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Recuperando la palabra la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca

Título original: Recuperando la palabra la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca

Guión, realización y montaje: Mario Viveros Barragán, Rafa de Villa Magallón
Producción: Silvia Bolos, Marcos Estrada
Fotografía: Rafa de Villa Magallón, Mario Viveros Barragán
Sonido directo: Vinicio Colín
Mezcal sonora: M31 Medios
Investigación: Silvia Bolos, Marco Estrada Saavedra
Archivos audiovisuales: Canal6de Julio, Mal de Ojo TV, Ojo de Agua, TV Azteca. 
Archivos de documentales: Un poquito de tanta verdad (Jill Friedberg,
Mal de Ojo TV, 2006), Compromiso cumplido (Roberto Olivares,
Mal de Ojo TV, Ojo de Agua, 2006), La familia raíces (Manovuelta colectivo, 2009), Sigueme contando, sonidos de la lucha oaxaqueña (Cesol / Luzquemada, Yihn Law, 2006). Tezcatlipoca (Bruno Varela, 2008), La Rebelión de las oaxaqueñas (Tonatiuh Díaz, Ojo de Agua, Mal de Ojo Tv, 2007), La pesadilla azul (Mal de Ojo Tv Colectivo, 2006), Copala, zona de guerra (Contralínea, 2009).

Archivo fotográfico: Itandehui Franco Ortíz
País de producción: México
Año: 2014
Duración: 41 min.






En 2006, en medio de la crisis nacional que vivió el país, se constituyó la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la cual ensayó, entre junio y noviembre de ese año, instituir en la capital de ese estado un "gobierno popular". RECUPERANDO LA PALABRA es una reflexión colectiva sobre los sucesos y consecuencias de esta movilización y protestas sociales.  

"Recuperando la palabra. 

La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca"

 de Silvia Bolos Jacob y Marco Estrada Saavedra
por Rodrigo Daniel Arteaga Rojas.

  
Extracto de la reseña del libro del que es hermano y complementario este documental.

La protesta de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) tuvo la desventura de ocurrir durante la segunda mitad de 2006, año en el que se llevaron a cabo unas elecciones dramáticas y en el país había una gran polarización ideológica. Lo anterior representa poca fortuna porque las diferentes lecturas que en su momento se ocuparon del conflicto oaxaqueño quedaron, irremediablemente, cargadas de eso que Norbert Elias llamaba compromiso emocional, dejando poco lugar para las aproximaciones más distanciadas, más templadas.    

En el río revuelto que representó el año 2006 hablar de la APPO sirvió de agua para varios molinos electorales y periodísticos a nivel nacional, pero pocos advirtieron la autenticidad y la originalidad de ese laboratorio político y social que ocurrió en Oaxaca. De ahí que la publicación de Recuperando la palabra... llegue en buena hora para subsanar no sólo la escasez de estudios académicos sino para aportar una mirada sociológica e histórica, con el afán de hacer inteligibles las posiciones políticas y, sobre todo, subrayar la complejidad de este acontecimiento de gran calado para la vida de los oaxaqueños. En este sentido, el libro coordinado por Silvia Bolos Jacob y Marco Estrada Saavedra tiene, en su conjunto, una doble contribución. Por un lado, los primeros tres capítulos constituyen una primera monografía general, útil para contextualizar e intentar reconstruir la verità effectuale de la gestación y desarrollo de los hechos que tuvieron lugar de junio a noviembre de 2006 en Oaxaca.    



Efectivamente, no se puede entender la aparición de la APPO y la toma de la ciudad de Oaxaca sin regresar la vista, al menos, a dos gubernaturas atrás, y a las distintas trayectorias y configuraciones políticas en el estado. Por otro lado, el cuarto capítulo dedica un centenar de páginas a transcribir y anotar las intervenciones y el debate que tuvieron lugar en mayo de 2010 en el Colegio de México, con motivo de un coloquio entre miembros de la APPO, activistas e investigadores de distintas universidades. Posiblemente esta resulte la parte más interesante para el lector, ya que permite observar la polifonía propia de una asamblea de asambleas, urbana, multiclasista, es decir, la interacción, a veces discordante, de las diferentes motivaciones, prácticas, tradiciones de lucha y culturas políticas de las organizaciones populares, los organismos civiles, los maestros de la sección 22 y los colectivos de jóvenes. La ventaja es que el coloquio en sí mismo muestra los balances de los actores a cuatro años de distancia (justo a unos meses de tener lugar las elecciones que llevarían a la primera alternancia de 2010 en el estado) y en algunos casos tienen un nivel de autorreflexividad y autocrítica remarcables.    

Los coordinadores acertaron en complementar su descripción densa del movimiento, a partir del trabajo de archivo y de entrevistas, con un breve segundo capítulo que se ocupa del perfil sociológico y las trayectorias políticas de los actores que conformaron la APPO, así como de un breve documental y reproducciones de las pintas y arte urbano del movimiento. Esto resulta útil al momento de intentar entender desde dentro las experiencias y los discursos que confluyeron en el coloquio, que por lo demás, ya entrados en la lectura, resulta interesante incluso lingüísticamente; es decir, después de un rato, la manera de hablar, las posiciones ideológicas, los registros, los conceptos, el léxico y la forma de darse a explicar de cada ponente se vuelven reconocibles, diferenciables, sin tener que regresar cada vez a la página de perfiles de cada interlocutor.    



Esta reflexión colectiva recuperada es reveladora en más de un sentido. La obra de Bolos y Estrada va más allá de un simple estudio de la acción colectiva y los movimientos sociales a escala local. De hecho, las lecciones que surgen de este afortunado intercambio de experiencias y perspectivas arrojan luz sobre aristas del sistema político mexicano, a mi modo de ver, eclipsadas por la atención, casi exclusiva, que la transitología de la democracia ha puesto al diseño electoral-institucional. Lo que se percibe al leer Recuperando la palabra. es eso que todavía no acabamos de comprender y que se encuentra en la base del riesgo del desencanto democrático: el funcionamiento de las nuevas reglas del juego democrático necesita de fuentes de legitimación extrasistémicas y está enmarcado en densas redes sociales de intermediación política con actores que cambian y que tienen distintas socializaciones y culturas políticas.    

Si algo pone de manifiesto la crisis generalizada y la toma de la ciudad de Oaxaca es la importancia del oficio político de intermediación, la necesidad de esa vocación de "apagafuegos", de "bomberos del Estado", como la llama un appista. Y, al mismo tiempo, no podemos dejar de preguntarnos cómo es que un gobernante sin oficio pudo mantenerse en la gubernatura hasta el final. Resulta difícil, por ejemplo, pensar en algo que destruya más la confianza en la negociación que las emboscadas disfrazadas de mesas de diálogo mediante las cuales el gobierno estatal encarceló a dirigentes del magisterio y del movimiento popular. 

