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La Doctrina del Shock


Título original: The Shock Doctrine
Dirección: Mat Whitecross, Michael Winterbottom
Guión: Michael Winterbottom, Mat Whitecross, basado en el libro de Naomi Klein.
Fotografía: Ronald Plante, Rich Ball
Intervenciones: Kieran O'Brien, Naomi Klein, Donald O. Hebb, Janine Huard, Milton Friedman, Edward M. Korry, Joseph Blair, Elisa Tokar, Harlan Ulman, Paul Bremer Animación: Gus Martinez, Marc Knapton
Coproducción: Melissa Parmenter
Departamento editorial: Immanuel von Bennigsen, Joon Goh
Efectos visuales: Martin Wells
Montaje: Mat Whitecross, Michael Winterbottom, Paul Monaghan
Productor asociado: Sally Marschall
Productor en línea: Phillip Koch
Sonido: Chris Treble, Christer Melén, Gordon Ferris, James Dandridge, Joakim Sundström, Naomi Dandridge, Richard Davey
Productora: Revolution Films, Renegade Pictures
Distribuidora: Karma Films
País de producción: Inglaterra
Idioma: Inglés, con subtítulos en castellano.
Año: 2009
Duración: 78min.


La película rastrea los orígenes de las teorías radicales de Milton Friedman en la universidad de Chicago y su puesta en práctica, durante los pasados cuarenta años, en países con situaciones tan dispares como el Chile de Pinochet, la Rusia de Yeltsin, la Gran Bretaña de Thatcher y, más recientemente, las invasiones neo-con de Afghanistan e Irak. The Shock Doctrine pone al descubierto el lado más oscuro de la ideología de Friedman, tan impopular que sólo pudo imponerse mediante la tortura y la represión. Continuación natural de su gran éxito "No logo".

Basada en el libro de Naomi Klein, trata del auge del llamado ‘capitalismo del desastre’. Éste insta a los gobiernos a aprovechar periodos de crisis económicas, guerras, desastres naturales, ataques terroristas y epidemias, para saquear los intereses públicos y llevar a cabo todo tipo de reformas a favor del libre mercado. Medidas tan despiadadas que sólo han podido imponerse mediante el miedo, la fuerza y la represión.

La película rastrea los orígenes de este capitalismo salvaje en las teorías radicales el Premio Nobel de Economía Milton Friedman y su posterior implementación en todo el mundo, desde las dictaduras en Chile o Argentina de los años 70, a la Gran Bretaña de Margaret Thatcher, la Rusia de Yeltsin, o las no tan lejanas invasiones neoconservadoras en Afganistán e Irak.

Ante una época de crisis mundial como la que vivimos, hoy más que nunca clama la necesidad de una alternativa al neoliberalismo aplicado en todo el mundo durante los últimos 60 años. Tal como dijo Donald Rumsfeld: “Milton Friedman encarna una verdad: que las ideas tienen consecuencias”.


La doctrina del shock es la historia no oficial del libre mercado. Desde Chile hasta Rusia, desde Sudáfrica hasta Canadá la implantación del libre mercado responde a un programa de ingeniería social y económica que Naomi Klein identifica como «capitalismo del desastre».


« Naomi Klein denuncia la estafa de las políticas económicas de la Escuela de Chicago y su conexión con el caos y el derramamiento de sangre por todo el mundo. Éste es un libro tan importante que se convertirá en un catalizador y un punto de inflexión en el movimiento por la justicia económica y social.»
Tim Robbins, actor y director de cine


« Apasionado, maravillosamente polémico y terrible como el infierno.»
John Le Carré


«Naomi Klein ha escrito un libro brillante, terrible y valiente. Es la historia secreta de lo que conocemos como "libre mercado" y debería ser la lectura obligatoria.»
Arundhati Roy, autora de El dios de las pequeñas cosas


« Naomi Klein es Antífona antes que Rey, el antídoto contra el asesinato como una política económica. Nos reta a no participar en el club suicida que permite el canibalismo corporativo. Un triunfo espectacular.»
John Cusack, autor y director de cine.

« La doctrina del shock es un libro sin igual, una obra épica y apasionante con un mensaje que debe ser escuchado. Naomi Klein nos ofrece un nuevo paradigma para comprender la política. Su libro es honesto, urgente y necesario.»
The Washington Post

Fuentes de información: DocusElrond, RebeldeMule, Taringa. (info, descarga directa y descraga en P2P en los tres enlaces)




- Extras:

Cortometraje The Shock Doctrine - La doctrina del Shock dirigido por Alfonso cuarón en 2007, duración 6:47 min.:














La luna en ti (Moon Inside You)


Título original:La luna en ti (Moon Inside You)
Dirección: Diana Fabianova
Guión: Diana Fabiánová, Mona León y Marion Doussot.
Producción: Jerónimo Molero.
Música: Olivier Samouillan y Pierre Bats.
Fotografía: Jerónimo Molero. Montaje: Tatjana Jankovic.
Distribuidora: Karma Films
Productora: Arte, Avenue B Productions, STV, Ubak Producciones
País de producción: Francia, España, Eslovaquia
Año: 2009
Duración: 75 min.











