jorge Chargoy y Alfredo Cardona Peña, quien lideró la División de Cómic de Novaro por más de veinte años y que creó más de un ochenta por ciento de las aventuras de Fantomas.

 


 

Para el público infantil mexicano, las historietas de Novaro tuvieron un valor que iba más allá del ser solo productos para el entretenimiento. Fueran de drama, aventura o comedia, no pocos se pulieron en la práctica de la lectura mientras se divertían con las andanzas de sus personajes favoritos. Fueron también objeto de enseñanza, pues la casa produjo sus propias creaciones, algunas encaminadas a tratar temas de historia y ciencia, como fueron los casos de Epopeyas, Vidas Ejemplares o Vidas Ilustres, generalmente acompañadas de las obras de grandes historietistas, como Sixto Valencia, después dibujante de Memín Pingüín, o Fernando Llera, quien dio vida a la Pantera Rosa.

Asimismo, las traducciones y adaptaciones bien cuidadas, la pulcra ortografía y la creatividad de los contenidos hicieron de cada historieta un producto con calidad que terminó por derribar mitos, como el de que eran dañinos para el desarrollo del lenguaje y la enseñanza de ciertos valores que otras series, como La Familia Burrón o Lágrimas y Risas, se “encargaban” de empañar, a decir de las buenas conciencias de la época; pero esto fue, desde luego, un comportamiento prejuicioso que terminó por ceder a la masificación de la historieta con las decenas de títulos que llegó a tener en el mercado, y que gracias a su impresión en ófset, tuvo en algún momento el mayor tiraje para el género en el mundo hispano.


 

Y es que las tiras cómicas mismas habían sido, desde que comenzaron a aparecer en los periódicos hace alrededor de un siglo, principalmente en sus suplementos culturales, un producto “de cierto nivel” por estar dirigidas a la clase media, para en la década de los treinta convertirse en un fenómeno de lectura popular gracias en buena medida a su bajo costo, así como objeto de encono y vergüenza entre algunos sectores sociales que veían en las historietas populares, como los Pepines o Los Chamacos, un producto apto solo para los estratos sociales más bajos, lo que orillaba a otros a consumirlo a hurtadillas.

Como se expone en el archivo fílmico incluido en este documental –que fue comprado en un mercado de la CDMX en marzo de 2011–, la historia de Novaro terminó en medio de una profunda crisis económica que apremiaba al país, y no por el terremoto de 1985, como suele decirse. Repartición de archiveros y escritorios, así como liquidaciones de miles de ejemplares por cabeza que al tiempo permitió la circulación de historietas en el mercado de segunda mano –muchas de ellas hoy cotizadas a precios desorbitantes–, más una misa el 12 de diciembre de este año, pusieron punto final a esta empresa que inició actividades en Donato Guerra 49 y terminó en Naucalpan.


Fuentes de información: Filmaffinity, Relatosehistorias,



Ver documental completo en Youtube.

Elvira y Teófila Palafox Herranz. Cineastas ikoots


 

Mujer ikoots. Cineastas indígenas

En 1985, el Instituto Nacional Indigenista (INI) llevó a cabo el Primer Taller de Cine Indígena, en la localidad ikoots (huave) de San Mateo del Mar, Oaxaca. En el proyecto participó un grupo de seis mujeres, integrantes de la organización local de tejedoras. La iniciativa fue propuesta por el cineasta Luis Lupone Fasano, quien coordinó un equipo de capacitadores que trabajó en la localidad durante cinco semanas.

Como resultado del taller, se generaron tres cortometrajes dirigidos y producidos por las alumnas, además de un documental que fue realizado por el equipo de capacitadores. Todos estos materiales se integraron al entonces Archivo Etnográfico Audiovisual del INI, antecesor del actual Acervo de Cine y Video Alfonso Muñoz del INPI. Sin embargo, debido a diversas dificultades, en su momento solo se concluyó una de las películas, Leaw amangoch tinden nop ikoods / La vida de una familia ikoods, así como el documental Tejiendo mar y viento, que fueron estrenados como un solo producto en 1988. Las otras dos producciones, Angoch tanomb / Una boda antigua y Teat Monteok: el cuento del dios del Rayo, han permanecido inéditas hasta la fecha.

Las dos producciones terminadas y difundidas han sido reconocidas como obras pioneras en la apropiación de los medios audiovisuales por parte de los pueblos indígenas, como testimonios etnográficos fundamentales sobre el pueblo ikoots y como obras claves para los estudios de antropología visual.

En 2006 se digitalizaron todas las cintas correspondientes al Primer Taller de Cine y en 2008 se reeditó la película y el documental, como parte de la edición en DVD de la serie “El Cine Indigenista”, conformada por las 48 producciones cinematográficas realizadas por el INI.

A partir de 2012, la Dirección de Acervos puso en marcha diversas acciones para finalizar las producciones generadas por el Primer Taller de Cine Indígena y publicar la totalidad de las obras. Así, se llevó a cabo una serie de entrevistas con las participantes, se actualizaron las traducciones y se finalizó la edición de las películas inéditas. Asimismo, se generó un proyecto editorial, titulado Mujer ikoots. Cineastas indígenas, que incluyera la totalidad de las producciones fílmicas junto con los nuevos testimonios, además de textos que recuperaban la visión y experiencias de los propios coordinadores y capacitadores del taller.

 


Mujer indígena. Videastas del presente

A principios de los años 90, el Archivo Etnográfico Audiovisual del entonces Instituto Nacional Indigenista (INI) implementó el Proyecto de Transferencia de Medios Audiovisuales a Comunidades Indígenas, que consistía en facilitar equipos de grabación en video y proporcionar capacitación a personas u organizaciones indígenas para que pudieran elaborar sus propios registros y producciones audiovisuales, con base en sus necesidades y parámetros. La iniciativa dio como resultado la formación de varias generaciones de videastas indígenas, así como la conformación de los Centros de Video Indígena en Oaxaca, Michoacán, Sonora y Yucatán, que funcionaron como centros de capacitación y repositorios de las nuevas producciones.

Desde 2007, como parte del Programa de Derechos Indígenas, se ha llevado a cabo el proyecto “Apoyo a comunicadores(as) indígenas para la producción y realización de proyectos de comunicación intercultural”, que cuenta con varias ramas, entre ellas la de video. Hasta la fecha, esta iniciativa ha dado lugar a la conformación de un corpus de más de 300 videos, que forman parte del Acervo de Cine y Video Alfonso Muñoz del INPI. Muchas de estas producciones han participado en festivales de cine y video en México y el extranjero, en los cuales han recibido favorables críticas y obtenido importantes reconocimientos.

Para contribuir a la difusión de las obras de videastas indígenas, en particular de las mujeres, y estimular la generación de nuevas producciones, en 2018 se generó la publicación Mujer indígena. Videastas del presente, que compila algunas de las producciones más destacadas, con enfoque de género y mediante una selección representativa de la diversidad cultural.

 

 


 https://www.gob.mx/inpi/articulos/nuevas-publicaciones-mujer-ikoots-cineastas-indigenas-y-mujer-indigena-videastas-del-presente


Hace poco más de tres décadas un grupo de mujeres ikoots participó, a instancias del Instituto Nacional Indigenista (INI) y bajo la asesoría de un equipo de capacitadores coordinado por el cineasta Luis Lupone, en un proyecto pionero que sentó las bases para transformar la manera en que los medios audiovisuales abordaban las realidades de los pueblos originarios en México. Conceptualizado y llevado a la práctica como el Primer Taller de Cine Indígena, esta iniciativa abrió un sinfín de posibilidades al poner a disposición de las comunidades indígenas, por primera vez en la historia, las herramientas tecnológicas y los conocimientos para crear obras cinematográficas. En el lapso que duró el taller, las mujeres se apropiaron de este lenguaje para narrar, desde su perspectiva, sus propias historias y realidades. Por motivos de los que se dará cuenta a lo largo de estas páginas, las metas del taller solo se lograron de forma parcial, ya que algunos de sus frutos han permanecido inéditos hasta la fecha. La presente obra da cuenta de esa historia y, a la vez, representa la culminación del proyecto al publicar juntas, por vez primera, las tres películas creadas por las mujeres ikoots.

Hasta aquel momento, el INI –cuyo patrimonio fue heredado por el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI)– había producido importantes documentales antropológicos que mostraban la mirada institucional y de los realizadores acerca de los pueblos originarios. En su mayoría, estas obras audiovisuales se habían concentrado en registrar la vida en las comunidades indígenas desde un criterio etnográfico que ponía énfasis en aquellos aspectos menos conocidos o que representaran un mayor contraste con respecto a la cultura occidental. Este enfoque respondía a la necesidad de preservar la memoria de una diversidad cultural que se transformaba aceleradamente y que se consideraba en riesgo de desaparecer a consecuencia de las políticas de asimilación y modernización emprendidas en los primeros dos tercios del siglo XX (Korsbaek y Sámano-Rentería, 2007). El taller impartido en la comunidad ikoots de San Mateo del Mar, Oaxaca, buscaba ante todo que los pueblos indígenas contaran con las herramientas para retratarse a sí mismos y así mostrarse ante el resto de la sociedad.

