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Los rollos perdidos de Pancho Villa

Título original: Los rollos perdidos de Pancho Villa Dirección: Gregorio Rocha Valverde
Guión: Gregorio Rocha Valverde
Fotografía: Gregorio Rocha Valverde
Edición: Craig Anderd, Bernice Ma.
Música: Laudes Cinemudo, Horacio Uribe.
Dirección de Arte: Gregorio Rocha Valverde
Producción: Héctor Mendoza 
Compañía Productora: Archivia Films, Banff Center For The Arts, Universidad Autónoma de Guadalajara
País de producción: México
Año: 2003
Duracion: 47 min.













"En el documental, Gregorio Rocha describe su investigación sobre la película desaparecida, “The Life of General Villa”. A raíz de un contrato firmado en 1914, entre la empresa norteamericana Mutual Film Corporation y Francisco Villa, en el cual se estableció un acuerdo para que un equipo de filmación lo siguiera por el territorio mexicano. Así, mediante el cine, comienza la construcción de un mito, Pancho Villa, primero satazinado y luego convertido en un héroe. La historia en torno al controvertido revolucionario, complementada con este filme, nos sugiere una pregunta: Villa, al reconocer el poder del cine, ¿es el constructor de su propio mito?" 


Gregorio Rocha, cineasta, busca los rollos perdidos de Pancho Villa


Esta entrevista fue publicada en la revista Nuestra Historia, La Gaceta CEHIPO, No. 41 de octubre de 2000 por Clara Guadalupe García, pp. 9-16. 




Gregorio Rocha estudió cine en el CUEC, en la UNAM, y pronto se empezó a volcar hacia el video, porque encontró que era una herramienta mucha más accesible. A partir de 1986, cuando realizó una serie de programas para televisión acerca de la historia de Tijuana, incursionó en la investigación histórica y en la elaboración de materiales para su difusión, con una creatividad personal y las técnicas que le permite su profesión. Actualmente prepara una película que ha titulado Los rollos perdidos de Pancho Villa, basada en la investigación acerca del contrato formado por El Centauro del Norte para filmar sus acciones militares. Gregorio Rocha conversó con Nuestra Historia acerca de este proyecto y de su trayectoria como cineasta-historiador.

La primera ocasión que utilicé al video como un vehículo para difundir la Historia fue en 1986, estando a cargo del área de medios audiovisuales del Colegio de la Frontera Norte, (Colef) con el doctor Jorge Bustamante; había trabajado con Oliver Debrois, un historiador del arte que ha investigado acerca de Diego Rivera y otros temas. Él tenía la idea de hacer unos programas acerca de la historia de Tijuana. Propuse este proyecto al Colef, en capítulos y lo avalaron, aunque había dudas, porque esta historia de Tijuana no había sido producida por el mismo Colegio. Resultaron dos programas, el tercero ya no se hizo.      

Los videos eran experimentales, en el sentido de que tratamos de que el narrador, que siempre en los documentales sobre Historia o sobre cualquier otro tema es infalible, saliera de lo tradicional. A la voz del narrador que está en off (sólo se escucha su voz), en términos de cine se le conoce como ‘la voz de Dios’; no se puede equivocar. Nosotros deliberadamente hicimos que se equivocara. El narrador era Federico Campbell, un tijuanense, muy simpático en su papel. Entonces, por ejemplo, en 1925, en el apogeo de la ley seca de Estados Unidos, el narrador, que sí aparece a cuadro, afirma que había 520 cantinas en Tijuana; uno de los meseros, un personaje de la época, se voltea y le dice: “no, había 580…”  


También había referencias a varias fuentes, otros datos que surgían posteriormente, que contradecían lo que decía el narrador; yo creo que eso fue lo que no les gustó a los del Colef, que no era una visión académica de la Historia.

Eso tiene profundidad respecto a las interpretaciones modernas de la historia, se plantea que hay interpretaciones diversas, que la historia no es una; si retomas un tema escrito por un historiador de hace cincuenta años, seguramente se encuentran cosas diferentes.      

Claro, no sé si eso que tú dices se refiera a las nuevas corrientes de la historia, asumí mi subjetividad, no voy a intentar ser objetivo.

Es que no puedes; tu formación, tu historia, es parte de los instrumentos que vas a utilizar.      