El factor Ulises Ruiz constituye una lección de cómo degradar la estabilidad precaria del orden político oaxaqueño y plantea la pregunta sobre los escenarios y mecanismos de que dispone el sistema político y el federalismo mexicano, en particular, para deshacerse y evitar un caso, a todas luces, de mal gobierno. A diferencia de los participantes en el coloquio, ahora sabemos que el PRI perdió la gubernatura en 2010, pero ese proceso requiere una explicación y el libro propone perspectivas interesantes para comenzar a articularla. Es cierto que la APPO sorprendió por la creatividad de su repertorio de protesta (barricadas, transmisiones de radio, pintas, arte urbano, uso de internet) y por movilizar a una parte de la población no militante, por hacer que "jalaran los que nunca jalan". Sin embargo, esto fue posible gracias a que la APPO fue más allá de la antigua relación entre los dirigentes profesionales y las bases movilizadas. 



Así, se percibe que la Asamblea adoptó la inclusión como uno de sus valores rectores y que ocurrieron lo que Estrada caracteriza como "rupturas del orden de dominación oaxaqueño" derivadas, claro, de la participación en política y la reivindicación de los derechos, pero también de un proceso de redefinición de las relaciones de dominación entre los jóvenes y los adultos, hombres y mujeres, indígenas y mestizos, etcétera.    A lo largo del libro se presentan varias muestras de ese fenómeno de transición que Roger Bartra ha ilustrado de manera creativa: en México después de la alternancia del 2000, la dimensión cultural de las prácticas sociales no acaba de morir autoritaria y no acaba de nacer democrática. 

Resulta ilustrativo notar, por ejemplo, ese carácter ambivalente en la curva del aprendizaje de las organizaciones populares para tratar de incorporar, a veces con dificultad, la diversidad de los sectores no militantes y la expertise de las ONG. El mismo carácter democrático de los maestros de la sección 22 es ambivalente, aun cuando no se puede negar su papel decisivo en la cristalización de la protesta que encarnó la APPO. En Oaxaca hubo una escuela de ciudadanía e incluso un precedente de autogestión y, al mismo tiempo, no dejan de sorprender las continuidades autoritarias: la demostración del uso de la fuerza, los métodos de presión de masas, el marcado presidencialismo en las expectativas de solución a las demandas, la idea de traición ligada a la idea de oposición, a las cuales la propia ciudadanía contestaría con el paso de la democracia directa a la democracia representativa, de la calle al voto.
(Leer reseña completa aquí)


El Archivo

Título original: El Archivo
Dirección: Anaïs Taracena, Rafael González
Fotografía: Anaïs Taracena, Rafael González
Sonido directo: Anaïs Taracena, Rafael González, Deleón Francisco
Montaje: Carlos Valle, Anaïs Taracena, 
Producción:   
Material de archivo: Procuraduría de los Derechos Humanos, Archivo Histórico de la Policía Nacional AHPN.
País de producción: Guatemala
Año: 2017
Duración:  30 min.













El Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala es el acervo más grande perteneciente a un institución policiaca que pueda ser consultado libremente en el continente americano. 



Durante años estos archivos permanecieron ocultos en un edificio abandonado en las instalaciones de la Policía Nacional. Desde su descubrimiento en el año 2005, se rescataron la totalidad de los archivos encontrados y más de 20 millones de documentos han sido digitalizados

Este documental retrata la labor de archivística de este acervo donde los papeles cobran una labor de memoria histórica y de búsqueda de la verdad y la justicia en un país marcado por una guerra civil.


 Testigos de papel en el AHPN de Guatemala

En julio de 2005, ocho kilómetros de papeles viejos fueron encontrados, entre ratas y cubiertos de excrementos de murciélagos, en las ruinas de una construcción abandonada. Eran los restos mortales de una de las máquinas de represión en los 70 y 80 en Guatemala. Después de un intenso y discreto trabajo de archivística, de digitalización y, sobre todo, de interpretación, el Archivo Histórico de la Policía empieza a hablar. Aporta una voz potente a los procesos judiciales y a la reescritura de la sangrienta historia reciente del país centroamericano. 

Los documentos hablan 

Cuarenta y cinco mil personas que podrían contar esta historia no lo harán nunca: desaparecieron, están desaparecidos, son desaparecidos. Son parte de los 300.000 asesinados por el conflicto y la represión que asolaron Guatemala durante más de tres décadas. Sin embargo ya “testifican” 80 millones de hojas de papel que brindan su testimonio con modestia, pero con contundencia. De estos datos ya han surgido cuatro libros y al menos ocho procesos judiciales llevados por crímenes contra la humanidad. Estos legajos son tratados con los más modernos métodos de análisis por un grupo de técnicos, académicos y activistas de derechos humanos. Su trabajo es ayudar a los documentos a contar las historias que la misma historia ha intentado olvidar. Todos los funcionarios entrevistados que trabajan en el archivo, sin excepción, hablan de éste como la misión de sus vidas. “Mi record personal sugiere que yo soy el hombre menos indicado para ser el director de un archivo policial, pero fue lo que me tocó”, bromea el coordinador del AHPN, Gustavo Meoño, un ex-militante guerrillero que dirigió la fundación Rigoberta Menchú y que pasó a liderar el proceso de reorganización del archivo policial más grande de América Latina.  



El milagro 

Meoño considera un milagro que el archivo exista, pero le da una explicación más terrenal. La Policía Nacional, disuelta después de la firma de la paz en 1996, requería de una organización bien controlada para cumplir sus objetivos. “Una burocracia, por necesidad, conserva sus registros porque son útiles para su funcionamiento”, dice Meoño, y hace una analogía de los registros detallados de los movimientos de trenes que cargaban a los detenidos.

Se hizo limpieza, quedan las telarañas 

El archivo del que se habla en los más importantes foros de archivística del mundo, ese que ha llevado al banquillo a algunos de los personajes más buscados de la historia reciente de Guatemala, está escondido entre callejones de un barrio obrero de la zona 6 de la capital de Guatemala, lo rodea la escuela de la recién fundada Policía Nacional Civil y un predio que apila cientos de carcasas de coches viejos. Está en un terreno del Ministerio de la Defensa, un predio del Ministerio de Gobernación, y en la jurisdicción archivística del Ministerio de Cultura. Es un cuerpo funcional financiado y equipado por donaciones de instituciones de más de diez países. El Estado de Guatemala no tiene un presupuesto para su mantenimiento. La cooperación internacional permite que haya un buscador de datos básicos en el sitio de la Universidad de Texas, y un respaldo completo resguardado en Suiza que se actualiza regularmente conforme los técnicos y profesionales avanzan en la limpieza y digitalización de miles y miles de folios. En paralelo el estadístico Patrick Ball, de Human Rights Data Analysis Group y perito en el juicio por genocidio contra el ex-dictador José Efraín Ríos Montt y el ex-jefe de inteligéncia José Mauricio Rodríguez Sánchez, coordina un trabajo de estimativa del tamaño y contenido de las colecciones del archivo a través de muestras de los documentos.  