Como tantas mujeres, Diana ha estado padeciendo reglas dolorosas desde hace años. Cada mes se plantea la misma pregunta: “¿Por qué tanto dolor y molestias si estoy sana?”. Lo que al principio fue sólo curiosidad se transforma para ella en un emotivo viaje hacia las raíces más profundas de la feminidad y la vida.

La Luna en Ti es una mirada limpia sobre este tabú, y cuestiona la realidad social de mujeres y hombres de una forma más profunda de lo que la sociedad está dispuesta a admitir. El documental aborda el tema a través de referencias personales y colectivas, desafiando, de esta manera, nuestras ideas preconcebidas sobre lo que es la feminidad.

Los origenes de este documental, por Diana Fabianova.

Cuando tenía seis años, mi abuea murió de cáncer de útero. Debido a una serie de nefastas coincidencias, estaba convencida de que yo tenía la culpa. Un año más tarde, a mi madre le diagnosticaron la misma enfermedad. ¿Cómo es posible que un simple órgano humano se convierta en la causa de tanta tristeza?

Mis primeras reglas comenzaron entonces, y con ellas el dolor y la depresión, que entendí como un justo castigo por mi crimen. Pero entonces, ¿cual era el motivo por el que otras mujeres, millones, sufrieran como yo?. ¿Cual era la causa de su condena?

Conforme pasó el tiempo comprendí que ni la muerte de mi abuela ni la enfermedad de mi madre tenían relación alguna con mis actos. En cualquier caso, me veía irremediablemente atrapada en lo que he acabado denominando “etiqueta menstrual”.

El mensaje de mi madre había sido muy claro: “Ningún hombre debe saber nunca cuándo estás menstruando”. La sombra de sus palabras me llevó a esconder cuidadosamente la evidencia a mi padre y mi hermano, al principio y, más adelante, a cualquier hombre que pasara por mi vida. Por muy mal que me encontrara, fingía que me sentía bien. Evidentemente se trataba de la actitud adecuada: todo el mundo en el colegio, en la universidad, en el trabajo hacía como yo. El tabú iba mucho más allá de mi entorno familiar, estaba en todas partes. La regla era vergonzosa. No se debía hablar en público del período, era “poco oportuno”.¿Fin de la historia?

Algo en mi se negaba a aceptar y sufrir en silencio. ¿Cómo podría este proceso natural ser “poco oportuno” cuando una cuarta parte de las mujeres lo está experimentando en cualquier momento dado?¿Por qué un signo de algo que la sociedad considera como una bendición – la capacidad de la mujer de dar vida – resulta que luego se nombra con expresiones como “the curse” (la maldición) en Gran Bretaña, “the english war debaquement” (el desembarco de guerra británico) en Francia o “to be on the raqs” “estar con la furia” en Estados Unidos. ¿Cómo es posible que ideas tan tontas como la de que “una mujer que está menstruando no puede hacer mayonesa” puedan existir todavía?¿Por qué muchos hombres no pueden hablar sobre la menstruación sin ruborizarse?¿Eran la incómoda sangre y los molestos calambres la única causa de toda esta negatividad y negación? Por supuesto que no.

Poniendo en entredicho esta cultura encubridora en torno al tema, mostrando lo que la mujer vive realmente, escuchando también a los hombres, el objetivo de La Luna en Ti está en deconstruir los fenómenos de la menstruación, hasta hacer aflorar su naturaleza dual: una experiencia íntima y una construcción social.

De todas formas, no os preocupéis... Soy consciente de que el tabú de la menstruación ha tenido más presencia en mi trayectoria personal que en la de otras persona. Espero que la película refleje mi implicación, pero no voy a convertir a la audiencia en mi psiquiatra. La Luna en Ti va a dejar que se oigan muchas voces.

En esta búsqueda de diversidad, el encontrar a Dominika, una alumna de once años de edad de mi antiguo colegio, ha sido un hecho decisivo. Ella nos va a transportar al mundo de esas mujercitas en el que todo empieza, donde se estrena la feminidad y las grandes esperanzas se intercalan con los más profundos temores. Los testimonios de mujeres adultas jugarán un importante papel en el documental. Conseguir que se acepte su punto de vista como real, más allá de “esas cosas de mujeres”, es uno de mis principales frentes de batalla. Hablemos de la menstruación con nuestras propias palabras. Distingamos entre lo que la sociedad dice acerca de ella y lo que nosotras vivimos de verdad.