Aha. Ese primer documental se llama Tijuana entre dos mundos. Entonces ahí aprendí a valorar la importancia de los documentos gráficos. Sobre todo en ese caso utilicé tarjetas postales; investigué cómo había sido representada Tijuana en tarjetas postales en diferentes épocas y empecé a tratar de desentrañar la historia que había dentro de una fotografía, cómo la imagen en sí misma planteaba la historia. Esto indudablemente requiere una aproximación interdisciplinaria, que yo no tengo, me empecé a apoyar en historiadores de la fotografía y empecé a investigar más en la historia de los modos de ver.      

A mí se me volvió importantísimo, primordial, utilizar las fuentes gráficas. Los académicos del Colef buscaron que alguien del Colegio de México (Colmex) avalara esos programas. Hicimos una sesión con investigadores del Colmex, entre los cuales estaba Lorenzo Meyer, y les gustó mucho, pasó muy bien. También había otros historiadores del Colef, a quienes les gustó el trabajo, como el doctor David Piñeira, quien nos asesoró bastante.      

Había en esa época un conflicto entre Piñeira y otro historiador cuyo nombre no recuerdo ahora, que era como el cronista de Tijuana. El otro señor estaba muy celoso de lo que hacía Piñeira, al grado de que fue a incendiar el Centro de Estudios de Historia de Baja California.

¿Metafóricamente…?      

No, física y literalmente. Fue con unos galones de gasolina, porque no quería que hubiera otro centro de investigación. Estábamos en la reconstrucción de unas escenas de lo que había sido el Casino Agua Caliente, conseguimos prestada una mesa de ruleta, que había sido del casino, y llegó este historiador. Habíamos vestido a los personajes de acuerdo a la época, había algunos gánsters, flappers, esas mujeres, así como yo lo entendí, ninguno de ellos era una persona absolutamente decente. Este señor llegó a interrumpir la filmación, a decir que nosotros estábamos regodeándonos en la leyenda negra de Tijuana. Nuestra intención era borrar esa leyenda negra. 

Qué interesante que un trabajo de historia cause eso, como dice José Luis Cuevas, si no hablan de ti, preocúpate.      

Bueno, para resumir mi experiencia con el Colef, me encargaron producir una serie de radio, la intención era hacer llegar a un público amplio los resultados de investigación. El programa piloto fue un programa de 15 minutos sobre el programa de braceros de 1943, creo que fue el último, cuando los trabajadores migratorios se iban con un contrato a trabajar, en ese tiempo en la construcción de vías de ferrocarril. Llamé a un colega, Elvira García, que tenía mucha experiencia en radio, y ella dijo: ‘¿Por qué no adaptamos esa investigación a una forma más dramática?’ Inventamos un personaje que era una periodista, que se ponía a investigar y encontraba tales y tales cosas. ¿Cuál fue la reacción del Colef? Dijeron: ‘No puedes comparar a un investigador académico con un periodista; nada qué ver; el periodista es superficial, el trabajo lo hace a la carrera, en cambio esta investigación se ha venido desarrollando por años y años y años.’ Yo contesté que esta es la única manera de divulgar la investigación de las ciencias sociales. Defendí la manera como se había hecho el programa, a los colaboradores que había tenido, pero el caso es que terminó mi trabajo en el Colef.      Más adelante, Oliver Debroise me llamó cuando se estaban celebrando los 150 años de la fotografía en México, y me dijo: ‘Conaculta va a hacer un programa acerca de esa celebración, ¿por qué no presentas tú el proyecto?’ Ese fue mi siguiente trabajo en relación con la Historia; hicimos, en 1989, cinco programas sobre la historia de la fotografía en México.      

Dedicamos un capítulo al siglo XIX, a los grandes estudios de fotografía, cuando fu su apogeo, los orígenes; otro capítulo también sobre el siglo XIX, pero este dedicado a los fotógrafos viajeros, sobre todo a los europeos que estuvieron en México, se llamaban a sí mismos arqueólogos, había un espíritu científico, y aunque tenían preparación algunos, no se puede negar que eran fotógrafos aventureros, son los pioneros de lo que ahora se llama antropología visual.      

El tercer capítulo fue dedicado a la fotografía de periodismo en México. El cuarto a la fotografía de autor y el quinto un poco resumía lo que sucedía en los otros cuatro capítulos.     