El descubrimiento casual 

En 2005, los vecinos de la zona 6 presentaron una denuncia ante la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), pues temían que el depósito de armas y explosivos, guardados de manera precaria en lo que parecía un terreno abandonado, pusiera sus vidas en riesgo. El predio, acorralado entre chatarra y lleno de laberintos sombríos en sus entrañas, había sido la construcción fallida de un hospital policial, la sede del Cuerpo Dos de la policía y el sitio del que se rumoraba haber sido centro de detenciones y torturas entre los años 70 y 80. Un historiador acompañaba a la comisión que verificaba la retirada del armamento. Curioso, vio por una ventana montañas de papeles; le intrigaron los candados en las puertas. Así, entre escombros, tierra y moho, apareció el archivo cuya existencia se venía negando desde que la Comisión de Esclarecimiento Histórico solicitara los documentos de la Policía Nacional. Fiscales, defensores de derechos humanos y familiares de desaparecidos se apostaron ante las puertas de aquel hallazgo. Permanecieron en vela hasta que los sucios papeles tuvieran resguardo para responder a cientos, miles de preguntas, acumuladas en 36 años de guerra. Hace cinco años, Meoño decía a los periodistas que serían sus hijos o quizás sus nietos quienes concluyeran su tarea. El coordinador ahora calcula unos diez años y la tecnología va avanzando. Los procesos judiciales apenas empiezan, la reconstrucción histórica y los procesos de reconciliación después de 17 años de la firma de la Paz son embrionarios, y el Archivo Histórico se ha constituido en un engranaje que gira tímida y silenciosamente para ayudarlos a avanzar.  


El rompecabezas de los recuerdos 

Encontrar las respuestas entre 8 km lineales de folios parecía imposible. Fue solicitado el apoyo de la archivista Trudy Peterson, que ya había dirigido los trabajos en el archivo de Kremlin, en Rusia. Peterson estaba a punto de jubilarse, pero cuando vio aquello, decidió aplazar el retiro y poner orden al que es quizás el trabajo más grande de su vida. La primera instrucción de Peterson a los activistas que ahora iniciaban su carrera de archivistas fue que había que poner orden. Necesitaban meterse en la cabeza del que creó y ordenó los datos. Organizar los documentos requirió entender la estructura, la jerarquía, las diversas instituciones que iban cambiando de nombre al largo de más de un siglo de burocracia. Así como los antropólogos de la Fundación de Antropología Forense (FAFG) buscan el pasado soterrado y recomponen los huesos de las víctimas, así también se ordenan los restos del que fue un cuerpo represivo que actuó de la mano del ejército. Era preciso identificar los órganos vitales, hacer un estudio de la anatomía institucional.


Fuentes de información: Artículo por Alejandra Gutiérrez Valdizán y Marcelo SoaresArtículo realizado en el taller “Periodismo sensible a los conflictos”, organizado por la DW Akademie en cooperación con el Archivo Histórico de la Policía Nacional. Editor: Roberto Herrscher. Guatemala, noviembre de 2013.,


Notes On An American Film Director At Work Martin Scorsese

Título original: Notes On An American Film Director At Work: Martin Scorsese 
Dirección: Jonas Mekas
 Guion: Jonas Mekas
Fotografía: Jonas Mekas, Sebastian Mekas
Sonido: Jonas Mekas
Montaje: Benn Northover 
Producción: Jonas Mekas films
País de producción: Estados Unidos
Año: 2005
Duración:  62 min.

















Documental sobre el proceso de filmación de "Infiltrados" de Martin Scorsese, rodado durante dos semanas de la filmación del mismo por el aclamado director independiente Jonas Mekas.



'Infiltrados': este documental de Jonas Mekas ofrece una clase magistral de dirección con Martin Scorsese



Los muchos devotos con los que cuenta Martin Scorsese a lo largo y ancho del globo están de enhorabuena, porque The Anthology Film Archives ha decidido poner a disposición de todos, y de forma gratuita, el documental 'Notes on an American Film Director at Work: Martin Scorsese', dirigido por el realizador Jonas Mekas en 2005.  La cinta nos sumerge de lleno en el rodaje de 'Infiltrados', largometraje que sirvió al bueno de Marty para hacerse con su ansiado Óscar al mejor director, además de cosechar otras tres estatuillas doradas. En él, podemos asistir a una clase magistral sobre puesta en escena y dirección de actores mientras disfrutamos de las dinámicas en set entre el cineasta e intérpretes como Leonardo DiCaprio, o el director de fotografía Michael Ballhaus.



 Mekas, que consiguió acceso privilegiado al set de 'Infiltrados', habló así sobre su obra:     

"Me pidieron hacer una película de entre cinco y diez minutos sobre Marty introduciendo su retrospectiva. Cuando ocurrió, Marty estaba rodando 'Infiltrados'. Le pregunté si podía seguirle durante una o dos semanas, y dijo que sí. Así que, así es como nació esta película. Sebastian, mi hijo, se unió a mi con una segunda cámara. Hice una versión breve y procedí con una más larga. Como estaba muy ocupado con otros proyectos en aquél momento, pedí a Benn Northover, un buen amigo, que me ayudase montándolo —tenía unas 15 horas de metraje—, y disfrutamos mucho trabajando en él porque todos adoramos a Marty. Es un tributo personal a un amigo".




Fuentes de información: Espinof, FilmAffinity, FilmDocumentaire.





Gente de Mar y Viento

Título original: Gente de Mar y Viento
Dirección: Ingrid Eunice Fabián González
Fotografía: Pablo García Morales 
Intervienen: Mariano Herminio
Idioma: Español, Zapoteco 
País de producción: México
Año: 2016
Duración: 64 min.





"En el itsmo de Tehuantepec, en el pueblo Álvaro Obregón de Juchitán, Oaxaca, los integrantes de una comunidad Binnizá (zapoteca) se encuentran bajo constante amenaza desde que una transnacional pretende instalar un parque eólico en el mar sin el consentimiento de la comunidad. Los pobladores han resistido desde el principio; organizaron y crearon una policía comunitaria que vigila la zona en conflicto. Herminio y Mariano, dos pescadores zapotecas, han vivido de manera activa este proceso de lucha y resistencia. Esta película forma parte de Ambulante Más Allá, un proyecto de formación documental que mantiene el propósito de acompañar los primeros pasos de nuevos realizadores en México y Centroamérica. Estas historias son contadas desde diversas comunidades con una perspectiva cultural y estética propia lejos de los parámetros convencionales que son impuestos desde el discurso dominante."