Por otro lado, y teniendo en cuenta que la menstruación es mucho más que una realidad fisiológica, el conjunto de información sobre el que se construirá el documental provendrá de expertos elegidos en diferentes campos: medicina, sociología, antropología, psicología, filosofía... Afrontaremos los prejuicios acerca del periodo (y esperamos además, revelarlos) utilizando las armas más efectivas: creatividad y humor. Espero que los dispositivos desplegados en el documental nos sirvan para lamentar las viejas supersticiones y arquetipos sociales. O al menos, reconocerlos como tales.

A la vez familiar e innombrable, conocido e ignorado, La Luna en Ti apunta a ofrecer no solo a la audiencia femenina sino también a la masculina, la posibilidad de llegar a una mejor comprensión de una experiencia humana tan rechazada como importante y, de esta forma, ayudar a ambas partes a superar las tradicionales definiciones de género.

Fuentes de información: Karma Films, La Guarida de Bizzentte (documental online y descarga directa), La Butaca (info), PorDescargaDirecta (descarga directa).





Título Original: Los Herederos
Dirección: Eugenio Polgovsky
Fotografía: Eugenio Polgovsky
Montaje: Eugenio Polgovsky
Producción: Tecolote Films
País de producción: México
Año: 2009
Duración: 90 min.
Web oficial: Tecolote Films
















Tres niños caminan por un resbaloso y angosto sendero. Arrean a un burro. Luego cargan la mayor cantidad de leña que sus espaldas les permita. La atan al escuálido animal quien carga la madera de regreso a sus casas. La cámara nos muestra de cerquita las manos jalando la gruesa cuerda que es atada con destreza por el mayor de los niños. Tendrá unos 10 años. La cuerda produce un sónido áspero, tenso. La cámara los sigue a unos pocos metros. Ahora escuchamos los pies al pisar las hojas secas, los jadeos de los niños, los troncos que truenan. Este sonido se parece al de un machete cortando cañas. Así, de pronto, estamos en una secuencia en la que otro niño trabaja en la zafra. Luego en la que un niño hace ladrillos, cubierto de barro hasta las narices. Luego en la cosecha de jitomate. Luego en el nixtamal. En la navaja, el fuego o el azadón.

No tardamos en darnos cuenta que la película nos mostrará a partir de ese momento únicamente niños trabajando. (Y un par de ancianas que funcionarán como un efectivo contrapunto poético). Sin embargo, el tema del trabajo en los niños no sólo alcanza para hacer una enérgica denuncia, sino que gracias a la sensibilidad del director, da para generar reflexiones que no sólo abarcan un tema social local, sino que rebasan ese ámbito y nos llevan a pensar por ejemplo, como logra un niño jugar a darse marometas después de haber completado una jornada laboral de diez horas.

Porque si existe algo como mostrar el espíritu infantil, esta cinta lo logra a cada instante. Y lo logra con el recurso más puro y simple: la acción filmada tal cual es, apenas editada, sin montajes efectistas ni soundtracks de inducción.

En Los Herederos todo es cercanía e intimidad. Polgovsky y su cámara entra a las cocinas reducidas que escupen brasas ardientes, camina al lado de los personajes sobrevolándolos como una mosca, se escabulle entre las patas de un burro y se posa quieto, callado, frente a una niña que al mirar directo al lente nos hace formularnos mil preguntas.

Polgovsky se arriesga en la elaboración de su discurso cinematográfico y elimina muchos de los recursos de un documental tradicional. Aquí no hay voces que nos platiquen lo que debemos reflexionar. No hay diálogos que expliquen. No hay citas, ni datos, ni gráficas. No hay conclusiones. Sólo hay un tiempo capturado que es suficiente para crear una realidad que nos atrapa fácilmente.

En ese sentido, la cinta de Polgovsky, aunque inscrita en el género documental, contiene más elementos poéticos que, valga la redundancia, documentales. Y se encuentra más cerca de películas que se atreven a jugar con los límites del género.

Recomiendo unas cuantas:

A alma do osso de Cao Guimaraes, Les documents cinematographique de Jean Painlevé, The silent world de Jacques Cousteau, Our daily bread de Nikolaus Geyrhalter y Powaqattsi de Godfrey Reggio.

En el campo mexicano de Los Herederos la pobreza es contundente. Y también su belleza y su dignidad. Aquí no hay postales turísticas pero tampoco los regodeos en la miseria tan socorridos en el cine mexicano actual. El discurso de la cinta se sostiene por sí mismo con las imágenes, sin que exista una intención deliberada o manipuladora de llevarnos a juicios establecidos.

Polgovsky logra un cine directo, auténtico y bello. No es casual que él mismo sea el fotográfo, el director y el editor de su cinta. Y es que en esta manera de hacer cine se encuentra una de los grandes valores de la cinta: el de demostrar que más allá de la voracidad de los exhibidores, de la conformidad de los distribuidores, de la torpeza de los realizadores y de la pereza del público que se forma siempre en la cola más larga, el Cine sigue vivo y tiene aún la capacidad de afectar la mayor parte de los órganos del cuerpo (incluídas las uñas que uno se come y el cuello que uno se rasca).