La experiencia de Tijuana nos sirvió para estos programas; en ocasiones reconstruimos sucesos de la historia, utilizando actores, escenografía, utilería, etcétera. Eso es bien riesgoso, yo lo sé, en Historia, porque es una interpretación actual de algún acontecimiento histórico, pero para la fotografía en México decidimos hacerlo así. Ideamos un personaje que surgió de un dato que encontramos en un periódico, de una fotógrafa del siglo XIX, que tenía a su cargo uno de estos estudios, que trabajaba con sus hijas, me llamó la atención que hubiese sido una mujer, en 1880. Dijimos: ‘¿por qué este primer capítulo no lo narra esta fotógrafa?’ Todo lo que ella decía tenía un fundamento en una investigación exhaustiva que había hecho un investigador, pero esa investigación la pusimos en boca de una fotógrafa, pensando en cómo dar a conocer esos datos, que de otra manera hubiera sido muy aburrido escuchar, o muy monótono, le añadimos un poco de intención dramática al contar la historia, reconstruimos un estudio que encontramos abandonado en el Museo de Geología, lo reconstruimos con apego a planos de la época, pusimos diferentes escenas, cómo se fotografiaba la gente, usando este arnés que usaban para fijar la posición, porque los tiempos de exposición eran muy largos, y al mismo tiempo se iban intercalando documentos históricos, empezando por daguerrotipos, ambrotipos, etcétera, íbamos mostrando el desarrollo de la técnica de la fotografía. En los demás capítulos también hubo creación artística.  


Creo que de los trabajos que he hecho es el que más se ha difundido a través de la televisión. Luego me que quedé un poco obsesionado con la fotografía como documento, yo pensaba que lo que aportaba la fotografía no lo había desarrollado en esos trabajos anteriores. Mi papá me sugirió: ‘Oye, ¿has oído de una colonia que existió en Topolobampo, de norteamericanos?, porque con eso puedes hacer una película de cowboys socialistas, eso nadie lo ha hecho.’ Entonces me puse a investigar en un libro de Gastón García Cantú, El socialismo en México, y me fascinó la historia de la búsqueda de Utopía, y empecé a investigar con un profesor de antropología aquí en México, que me dijo que había una colección muy grande de fotografías en Fresno, California.      

Escribí y me dijeron: ‘sí, aquí está todo a su disposición, estamos muy contentos que un mexicano se interese en esto’, y me puse a conseguir fondos. El financiamiento vino por el Fideicomiso para la Cultura México-Estados Unidos, fue mi primera producción propia, y este proyecto se llama Ferrocarril a Utopía. Fui a Fresno, me recibieron muy bien, y pusieron toda la colección de documentos, no sólo las fotografías, sino diarios de los colonos, manuscritos, periódicos, libros y lo que más me llamó la atención, los documentos gráficos, hasta ahora la fotografía no me interesaba en el cine.      

Pusieron a mi disposición los negativos en vidrio, y me dijeron, ‘ahí están, póngase a trabajar’, y me metí al laboratorio. Para ese proyecto utilicé alrededor de 800 fotografías.      

Ahí hay un tratamiento muy especial a la fotografía; para que encaje en el lenguaje audiovisual, hace falta añadirle una dimensión, que es el tiempo, empecé a modificar las fotografías, empecé a animarlas, fue un trabajo…una locura. Lo interesante fue que esas fotografías tomadas entre 1886 y 1896, les hice esta impresión y luego las digitalicé y las procesé, inventé algo que se llama “fotografías parlantes”, las hice hablar para que también me dieran testimonio oral, no sólo testimonio gráfico.

¿En qué investigación histórica te apoyaste?      

En varias, primero en Gastón García Cantú, luego un investigador de Sinaloa, otro de Estados Unidos, Ray Reynolds, era muy interesante, porque los historiadores mexicanos lo veían como una utopía y los norteamericanos como un gran fraude.      

Entonces, dije, ¿qué voy a hacer? ¡Hay tantas posiciones de los historiadores! ¿Cómo meto las posiciones? No, no voy a meter ninguna posición, me voy a ir a lo que se llaman fuentes primarias; a lo que decían los protagonistas. Encontré que entre los colonos, algunos decían que era una maravilla, otros decían, ¡Qué horror!, cómo nos tomaron el pelo.