Elvira Palafox y Guadalupe Escandón durante el Primer Taller de Cine Indígena del Instituto Nacional Indigenista. D.R. © Alberto Becerril, 1985, Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.


En esta publicación se da a conocer la historia, las experiencias, los altibajos y la trascendencia del Primer Taller de Cine Indígena, a través de la visión de sus artífices, en particular, la de Luis Lupone. Los textos que aquí se incluyen introducen a las obras de las realizadoras ikoots que, como ya se ha mencionado, se publican juntas por primera vez. La aportación de Lupone es muy relevante, en virtud de haber sido quien concibió la idea del taller, gestionó su implementación, coordinó las actividades y ha sido su principal promotor.

El artículo de Luis Lupone, seccionado en dos intervenciones, relata desde el punto de vista personal del cineasta el proceso que condujo a idear y proponer el proyecto, las vicisitudes para ponerlo en marcha, su desarrollo, los descubrimientos y las lecciones aprendidas. Asimismo, refiere los motivos a los cuales el autor atribuye las contrariedades que se presentaron para completar la totalidad de las metas del taller y difundir sus productos.

En la primera parte de su exposición, Lupone narra sus experiencias en campo cuando trabajó como sonidista y asistente de cámara en algunas producciones del INI. A través de estas vivencias es posible encontrarnos ante una realidad quizá vivida por muchos aunque contada por pocos; historias que forman parte de los logros que se muestran ante el público, pero que muchas veces quedan como meras anécdotas “tras bambalinas”.


Al terminar los proyectos en los que participaba en el INI, Lupone tuvo la oportunidad, durante una estancia formativa fuera de México, de conocer las innovaciones que en cuestión de cine documental se estaban generando en el ámbito internacional, según relata él mismo. En particular, el autor refiere la significación de su paso por los Talleres Varan en París, Francia, fundados por el afamado antropólogo y cineasta Jean Rouch. Igual relevancia atribuye al formato súper 8 mm, que era “más propio del cine casero que del documental, porque era económico y a la vez permitía a los realizadores controlar la totalidad del proceso de filmación” (Vázquez, 2017: 181).

A partir de estas experiencias, Lupone imaginó un proyecto que, desde su perspectiva, transformaría radicalmente la manera en que se representaba a las comunidades indígenas del país. La idea rompía con el modelo de producción audiovisual con el que hasta entonces había operado el Archivo Etnográfico Audiovisual (AEA) del INI, pues consistía en dotar de los conocimientos teóricos y técnicos a los indígenas para que ahora fuesen ellos quienes contaran sus propias historias. Una iniciativa semejante nunca se había intentado en México.

En colaboración con el entonces jefe del AEA, Alberto Becerril Montekio, a lo largo de 1985 se llevaron a cabo las gestiones necesarias para afinar y poner en marcha la propuesta. Como requisito previo solicitado por el INI para autorizar la iniciativa, se realizaron las investigaciones necesarias para encontrar la comunidad más adecuada para llevar a cabo el proyecto piloto, un trabajo que fue realizado en conjunto con la antropóloga Diana Roldán y Susana Garduño del Departamento de Investigaciones del AEA. Ambas investigadoras y el propio Lupone decidieron trasladarse a la ciudad de Oaxaca, donde se celebraba la primera Feria Anual del Artesano Indígena. Tras varias pesquisas y acercamientos con distintas organizaciones procedentes de diversos pueblos originarios, que generosamente detalla Lupone en su artículo, se decantaron por trabajar con las tejedoras ikoots de San Mateo del Mar.

A partir de ese momento, la relatoría del autor transporta al lector a aquella comunidad de Oaxaca, situada en la costa del golfo de Tehuantepec, entre el océano Pacífico y la laguna Superior. A esta localidad, habitada por el pueblo ikoots desde la época prehispánica, el equipo que coordinó e impartió el taller trasladó cámaras de cine y fotográficas, micrófonos, reflectores, cables, audífonos, cuadernos, rollos cinematográficos, proyectores, pantallas y monitores, entre muchas otras cosas. Todo ello, desde luego, con la previa autorización de las autoridades comunales, con las que se había entablado el diálogo y a las que se les expusieron las intenciones y los objetivos del taller.


El Primer Taller de Cine Indígena le proporcionó a las tejedoras herramientas innovadoras para mostrar su realidad, sus historias, saberes y sueños. A través de los nuevos conocimientos adquiridos lograron empoderarse dentro de una sociedad, tanto a escala local como nacional, que consideraba su papel como secundario dado que eran mujeres e indígenas, una doble condición subalterna en el contexto de aquella época.

Otro aspecto relevante tratado en el texto de Luis Lupone son las motivaciones que lo llevaron a realizar el documental Tejiendo mar y viento, que se filmó de manera simultánea a la capacitación de las mujeres ikoots. El objetivo de esta producción era servir de guía para los siguientes talleres de cine que, de acuerdo con el proyecto original, emprendería el INI. En dicho documental se puede apreciar cómo se fue desarrollando el Primer Taller de Cine Indígena, experiencia que ha sido de gran importancia para antropólogos y documentalistas que han realizado talleres de cine o video con grupos socialmente marginados.

Es importante mencionar que en el ambiente cinematográfico de los años 80 no solían destacar nombres femeninos; sin embargo, para la preparación e implementación del taller fue muy importante el trabajo y la dedicación de las documentalistas María Eugenia Tamés Mejía y Arjanne Laan. Ambas habían logrado sobresalir en ese ámbito y, además, fueron figuras trascendentales para el buen desarrollo del taller, tanto al compartir sus conocimientos como al fraternizar con las participantes. Los textos que ambas presentan enriquecen significativamente esta publicación.

En su contribución, María Eugenia Tamés plantea un acercamiento a los perfiles de las tejedoras que participaron en el taller: Timotea, Teófila, Justina, Guadalupe, Juana, Elvira, Sofía y Aurora. Gracias a las notas que tomó podemos conocer a cada una de ellas más a fondo. Su texto también ofrece un panorama sobre la Organización de Artesanas de San Mateo del Mar, a la cual pertenecían las futuras cineastas, y cuya buena organización y manejo fue uno de los pilares para el éxito del proyecto.

En el “Diario del Taller”, Tamés rememora acontecimientos y anécdotas a través de los cuales las integrantes nos hacen partícipes, mediante sus opiniones e intervenciones, de su vida, sus actividades y sus mismas personalidades. Gracias a ello es posible comprender mejor los guiones y las películas que pensaron, filmaron y produjeron. A través del conocimiento del contexto social en el que vivían y de los esfuerzos que hicieron para involucrarse en el taller hasta el final, hay mayores elementos para analizar y valorar sus creaciones. Estos aspectos nos permiten adentrarnos paso a paso en el proceso de creación de las películas Teat Monteok (Padre Rayo), Angoch tanomb (Una boda antigua) y Leaw amangoch tinden nop ikoods (La vida de una familia ikoods). 


 

 
Se presenta enseguida el texto de Arjanne Laan, documentalista holandesa, quien en unas cuantas líneas llenas de emotividad muestra que tan solo cinco semanas bastaron para generar fuertes vínculos. Al existir una convivencia diaria y un constante intercambio de opiniones, conocimientos, comidas, juegos, sueños, proyectos, miedos, historias y vivencias se generaron lazos afectivos resistentes tanto al paso del tiempo como a la distancia. La autora deja de manifiesto que hay recuerdos que permanecen y conexiones que no se rompen, como el que existió entre “la indígena del Mar del Norte” –como la llamaron las ikoots– y Elvira Palafox, directora de Teat Monteok y Angoch tanomb.

Tras las colaboraciones de ambas mujeres entra nuevamente la pluma de Luis Lupone para abordar cuestiones técnicas sobre el desarrollo del taller y exponer, desde su visión personal, los contratiempos que surgieron y cómo se les fue enfrentando. A lo largo de esas páginas, el autor relata paso a paso cómo se trataron en el taller aspectos teóricos sobre imagen fija y en movimiento, sonido o secuencias narrativas. Según refiere el autor, la experiencia de la creación de storyboards y guiones fue muy enriquecedora, pues en ello se dejó ver el talento que las ikoots tenían para crear, mediante unas cuantas imágenes, la narrativa visual de una historia, de manera similar a lo que hacían en sus textiles.

El autor también explica cómo fue que, a pesar del corto tiempo y del presupuesto limitado, la dedicación de todos los involucrados permitió sortear la mayoría de las dificultades. Para las ikoots el reto fue doble, pues además tuvieron que desafiar los paradigmas sociales y los roles de género aceptados por su cultura. Sin embargo, supieron encontrar el equilibrio entre sus deberes comunitarios y su participación en el taller.

Dado que las tres películas fueron filmadas originalmente en ombeayiüts –autodenominación de la lengua materna de los ikoots–, Guadalupe, Elvira y Juana viajaron junto con los instructores del taller a la Ciudad de México, en donde se transcribieron y tradujeron los diálogos de las películas y del documental. Sin embargo, en aquel momento solo se subtitularon este y una de las películas, Leaw amangoch tinden nop ikoods (La vida de una familia ikoods). Las otras dos películas, cuya edición final quedó pendiente durante casi tres décadas, fueron subtituladas en 2014 por el propio Luis Lupone, con base en las notas hechas 29 años atrás. Al terminar, el material fue trasladado nuevamente a San Mateo del Mar para cotejar, con apoyo de las participantes, la fidelidad y precisión de los subtítulos.