"Cuenta la historia de Álvaro Obregón y La Venta, dos lugares ubicados en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Álvaro Obregón, una comunidad de pescadores, ha resistido, desde hace varios años, ante la amenaza de la construcción de un parque eólico; mientras en La Venta, un pueblo agricultor y ganadero, las empresas transnacionales eólicas lograron invadir las tierras hace más de una década y hoy se encuentra perturbado por las consecuencias negativas que trajeron consigo."







Fuentes de información: Ambulante, FilminLatino, Filmaffinity,


¨Gente de Mar y Viento¨ (2016) from Ambulante Más Allá on Vimeo.





Los rollos perdidos de Pancho Villa

Título original: Los rollos perdidos de Pancho Villa Dirección: Gregorio Rocha Valverde
Guión: Gregorio Rocha Valverde
Fotografía: Gregorio Rocha Valverde
Edición: Craig Anderd, Bernice Ma.
Música: Laudes Cinemudo, Horacio Uribe.
Dirección de Arte: Gregorio Rocha Valverde
Producción: Héctor Mendoza 
Compañía Productora: Archivia Films, Banff Center For The Arts, Universidad Autónoma de Guadalajara
País de producción: México
Año: 2003
Duracion: 47 min.













"En el documental, Gregorio Rocha describe su investigación sobre la película desaparecida, “The Life of General Villa”. A raíz de un contrato firmado en 1914, entre la empresa norteamericana Mutual Film Corporation y Francisco Villa, en el cual se estableció un acuerdo para que un equipo de filmación lo siguiera por el territorio mexicano. Así, mediante el cine, comienza la construcción de un mito, Pancho Villa, primero satazinado y luego convertido en un héroe. La historia en torno al controvertido revolucionario, complementada con este filme, nos sugiere una pregunta: Villa, al reconocer el poder del cine, ¿es el constructor de su propio mito?" 


Gregorio Rocha, cineasta, busca los rollos perdidos de Pancho Villa


Esta entrevista fue publicada en la revista Nuestra Historia, La Gaceta CEHIPO, No. 41 de octubre de 2000 por Clara Guadalupe García, pp. 9-16. 




Gregorio Rocha estudió cine en el CUEC, en la UNAM, y pronto se empezó a volcar hacia el video, porque encontró que era una herramienta mucha más accesible. A partir de 1986, cuando realizó una serie de programas para televisión acerca de la historia de Tijuana, incursionó en la investigación histórica y en la elaboración de materiales para su difusión, con una creatividad personal y las técnicas que le permite su profesión. Actualmente prepara una película que ha titulado Los rollos perdidos de Pancho Villa, basada en la investigación acerca del contrato formado por El Centauro del Norte para filmar sus acciones militares. Gregorio Rocha conversó con Nuestra Historia acerca de este proyecto y de su trayectoria como cineasta-historiador.

La primera ocasión que utilicé al video como un vehículo para difundir la Historia fue en 1986, estando a cargo del área de medios audiovisuales del Colegio de la Frontera Norte, (Colef) con el doctor Jorge Bustamante; había trabajado con Oliver Debrois, un historiador del arte que ha investigado acerca de Diego Rivera y otros temas. Él tenía la idea de hacer unos programas acerca de la historia de Tijuana. Propuse este proyecto al Colef, en capítulos y lo avalaron, aunque había dudas, porque esta historia de Tijuana no había sido producida por el mismo Colegio. Resultaron dos programas, el tercero ya no se hizo.      

Los videos eran experimentales, en el sentido de que tratamos de que el narrador, que siempre en los documentales sobre Historia o sobre cualquier otro tema es infalible, saliera de lo tradicional. A la voz del narrador que está en off (sólo se escucha su voz), en términos de cine se le conoce como ‘la voz de Dios’; no se puede equivocar. Nosotros deliberadamente hicimos que se equivocara. El narrador era Federico Campbell, un tijuanense, muy simpático en su papel. Entonces, por ejemplo, en 1925, en el apogeo de la ley seca de Estados Unidos, el narrador, que sí aparece a cuadro, afirma que había 520 cantinas en Tijuana; uno de los meseros, un personaje de la época, se voltea y le dice: “no, había 580…”  


También había referencias a varias fuentes, otros datos que surgían posteriormente, que contradecían lo que decía el narrador; yo creo que eso fue lo que no les gustó a los del Colef, que no era una visión académica de la Historia.

Eso tiene profundidad respecto a las interpretaciones modernas de la historia, se plantea que hay interpretaciones diversas, que la historia no es una; si retomas un tema escrito por un historiador de hace cincuenta años, seguramente se encuentran cosas diferentes.      

Claro, no sé si eso que tú dices se refiera a las nuevas corrientes de la historia, asumí mi subjetividad, no voy a intentar ser objetivo.

Es que no puedes; tu formación, tu historia, es parte de los instrumentos que vas a utilizar.      

Aha. Ese primer documental se llama Tijuana entre dos mundos. Entonces ahí aprendí a valorar la importancia de los documentos gráficos. Sobre todo en ese caso utilicé tarjetas postales; investigué cómo había sido representada Tijuana en tarjetas postales en diferentes épocas y empecé a tratar de desentrañar la historia que había dentro de una fotografía, cómo la imagen en sí misma planteaba la historia. Esto indudablemente requiere una aproximación interdisciplinaria, que yo no tengo, me empecé a apoyar en historiadores de la fotografía y empecé a investigar más en la historia de los modos de ver.      

A mí se me volvió importantísimo, primordial, utilizar las fuentes gráficas. Los académicos del Colef buscaron que alguien del Colegio de México (Colmex) avalara esos programas. Hicimos una sesión con investigadores del Colmex, entre los cuales estaba Lorenzo Meyer, y les gustó mucho, pasó muy bien. También había otros historiadores del Colef, a quienes les gustó el trabajo, como el doctor David Piñeira, quien nos asesoró bastante.      

Había en esa época un conflicto entre Piñeira y otro historiador cuyo nombre no recuerdo ahora, que era como el cronista de Tijuana. El otro señor estaba muy celoso de lo que hacía Piñeira, al grado de que fue a incendiar el Centro de Estudios de Historia de Baja California.

¿Metafóricamente…?      

No, física y literalmente. Fue con unos galones de gasolina, porque no quería que hubiera otro centro de investigación. Estábamos en la reconstrucción de unas escenas de lo que había sido el Casino Agua Caliente, conseguimos prestada una mesa de ruleta, que había sido del casino, y llegó este historiador. Habíamos vestido a los personajes de acuerdo a la época, había algunos gánsters, flappers, esas mujeres, así como yo lo entendí, ninguno de ellos era una persona absolutamente decente. Este señor llegó a interrumpir la filmación, a decir que nosotros estábamos regodeándonos en la leyenda negra de Tijuana. Nuestra intención era borrar esa leyenda negra. 

Qué interesante que un trabajo de historia cause eso, como dice José Luis Cuevas, si no hablan de ti, preocúpate.      