Jorge Villalobos

Fuentes de información: Crítica de Jorge Villalobos publicado en Permanencia Voluntaria, Rodando Cine,





Vivir de pie - Las guerras de Cipriano Mera

Título original: Vivir de pie. Las guerras de Cipriano Mera
Director: Valentí Figueres
Guión: Valentí Figueres, Helena Sánchez
Productor: Valenti Figueres Fotografía: Helena Sánchez
Montaje: Helena Sánchez
Música original: Ian Briton
Sonido: Verónica Font
Narradora: Mónica López (voz en off)
Intérpretes: Lluís Marco (Cipriano Mera)
Producción: Los Sueños de la Hormiga Roja
País de producción: España
Año: 2009

Duración: 124 min.
Web oficial: Vivir de pie.
Distribución: En España por Llamentol S.L., solo la hemos encontrado a la venta en DVD por 14,95 € en DvdGo.





Vivir de pie" narra la historia oculta de uno de los personajes más interesantes de la Guerra Civil Española: Cipriano Mera Sanz. Dirigido por Valentí Figueres, el documental “resucita la voz del héroe anarquista y su memoria, esperando a que regresen, tras 62 años de exilio, su cuerpo y su maleta”. Explora los ideales y hechos de una época que hicieron de su vida una gran aventura de la utopía, y de él, un protagonista privilegiado del viaje de la Historia. El documental narra a través de documentos inéditos la odisea de un trapero y cazador furtivo que se hizo albañil sindicado en la UGT y se convirtió en revolucionario y hombre de acción de la CNT. Es la vida del albañil que mandó el IV Cuerpo de Ejército en la Guerra Civil y venció a los generales italianos; del General que retomó la paleta pero mantuvo su objetivo: matar a Franco. También es la historia desconocida de un camarero, un sastre, un ferroviario... que en sus dobles vidas eran El Viejo, La Leona, El Fraile...; la vida de aquellos que enarbolaron las banderas de la libertad y osaron soñar con “Un Mundo Nuevo”.*1


En esos tiempos remotos en los que las azarosas aventuras bolivianas del Che agitaban el imaginario rebelde de toda una generación - la mía -, tuve la suerte de conocer y frecuentrar, entre otros, a un militante a contra época, Cipriano Mera. La suerte, digo bien, ya que este encuentro me disuadió ciertamente - y para siempre - de confundir la técnica guevarista del “contra-Estado” con cualquier movimiento de autoemancipación. De resultas, nunca ningún póster del Che adornó las paredes de mi habitación de adolescente, lo cual, por aquel entonces, resultaba ser original.

Esta entrada en materia podría llevar a confusión. Que quedé claro, pues, que Cipriano Mera no tenía, en verdad, nada en contra del Che, ni en contra de su guerrilla, pero vivía en otro espacio-tiempo, en el de una España libertaria exiliada y destrozada, pero orgullosa de haber tentado el asalto al viejo mundo, en alguna treintena anterior, y de haber visto temblar sus bases. Yo formaba parte de esta España del gran sueño libertario, a mi pesar, de nacimiento, por accidente. Ella había impregnado mi infancia de sus cantos y discursos, repetidos hasta la saciedad. Había hecho que en mis oídos sonaran los nombres de algunos héroes conocidos, como Facerías o Sabaté. Había poblado mi universo mental de relatos - verídicos o legendarios - de la toma de Atarazanas, de las colectividades de Aragón y de la defensa de Madrid. A la edad en la que me despertaba a la cuestión social fue cuando decidí ser de esta España vencida y olvidada y, esta vez, de serlo por elección consciente. Cuando conocí a Mera, el viejo luchador iba a celebrar sus setenta años. Yo tenía diecisiete. Dicho de otro modo, nuestra relación fue, de entrada, maravillosamente desigual. El hombre era riguroso en el trabajo y exigente consigo mismo. Desde su punto de vista, la anarquía tenía que ver con la autoconstrucción de una ética de vida que,una vez se adquiría, no admitía ningún tipo de derogación. De ahí esta predisposición particular a la rectitud moral, esa misma rectitud que algunos modernos propagandistas de un neo-anarquismo pre o postsetentero confundían, por pereza, con un moralismo pasado de moda. Cipriano creía, de hecho, en la fidelidad, en la ejemplaridad y en el rigor, virtudes que se podían efectivamente calificar como pertenecientes a otra época. Para mí, esa rectitud inquebrantable era precisamente lo que le daba a Ciprinio ese encanto infinito.