Esa posición tuya es la de un historiador, no es la interpretación de García Cantú, o la de los estadunidenses, es la tuya.      

Encontré un diario de una muchacha que vivió en la colonia, Clarisa Niland, su diario fue publicado por entregas, en un periódico en Topolobampo, años después. Cuando y lo leí, dije, “qué belleza de narración”. Finalmente la narración de la historia de Pacific City la hace Clarisa, que resulta que fue hermana del fotógrafo, encajaba todo perfecto. Ella fue la que se encargó de conservar todos los documentos.      

La familia de Clarisa eran todos unos utopistas; eran gente que estaba defraudada con lo que había ocurrido en Estados Unidos, cómo el capital financiero había tomado el control y la gente ya no tenía ninguna importancia. Trataban de encontrar en Sinaloa la tierra prometida. Eran bien intelectuales, Clarisa dice: ‘En nuestra colonia había más violines y guitarras que azadones y herramientas para trabajar el campo.’      

Roberto Owen se proponía construir en Topolobampo el puerto más importante del Pacífico en América, y construir el ferrocarril Chihuahua-Pacífico. El proyecto fracasó porque tenía un problema de raíz, el financiamiento lo buscaron con grandes capitalistas del ferrocarril, y éstos dijeron, “todo está muy bien, pero cómo me pides dinero para hacer unas colonia socialista…”, es lo mismo que nos pasa a muchos ahora…”      

El financiamiento que tenía para hacer la investigación, lo agoté, pero en ese momento a partir de mi trabajo profesional había reunido cierto equipo y con esa infraestructura hice la postproducción. Sería un documental que dura 31 minutos.      

Yo quería a fuerza hacer algo no convencional; desde el principio empecé a utilizar todos los recursos narrativos. Desde Tijuana, empecé a hacer puesta en escena, empecé a utilizar a un narrador a cuadro, que pasaba por diferentes épocas, eso era un poco experimental.

Este trabajo, Ferrocarril a Utopía, de Gregorio Rocha, tuvo recientemente un premio en la Asociación de Estudios Latinoamericanos de Estados Unidos. Es un reconocimiento de los académicos estadunidenses.      

Poco después estuve en la Biblioteca Benjamín Franklin y me encuentro un libro con dibujos hechos por soldados estadunidenses cuando la guerra de 1846-48; era nuevamente encontrar las fuentes primarias, esta vez en dibujos, también encontré los escritos de los soldados, y decidí hacer un trabajo sobre este tema. Me puse a investigar y me di cuenta de que se iban a cumplir 150 años de la guerra de anexión y me empecé a meter más en este asunto de la historia de las miradas.      

Me di cuenta de que podía ampliar este proyecto a hacer una historia de las imágenes, no de las relaciones entre los dos países, sino una historia de las imágenes que han surgido en las guerras entre los dos países. Un poco lo que hice fue ya no utilizar a la imagen como un añadido para ilustrar el texto, sino tratar de encontrarle la importancia que tiene esa imagen como documento, por eso opté por contar la historia de las imágenes, más que la historia de los sucesos. En esta serie me propuse darle todo el peso que yo sentía que debían tener las imágenes como documentos, no sólo las imágenes fijas, sino que ya incluí al cine desde sus primeros tiempos, luego cómo entra la televisión y el video independiente.      



A diferencia de lo que se hace en los documentales de historia, que se basan en una narración oral y las imágenes van tratando de ilustrar, aquí lo hice al revés; aquí las imágenes son el guión y el sonido trata de justificar esas imágenes: quién las hizo, cómo las hizo, para qué sirvieron, cómo fue utilizada esa fotografía. Así salió ese otro proyecto: Guerras e imágenes, una historia de las miradas entre México y Estados Unidos.      

Éste resultó un trabajo de investigación muy exhaustivo. Éramos varios, cuando empecé a conocer la noción de investigador iconográfico.      

En mi siguiente trabajo, me propuse apropiarme de la historia, apropiarme de la memoria, esto no quiere decir llevársela; no es robarla, sino es volver algo propio. Hice una onda que se llama De placazos, vírgenes y tatuajes; me salgo a buscar Aztlán, que es lugar de origen, supuestamente, de los mexicas.      