Bueno, para resumir mi experiencia con el Colef, me encargaron producir una serie de radio, la intención era hacer llegar a un público amplio los resultados de investigación. El programa piloto fue un programa de 15 minutos sobre el programa de braceros de 1943, creo que fue el último, cuando los trabajadores migratorios se iban con un contrato a trabajar, en ese tiempo en la construcción de vías de ferrocarril. Llamé a un colega, Elvira García, que tenía mucha experiencia en radio, y ella dijo: ‘¿Por qué no adaptamos esa investigación a una forma más dramática?’ Inventamos un personaje que era una periodista, que se ponía a investigar y encontraba tales y tales cosas. ¿Cuál fue la reacción del Colef? Dijeron: ‘No puedes comparar a un investigador académico con un periodista; nada qué ver; el periodista es superficial, el trabajo lo hace a la carrera, en cambio esta investigación se ha venido desarrollando por años y años y años.’ Yo contesté que esta es la única manera de divulgar la investigación de las ciencias sociales. Defendí la manera como se había hecho el programa, a los colaboradores que había tenido, pero el caso es que terminó mi trabajo en el Colef.      Más adelante, Oliver Debroise me llamó cuando se estaban celebrando los 150 años de la fotografía en México, y me dijo: ‘Conaculta va a hacer un programa acerca de esa celebración, ¿por qué no presentas tú el proyecto?’ Ese fue mi siguiente trabajo en relación con la Historia; hicimos, en 1989, cinco programas sobre la historia de la fotografía en México.      

Dedicamos un capítulo al siglo XIX, a los grandes estudios de fotografía, cuando fu su apogeo, los orígenes; otro capítulo también sobre el siglo XIX, pero este dedicado a los fotógrafos viajeros, sobre todo a los europeos que estuvieron en México, se llamaban a sí mismos arqueólogos, había un espíritu científico, y aunque tenían preparación algunos, no se puede negar que eran fotógrafos aventureros, son los pioneros de lo que ahora se llama antropología visual.      

El tercer capítulo fue dedicado a la fotografía de periodismo en México. El cuarto a la fotografía de autor y el quinto un poco resumía lo que sucedía en los otros cuatro capítulos.     



La experiencia de Tijuana nos sirvió para estos programas; en ocasiones reconstruimos sucesos de la historia, utilizando actores, escenografía, utilería, etcétera. Eso es bien riesgoso, yo lo sé, en Historia, porque es una interpretación actual de algún acontecimiento histórico, pero para la fotografía en México decidimos hacerlo así. Ideamos un personaje que surgió de un dato que encontramos en un periódico, de una fotógrafa del siglo XIX, que tenía a su cargo uno de estos estudios, que trabajaba con sus hijas, me llamó la atención que hubiese sido una mujer, en 1880. Dijimos: ‘¿por qué este primer capítulo no lo narra esta fotógrafa?’ Todo lo que ella decía tenía un fundamento en una investigación exhaustiva que había hecho un investigador, pero esa investigación la pusimos en boca de una fotógrafa, pensando en cómo dar a conocer esos datos, que de otra manera hubiera sido muy aburrido escuchar, o muy monótono, le añadimos un poco de intención dramática al contar la historia, reconstruimos un estudio que encontramos abandonado en el Museo de Geología, lo reconstruimos con apego a planos de la época, pusimos diferentes escenas, cómo se fotografiaba la gente, usando este arnés que usaban para fijar la posición, porque los tiempos de exposición eran muy largos, y al mismo tiempo se iban intercalando documentos históricos, empezando por daguerrotipos, ambrotipos, etcétera, íbamos mostrando el desarrollo de la técnica de la fotografía. En los demás capítulos también hubo creación artística.  


Creo que de los trabajos que he hecho es el que más se ha difundido a través de la televisión. Luego me que quedé un poco obsesionado con la fotografía como documento, yo pensaba que lo que aportaba la fotografía no lo había desarrollado en esos trabajos anteriores. Mi papá me sugirió: ‘Oye, ¿has oído de una colonia que existió en Topolobampo, de norteamericanos?, porque con eso puedes hacer una película de cowboys socialistas, eso nadie lo ha hecho.’ Entonces me puse a investigar en un libro de Gastón García Cantú, El socialismo en México, y me fascinó la historia de la búsqueda de Utopía, y empecé a investigar con un profesor de antropología aquí en México, que me dijo que había una colección muy grande de fotografías en Fresno, California.      

Escribí y me dijeron: ‘sí, aquí está todo a su disposición, estamos muy contentos que un mexicano se interese en esto’, y me puse a conseguir fondos. El financiamiento vino por el Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos, fue mi primera producción propia, y este proyecto se llama Ferrocarril a Utopía. Fui a Fresno, me recibieron muy bien, y pusieron toda la colección de documentos, no sólo las fotografías, sino diarios de los colonos, manuscritos, periódicos, libros y lo que más me llamó la atención, los documentos gráficos, hasta ahora la fotografía no me interesaba en el cine.      

Pusieron a mi disposición los negativos en vidrio, y me dijeron, ‘ahí están, póngase a trabajar’, y me metí al laboratorio. Para ese proyecto utilicé alrededor de 800 fotografías.      

Ahí hay un tratamiento muy especial a la fotografía; para que encaje en el lenguaje audiovisual, hace falta añadirle una dimensión, que es el tiempo, empecé a modificar las fotografías, empecé a animarlas, fue un trabajo…una locura. Lo interesante fue que esas fotografías tomadas entre 1886 y 1896, les hice esta impresión y luego las digitalicé y las procesé, inventé algo que se llama “fotografías parlantes”, las hice hablar para que también me dieran testimonio oral, no sólo testimonio gráfico.

¿En qué investigación histórica te apoyaste?      

En varias, primero en Gastón García Cantú, luego un investigador de Sinaloa, otro de Estados Unidos, Ray Reynolds, era muy interesante, porque los historiadores mexicanos lo veían como una utopía y los norteamericanos como un gran fraude.      

Entonces, dije, ¿qué voy a hacer? ¡Hay tantas posiciones de los historiadores! ¿Cómo meto las posiciones? No, no voy a meter ninguna posición, me voy a ir a lo que se llaman fuentes primarias; a lo que decían los protagonistas. Encontré que entre los colonos, algunos decían que era una maravilla, otros decían, ¡Qué horror!, cómo nos tomaron el pelo.

Esa posición tuya es la de un historiador, no es la interpretación de García Cantú, o la de los estadunidenses, es la tuya.      

Encontré un diario de una muchacha que vivió en la colonia, Clarisa Niland, su diario fue publicado por entregas, en un periódico en Topolobampo, años después. Cuando y lo leí, dije, “qué belleza de narración”. Finalmente la narración de la historia de Pacific City la hace Clarisa, que resulta que fue hermana del fotógrafo, encajaba todo perfecto. Ella fue la que se encargó de conservar todos los documentos.      