Confederal - es decir, hombre de la Confederación (en mayúscula) -, Cipriano lo era en cuerpo y alma, hasta la médula, en lo más profundo de su ser. Para entender al personaje es necesario, en primer lugar, discernir este rasgo, evitando, si es posible, sonreír. Entre la militancia, no era el único, entonces, en haberse identificado, Cipriano, con la CNT hasta considerarla lo fundamental de su existencia, a la vez su familia y su hogar. Asimismo, era una de las principales características de esta generación de militantes a la que él pertenecía. Los proletarios que la formaron habían empezado a existir, como tales, en las luchas de los años 1920, las cuales, entre huelgas y sabotajes, mítines y manifestaciones en la calle, les habían conferido la certeza - y el orgullo - de pertenecer a una clase peligrosa para el capital. A aquella CNT, la de Salvador Seguí, Cipriano se unió como consecuencia de la huelga revolucionaria de agosto de 1917. Como sindicalista, para empezar. Desde entonces, vivió, día a día y en sus carnes, los avances y los retrocesos de las luchas, asumiendo asimismo sus contradicciones y convencido de antemano de que no siempre se elegían los medios del combate. Así, cuando llegó, en el 36, la hora del gran enfrentamiento, la militarización de las milicias encontró en él un partidario declarado, y no es que hubiera dejado de un día para otro de aborrecer el ejército y los entorchados, sino que lo hizo por pragmatismo o realismo, de la misma manera que la dirección de la CNT-FAI mermó sus principios al adscribirse a las tesis del antifascismo institucional. Las actuaciones armadas de Cipriano fueron legendarias y sus capacidades estratégicas reconocidas, incluso por sus adversarios. Los estalinistas creyeron poder recuperarlo, antes de convertirlo para largo tiempo en su enemigo público número uno. Es cierto que, durante los últimos días de un conflicto agotador, él se había atrevido a oponerse militarmente a sus demagógicas pretensiones y a reducir sus fuerzas a prácticamente nada. Los acontecimientos madrileños de marzo de 1939, que fueron la revancha tardía del barcelonés mayo de 1937, tuvieron, sin embargo, otro sabor : la guerra se había perdido. Irremediablemente y para siempre. Desde entonces, Cipriano se aferró al torbellino de la Historia con la firme voluntad de no ceder : la huida, los campos de África del norte (los peores), la evasión, la detención por la policía de Vichy, la entrega a Franco, el consejo de guerra y la condena a muerte. Tres años de un calvario sin fin. Tres años que le templaron un poco más el carácter. No pidió gracia. Esperó. Al igual que esa mitad de España vencida, cuyos ardientes combatientes poblaban sus cárceles y las rutas del exilio. Esperó la muerte. No vino. Pero el cauce de la Historia puede cambiar, aunque sea en apariencias. Las fuerzas del Eje perdieron la guerra y Franco tembló un instante sobre su montón de cadáveres. En cuanto a Cipriano, éste salvó su pellejo y salió de prisión en 1946. En libertad condicional definitiva.

La ilusión de que los días del régimen estaban contados, compartida igualmente por todos los sectores de la oposición antifranquista, fue consecuencia del error de análisis que la sostenía. En este fin de guerra, efectivamente, a ninguna potencia del campo de los vencedores le interesaba realmente que Franco dejase campo libre. Su obsesión por el orden ofrecía la ventaja de descartar durante mucho tiempo cualquier perspectiva de subversión. Hubo ciertamente, aquí y allá, algunas conciencias desgraciadas para derramar lágrimas de cocodrilo sobre la difunta República, pues tal era su democrático papel. Las autoridades encargadas del New World lo tuvieron en cuenta, por educación. Dieron su visto bueno a la legalización de las lastimosas instituciones de la República en el exilio y atribuyeron - vigilándolas de cerca - un marco legal a las organizaciones antifranquistas refugiadas. Como los demás, Cipriano se había sin duda imaginado otra salida y, como los demás, tuvo que conformarse con el abandono de las llamadas democracias. La causa de España era, una vez más, un asunto de españoles y, al igual que en el 36, a su pueblo se le pedía no perturbar el orden del mundo ni los movimientos de capitales. En suma, de palmarla en silencio.

En estas circunstancias, la CNT - ya dividida entre “políticos”, mayoritarios en España, y “apolíticos”, mayoritarios en el exilio - perdió la brújula. Cuando la Historia en mayúscula - la que atañe a la geopolítica internacional- no da pie a perspectiva alguna, es la historia en minúscula - la que nace del agotamiento de las esperanzas - la que toma irremediablemente el relevo. La CNT se metió entonces en una guerra sin piedad contra ella misma. A golpes de argumentos, de comunicados, de denuncias y de zancadillas. Esa guerra duró dieciséis años. En esa tormenta, Cipriano se imaginó, en un principio, que nada contaba más que derribar el régimen y, para hacerlo y como representante del comité nacional de la CNT del Interior, conspiró. Con republicanos, opositores monárquicos, y hasta con generales hostiles a Franco. Con cualquiera, en suma, convencido otra vez que la realidad de una dictadura establecida en la duración no permitía la opción de las armas. Pero él no tardó en juzgar a los pobres aliados que tenía y a comprender los límites de la lucha emprendida. En vista de los lamentables resultados obtenidos, decidió, entonces, marcharse a Francia y dedicar lo esencial de sus fuerzas a favorecer la unidad entre los dos sectores de la CNT. Delegado del comité nacional del interior, traspasó clandestinamente la frontera hispano-francesa en febrero de 1947.