El lector podría pensar que este fue el final del taller y de las películas, pero no fue así. Desde un inicio se había planeado divulgar las películas y el documental junto a una publicación impresa, pero ello no sucedió. En la parte final de su contribución, narrada desde su perspectiva personal y con una significativa carga emocional, Luis Lupone hace un recuento de los hechos ocurridos al terminar el taller. El autor cuenta que, si bien se logró finalizar la película dirigida por Teófila Palafox junto con el documental, no fue posible proyectarlos ni difundirlos masivamente, pues no se disponía de los recursos para presentarlos en los festivales de cine nacionales e internacionales adonde fueron invitados a participar. La poca difusión impidió que las tejedoras mostraran a gran escala la forma en que ellas querían representarse a sí mismas y a su cultura y, de tal manera, se opacó la posibilidad de revelarse como cineastas ikoots.

A principios de los años noventa, el INI presentó el proyecto Transferencia de Medios Audiovisuales a Comunidades Indígenas, mediante el cual se perseguían objetivos similares a los del Primer Taller de Cine Indígena. Sin embargo, esta nueva iniciativa no tomó como referencia a dicho taller, que debe considerarse como su antecedente inmediato. A pesar de ello, la historia y la antropología lo han reconocido y apreciado, pues para hablar de cine indígena y etnográfico en México es obligatorio conocer la experiencia del taller en San Mateo del Mar. Inclusive, por ser de los pocos filmes que trataban acerca de los ikoots y debido a la importancia antropológica de sus contenidos, era una práctica frecuente que Tejiendo mar y viento y Leaw amangoch tinden nop ikoods (La vida de una familia ikoods) se proyectaran en algunas clases de la Escuela Nacional de Antropología e Historia como parte del panorama etnográfico general. Posteriormente, se convirtieron en una referencia fundamental para los cursos de antropología visual.

En la actualidad, el valor de las producciones emanadas del Primer Taller de Cine Indígena está ampliamente reconocido por antropólogos, etnólogos, especialistas en antropología visual, documentalistas y expertos en cine etnográfico (Dorotinsky, Levin, Vázquez y Zirión, 2017; Novelo, 2011). Ello se debe a que la implementación del proyecto fue un hecho inédito y, en su momento, una experiencia única en el país. Esto no quiere decir que después no se intentara reproducir la fórmula, aunque ya no por parte del INI. Así, surgieron propuestas aisladas como “Camaristas”, a cargo de Carlota Duarte, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Sureste; el proyecto Videastas Indígenas, también en Chiapas, y en Angahuan, Michoacán, con el maestro bilingüe Valente Soto Bravo (Novelo, 2011). Es importante precisar que ninguna de estas iniciativas fue igual al taller en el que participaron las tejedoras ikoots, pues no fueron planeados ni impartidos por cineastas, sino por antropólogos que se iniciaban en lo que hoy conocemos como antropología visual. Debido a ello, es importante tener presentes las diferencias entre el cine indígena, creado a partir de las herramientas del cineasta, y el video indígena, concebido desde la perspectiva del antropólogo.



Ha sido un camino largo para que, finalmente, se presenten por primera vez las tres películas juntas, según se cuenta en esta publicación que nos hace imaginar lo ocurrido a finales del año de 1985. En sus páginas podemos percibir los sentimientos de alegría, emoción y entusiasmo latentes a lo largo del taller, así como la desilusión y el desencanto que vino después. Sin embargo, la espera ha terminado y ahora es posible conocer las creaciones fílmicas de las mujeres ikoots.

Para acercarse a estas películas y dimensionarlas adecuadamente, el espectador debe tomar en cuenta, en primer lugar, que los guiones fueron concebidos por las tejedoras con la finalidad de mostrar su origen, su cotidianidad, su trabajo, sus sueños y su cultura. Los filmes que crearon retratan y a la vez son fruto de la dinámica social de su comunidad y de la manera en que se tejen las relaciones de parentesco, de amistad y de compadrazgo. En su realización, las mujeres ikoots demostraron el esfuerzo que ponían día a día para salir adelante y cómo hacían frente a los retos planteados por la hegemonía de la cultura occidental, luchando por preservar, transmitir y mantener vivos su legado cultural y sus tradiciones.

Los cortometrajes y el documental poseen un indudable valor histórico, ya que son testimonios de creencias, formas de organización, de sentir, de comportarse, de vestir, de hablar y de la interacción cotidiana que había entre los ikoots durante la década de los ochenta, lo que permite contrastarlo con lo que hoy en día es San Mateo del Mar. Son documentos audiovisuales de gran valía pues en ellos se registran acciones y sucesos cuya memoria, de no ser por este proyecto, es probable que se hubiese desvanecido al paso del tiempo, tomando en cuenta que las comunidades indígenas están en constante transformación.




A partir de su participación en el taller, algunas de estas mujeres no solo se hicieron visibles a nivel nacional e internacional, sino que también generaron cambios al interior de su comunidad. Desafiando las normas de su propio ambiente comunitario, trascendieron los roles tradicionales como amas de casa, tejedoras y comerciantes, sin despreciarlos ni abandonarlos, para convertirse en productoras, camarógrafas, sonidistas, guionistas y editoras de cine. Con la justificación del rodaje, las mujeres lograron acceder a un entorno que les estaba vedado: el mar, espacio físico y simbólico que, en la cultura ikoots, es esencial y exclusivamente masculino.

A través de los tres cortometrajes y de Tejiendo mar y viento es posible apreciar la manera en que las mujeres ikoots asumieron el reto y lo superaron, enfrentándose incluso a señalamientos, rumores y murmuraciones dentro de su mismo contexto social. Con su participación en el taller demostraron que podían hacer mucho más que cumplir con los deberes que la comunidad les había asignado por ser mujeres, que por sí mismos no eran tareas menores, a pesar de que pocas veces fueran reconocidos y valorados.

Si bien hoy en día puede encontrarse un sinfín de producciones audiovisuales que tienen como base los saberes y las tradiciones de los pueblos indígenas, la mayoría de estas han sido generadas desde una visión externa. La importancia de los filmes aquí presentados reside también en el hecho de que no fueron realizados para ser consumidos por intelectuales, documentalistas o críticos, sino para hacer un autorretrato fiel y mostrarse de manera digna y honorable, primero ante los propios ikoots y, en segundo lugar, ante el resto de la sociedad mexicana. Aunque no era el objetivo del taller generar registros etnográficos, es innegable el valor que, desde el punto de vista de la antropología visual, poseen estos filmes, en los cuales se conjuga el interés por contar y la necesidad de escuchar, en un encuentro entre lo social y lo visual (Martínez, 2008).

Gracias a las distintas iniciativas de apropiación de los medios audiovisuales por parte de los pueblos originarios, entre las cuales el Primer Taller de Cine Indígena fue pionero, ahora podemos ser partícipes de saberes y experiencias a los que de otro modo no tendríamos acceso. A través de las películas de las mujeres ikoots, es posible generar experiencias de acercamiento recíproco entre personas y colectividades con distintas formas de verse en el mundo. En palabras del cineasta Alan Berliner, “La pantalla funciona a la vez como una ventana y como un espejo, como una ventana para adentrarnos en otros mundos y comprender la perspectiva de los otros, pero que a la vez permite que nos observemos unos a otros y a nosotros mismos.”


 

Créditos del equipo
Luis Lupone Alberto Becerril María Eugenia Tamés Arjanne Laan
Cecile Laversin
Director del taller, capacitación en la cámara, sonido, iluminación y producción.
Coordinador de producción con el INI. Encargado de la fotografía fija y registro visual del taller.
Documentalista. Coordinadora de capacitación en elaboración de guiones, preproducción y rodaje.
Documentalista. Coordinadora de capacitación en montaje, edición y traducción para los subtítulos en español.
Apoyo logístico y de producción en general, así como en actividades relacionadas con los hijos e hijas de las tejedoras mientras ellas estaban en el taller.


Leaw amangoch tinden nop ikoods

(La vida de una familia ikoods)

 

Título original: Leaw amangoch tinden nop ikoods (La vida de una familia ikoods)
Dirección: Teófila Palafox Herranz
País de producción: México
Año: 1985.
Duración: 21 min.

 

"Primer cortometraje de Teófila Palafox, experta tejedora, partera, gestora cooperativista y, desde entonces, primera cineasta indígena; fue la única de las tres producciones emanadas del Primer Taller de Cine Indígena que se finalizó y difundió desde la época de su filmación. El corto retrata la cotidianidad de San Mateo del Mar, a través de la historia de una familia de pescadores, tejedoras y comerciantes, en una narrativa que combina el documental con la ficción. El filme retrata así, desde la perspectiva de sus integrantes –y, específicamente, desde una joven mirada femenina–, diversos aspectos de la sociedad y la cultura del pueblo ikoots, así como la manera en que deseaban documentarlos y mostrarlos al exterior. Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas."



 

Teat Monteok: el Cuento del Dios del Rayo 



Título original: Teat Monteok, El cuento del dios del Rayo.
Dirección: Elvira Palafox Herranz
País de producción: México
Año: 1985.
Duración: 19 min.