La familia de Clarisa eran todos unos utopistas; eran gente que estaba defraudada con lo que había ocurrido en Estados Unidos, cómo el capital financiero había tomado el control y la gente ya no tenía ninguna importancia. Trataban de encontrar en Sinaloa la tierra prometida. Eran bien intelectuales, Clarisa dice: ‘En nuestra colonia había más violines y guitarras que azadones y herramientas para trabajar el campo.’      

Roberto Owen se proponía construir en Topolobampo el puerto más importante del Pacífico en América, y construir el ferrocarril Chihuahua-Pacífico. El proyecto fracasó porque tenía un problema de raíz, el financiamiento lo buscaron con grandes capitalistas del ferrocarril, y éstos dijeron, “todo está muy bien, pero cómo me pides dinero para hacer unas colonia socialista…”, es lo mismo que nos pasa a muchos ahora…”      

El financiamiento que tenía para hacer la investigación, lo agoté, pero en ese momento a partir de mi trabajo profesional había reunido cierto equipo y con esa infraestructura hice la postproducción. Sería un documental que dura 31 minutos.      

Yo quería a fuerza hacer algo no convencional; desde el principio empecé a utilizar todos los recursos narrativos. Desde Tijuana, empecé a hacer puesta en escena, empecé a utilizar a un narrador a cuadro, que pasaba por diferentes épocas, eso era un poco experimental.

Este trabajo, Ferrocarril a Utopía, de Gregorio Rocha, tuvo recientemente un premio en la Asociación de Estudios Latinoamericanos de Estados Unidos. Es un reconocimiento de los académicos estadunidenses.      

Poco después estuve en la Biblioteca Benjamín Franklin y me encuentro un libro con dibujos hechos por soldados estadunidenses cuando la guerra de 1846-48; era nuevamente encontrar las fuentes primarias, esta vez en dibujos, también encontré los escritos de los soldados, y decidí hacer un trabajo sobre este tema. Me puse a investigar y me di cuenta de que se iban a cumplir 150 años de la guerra de anexión y me empecé a meter más en este asunto de la historia de las miradas.      

Me di cuenta de que podía ampliar este proyecto a hacer una historia de las imágenes, no de las relaciones entre los dos países, sino una historia de las imágenes que han surgido en las guerras entre los dos países. Un poco lo que hice fue ya no utilizar a la imagen como un añadido para ilustrar el texto, sino tratar de encontrarle la importancia que tiene esa imagen como documento, por eso opté por contar la historia de las imágenes, más que la historia de los sucesos. En esta serie me propuse darle todo el peso que yo sentía que debían tener las imágenes como documentos, no sólo las imágenes fijas, sino que ya incluí al cine desde sus primeros tiempos, luego cómo entra la televisión y el video independiente.      



A diferencia de lo que se hace en los documentales de historia, que se basan en una narración oral y las imágenes van tratando de ilustrar, aquí lo hice al revés; aquí las imágenes son el guión y el sonido trata de justificar esas imágenes: quién las hizo, cómo las hizo, para qué sirvieron, cómo fue utilizada esa fotografía. Así salió ese otro proyecto: Guerras e imágenes, una historia de las miradas entre México y Estados Unidos.      

Éste resultó un trabajo de investigación muy exhaustivo. Éramos varios, cuando empecé a conocer la noción de investigador iconográfico.      

En mi siguiente trabajo, me propuse apropiarme de la historia, apropiarme de la memoria, esto no quiere decir llevársela; no es robarla, sino es volver algo propio. Hice una onda que se llama De placazos, vírgenes y tatuajes; me salgo a buscar Aztlán, que es lugar de origen, supuestamente, de los mexicas.      

Es una especie de diario de viaje, en el que una periodista que escribió una reseña, lo resume bastante bien: ‘Gregorio Rocha salió a buscar Aztlán y se encontró a sí mismo’, entonces se convierte en un viaje interior. Eso es un trabajo bien diferente, aquí no utilizo tantos documentos, en todo caso un mito, y lo trato de volver mío.      

He aprendido que la investigación iconográfica es una especialidad en la Historia a la que no se le ha dado mucho peso, creo que ni se enseña en la escuela, no se le da valor, aunque yo no tengo formación como historiador.  

Mira, ya a estas alturas con todo lo que has investigado, no puedes decir que no eres historiador.     

Me considero más investigador.  

Bueno, la labor de un historiador es investigar, interpretar y presentar a los demás, esa es la labor…      

Bueno, entonces empecé a investigar a Pancho Villa y el cine. No le quiero llamar obsesión, pero no hay de otra.      

Desde el principio me pareció muy poco ortodoxo, muy poco serio el hecho de que Pancho Villa hubiera firmado para hacer una película. ¿Cuándo había ocurrido que un héroe…? Yo no lo había visto en ningún otro lado. Solamente podía ocurrir entre Pancho Villa y los gringos. Este nuevo proyecto se origina de diferentes lugares: uno es que ya antes había intentado hacer una interpretación de imágenes de la Revolución Mexicana, diferente, y mostrar cómo más que reconstruir la historia de la Revolución Mexicana, sirven para interpretar la época en que fueron hechas; por decir algo, Memorias de un mexicano, nos habla más del espíritu triunfalista de la época de Miguel Alemán que de la revolución misma. ¿Por qué no puedo interpretar la Revolución Mexicana yo solito? Sin decir este documento de la Revolución Mexicana, y todos los demás ya no sirven, como siempre ocurre con las versiones oficiales.      

Estoy tratando de llegar a una subjetividad aún mayor, pero haciéndome fuerte con toda la experiencia que tengo hasta ahora. Antes, yo no había querido basarme en interpretaciones, sino había tratado de irme a las fuentes primarias. En este caso me dije, “ahora sí, vamos a hablar con historiadores: a ver, Kevin Brownlow, en Londres, platíqueme, cuénteme…      

Empecé a trabajar con historiadores ya no sólo de México, porque ya quiero romper de esa visión tan cerrada de nosotros mismos.

Don Luis González y González dice que los historiadores mexicanos no nos sentimos a gusto en corrales ajenos.      

Sí. No sé si tenga una visión posmoderna, hay algunos teóricos que creen que es una actitud posmoderna el acudir a lo arcaico, porqué en el año 2001 me voy a estudiar el cine de los primeros tiempos utilizando el video digital.      

Lo que yo quiero lograr esta vez con Pancho Villa y el cine es nunca salirme del pasado, pero siempre estar en el presente. Romper ese tiempo narrativo, que es muy característico del documental, donde se va al pasado y no te enteras qué tiene qué ver con la actualidad, siempre se presentan al espectador los hechos como algo aislado que no tienen repercusión, que están aislados en el tiempo. Esta vez trato de ver qué relación tienen esos hechos, no tanto de ver qué relación tienen esos hechos, no tanto con lo que ocurre en México, sino con lo que ocurre conmigo. Ahí sí me entiendes, por qué esta intención de apropiarme del pasado, de reflejarme en él. Quizá, más que como historiador, lo trato de ver como artista.