Para quien llegaba entonces a Toulouse con un proyecto así, la bienvenida no era de las más cálidas. En la sede de la CNT considerada como “apolítica”, la estufa de carbón de la calle Belfort - “la escuela del terrorismo”, decía la prensa franquista -hacía entrar en calor también los rencores y el sectarismo de una mini burocracia mal pagada, pero preocupada por defender sus intereses de clan. Cipriano, cuya trayectoria militante hablaba por él, trató de convencer a sus interlocutores de las razones de su enfoque. Sin éxito. La máquina de calumnias se encargó de reducir los efectos soltando algunas pérfidas acusaciones al respecto. Desde entonces, comprendió dos cosas : por una parte, que el método no era el bueno y, por otra, que era necesario dejar pasar tiempo. Esto fue lo que hizo.

Instalado desde entonces en Francia con su familia, Cipriano encontró trabajo en la construcción. En Toulouse, primero, y en París, a continuación. Las noticias que recibía de España dejaban poco lugar al entusiasmo. El país, admitido en la ONU en el 53, cumplía entonces el papel de vigía del “mundo libre” que, con la ayuda de la guerra fría, le había otorgado Estados Unidos, por medio de subsidios. De esta forma, Franco había salido hábilmente del apuro. Del pueblo, este pueblo insumiso y orgulloso que la CNT mitificaba sin lugar a dudas más de lo razonable, no quedaba progresivamente nada. El talento de las dictaduras reside, ante todo, en esa bárbara capacidad de reducir los vencidos al rango de cómplices. En un principio por miedo y luego por deseo de supervivencia. En este contexto desesperante, los libertarios de una y otra CNT desafiaban a lo imposible, cada uno a su manera, siempre vana. Los años 1950 fueron los de todos los fracasos : el de la estrategia de reconstrucción sindical, el del antifascismo político, el del repliegue ideológico y el de la lucha armada. Al final de este desastroso decenio, había llegado la hora de reaccionar o de desaparecer.

La reunificación de la CNT, en 1961, marcó el punto esencial de un largo proceso de maduración interna, del que Cipriano fue con certeza, junto con algunos otros, uno de los principales artífices. Mediante la multiplicación de los contactos en la base, el acercamiento de los puntos de vista, el combate de las reticencias, él se involucró a lo largo de los años sin regatear esfuerzo. Esta idea del reencuentro cenetista, la tenía, tal y como se ha visto, desde su llegada a Francia, más de diez años antes. Se basaba, de hecho, en la constatación de una evidencia : como las circunstancias que habían provocado la escisión de 1945 habían pasado a la historia, el hecho de querer mantenerlas artificialmente tan sólo respondía a lógicas conservadoras. Es decir, de la división tan sólo se beneficiaban aquéllos que, instalados en los mandos de una organización en vías de desaparición, defendían sus propios intereses burocráticos. Las bases de las dos CNT rivales, a las que se llegó con la argumentación unitaria, decidieron saldar sus diferencias en el congreso de Limoges. Una vez hecho esto, abrieron la vía a un nuevo periodo de esperanza, de dinamismo y de combatividad. Un periodo muy corto, por lo demás, ya que, por más que se hubiera ganado, la batalla de la unidad no frenó el declive histórico de la CNT, simplemente lo retrasó.

Cuando conocí a Cipriano, habían pasado unos seis años desde el congreso de Limoges. Por ese entonces, había llegado de nuevo la hora de los ajustes de cuentas internos. A las Juventudes Libertarias les tocó primero. El Estado francés las situó fuera de la ley, al igual que las instancias dirigentes de una CNT aferrada a la defensa de “principios, tácticas y finalidades” de otra época, que a penas servían para disimular el retorno al inmovilismo que había seguido la escampada unitaria. La experiencia algo caótica de Defensa Interior (DI), organismo semiclandestino originado en el congreso de Limoges con misión de coordinar la lucha antifranquista, había servido de pretexto para el retorno de la llama. Cipriano había prestado su colaboración decidida a las actividades del “submarino” ­- así se le llamaba al “DI” entre iniciados. Afirmar que aceptaba sin rechistar todos sus objetivos u opciones sería exagerado, pero los asumía con constancia, seguro de que el intento había sido loable, seguro igualmente de que su labor había sido saboteada desde su interior por algunos de sus miembros, más ocupados en hacer que fracasara que en que prosperara. Para él, la causa era evidente : el “DI” no merecía ni exceso de elogios ni excedente de reproches. Había llevado a cabo su labor activista con los precarios medios de los que disponía y contra las trabas que se le dispusieron en su camino. Desde entonces, se había pasado página o, al menos, así lo pensaba... Sin razón.