Es una especie de diario de viaje, en el que una periodista que escribió una reseña, lo resume bastante bien: ‘Gregorio Rocha salió a buscar Aztlán y se encontró a sí mismo’, entonces se convierte en un viaje interior. Eso es un trabajo bien diferente, aquí no utilizo tantos documentos, en todo caso un mito, y lo trato de volver mío.      

He aprendido que la investigación iconográfica es una especialidad en la Historia a la que no se le ha dado mucho peso, creo que ni se enseña en la escuela, no se le da valor, aunque yo no tengo formación como historiador.  

Mira, ya a estas alturas con todo lo que has investigado, no puedes decir que no eres historiador.     

Me considero más investigador.  

Bueno, la labor de un historiador es investigar, interpretar y presentar a los demás, esa es la labor…      

Bueno, entonces empecé a investigar a Pancho Villa y el cine. No le quiero llamar obsesión, pero no hay de otra.      

Desde el principio me pareció muy poco ortodoxo, muy poco serio el hecho de que Pancho Villa hubiera firmado para hacer una película. ¿Cuándo había ocurrido que un héroe…? Yo no lo había visto en ningún otro lado. Solamente podía ocurrir entre Pancho Villa y los gringos. Este nuevo proyecto se origina de diferentes lugares: uno es que ya antes había intentado hacer una interpretación de imágenes de la Revolución Mexicana, diferente, y mostrar cómo más que reconstruir la historia de la Revolución Mexicana, sirven para interpretar la época en que fueron hechas; por decir algo, Memorias de un mexicano, nos habla más del espíritu triunfalista de la época de Miguel Alemán que de la revolución misma. ¿Por qué no puedo interpretar la Revolución Mexicana yo solito? Sin decir este documento de la Revolución Mexicana, y todos los demás ya no sirven, como siempre ocurre con las versiones oficiales.      

Estoy tratando de llegar a una subjetividad aún mayor, pero haciéndome fuerte con toda la experiencia que tengo hasta ahora. Antes, yo no había querido basarme en interpretaciones, sino había tratado de irme a las fuentes primarias. En este caso me dije, “ahora sí, vamos a hablar con historiadores: a ver, Kevin Brownlow, en Londres, platíqueme, cuénteme…      

Empecé a trabajar con historiadores ya no sólo de México, porque ya quiero romper de esa visión tan cerrada de nosotros mismos.

Don Luis González y González dice que los historiadores mexicanos no nos sentimos a gusto en corrales ajenos.      

Sí. No sé si tenga una visión posmoderna, hay algunos teóricos que creen que es una actitud posmoderna el acudir a lo arcaico, porqué en el año 2001 me voy a estudiar el cine de los primeros tiempos utilizando el video digital.      

Lo que yo quiero lograr esta vez con Pancho Villa y el cine es nunca salirme del pasado, pero siempre estar en el presente. Romper ese tiempo narrativo, que es muy característico del documental, donde se va al pasado y no te enteras qué tiene qué ver con la actualidad, siempre se presentan al espectador los hechos como algo aislado que no tienen repercusión, que están aislados en el tiempo. Esta vez trato de ver qué relación tienen esos hechos, no tanto de ver qué relación tienen esos hechos, no tanto con lo que ocurre en México, sino con lo que ocurre conmigo. Ahí sí me entiendes, por qué esta intención de apropiarme del pasado, de reflejarme en él. Quizá, más que como historiador, lo trato de ver como artista.

Bueno, la Historia se empareja con el arte.      

Esta vez sí recurro a los actores, salen a cuadro.  

Como el arte sí tiene sus técnicas, pero no hay creación artística si te limitas a o que tú crees que es la reproducción de la realidad.      

Claro, y esta vez soy más consciente de que lo estoy interpretando, antes trataba de no interpretar, me daba miedo manipular.

Pero, ¿qué es lo que has encontrado en esta investigación de lo de Pancho Villa? ¿El material que se filmó…?      

Aurelio de los Reyes y Margarita de Orellana son los que han escrito en México de esto. Ella se doctoró con una investigación que se llama La mirada circular. Por cierto ahí hay una discusión entre quién escribió sobre este texto, si Aurelio o Margarita, en realidad fue Kevin Brownlow, y Aurelio dice que su investigación es contemporánea a la de Brownlow. Yo creo que no es el caso.      