Bueno, la Historia se empareja con el arte.      

Esta vez sí recurro a los actores, salen a cuadro.  

Como el arte sí tiene sus técnicas, pero no hay creación artística si te limitas a o que tú crees que es la reproducción de la realidad.      

Claro, y esta vez soy más consciente de que lo estoy interpretando, antes trataba de no interpretar, me daba miedo manipular.

Pero, ¿qué es lo que has encontrado en esta investigación de lo de Pancho Villa? ¿El material que se filmó…?      

Aurelio de los Reyes y Margarita de Orellana son los que han escrito en México de esto. Ella se doctoró con una investigación que se llama La mirada circular. Por cierto ahí hay una discusión entre quién escribió sobre este texto, si Aurelio o Margarita, en realidad fue Kevin Brownlow, y Aurelio dice que su investigación es contemporánea a la de Brownlow. Yo creo que no es el caso.      

El proyecto se llama Los rollos perdidos de Pancho Villa. Pensé, si en un momento dado no los encuentro, voy a hablar de lo que está perdido, de lo que ya no existe; si un arqueólogo puede reconstruir, o un paleontólogo puede saber cómo era un dinosaurio, a partir de un fémur, creo que se puede reconstruir la película de Villa a partir de los fragmentos que sí existen.

¿Y dónde están?  

Están unos en Estados Unidos y otros en Londres, pero parece que los que están en Londres vienen de Estados Unidos. La investigación no ha terminado, falta la etapa de Estados Unidos. Es un proyecto sobre todo de investigación, no es tanto la producción de una película, sino de un documental sobre la búsqueda de una película desaperecida.      

Esta vez lo estoy contando en primera persona, el narrador soy yo; aunque no quiero que pierda su valor documental, aún cuando eche mano de todos los recursos del arte del cine.



Ver en Youtube e 4 partes. Parte 01. Parte 02. Parte 03. Parte 04.


Me gustan los estudiantes

Título original: Me gustan los estudiantes  
Dirección: Mario Handler 
Guion: Mario Handler 
Fotografía: Mario Handler 
Sonido: Coriún Aharonian 
Música: Daniel Viglietti, Violeta Parra 
Montaje: Mario Handler
Soporte original: 16 mm, monocromática, sonora   
País de producción: Uruguay
Año: 1968
Duración: 06 min.














 "Estudiantes uruguayos protestan durante el encuentro de Jefes de Estado en Punta del Este. El filme está estructurado como un contrapunto entre los presidentes, los estudiantes y un grupo de agentes policiales que reprimen violentamente la manifestación."



"Con la banda sonora del tema musical de Violeta Parra "Me gustan los estudiantes", interpretada por Daniel Viglietti, el enfrentamiento con la policía y los estudiantes se intercalaba con las imágenes de los jefes de Estado, entre ellos, varios dictadores, reunidos en el lujoso balneario uruguayo. Como afirma el mismo Handler, la escasez de recursos con que fue hecha Me gustan los estudiantes la había convertido en una experiencia que en continuidad con sus realizaciones anteriores como Carlos y Elecciones, proclamaba el abandono "no solo de los recurso del lenguaje sino los recursos técnicos que nos han sido dictados por las metrópolis" ("Pobreza y Agitación" 74). Pero a diferencia de las primeras obras de Handler, la recepción de Me gustan los estudiantes desencadenó una acción directa del público, generando manifestaciones espontáneas luego de sus proyecciones (Jacob, 417). Como respuesta a un momento histórico donde la lucha estudiantil era fundamental, el entusiasmo de los espectadores dejaba en evidencia la dimensión militante del filme" *1

http://agu.udelar.edu.uy/


La digitalización de esta película fue realizada por el Laboratorio de Preservación Audiovisual del Archivo General de la Universidad (LAPA-AGU) en un escaner cuadro a cuadro con calidad 4k y procesado a 2k.  La digitalización se realizó en el marco del proyecto "El cine y la lucha contra la impunidad", organizado por AGU, FIC, UdelaR y Memorias Magnéticas, patrocinado por la unidad de extensión de la Udelar y Fundación Friedrich Ebert y apoyado por GESTA y MIPA.


Fuentes de información: Archivo General de la Universidad de la República, FilmAfinitty, IMDB, RebeldeMule, CineData, RetinaLatina*1 Efectos de imagen: ¿Qué fue y qué es el cine militante? Escrito por Elixabete Ansa-Goicoechea, Óscar Ariel Cabezas.







Aprovechamos para comentar que el Archivo General de la Universidad de la República de Uruguay está subiendo varios documentales que han digitalizado recientemente y los están compartido en su canal de Youtube, así que os animamos a visitarlo y a seguir sus novedades, porque están actualizando constantemente.


https://www.youtube.com/channel/UC1YYmgjV26VGx_V0sQ4Sh7g


Informe General

Título original: Informe general sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública  
Dirección: Pere Portabella     
Guión: Pere Portabella, Carles Santos, Octavi Pellissa     
Participación: Nazario Aguado, Montserrat Caballé, Amancio Cabrero, Marcelino Camacho, Anselmo Carretero, Santiago Carrillo, Anton Cañellas, Eugenio del Río, Felipe González, Francesc Lucchetti, Gregorio López Raimundo     
Música: Carles Santos     
Fotografía: Manel Esteban     
Productora: Films 59     
Distribuidora: Films 59
Año: 1977   
Duración: 155 min.  








"Una misma pregunta para cada uno de los líderes de las fuerzas políticas que surgen en el país después de la muerte de Franco: ¿Cómo se pasa de una Dictadura a una Democracia? La película constituye la síntesis de las filmaciones clandestinas abiertamente políticas de Portabella y su entorno. Coherente eslabón en una filmografía dirigida a explorar los límites de la representación fílmica, la película trata de la futura representación política en la transición española, con una clara vocación democrática contradicha por su virtual invisibilidad durante treinta años."