La experiencia del “DI” provocó, efectivamente, una reacción legitimista en el seno de la organización confederal en el exilio. Una base envejecida y conformista solicitó de nuevo para ocupar cargos a aquéllos que precisamente lo habían dado todo para que la unidad nunca tuviera lugar. Con ellos, eso es cierto, los riesgos de aventura eran moderados. El único desliz - controlado - que dominaban de maravilla era de orden lingüístico y burocrático. La caza de brujas no se olvidó de nadie. Ni los partidarios de una inútil lucha armada, ni los sindicalistas a secas, ni los “faístas” de oposición, ni los adeptos de una CNT en contacto directo con su época. Todos fueron liquidados. De exclusiones en salidas voluntarias, el Secretariado Intercontinental - ¡que no es poca cosa ! - terminó por representar a una CNT limpia de cualquier impureza disidente, pero parecida a una concha vacía.

Expulsado de la Confederación - siempre en mayúscula, y eso a pesar de la ofensa -, Cipriano entraba entonces en el último círculo de una existencia que se confundía con ella. El choque fue brutal, no lo dudemos. En su casa - en su modestísima vivienda de la calle Jean-Jaurès, en Boulogne-Billancourt -, era ella quien ocupaba el poco espacio del que él disponía, ella quien salía a la luz en las conversaciones mantenidas con los visitantes, ella con quien Teresa, su compañera, se las arreglaba, por ser su destino y porque amaba a su Cipri más que a nada. Estos tres - la Confederación, Cipriano y Teresa - formaban un trío perfecto, a la antigua, absolutamente a contracorriente del cotidiano revoltoso de una generación cuyas hazañas turbaban las calles de un París cercano a la insurrección.

Mayo del 68... Uno tiene la edad de su tiempo. En el mío, desadoquinabamos las calles. Aquella primavera coloreó la esperanza. Yo creía, eso seguro, que todo era posible, con esa fe del novato que desdeña los imponderables y confunde la gimnasia con la magnesia. Hacía falta tener el olfato de los ancianos para darse cuenta de que la revolución no estaba al orden del día. Una explosión no incendia la llanura, decían los expertos en dinámica social. La juventud sublevada casi no los escuchaba. Vivía su sueño. Cada uno el suyo. El nuestro estaba a la medida de nuestras debiles capacidades ; el suyo resurgía de una memoria eternamente reconquistada. Aquel París, incluso sublime de insolencia, tenía desde luego poco que ver con el “corto verano de la anarquía” del 36. No importa. Encendió el imaginario de los milicianos de lo imposible. La prueba : ahí estaban, los compañeros, ahí estaban, en cada manifestación, bien apiñados bajo los pliegues de la bandera negra, en la Sorbona ocupada, y por supuesto, en el colegio de España ­- franquista - de la Ciudad Universitaria del bulevar Jourdan cuando lo convertimos en territorio liberado. ¡ La Ciudad Universitaria, vaya símbolo, Cipriano! Y es como si lo viera de nuevo, silueta bajita y achaparrada y rostro grabado al buril, con esa sonrisa de satisfacción al ver temblar el viejo mundo y feliz de estar todavía entre sus asaltantes. La fiesta duró poco, pero fue grandiosa. Por lo demás, los compañeros estaban en lo cierto : esto no era la revolución.

Al final de aquella primavera febril, nuestros caminos se separaron durante un tiempo.Yo viví un después desilusionador. Él retomó sus quehaceres : el tajo y la Confederación. Los opositores al inmovilismo burocrático se habían reagrupado en torno a un periódico, Frente libertario. Se reunían en el número 79 de la calle Saint-Denis, en ese barrio de los Halles que el modernismo y la especulación no tardarían en considerar objetivo prioritario, y en destruir, como todo lo que tocan. El local parecía un hormiguero. Varios grupos libertarios franceses lo frecuentaban y era lugar de paso y de mezcla.