El proyecto se llama Los rollos perdidos de Pancho Villa. Pensé, si en un momento dado no los encuentro, voy a hablar de lo que está perdido, de lo que ya no existe; si un arqueólogo puede reconstruir, o un paleontólogo puede saber cómo era un dinosaurio, a partir de un fémur, creo que se puede reconstruir la película de Villa a partir de los fragmentos que sí existen.

¿Y dónde están?  

Están unos en Estados Unidos y otros en Londres, pero parece que los que están en Londres vienen de Estados Unidos. La investigación no ha terminado, falta la etapa de Estados Unidos. Es un proyecto sobre todo de investigación, no es tanto la producción de una película, sino de un documental sobre la búsqueda de una película desaperecida.      

Esta vez lo estoy contando en primera persona, el narrador soy yo; aunque no quiero que pierda su valor documental, aún cuando eche mano de todos los recursos del arte del cine.



Ver en Youtube e 4 partes. Parte 01. Parte 02. Parte 03. Parte 04.


The Weather Underground

Director: Sam Green, Bill Siegel.
País: EEUU
Año: 2003
Duración: 92 min.
Idioma: Inglés con subtítulos en Castellano.
Música: David Cerf, Amy Domingues
Fotografía: Andrew Black, Andy Black, Federico Salsano
Montaje: Sam Green, Dawn Logsdon
Sonido: Steve La Fayette,Andre Philippenko, David Westby













Los propios protagonistas cuentan la historia, explicando el por qué un movimiento estudiantil inicialmente pacífico, que protestaba en contra de la guerra de Vietnam, se convirtió en un grupo terrorista que llevó a cabo numerosos atentados desde finales de los 60 hasta un poco entrados los 70s, en contra de diversas atrocidades de EEUU ocurridas en la época.

El documental presenta muchas imágenes históricas (sobre todo de Vietnam, incluyendo The Saigon Execution y Kim Phuc abrasada por el napalm) y reseñas del contexto mundial (el Mayo Francés, la guerra de Angola y revueltas en otros paises de Africa, la lucha de los negros en EEUU, el Golpe a Allende, entre otros).

The Weather Underground surgió originalmente como "The Weathermen", una division más radical de la SDS (Students for a Democratic Society) los cuales, durante muchos años hicieron protestas pacificas en contra de las politicas de estado del gobierno norteamericano, especialmente la guerra de Vietnam. The Weathermen toman su nombre de la letra de Bob Dylan: "You don't have to be a weatherman to know wich side the wind blows" (no tienes que ser un meteorólogo para saber de que lado sopla el viento), cuyo mensaje es implicito: los vientos del cambio, la revolución.


The Weathermen surgen tras el convencimiento de que las protestas pacíificas ya no estaban sirviendo para nada. La SDS estaba fracturada y con una dirigencia débil, cuando los líderes de The weathermen proclamaron su protesta y se llevaron gran porción de la militancia de izquierda de aquel momento. Las primeras acciones consistieron en movimientos de calle violentos, donde se dejaba claro que la calle les pertenecia a todos y no a los lugares que la policía permitiera. El lema de The Weathermen era "bring the war home", (trae la guerra a casa), lo cual tenía un doble sentido, muy explícito: Hacer público las atrocidades de la guerra de Vietnam y literalmente, crear guerra y caos en las calles hasta que dicha atrocidad terminara.

Ya aquí empezó el dilema. Aun cuando trabajaban paralelamente y codo con codo, una gran fracción de las Panteras Negras negaron su relación con The Weathermen e incluso calificaron de infantil sus acciones violentas. The Weathermen, sin embargo, siguieron con ideales parecidos a las Panteras Negras, con las infinitas ganas de lograr un movimiento blanco radical pacifista de fuerte tendencia izquierda. Les llevo algunos años darse cuenta de que las acciones violentas sin planificación podrían atentar contra inocentes y perfeccionaron su estrategia. Cabe destacar la operación de liberación de prisión de Timothy Leary, el "acid-guru" del LSD, por parte de The Weathermen. Fue aquí cuando el FBI entro en acción.

The Weathermen empezaron a planificar el bombardeo de objetivos simbólicos en respuesta a cada atropello del gobierno norteamericano, con la premisa de no hacer daño humano alguno. Mas de 15 bombas en diferentes locaciones, como el edificio del Capitolio, activó la necesidad al FBI de crear una comisión específica para capturarlos. Sin embargo, el FBI estuvo muy lejos de cumplir su objetivo. Los miembros de The Weathermen, pasaron a la clandestinidad y pasaron a llamarse The Weather Underground, los cuales siguieron ejecutando las mismas acciones.