"Una abuela cuenta una historia para dormir, mientras la vida continúa en un lugar donde las historias antiguas y la realidad se entrelazan. El cuento narra la historia de un hombre devorado por una ballena, que después de mucho tiempo encalló en la arena, donde el hombre logró salir hallando un lugar desconocido junto al mar, en el cual se originó el pueblo ikoots."


 

Ver en Youtube.



Angoch tanomb (Una boda antigua)

Título original: Angoch tanomb (Una boda antigua)
Dirección: Elvira Palafox Herranz
País de producción: México
Año: 1985.
Duración: 11 min.

San Mateo del Mar, Oaxaca 

"Una boda antigua es un cortometraje que refleja el interés de su directora por mostrar las tradiciones de su comunidad, así como documentarlas para la posteridad. Producto del Primer Taller de Cine Indígena llevado a cabo en 1985 con tejedoras ikoots, este corto enfrentó varias vicisitudes durante su filmación, que implicaron cambios en el guion y el montaje final, todo lo cual no hizo más que reforzar la voluntad de la realizadora para contar historias a través del lenguaje cinematográfico. Para su preparación, Elvira y su equipo de producción realizaron investigaciones con las personas mayores del pueblo –como Timotea Michelin, también integrante del taller–, elaboraron u obtuvieron vestimenta a la usanza local de la primera mitad del siglo XX, localizaron un pozo natural y consiguieron vasijas de barro de aquella época, elementos que permitieron ambientar históricamente la filmación." 


Ver en Yotube.


Las tejedoras cineastas de San Mateo del Mar.
Entrevista con Teófila Palafox



Fuentes de información: Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, Mujer indígena. Videastas del presente, Últimas pioneras del Súper 8: cine hecho por mujeres ikoots por Lourdes Roca,  Antonio Zirión, jefe del Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Iztapalapa. Comunicación personal, julio de 2018.


Polinizadorxs. Resistencia en la Península de Yucatán


Título original: Polinizadorxs. Resistencia en la Península de Yucatán
Realización: Lilia García Torres
Guión: Lilia García Torres
Fotografía: Sergio Flores Cuéllar, Eduardo Andaluz, Lilia García y Nute Kuijin (Uriel López).
Dron: Eduardo Andaluz.
Fotografía fija: Biancha Bachelot
Montaje: Lilia García Torres Edición: Sergio F. Cuéllar y Jocelyn Leal Ruíz
Sonido directo: Lilia García Torres
Música y musicalización: elhombreviento (Jeremías Pau Toledo)
Coros: Improóleos
Voz off: Lilia García Torres
Animación: Beatriz Olivares, Jorge García, CACAO y Jocelyn Leal
Diseño audiovisual: Jocelyn Leal Ruiz
Diseño gráfico: Jorge Cruz
Imágenes de archivo: Raúl Padilla (fototrampeo)
Color: Nute Kuijin y Jocelyn Leal Ruiz
Traductorxs: Heber Uc, Ángel Sulub, Pedro Uc, Bianca Bachelot, Parizia Righetti, Montserrat Rueda Productor ejecutivo: Bianca Bachelot
Productora: Colectivo Conspiración Audiovisual
Formato: digital, Color.
Testimoniantes: Joaquín Aguilar, Lourdes Ganzo , Enrique Vázquez, José Clemente May Echeverría, Haizel de la Cruz, María Candelaria May, Roberto Rojo, Raúl Padilla Borja, Manuel Puc, Heber Uc, Bruno Fabián Martínez Martin, Ángel Sulub, Wilma Esquivel Pat, Marco Jericó Nava Martínez, Melina Maravilla Romero y Anastasio Oliveros.
Idioma: Castellano y maya peninsular (subtítulos: francés e inglés. Próximamente al italiano y maya peninsular)
País de producción: México.
Distribución y/o venta: abierto, gratuíto
Año: 2022
Duración: 74 min.
Web oficial: https://www.facebook.com/polinizadorxs/



Documental que desde la perspectiva senti-pensante, acopia las palabras de algunos habitantes de la Península de Yucatán, recogidas en diferentes puntos de los siete tramos del llamado Tren Maya. En diálogo con la naturaleza, los pobladores expresan su relación con el territorio, las amenazas que actualmente enfrenta y su perspectiva sobre lo que pasaría si la “Serpiente de hierro” llegara. Los testimonios, enunciados en espacios simbólicos para quien defiende la vida, nos adentran a un universo íntimo de preocupaciones por la devastación que conlleva el actual modelo de desarrollo y su amplificación si el megaproyecto se implementara. Mensajes listos para esparcirse, por estos polinizadorxs de resistencia. 


 

Territorios mayas en el paso del tren: situación actual y riesgos previsibles  

Documento elaborado por el Grupo constituido por CONACYT para el análisis de riesgos en los territorios en los que está proyectado el Tren Maya (GC-TTM). El documento Territorios Mayas en el Paso del Tren: Condiciones Actuales y Riesgos Previsibles, resume resultados de consenso entre los miembros del grupo a partir de estudios realizados hasta la fecha. El documento ofrece información a los diversos actores de la sociedad, del gobierno y de la academia que tienen interés o la responsabilidad de contribuir activamente a garantizar la prevalencia del bien público, la mejora del bienestar social de los habitantes y el cuidado de la biósfera en estos territorios.


Presentación 

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología hoy tiene entre sus responsabilidades el fomentar la participación científica, crítica y propositiva de las comunidades académicas en los esfuerzos que realizan sociedad y gobierno para generar estrategias que contribuyan a atender los grandes problemas y necesidades nacionales por vías que resuelvan, y no agraven, las condiciones sociales, ambientales, económicas y de salud de la población mexicana. El proyecto del Tren Maya y los procesos territoriales a él asociados requieren de generar activamente ese tipo de vías de solución. 

A finales de septiembre de 2019, el CONACyT invitó a más de treinta personas de reconocida experiencia, adscritas a instituciones públicas de investigación, organizaciones no gubernamentales y organizaciones sociales regionales, a participar en un grupo de trabajo voluntario para generar una serie de documentos en los que se analizaran –con plena libertad de pensamiento y expresión y con apego a evidencia bien fundamentada– las condiciones sociales, económicas y ambientales prevalecientes hasta 2019 en los territorios sobre los cuales el FONATUR había proyectado el Tren Maya. También se les pidió que, con base en la información disponible sobre el proyecto, analizaran cuidadosamente los riesgos que diferentes voces de nuestra sociedad señalaban, a fin de que pudieran considerarlos y atenderlos los diversos actores involucrados en el proyecto Tren Maya. 

El documento Territorios Mayas en el Paso del Tren: Condiciones Actuales y Riesgos Previsibles, resume resultados de consenso entre los miembros del grupo a partir de estudios realizados hasta la fecha. El documento ofrece información a los diversos actores de la sociedad, del gobierno y de la academia que tienen interés o la responsabilidad de contribuir activamente a garantizar la prevalencia del bien público, la mejora del bienestar social de los habitantes y el cuidado de la biósfera en estos territorios. 

 

Regionalización Ambiental de los Territorios del Tren Maya.


 

En la primera parte del documento se destacan algunos riesgos sociales y ambientales que el proyecto Tren Maya pudiera traer consigo, y en la segunda parte se abordan las condiciones territoriales actuales que generan o exacerban dichos riesgos. 

Es conveniente resaltar que el contenido de este documento es responsabilidad de quienes lo suscriben; que está fundamentado en años de investigación y/o experiencia reflejados en cuantiosa bibliografía que aparecerá en un texto más extenso actualmente en preparación y que, respecto específicamente del proyecto Tren Maya, cuenta con la información que se ha hecho pública hasta la fecha. 

El CONACyT agradece los esfuerzos realizados por los académicos y demás actores involucrados, y pone este documento de trabajo a disposición de las instancias de gobierno y de la sociedad para su escrutinio, consideración y buen uso. 


 

Principales Áreas Naturales Protegidas y Características Geohidrológicas en los Territorios del Tren Maya.

CONACYT 

Introducción El Proyecto Tren Maya (TM) que traza una ruta de infraestructura ferroviaria con desarrollos turísticos, habitacionales y de traslado, almacenamiento y comercio de mercancías de tipo diverso, supone un profundo reordenamiento territorial en cinco estados del sureste de México. Con el fin de evaluar sus posibles impactos, se ha considerado un área de 10 km a ambos lados de la ruta debido al conjunto de intervenciones territoriales que se plantean sobre la región, que sobrepasan ampliamente los límites de la vía. Sin disponer todavía de estudios de infraestructura básica, impacto social, impacto ambiental y otros más específicos indispensables para estimar la viabilidad y pertinencia de un proyecto de esta envergadura, se adelantan las apreciaciones de la comunidad científica, basadas en conocimientos e investigaciones realizadas desde varias perspectivas disciplinarias que confluyeron en un primer pre diagnóstico del caso. 

Geopolítica 

El TM es parte de un gran proyecto de infraestructura y ordenamiento económico y poblacional en el Sur-Sureste mexicano, que abarca desde la Península de Yucatán hasta el puerto de Salina Cruz, pasando por Coatzacoalcos. El TM y el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec están articulados por la conexión de las ferrovías y carreteras, por la red de puertos y por las actividades económicas proyectadas para la zona, particularmente el traslado de carga y los procesos de manufactura previstos o previsibles. 