De España también llegaban visitantes, muchos y jóvenes en su mayoría. Hacían las tres etapas obligatorias del recorrido parisino: la editorial Ruedo Ibérico, en la calle de Latran, donde el elegante José Martínez Guerricabeitia oficiaba; la “Boule d’or”, en Saint-Michel, donde Agustín García Calvo celebraba tertulias; y “San Denis”, donde Cipriano Mera quemaba “Gauloise” tras “Gauloise” mientras imaginaba un futuro para la CNT. Algunos de estos turistas de un nuevo género regresaban tal y como habían llegado, más o menos convencidos, más o menos comprometidos. Otros, sin embargo, quedaban profundamente marcados. Hasta puedo decir que he conocido algunos. Cipriano, quien creía en la palabra y en el ejemplo, los recibía de una manera fraternal. Ante sus preguntas, no obstante, refunfuñaba, rehusando su pequeña notoriedad. Cuando, al verse acorralado, comenzaba a relatar la defensa de Madrid o la batalla de Guadalajara, lo hacía con tal sobriedad de palabras, con tal carencia de efectos oratorios, con tal ahorro de detalles, que contrariaba la leyenda y, probablemente, decepcionaba a su público. Adrede, es mucho decir, pero seguramente por rechazo - consciente o inconsciente - a conformarse con la imagen que se esperaba de él, al personaje que se quería ver y que se le adhería a la piel. Mucha de su fuerza de convicción procedía de ahí, por lo demás, de esta distancia que había sabido instaurar entre él y el otro, entre el albañil y el general anarquista, entre la vida y el mito guerrero. No es que renegara, más bien al contrario, de lo que había sido y había hecho, sino que de ahí no extraía ninguna gloria y no aceptaba ningún beneficio, ni aunque fuera protocolario. Tan sólo le interesaba lo que los jóvenes pensaban del futuro y cómo iban a construirlo. Sinceramente.

Fue necesario insistir mucho para que aceptara escribir sus memorias. La historia se conoce. En 1973 le llegó una ventajosa oferta de Madrid. El “tardofranquismo” - que entonces no se denominaba así - empezaba, a la chita callando, a preparar su transición. Un año más tarde, la respuesta de Cipriano fue mordaz : ningún libro de Mera se iba a publicar en un país que reservaba a los libertarios el destino del ejecutado mediante garrote vil Puig Antich. Cipriano confió, entonces, su manuscrito a Ruedo Ibérico y cedió sus derechos al movimiento libertario. Se publicó en 1976, demasiado tarde para que el viejo luchador pudiera verlo. Dejó este mundo el 24 de octubre de 1975.

Los funerales tuvieron lugar el 30 de octubre en el cementerio de Boulogne-Billancourt. Fue un día de una dulzura otoñal infinita. Entre los asistentes, numerosos y plurales, otra muerte - aquélla anunciada y esperada - estaba en todas las bocas : la de Franco. Para muchos, esta espera atenuaba la tristeza del momento. La vida es así, se agarra con desesperación al futuro, incluso al más incierto, incluso al más dudoso.

Unas semanas más tarde, la noticia del fallecimiento del Caudillo se acogió como es debido, con embriaguez. Unos meses después, España entró en la modernidad democrática, que convenía a los intereses del Gran Mercado. Y unos años más tarde, la CNT, que se reconstruyó con rapidez, se destruyó en un abrir y cerrar de ojos. Tres años de pugilatos internos terminaron con las esperanzas más tremendas. Se baja el telón. Con el tiempo, puede decirse que Cipriano seguramente murió a tiempo. Si hubiera durado un poco más, habría tenido que admitir, turbado, que esta España ya no era la suya y que esta Confederación que tanto había amado ya no merecía ni su mayúscula.*2



Fuentes de información: *1 FilmAffinity, *2 Artículo de Freddy Gómez, publicado en Antimilitaristas, Filmoteca de Andalucia, Patio de Butacas (info y descarga), Vagos (info y descargas).

 



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Con el corazon en la calle

Título original: Con el corazón en la calle ... Zaragoza Rebelde Antagonismos 1975-2000
Dirección y guión: Rebeca López ,Emilio Perdices, Charo de la Varga, Javier Estella.
País de producción: España
Formato: HDV Color
Año: 2009
Duración: 54 min.
















“Con el Corazón en la Calle, narra en primera persona y hablando desde el corazón las experiencias de un grupo de personas vinculadas a diferentes movimientos sociales entre el año 1975 y el año 2000. Centrando la atención más en el cómo y el porqué que en el cuándo y en el cuánto, el documental pretende ofrecer una mirada personal y subjetiva a la historia de las luchas sociales de estos 25 años de transición ‘pacífica y democrática’.

Teniendo la calle como protagonista e hilo conductor, los personajes se sitúan en puntos que, de alguna manera, tienen un significado para ellos, tanto por lo que allí pasó como por lo que no dejaron que pasara y desde allí, nos contaran sus experiencias, sus motivaciones, sus frustraciones y sus alegrías.

Con el Corazón en la Calle no tiene vocación enciclopédica, simplemente pretende mostrar los sentimientos e inquietudes de un grupo de gente que compartía una gran voluntad transformadora, la ilusión de que es posible cambiar la realidad si ésta no nos gusta y la certeza de que, mediante la acción colectiva, este cambio es posible.”

Fuentes de información: Zaragoza Rebelde.

Con el corazón en la calle...Zaragoza Rebelde Antagonismos 1975-2000 from keka lópez on Vimeo.


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