Fuente de la Infomación: DocusElrond, IMDB.
 
 

Raymundo

Título original: Raymundo
Escrito y Dirigido por: Ernesto Ardito y Virna Molina
Investigación y Producción: Ernesto Ardito.
Animación y Gráfica: Virna Molina
Productor Asociado: Juana Sapire
Montaje y Sonido: Ernesto Ardito y Virna Molina
Cámara: Sebastian Diaz, Ernesto Ardito, Virna Molina
Realizado con el apoyo de: Fondo Nacional de las Artes (Argentina,1998). INCAA(Argentina, 2000).
Alter-cine Fondation (Canada, 2002). Jan Vrijman Fund (Holanda,2002).
Formato: Betacam SP., Stereo.
Idioma original: Español.
Subtítulos: Ingles - Frances- Italiano.
País de Producción: Argentina.
Año de Producción: 2003
Duración: 127 min.










Este largometraje documental cuenta la vida y obra de Raymundo Gleyzer, un cineasta argentino secuestrado y asesinado por la dictadura militar en 1976. En conjunto con la vida de Raymundo, se narra la del cine revolucionario latinoamericano, y las luchas de liberación de los 60’ y 70’.

En vida, Gleyzer fue uno de los principales referentes del cine combativo y militante, y luego de su " desaparición " quedó en el más oscuro de los olvidos para la sociedad. Este documental busca por tanto devolver lo que la CIA y las dictaduras latinoamericanas no pudieron destruir: la memoria, los ideales y el valor de la verdad.

Motivación de los directores Virna Molina y Ernesto Ardito:

La Motivación que fundamentó la realización de este film fue: reconstruir para la nuevas generaciones, la vida y obra de Raymundo Gleyzer.

Para esto trabajamos durante cuatro años junto a Juana Sapire, viuda de Raymundo, partiendo de la nada, porque al momento de iniciar el proyecto solo teníamos en Argentina, a nuestra disposición dos fotos y dos películas en mal estado de Gleyzer.

Se recupero y restauro la filmografía completa, se hallaron imágenes inéditas de cómo filmaba, de su vida personal, del cine revolucionario y de la historia política argentina. Miles de fotos cubrieron nuestros escritorios. Metros de fotogramas y sonidos. Años y noches eternas de trabajo pero la cosecha fue invaluable: Cada paso en la vida de Raymundo fue registrado, cada zona de la historia argentina en donde nos habian apagado la luz, fue iluminada.
Pero no estabamos solos, siempre estaban nuestros maestros silenciados: los cineastas revolucionarios que no dudaban en facilitarnos sus filmes y susfragmentos de recuerdos e imágenes junto a Raymundo.

Nuestro proyecto no solo fue el armado de un documental sino el armado de un rompecabezas de imágenes de la historia argentina y latinoamericana prohibida para nosotros, para nuestra generación.

Al final de cada proyección el publico integrado por gentes de todas las edades y círculos sociales, nos pregunta como llegamos a esto ¿Porqué?

Porque Raymundo fue un cineasta que supo a través de su creatividad, su constancia y su capacidad, transformar su cine en una herramienta de lucha para el esclarecimiento de su pueblo y de los pueblos latinoamericanos.

Asi es que no buscamos mitificar la figura de Raymundo, ni transformarla en una cápsula encerrada en el pasado, sino que actúe como un puente para seguir transitando. Por lo tanto, lo fundamental con este redescubrimiento es plantar las bases para continuar con este cine.

No solo deseamos informar de su obra sino también de su forma de hacer cine, de su modo de enfrentar los conflictos y del lugar que tomó: no desde el intelectual analítico distanciado, sino desde el pueblo que estaba sufriendo el conflicto.

Coherencia entre lo que él hacía y lo que sus films decían. Esa misma coherencia y la fe ciega en su pueblo lo llevó a no dejar nunca la lucha. Cuando el 27 de Mayo de 1976, las fuerzas de la dictadura lo secuestraron, él se transformó en uno de los 30.000 desaparecidos.