El proyecto consiste en aprovechar la geografía para promover el desarrollo y mitigar las problemáticas sociales generadas por los flujos de migrantes extranjeros que transitan por la región y que se quedan en ella en condiciones difíciles. Asimismo, por los migrantes de la zona que dejan a las comunidades sin varones y/o sin jóvenes en su ruta hacia Estados Unidos. Todo esto mediante una infraestructura que convertirá a la zona en un hub de competencia mundial equivalente al de Panamá. Por lo tanto, es necesario tener en cuenta la intensidad del tránsito actual de Panamá.

Continuar leyendo aquí.

Fuentes de Información: Conspiración Audiovisual, CONACYT, BajoTierraEdiciones, UNAM.


 


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Videoclip

 

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90 años de memoria cinematográfica en México





 

90 años de memoria cinematográfica”

Breve recorrido por la historia del cine documental en México

(1893-1983)

 

 


Vistas de México - Gabriel Veyre , Lumière Films Company (1896)

 

 

Las batallas documentadas

A pesar de las primeras limitaciones narrativas del cine en México este siempre estuvo ligado al poder, así mismo, los presidentes -en su mayoría- supieron de la importancia de esta nueva tecnología comunicativa, es así que una gran parte de la actualidad política y social del México de las primeras décadas del siglo XX, está retratado en el trabajo de directores como Salvador Toscano, los hermanos Alva, Enrique Echaniz, Guillermo Becerril e hijos, Jesús Abitia Garcés, Enrique Rosas, entre otros. 

 


Además de las “vistas” -como llamaban a las primeras películas de cine- que representaban momentos de la vida política y social, fueron surgiendo los primeros documentales y en poco tiempo el cine documental ya era una herramienta política que generaba cambios, por ejemplo, en 1913 sucedió con varios documentales sobre la “Semana Trágica”, golpe de estado militar que tuvo lugar en la ciudad de México del 9 al 19 de febrero de 1913 para derrocar a Francisco I. Madero de la Presidencia de México, durante la Revolución Mexicana.

 

Ángel Miquel, investigador de la Universidad Nacional Autónoma del Estado de Morelos, indagó sobre la existencia de por lo menos tres documentales sobre “los hechos de armas de febrero de 1913”, realizados por cineastas como los hermanos Alva, Salvador Toscano y Enrique Rosas.

 

Esas cintas, indicó Miquel, registraron los estragos de las batallas: “los cadáveres en la vía pública, las calles desoladas y casas incendiadas, la marcha de los ejércitos de uno y otro bandos, pero también agregaron con oportunidad periodística los lugares donde fueron asesinados José María Pino Suárez, y Gustavo y Francisco I. Madero, así como del sepelio de este último, que tuvo lugar el 24 de febrero”.

 

Algunos de estos documentales referidos por el académico son Semana sangrienta en México, de Salvador, Guillermo, Eduardo y Carlos Alva, estrenado el 25 de febrero; Revolución Felicista, de Salvador Toscano y Antonio Ocaña, proyectado el 28 de febrero y un tercer filme, atribuido a Enrique Rosas que, de acuerdo con Miquel, también puede ser una edición corta del material de Toscano, la única que se ha conservado como fue editada.

 

 

De acuerdo con el boletín “Decena Trágica, otro campo de batalla” emitido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en febrero de 2013, Ángel Miquel anotó que estas películas fueron exhibidas en los cines de la capital al menos 35 veces, pero también en ciudades como Toluca, Mineral del Oro, Salamanca y Atlixco, en Puebla, La Piedad, Ciudad Victoria y San Luis Potosí: “los documentales provocaron la reacción violenta de los maderistas, que lanzaban “mueras” contra el usurpador Huerta, en algunas salas tuvo que intervenir la fuerza pública para aplacar los ánimos de la turba”.


 Los hermanos Alva filman escenas militares ca. 1910

Ciudad de México, Distrito Federal, México 

Acervo INAH: fondo Colección Archivo Casasola - 

Fototeca Nacional Parte de INAH: Fototeca Nacional INAH


Según este comunicado, en junio de 1913 el gobierno de Huerta publicó un reglamento que en la práctica instauró la censura de “la propaganda cinematográfica y la libertad de los documentalistas” a través de los inspectores del gobierno. “Anteriormente, los inspectores de la capital revisaban la seguridad y el orden en las salas, después del decreto tenían facultades para ver primero las películas y otorgar un permiso por escrito que permitía su exhibición”, dice la publicación.

 

Por su parte, Álvaro Vázquez, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), se refirió a la reutilización del material fílmico de la Decena Trágica para elaborar cintas de carácter épico, tales como Memorias de un mexicano (1950), de Carmen Toscano, y Epopeyas de la Revolución Mexicana (1964), que utilizaron el pietaje de los pioneros de la cinematografía Salvador Toscano y Jesús H. Habitia, respectivamente”. *1



La Revolución Mexicana fue el primer gran conflicto armado registrado por el cine, los diferentes avances, gestas, tomas de poder, presidente tras presidente, batallas, muertes, derrotas y triunfos fueron registrados por los nuevos cineastas mexicanos y también por algunos extranjeros. 

 

Salvador Toscano, de quien se dice que compró su primera cámara vendiendo una colección de timbres postales, y abrió la primera sala de exhibición del Cinematógrafo Lumière, fue el cineasta que filmó la primera ficción en México y que registró una parte de los acontecimientos sociales y políticos en este país, como la Revolución Mexicana, además realizó tomas y reportajes filmados en momentos históricos, dirigió y editó varias versiones sobre el documental Historia completa de la Revolución (1912, 1914, 1915, 1916, 1927), terminando en Historia de la Revolución Mexicana (1935).


El cine documental no solo fue empleado para retratar a la sociedad mexicana, también las diferentes esferas políticas que usaron el poder de la imagen documental para forjar la identidad nacional, para sus intereses políticos, y así, antes de entrar en la década de los 20 del siglo pasado, ya se instauraban las primeras condiciones legales para que el gobierno comenzara a producir sus propias películas, más allá de los encargos propios que hasta ahora habían funcionado desde los inicios:


El interés del nuevo gobierno federal por las imágenes en movimiento se manifestó también en la creación en 1917 de las cátedras de “Preparación y práctica del cinematógrafo” y “Ceremonial, mímica y maquillaje” en el Conservatorio Nacional de Música y Arte Dramático; en la producción de unas cuantas cintas de ficción a cargo de la Secretaría de Guerra y Marina, de las que sólo se exhibió comercialmente Juan Soldado (Enrique Castilla, 1919), y en la filmación de cortos por la Secretaría de Gobernación bajo títulos como Servicio postal en la Ciudad de México, Un paseo en tranvía en la Ciudad de México y El agua potable en la Ciudad de México, positivados y copiados en los primeros meses de 1920 en un laboratorio instalado en la propia dependencia. Por otra parte, parece probable –como sugiere Aurelio de los Reyes– que la presidencia u otra oficina estatal patrocinara el primer noticiero que logró editarse de manera permanente en el país, la Revista semanal México, cuyo primer número apareció en julio de 1919 y el último en mayo de 1920. Pero aparte del estímulo a la producción y exhibición de películas de propaganda, la iniciativa federal de mayor calado en el campo del cine fue la instauración en octubre de 1919 de un Departamento de Censura, dependiente de la Secretaría de Gobernación, que tuvo entre sus principales funciones revisar las películas extranjeras que fueran a exhibirse, para evitar que contuvieran escenas denigrantes para México”. *2


Preservación de la memoria familiar


La década de los veinte trajo consigo muchos avances, entre los cuales estaba la comercialización del cine para las familias, aunque no cualquiera podía permitírselo, pero por primera vez quienes se lanzaban a la aventura de filmar la realidad desde su propio punto de vista no eran cineastas o aspirantes a serlo, sino gente que quería filmar su realidad y captar esos momentos que empezaron a ser los primeros recuerdos fílmicos familiares. Si bien en las primeras películas exhibidas por los Loumiere había películas caseras, de la intimidad familiar, no se hacía como un experimento o con la intención de ser vistas por un público, sino con la intención de tener un registro familiar. El cine casero registró lo que el documental oficial no filmaba, algunos mexicanos de clase alta usaron los diversos formatos disponibles, según sus posibilidades económicas, tales como el Pathé 9,5 mm que tuvo un cierto éxito, así como el 8mm y el 16mm.

 

Es muy probable que para las próximas décadas se siga documentando la vida familiar y social, así como los más insospechados lugares o episodios. Desafortunadamente es imposible saber el volumen del “cine casero” que se ha producido y se producirá en México, sin embargo, es probable que en muchos años algunos de estos registros salten a la gran pantalla -para la que nunca estuvieron pensados-, convirtiéndose en otro tipo de cine mediante el uso de archivo, un cine como es el foundfootage o metraje encontrado, que está de moda en este siglo, proyectos como Archivo Memoria de la Cineteca Nacional (2011), son un ejemplo de preservación de memoria documental. 

 


El noticiario, la nueva forma de cine documental


Además de las nuevas formas narrativas en el cine de ficción, el cine documental creció en su vertiente más noticiosa en la década de los 20, es así que hoy en día existe un largo recorrido de realización de noticieros, reportajes y documentales en México y en diferentes latitudes del mundo.