"Informe general sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública (1976), en el que el cineasta describe, en el mismo gesto, la emergencia pública de la voluntad democrática en España y la pervivencia, en forma de auténtico agujero negro, del antiguo régimen, pero también su futuro monárquico. Estructurado entre un viaje inicial de la cámara a la tumba del dictador en Cuelgamuros y un concierto de Montserrat Caballé en el Palau de la Música de Barcelona (que clausura el film prolongando, conviene recordarlo, la ardiente defensa de la monarquía que lleva a cabo Antonio de Senillosa) la película combina imágenes de las movilizaciones populares de los años 75 y 76, da la palabra a las organizaciones sindicales hasta entonces clandestinas, a los partidos políticos en pleno proceso de salida a la luz pública, reconstruye el imaginario del exilio, ficcionaliza alguno de los avatares más siniestros del franquismo (las detenciones, la tortura), revive de la mano de algunos de sus protagonistas momentos dramáticos de la reciente historia de España (el fusilamiento del militante de ETA, Juan Paredes Manot “Txiki”). Todo ello escapando a cualquier “atisbo emocional”, desligándose de la “dictadura del efecto realidad” que suele contaminar los documentales al uso, mediante la utilización de una estructura retórica puntuada por la remisión a los lugares emblemáticos de la ruina, real e imaginaria, del franquismo: ese viaje ya citado al Valle de los Caídos; la visita al palacio del Pardo, cuyas habitaciones recorremos de la mano de un cicerone que nos muestra las dependencias privadas, ahora vacías, en las que se vivió el día a día de la dictadura; un fragmento de Raza, film estandarte de una cierta concepción del mundo y de las cosas; el Parlamento de Cataluña, ahora abandonado; las ruinas de Belchite, “cuya desolación vuelve a ser cuna de lo siniestro (el pasado histórico perdido)”. *2


Informe General, 1976


"No creo que mi trabajo, visto con cierta perspectiva, haya sido una práctica coyuntural, más bien pienso que ha sido una manera de plantearse el trabajo cinematográfico desde una óptica ideológica, y no únicamente desde la vertiente de un compromiso político, sino intentando trabajar de forma prioritaria los propios medios en un intento de crítica del lenguaje. En un principio este planteamiento me pareció válido, pero en estos momentos, teniendo en cuenta todo aquello que ya está hecho, así como los diferentes condicionamientos políticos y culturales, el trabajo producirá unos resultados diferentes.  

DOS CAMINOS 

Creo que existen dos posibles alternativas que modificarían mis planteamientos anteriores. 

 En primer lugar, creo que mientras los canales de difusión del cine siguen siendo los tradicionales, resulta absolutamente necesario plantearse el acceso a los medios normales de exhibición. Esto significa: resulta del todo necesario que el cine se haga para los cines. No se puede perder de vista este hecho y hay que tenerlo presente desde el mismo instante del inicio de la gestación de un filme. Esta voluntad de establecer un programa de normalización, que modificaría la construcción aparente de los trabajos aunque no su fondo, se encuentra asimismo con una serie de graves problemas: por un lado, el control por parte de las multinacionales de la distribución y de las salas de exhibición; y por otro, las características del propio cine en tanto que soporte ya que presenta algunos problemas absolutamente anacrónicos: la química y la submanipulación artesanal. 



Sin embargo aun hay algo más importante: la relación con el espectador; el vídeo, que ha tenido una entrada imparable en el mundo del cine, inicia lo que podríamos denominar como la privatización del cine. El espectador ya no tendría que moverse para acceder a un filme. Las propuestas podrían ser leídas en la intimidad; un filme ya no tendría que estrenarse necesariamente, cualquiera podría filmar un trabajo del que se podrían vender un numero indeterminado de copias. Es como pasar del mundo de los incunables al mundo de las ediciones ilimitadas de los libros. El espectador podría proyectar los filmes de forma privada. Este es un acontecimiento esencial. Podría hacer uso del aparato de televisión con mucha más capacidad de iniciativa que ahora. Si consideramos detenidamente el mundo del cine en estos momentos, inmediatamente podemos advertir dos direcciones: por un lado el cine colosalista, que me parece un retorno a la barraca de feria, sin ignorar toda una serie de connotaciones culturales que no deben ser olvidadas, y por otro lado aquel cine que con un alto grado de clarividencia hace propuestas para ser proyectadas fuera de los canales tradicionales (los cines). En este laberinto existen además otros factores; las multinacionales están interesadas a largo plazo en el proyecto video lo que no nos deja prácticamente otra opción. Todo ello contribuye irreversible-mente a que el planteamiento del trabajo no pueda ser ahora el mismo que hace unos años, no podemos pensar en Ford, Welles o Sirk como modelos, en todo caso únicamente como referentes y memoria.  



UN PROBLEMA 

En el momento de plantearse la posibilidad del tránsito (de la proyección pública al consumo privado y doméstico, del tiempo de la proyección fija o la interrupción y repetición) inmediatamente hace acto de presencia un problema: el de la especificidad de los medios diferentes, el cine y el vídeo, de los que los medios de comunicación, principalmente la TV, hacen continuamente un uso indiscriminado, produciendo gran confusión. En este traspaso de técnicas siempre existe el que proclama que al tratarse de un nuevo medio de trabajo será absolutamente novedoso, como una especie de «borrón y cuenta nueva». No creo que eso sea exactamente así. Lo real es la existencia de unas posibilidades diferenciadas, objetivamente hablando, cuya utilización permite, siempre en el interior del mismo hilo discursivo, operar de una manera diferente. El resultado puede variar, pero el discurso sobre el lenguaje, la matriz ideológica, la concepción y la especificidad de la que se parte y se transciende, es la misma. Sin embargo, creo que no se puede elaborar un programa, una actitud, sin partir de una determina-da especificidad; sin convertirla en una ortodoxia, en una ortopedia; precisamente los mejores trabajos que se están produciendo en estos momentos en el campo del cine son los de aquellos autores que han roto esta limitación que el propio cine se había impuesto, por ejemplo, la película de Peter Handke Die Linkshändige Frau [La mujer zurda, 1977] es un filme de un escritor, no el de un cineasta, y en cambio es una buena propuesta. La especificidad del medio no se debe olvidar: el escultor que trabaja la madera ha de conocer las características y el comportamiento de la madera que trabaja, sensible incluso al azar. Ahora bien, todo tiene un límite; la especificidad del cine, como la del vídeo, va más allá de lo que hasta ahora se nos ha dado a entender. Pienso que el conocimiento profundo de lo más especifico de un lenguaje es el único sistema que permite un auténtico trabajo. Que permite su violación. Un poeta debe tener un conocimiento profundo de la lengua… En el cine las mejores películas son aquellas en las que se lleva a cabo una violencia hacia el mismo cine; Dreyer violenta el cine, así como Artaud violenta la escritura. Esto plantea una última pregunta: ¿Qué significa dominar lo específico de un lenguaje, qué quiere decir conocer un medio? Para mí conocer un lenguaje significa pensar y visualizar imaginativamente a partir del medio, recortar al máximo la distancia que hay entre los proyectos y el estadio de las ideas y el camino que se utiliza para su realización. El resultado de esta dialéctica ha de ser que el objeto creado se acerque al máximo posible a los proyectos iniciales, aunque sometidos a todos los «traumas» y alteraciones del propio proceso de creación hasta su materialización final. Para que esto ocurra es indudable que existe una parte objetiva que es necesario conocer y dominar." *3


Fuentes de información: Pere Portabella, Numax, Filmoteca de Catalunya, *2 Intermedio ,  *3 MACBA