Sus films fueron prohibidos y más tarde olvidados por las democracias subsiguientes.

¿La razón de esto último? Es porque hay conceptos que no quieren volverse a oir y por que hay una política de omisión y distorsión histórica del periodo de lucha que antecede al año 1976.

Por lo que es fundamental el revisionismo histórico que plantean las denuncias y los conceptos de los films de Raymundo y los del cine revolucionario que siguen siendo vigentes.

El cine de Raymundo Gleyzer debe ser recuperado porque es patrimonio del pueblo argentino. Su escuela debe ser continuada por los nuevos realizadores para reconstruir un cine argentino con identidad y aportar a la formación de una sociedad latinoamericana basada en valores mas justos y positivos para la humanidad.






Memoria Iluminada

Virna Molina y Ernesto Ardito fueron convocados por Canal Encuentro para dirigir y producir este ciclo de biografías de artistas revolucionarios argentinos, cuyas vidas y obras fueron una unidad de acción y reflexión en un momento de grandes transformaciones sociales, políticas y culturales: los años '60 y '70.



Memoria Iluminada I: Raymundo Gleyzer

La serie narra la vida y obra del cineasta revolucionario, Raymundo Gleyzer, desaparecido por la dictadura militar argentina en 1976.









Fuentes de información: Kinoki, Virna y Ernesto.




Página web del documental: http://www.filmraymundo.com.ar/

Comprar DVD.

La pelota vasca, la piel contra la piedra

Título original: La pelota vasca, la piel contra la piedra
Dirección: Julio Medem
Guion: Julio Medem
Fotografía: Javier Agirre Erauso, Jon Elicegui, Ricardo de Gracia
Intervienen: Bernardo Atxaga, Iñaki Gabilondo, Felipe González, Carmelo Gómez, Gemma Nierga, Arnaldo Otegi, Ana Torrent, José Luis Rodríguez Zapatero, Txiki Benegas.
Compañías: Alicia Produce
País de producción: España
Año: 2003
Duración: 115 min.








El conflicto vasco es analizado y comentado por setenta personas ante la cámara de Medem en típicos espacios de la geografía de Euskadi: frontones, acantilados, playas, montes de caseríos. Desde la diversidad de estas voces Julio Medem compone un complejo tejido de opiniones y momentos históricos concebido desde un doble compromiso ético: la oposición a la violencia y la invitación a un diálogo político.


 

Esta película documental abre, sin duda alguna, una nueva etapa en la filmografia del director donostiarra. Desde el compromiso con la libertad, el diálogo y la paz intenta remover una conciencia social que parece haberse estancado con respecto al conflicto vasco. Medem pretendió abarcar el mayor número de voces diferentes, como una polifonía humana en la que cada cual cantara a su aire. Este deseo se vio truncado ante la negativa de participar en La pelota vasca por parte de miembros del Partido Popular, del colectivo ¡Basta Ya! o de miembros de la banda terrorista ETA.


La pelota vasca. La piel contra la piedra es un ambicioso y personalísimo proyecto que Julio comenzó a desarrollar hace unos años y que decidió rodar en 2002 tras unos tensos meses de preproducción. Durantes los meses de mayo y junio y con un reducido equipo de diez personas el realizador entrevistó a más de un centenar de personas que aceptaron participar en su proyecto para hablar de la tensa situación que vive Euskadi desde hace muchos años y que se ha enquistado en la sociedad como un problema permanente y sin solución.

 

 


Además del documental que se exhibó en las salas de cine de 115 minutos, Medem montó una serie de tres capítulos de 50 minutos cada uno para ser emitidos en televisión y una versión íntegra de siete horas que se comercializó en DVD. El proyecto se vio completado con un libro y un sitio web que incluía un foro de debate.

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Para Medem La pelota vasca supuso esa necesaria reflexión que debía hacer antes de realizar su próxima película de ficción, que lleva el título provisional de Aitor. La piel contra la piedra y que trata la vida de un hombre vasco en dos espacios de tiempo: entre los años 1976 y 1978 y en el año 2004, y que representará una utopía y metáfora de lo vasco, una sociedad profundamente plural.


Fuentes de información: JulioMedem, Wikipedia, FilmAffinity.

 

 

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Making of

 

 

Abrazos (Making of 'La pelota vasca') from Julio Medem on Vimeo.