 


Cineastas que ya tenían una década de trayectoria siguieron produciendo, tal es el caso de Jesús Abitia, con documentales como Las industrias de México (1921), Fiestas del primer Centenario de la Independencia (1921), La Venecia mexicana (1922), Tabasco (1923), Gira electoral de calles por diversos estados (1924), Las tres eras de la agricultura, los bueyes, las mulas y la gasolina ( 1925-1928), El estado de Sonora (1929), Alvaro Obregón (1929), Baja California (1929).

 


 

La década de los 30 comenzó con una premonitoria visita del héroe del cine ruso Segei Eisentein, quien filmó un material basto que nunca tuvo la oportunidad de montar, de este metraje en la misma década se pudieron ver varios montajes editados por el productor americano de Sergei, como fueron Thunder over Mexico (1933) y Death Day (1934), no fue hasta 1979 que hubo una edición final del proyecto original de Eisentein ¡Que viva México!

 


Con mayor libertad creativa, cámaras más ligeras y la introducción del sonido, surgieron obras notables que muchas veces cruzaron los límites impuestos entre la ficción y el documental, por ejemplo, más encaminado a lo poético y social, está Redes de Emilio Gómez Muriel y Fred Zinnemann (1936)


El nacionalismo y el impulso revolucionario por la creación de un México renovado redundaron en valorar al cine como instrumento pedagógico. Este descubrimiento indujo en pleno cardenismo a la realización de Redes (1936), el primer proyecto de una serie educativa inconclusa producida por la Secretaría de Educación Pública (SEP). Originalmente titulado Pescados, es una ficción documental sobre la comunidad pesquera de Alvarado en Veracruz. Paul Strand, fotógrafo y guionista estadounidense, junto con Emilio Gómez Muriel y codirección con Fred Zinnermann, seguidor del austriaco de Flaherty, son los autores de esta película cuasi etnográfica, precursora del neorealismo, que contrasta la lucha por sobrevivir de los pescadores con la avaricia de los capitalistas y políticos. El argumento surge de la investigación hecha en el campo. Y la mayoría de los actores representan sus propios papeles en su lucha común por la vida y en su medio”. * 3

 


 

Así como hay algunas primeras incursiones al documental antropológico, como es la controvertida y poco conocida serie Harry Wright´s Mexican Indian Series (1939-1941), donde el magnate estadounidense Harry Wright financió un primer retrato temático desde la perspectiva blanca, estadounidense y rica entorno a diferentes pueblos originarios de México, así como sus entornos y costumbres, y no sólo con sonido, sino también a todo color, con algunos títulos que dicen mucho acerca de las simpatías de Wright: Los indios otomíes envenenan a sus peces, Los crueles y bárbaros triquis, Danza Zoque de los pájaros, Danza guerrera azteca.

 


También esta década será importante por varios proyectos institucionales, como son el caso de la Oficina de Cinematografía de la SEP (1934), del que partirán filmes como el mencionado Redes y el Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad (DAPP), creado por el presidente Lázaro Cárdenas sólo cuatro meses después de tomar el poder, el 1 de enero de 1937.


 

Con la creación del DAPP, el gobierno cardenista cayó en la ambigüedad del control de la información, ya que si bien el organismo buscaba ser el único medio por el cual se difundieran los comunicados, noticias o información referente al ejecutivo y a la imagen del país, también se realizaron una gran cantidad de materiales de propaganda que dieron trabajo a distintas empresas, las cuales incluían su propia versión de México.

Una de las principales razones de la existencia y responsabilidad del DAPP consistía en comentar, explicar y fundamentar teóricamente las informaciones oficiales, lo cual se realizaba desde el discurso cinematográfico sin problemas. Así, el DAPP se convirtió en productor de cine, ya sea apoyando económicamente a proyectos, comprándolos una vez que se habían realizado o filmando y llevando a cabo sus propios documentales.

Sin embargo, una cosa era la producción y otra, muy diferente, que estos materiales llegaran al público en general. Con este propósito en mente, dentro del Departamento se crearon diferentes comisiones. En el caso de cinematografía fueron dos: la referente a Producción Cinematográfica y la de Circulación de Películas. El fin de ambas consistía en “Promover y vigilar la circulación de las películas del departamento, con el fin de lograr su más amplia exhibición tanto en el país como en el extranjero”.


Entre 1937 y 1938, en el DAPP se realizaron 116 copias de los materiales producidos en el mismo año, algunas en otros idiomas, como el inglés y el francés. La manera de distribuir dichos materiales se dio a través de un grupo de colaboradores, los cuales tenían como prioridad impulsar la circulación de las películas elaboradas por el organismo oficial. El primer movimiento dado por el Departamento para lograr esto fue el acercamiento y creación de convenios con exhibidores nacionales y distribuidores de películas extranjeras; en dichos convenios quedaba establecido que las películas del DAPP “De carácter informativo y documental, fueran exhibidas sistemáticamente dentro de los programas de cintas de gran metraje en todos los salones que constituyen circuitos comerciales”* 4



A pesar de su corta trayectoria, el DAPP produjo una gran cantidad de documentales, noticieros y programas de radio, se convirtió en la fuente oficial de las noticias nacionales. Además tuvo visión internacional y sirvió para contrarestar las campañas extranjeras contra el gobierno de Cárdenas y colaboró con otras productoras estatales, como Laya Films, productora del gobierno de la Cataluña republicana durante la Guerra Civil Española, con quién hubo intercambio de materiales fílmicos e incluso el uso de material del DAPP en los noticieros de Laya, como es el caso de Los niños españoles en México de Gregorio Castillo (DAPP) (México, 1938), parte de sus tomas fueron usadas en Mexic Amb els infants espanyols (México con los niños españoles) del noticiario “Espanya al dia” (1938). 

Puedes leer más al respecto de este documental aquí mismo en Naranjas de Hiroshima.


 

 
 

Durante la década de los cuarenta el noticiario se asentó como la narrativa más usada en la producción de no ficción mexicana y se convirtió en la única realidad que vieron los mexicanos en la pantalla, filmándose centenares de reportajes, noticieros y documentales, mostrando los avances realizados por diferentes gobiernos, profundizando en el género del noticiario gubernamental y retratando los grandes acontecimientos de la época y elementos patrióticos como el registro del homenaje a Jaime Nunó y Francisco González Bocanegra, autores del “Himno Nacional Mexicano” en Los honores póstumos a los preclaros autores de Luis Manrique (SEP y Bellas Artes, 1942). 

 


Los realizadores de la época tenían pocas oportunidades creativas, más allá de los logros presidenciales o los acontecimientos naturales, como fue el caso de la erupción del volcán Paricutín, dando lugar a muchas y variadas producciones como: Volcán Paricutín de Samuel Bolling Wright, Xavier Frías (México, 1943) o Nace un volcán de Luis Gurza (1943), entre muchas otras.

 

El poder derivado de las herramientas de comunicación de esos días asentaron una estructura cerrada que, incluso, perdura hasta nuestros días, los noticieros de los años cuarenta son la base de la televisión actual, que llegará a dominar la pantallas mexicanas una década después.

 

Como dice Alejandro Gracida en su entrevista para El Volcán:


Los empresarios del periodismo cinematográfico son un grupo muy vinculado con el gobierno. Encontramos desde políticos como el general Juan F. Azcárate, que fue director del noticiero EMA o bien, realizaciones como el Noticiero Clasa que fue hecho bajo la supervisión del Departamento Autónomo de Prensa y Propaganda (DAPP). Otro caso sumamente interesante es el del Noticiero Continental, porque el investigador Seth Fein ha encontrado documentación que prueba cómo este noticiero fue financiado por el gobierno estadounidense; en un contexto de Guerra Fría el Noticiero Continental se dedicó a difundir contenidos favorables al gobierno de Estados Unidos. Cine Mundial o Cinescopio también pertenecieron a los círculos de poder que se hicieron del control de los medios de comunicación en México, donde figura el infaltable Emilio Azcárraga Milmo

(...)

Estos noticieros van a saltar en un primer momento casi tal cual a la televisión; el formato sigue siendo el mismo y no sólo en el aspecto noticioso sino también en el del espectáculo. Esos noticieros estaban muy nutridos de notas de la farándula, de humor, deportes, y es ahí donde empiezan a germinar los que después conoceremos como formatos televisivos. Los noticieros del cine, que ya contaban con cuatro o cinco décadas de existencia previa, fueron la génesis de los noticieros de la televisión”.*5


El 31 de agosto de 1950 se inauguró el primer canal comercial de televisión en México y América Latina, un día después, el 1 de septiembre, se transmitió el primer programa con la lectura del IV Informe de Gobierno del Presidente de México, Lic. Miguel Alemán Valdés. Simultáneamente los diferentes medios de comunicación producían cada vez más noticieros que eran proyectados en las salas de cine, como Cine mundial (1955-1973), producido por Manuel Barbachano, Noticiero mexicano (1952-1953), y los noticieros El Universal, Noticiero Mexicano Novedades, Noticiero Excélsior CLASA, El mundo en marcha, Telerevista, Noticiero deportes gráficos, entre otros.


A la par, el cine de ficción se encontraba abandonando la Edad de Oro del Cine Mexicano para comenzar un largo declive que, sin embargo, en el ámbito documental propició películas cada vez más interesantes, algunas muy importantes, tal es el caso de Carmen Toscano, cuando culminó la labor de su padre, con los archivos familiares de lo filmado y recopilado por Salvador Toscano, Carmen dirigió uno de los más importantes documentos realizados con archivo del cine nacional Memorias de un mexicano, estrenado en 1950, también empezó a resonar el nombre de un español que llegó con exilio republicano, Carlos Velo, quién además de realizar piezas para algunos noticieros dirigió su primer largometraje documental Torero en 1956, producido Manuel Barbachano, y que sentó las bases de una nueva forma de hacer cine documental en México.

 


 

Los primeros cine-clubs

En esta década también se fundaron los primeros cineclubes. En 1952 nació Cine-Club Progreso, el primer cine club de vanguardia en México, dos años más tarde Manuel Gutiérrez Casanova fundó el primer cine club universitario en la UNAM.



Para 1958, el Instituto Nacional Indigenista empezó a producir cine documental. La primera película del INI es Todos somos mexicanos (1958), filmada en 35 mm sobre las primeras acciones indigenistas en las llamadas regiones de refugio. Encargada por Alfonso Caso, fundador del INI, dirigida por José Arenas. Para 1959 se estrenó la primera del MNA Carnaval de Chamula de José Báez Esponda.

 


También para finales de la década de los cincuenta aparecen grupos como Cine Taller, con miembros como Julio Pliego o Manuel González Casanova. De esta manera comenzaron tiempos oscuros en el cine mexicano y los productores declararon en crisis a la industria cinematográfica, es así como comenzaron los cambios que transformaron la industria del cine para siempre.

 

En 1960, el Estado intervino en la industria del cine para hacer frente a la crisis en un complejo proceso que inicio con la nacionalización de la exhibición, pasando de ser un monopolio privado a uno público, algo que no consiguió que aumentara, de forma significativa, la producción del cine nacional. Fue casi hasta la década de los setenta que se sembraron las bases de lo que sería parte de la cinematografía mexicana, y prácticamente lo que conocemos hasta nuestros días, acontecimientos como la compra de los EstudiosChurubusco, la fundación la Filmoteca de la UNAM, cuyo acervo se origina con la donación de los filmes Raíces y Torero, así como la creación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) en 1963, donde estudiaron Jorge Fons, Jaime Humberto Hermosillo, Alberto Bojórquez, Marcela Fernández Violante, Alfredo Joskowicz y muchos otros. A la vez que surgen grupos y revistas como “Nuevo Cine” (1960) como miembros como Emilio García Riera, Carlos Monsiváis, Salvador Elizondo, Luis Vicens, Juan Manuel Torres, Rafael Corkidi o Paul Leduc. Se funda el Departamento de Cine del INAH, de los que surgen documentales como “Kalala” de Oscar Menéndez (1962) o “Él es Dios” de Víctor Anteo en 1965.

 


La década de los setenta comenzó con títulos muy importantes, aunque no tan reconocidos, como Epopeyas de la revolución, de 1963, en donde Gustavo Carrero, utiliza el metraje de Jesús H. Abitia filmado durante la Revolución Mexicana de 1910-1917. Para 1965, La fórmula secreta de Rubén Gámez rompió con todos los paradigmas asignados al cine mexicano hasta ese momento, e influyó en toda una generación de cineastas, que surgieron en 1968, como en Todos somos hermanos de Oscar Menéndez, que filmó en 1966.

 

Fue también gracias a las nuevas tecnologías, como el Super8, que abarataron mucho los costos del cine casero, que dejó de pertenecer a una élite para ser cada vez más accesible, con esta tecnología también surgieron nuevas formas de hacer cine y algunos de los futuros directores pudieron hacer sus primeros cortos en estos formatos creados para el cine familiar.


El cine documental como denuncia


El año de 1968 es extremadamente importante para México, en muchos sentidos, pero en el ámbito cinematográfico sucedieron dos eventos claves: las protestas estudiantiles que terminaron con la Matanza de Tlatelolco el 2 de octubre de ese año y las XIX Olimpiadas de 1968. 

 


De las protestas estudiantiles y la matanza de Tlatelolco surgieron piezas realizadas en colaboración por cineastas clave como los Comunicados cinematográficos del Consejo Nacional de Huelga, en los que participan Paul Leduc, Rafael ‎Castanedo y Óscar Menéndez. 

 


Más tarde también se utilizó este material para la realización de El ‎grito, un documental filmado en colectivo por estudiantes del CUEC, editado bajo la dirección de Leobardo López Aretche. También, en 1968, surgieron documentales como Únete Pueblo y 2 de Octubre. Aquí México de Oscar Menéndez, así como Mural efímero de Raúl Kamffer, producido por el CUEC.

Puedes ver todo lo publicado en Naranjas de Hiroshima sobre el 02 de Octubre de 1968 pinchando aquí.

 

 

Simultáneamente a la lucha política y a la represión, el otro hecho determinante fueron las Olimpiadas, que permitieron a muchos de los futuros documentalistas trabajar de forma profesional realizando todo tipo de piezas del evento olímpico de donde, además de piezas cortas, se seleccionó al director Alberto Isaac para realizar la película oficial Olimpiada en México, en 1968.

 

Con la finalidad de promover en el exterior la imagen del México moderno que albergaría los XIX Juegos Olímpicos, el Comité Organizador de las Olimpiadas (COO), a través de su Sección de Cinematografía encabezada por el realizador y ex nadador olímpico Alberto Isaac, convocó a cineastas de la calidad de Rafael Corkidi, Felipe Cazals, Giovanni Korporaal, Manuel Michel, Salomón Leiter, Antonio Reynoso y Julio Pliego, entre otros, para la realización de 17 cortometrajes en 35 mm, que mostrarían las principales y más bellas ciudades del país, a su gente, a sus costumbres, a su cultura y a su folklore. Se trata de atractivas imágenes que a 50 años de su exhibición nos evocan a un México armónico, dinámico y preparado para recibir a los atletas de las Olimpiadas de 1968”. * 6

 


 

En 1970 comenzó una política de reestructuración a fondo del cine nacional. Rodolfo Echeverría, hermano del entonces presidente, quien estuvo en la dirección del Banco Nacional Cinematográfico, financió a un gran número de instituciones productoras de cine y teatro.

 

Puedes ver todo lo publicado sobre el CPC en Naranjas de Hiroshima pinchando aquí.

A Carlos Velo, responsable en esos momentos del Departamento de Producción de Estudios Churubusco, lo nombra director del Centro deProducción de Cortometraje (CPC) como parte de la estrategia renovadora. Su objetivo será realizar documentales para difundir la obra del gobierno de Echeverría, tanto de la Presidencia de la República como de dependencias y entidades oficiales, sin olvidar la utilidad didáctica e incluso la crítica social. 

 

Velo admite que: en un primer momento este trabajo me pareció poco interesante, pero comenzó a fascinarme la manera en que la política de diversos países, con sus puntos de vista variados, enfocaba los grandes problemas socioeconómicos a nivel mundial. De esta manera logré que se conserve en película para las futuras generaciones la historia del presidente, como nunca se había hecho (…). Cuando tengo que filmar la visita del presidente en el extranjero, escojo el punto de vista más sobresaliente, el aspecto político del discurso, y le pongo imágenes. A propósito de su viaje a Yugoslavia, me resulto posible hacer una película sobre Tito y los países no aliados. Con su visita a la Conferencia de Paz en Nueva Delhi, filmé una película sobre guerra y la paz.

 

(…)

 

Echeverría tenía mucho interés en las posibilidades de comunicación del cine. No solo reporteábamos sus actividades políticas y su punto de vista sobre México; también me dio absoluta libertad pa al experimentación. Incluso me autorizó a fundar una Banca donde se prestaba dinero a los productores de cine. El problema era que entonces casi no había cineastas profesionales, y se improvisaba mucho. Así que le comenté al presidente que se necesitaba una carrera. Perfecto, me contestó. Me encargué de conseguir excelentes profesores en el aspecto técnico y cultural, y puse mucho énfasis sobre el aspecto histórico del cine. Es indispensable conocer el trabajo y las influencias de otros directores de cine.

Concluye que “en el sexenio de Echeverría, el cine estaba en su apogeo, a los cineastas jóvenes le pareció increíble que no los censurasen. Para ser sincero, yo los guiaba un poco, para evitar tonterías y exageraciones, pero sabían perfectamente cómo exteriorizar sus mensajes”. *7


El Centro de Producción de Cortometraje (CPC) fue una gran escuela para muchos cineastas y también uno de los generadores de la memoria fílmica nacional menos conocida en la historia del cine documental mexicano. Este periplo se extendió por dos sexenios y acabó de forma inusitada, extraña e injusta para alguno de sus más importantes integrantes como Carlos Velo, sin embargo, la cantidad y la calidad de la producción del CPC fue más que sobresaliente. Algunos de los documentales realizados en una primera etapa son:


En 1970 Sucesión presidencial 1970 de Servando González, y Arriba y adelante de Toni Sbert, en 1971 El rumbo que hemos elegido de Carlos Velo, La Patria es lo primero de Toni Sbert, en 1972, Son dedicado al mundo y sus amigos que lo acompañan de Rafael Corkidi, en 1974 Kukulkan de José Nieto R. y Carlos Velo, Latinoamérica. Un destino común, México / Europa. Las nuevas fronteras y Baja California: último paraíso de Carlos Velo, Murmullos de Rubén Gámez, Sur: sureste 2604 de Paul Leduc, Las manos del hombre de Oscar Menéndez y Carlos Velo, Esto es PEMEX de José Romero y Carlos Velo, Los albañiles de Abel Hurtado, José Luis Marino, y Jaime Tello C., La Quinta de las rosas de Guy Devart, México en una nuez de Ángel Flores Marini.

 

Continua en 1975 con La urbe de Óscar Menéndez, Tres preguntas a Chávez. La Causa de Arturo Ripstein, Laberinto III Festival Cervantino de Arturo Rosenblueth, Baja California Paralelo 28 de Carlos Velo, Turismo de Altura de Arturo Rosenblueth, en 1976 Convencer para vencer de Arturo Rosenblueth, Lecumberri, El Palacio Negro de Arturo Ripstein, que terminó como largometraje, Ni un paso atrás de Julio Riquelme, El circo de Oscar Menéndez, Valle de México de Rubén Gámez, Popol Vuh. El quinto jinete de Alfredo Gurrola, ¿A qué vas a la ciudad? de Gonzalo Infante, Un pueblo con su presidente de François Reichenbach, Perfil de un presidente de Carlos Belaunzarán, Una justicia que se escapa de Juan Ramón Arana, en 1977 México de Víctor Anteo, Visión de México de Demetrio Bilbatua, Balsas en concierto de Alfredo Gurrola, Jornaleros de Eduardo Maldonado en coproducción de SEP, NFB, CPC, en 1979 María Sabina, mujer espíritu de Nicolás Echevarría, que también terminó como largometraje, La visita del Papa a México de Bosco Arochi y Ángel Flores Marini, Teshuinada, semana santa Tarahumara de Nicolás Echevarría y Piedras de Giovanni Korporaal.

 

Además de las producciones del CPC, el cine documental mexicano tuvo un crecimiento exponencial dando lugar a muchos filmes de directores noveles de entonces como: Jorge Fons, Arturo Rípstein, Giovanni Korporaal, Felipe Cazals, Alejandro Pelayo, Rafael Montero y José Luis García que incursionaron en la realización de documentales con temáticas de corte sociopolítico con obras como Así es Vietnam (1970) de Fons; Lecumberri: el palacio negro (1976) de Rípstein; e Islas Marías (1979) de Korporaal.

Algunos documentales más encaminados a temas de denuncia como Los hombres cultos (1972), de Nacho López; Ser (1973), de José Rovirosa; Historia de un documento de Oscar Menéndez (1971); Etnocidio: notas sobre El Mezquital (1977), de Paul Leduc y Jornaleros (1977), de Eduardo Maldonado, tuvieron poca o nula difusión.


Otros documentales importantes de la época fueron El día en que vinieron los muertos/Mazatecos I (1979) de Luis Mandoki; Judea, Semana Santa entre los coras (1973) y María Sabina, mujer de espíritu (1979), ambas de Nicolás Echevarría, además de Centinelas del silencio (1971), de Manuel Arango y Robert Amram, y el que se convirtió en el primer y único cortometraje documental mexicano en ganar dos premios Oscar. Caribe, estrella y águila de Alfonso Arau (1974), un caso atípico dentro de la filmografía de su director, un retrato de la hermandad entre México y Cuba mediante un recorrido en ambos países, de testimonios a pie de calle con trabajadores, artistas y escritores, y con imágenes con Fidel Castro y Luis Echevarria, aprovechando la visita oficial del presidente mexicano a Cuba, éste es un documental que expone las profundas similitudes y diferencias políticas y sociales entre los dos países. 

 

 

La década de los setenta acabó con las primeras producciones del INI, que siguieron hasta inicios de los ochenta con filmes como Danza de conquista de Fernando Cámara Sánchez (1978), La música y los muxes de Óscar Menéndez (1978), Kukukan de José Nieto (1979) y Noche de muertos de Julián Pastor (1979), siguiendo una gran cantidad de títulos, en donde cada vez se profundizaba más en lo antropológico, lo social y lo político. Así es Vietnam de Jorge Fons (1979), Las historias prohibidas de Pulgarcito de Paul Leduc (1979), Nicaragua los que harán la libertad de Bertha Navarro (1979), El amanecer dejó de ser tentación de Miguel Necochea (1979), Iztacalco Campamento 2 de octubre de Alejandra Islas y José Luis González, producido por el CUEC (1979) , Jubileo de Rafael Castanedo (1979), Tatlácatl de Ramón Aupart (1979), Primer Cuadro - Tepito, la Merced y la Colonia Morelos de Óscar Menéndez (1979).

 

Para finales de esta década la producción de cine documental seguía en aumento, con títulos que retrataban las luchas sociales y políticas dentro y fuera del país, así como la observación y la antropología interna.




Además del CPC y el INI, que eran algunas de las instituciones que producían más cine documental en México, existieron diversas producciones independientes en los ochenta, en conjunto se filmaron títulos como Campeche, un estado de ánimo y Día en que vienen los muertos, ambas de Luis Mandoki (1980), J. C. Orozco de Jaime Kuri (1980), San Juan de las Abadesas de Guillermo Rosas (1980), Tabasco Más agua que la luna de Eduardo Carrasco Zanini (1980), Victoria de un pueblo en armas de Bertha Navarro (1980) , The Mexican Deal de Bosco Arochi (1980) , Tassili de Guillermo Rosas (1980), Poetas campesinos de Nicolás Echevarría (1980), Patria libre de Sergio Garcia de Taller Experimental de Cine Independiente) (1980), Cuando la Niebla Levante de Federico Weingartshofer 1980), Jicuri neirra la danza del peyote de Carlos Kleimann (1980), Juchari Uinapekua (Nuestra Fuerza) de Javier Téllez (1980), Guadalupe Amor. Un caso mitológico de Claudio Isaac (1980), Historias Prohibidas del Pulgarcito de Paul Leduc (1980).

 

 

En 1981 se filmaron los documentales Niño Fidencio, el taumaturgo de Espinazo de Nicolás Echevarría, Con el alma entre los dientes de Jaime Riestra (1981), En clave de Sol de Ludwik Margules (1981), Papaloapan de Luis Mandoki (1981), En clave de Sol de Ludwik Margules (1981), y El oficio de tejer de Juan Carlos Colín (1981). Para 1982 se produjeron las cintas El edén bajo el fusil de Salvador Díaz, Pedro Reygadas (1982), El corazón de un pueblo - Notas sobre la muerte de una banda de música de Francisco Chávez (1982), Del otro lado de la muerte de Henner Hofmann (1982), Purépechas, los que viven la vida de Roy Roberto Meza (1982), Marginación de Jaime Kuri Aiza (1982), Laguna de dos tiempos de Eduardo Maldonado (1982), Del Tianguis al Abasto de Demetrio Bilbatúa (1982-2017) y Pueblos Mazahuas de Julio Porfirio Garduño Cervantes (1983).

 


Años antes, en 1977, Margarita López Portillo creó la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) y asumió, en su mayoría, el poder de las comunicaciones del país. La hermana del presidente José Luis Lopez Portillo tuvo un oscuro lugar en la historia del cine mexicano, en primer lugar por el caso del falso fraude en el Banco Cinematográfico, que acabó con la detención de Carlos Velo y otros responsables del CPC. Además, fue la responsable política del suceso mas grave para la cinematografía nacional que ocurrió el 24 de marzo de 1982, el incendio de la Cineteca Nacional, del cuál nunca se supieron las causas exactas, ni se conocieron los datos de las pérdidas reales, tanto humanas como materiales e históricas. 

 


Para 1983 se fundó el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), que definitivamente cambió la historia del cine mexicano, contribuyendo a consolidar y acrecentar la producción cinematográfica nacional, estableciendo una política de fomento industrial en el sector audiovisual, y apoyando a la producción, distribución y exhibición cinematográfica dentro y fuera de las fronteras de México.


Pero esa, es otra historia…

 

Por Luis Iborra Miralles. CC BY-NC-SA



Referencias bibliográficas:

* 1 Decena Trágica, otro 'campo de batalla'. Instituto Nacional de Antropología e Historia.

* 2 Documentales mexicanos de patrocinio gubernamental (1916-1919) – Angel Miquel

* 3 La construcción de la memoria. Historias del cine documental mexicano. María Guadalupe Ochoa Ávila (2013).

* 4 El Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad (DAPP) y “Los Niños de Morelia”: La versión oficial del exilio español en México durante el cardenismo. Tania Ruiz Ojeda

* 5 El caso del cine mexicano de la época de oro (1940-53). Cine de ficción y periodismo informativo cinematográfico Entrevista a Alejandro Gracida. En El Volcán.

*6 Arcadia: Cine Rescatado y Restaurado que muestra materiales de acervo de la Filmoteca.

*7 Las imágenes de Carlos Velo. Miguel Anxo Fernández


Bibliografía: