martes, 8 de mayo de 2007

El Desencanto

Director: Jaime Chávarri
Guión: Jaime Chávarri
Fotografía: Teodoro Escamilla
Producción: Elias Querejeta
Montaje: José Salcedo
Intervienen: Felicidad Blanc, Juan Luis Panero, Leopoldo María Panero, Michi Panero
Año: 1976
País de producción: España
Duración: 97 min








La historia del cine está llena de experimentos: algunos, con el paso del tiempo se acaban considerando fallidos o banales; otros, por el contrario, adquieren dimensiones casi míticas, como es el caso de El desencanto. Pensado, en un principio, como un cortometraje documental sobre la familia del poeta Leopoldo Panero –cuya sugerencia inicial, al parecer, partió del propio Michi Panero–, el experimento pronto se escaparía de las manos de Jaime Chavarri e iría engrosando su metraje y decidiendo por su cuenta su contenido. Y no podía por menos de ser así, pues los protagonistas desbordan con creces las expectativas de cualquier intento de dirección, creando sus propios personajes, que, a su vez, toman las riendas de la película. 

Los entresijos de su psicología se ofrecen en toda su complejidad al espectador, a modo de herida abierta por la cual no sólo se atisba el desencanto de la España del franquismo –que Chavarri pretendía reflejar–; la muerte del padre da pie a un ejercicio de crítica ajena y propia, con ferocidad desacostumbrada sin duda para los espectadores en el momento de su estreno (y a la que hoy nos ha habituado ya la proliferación de reality shows). Los hijos tratan de poner en su sitio a la figura de un padre que, fallecido tiempo atrás, no puede defenderse; haciéndolo, es inevitable que se analicen unos a otros, intentando definir sus respectivas posiciones dentro de la familia. Pero la crudeza de sus declaraciones (a diferencia de los espectáculos a los que nos tiene acostumbrados nuestra actualidad) desnuda sus espíritus y la confrontación de los miembros del núcleo familiar de los Panero, a modo de reunión de máscaras griegas, provocan la catarsis del público, al exhibir sus pequeñas miserias, ínfimas, como cabezas de alfiler; en algunos momentos la máscara cae, mostrando, casi insensiblemente, el dolor íntimo –y por qué no, deleitoso– que encierran sus vidas. 

El desbordamiento verbal del hermano mayor (Juan Luis Panero) y del menor (Michi, recientemente fallecido) plantea, in media res, los problemas familiares candentes; la verdad que se oculta tras las relaciones; la pugna entre hermanos por ocupar el lugar vacío que ha dejado el padre, y la aceptación de esta situación por parte de la madre. A la vez, sus circunstancias vitales reflejan, hoy más aún si cabe, por el tiempo transcurrido y el distanciamiento a que da lugar, aspectos cruciales de la reciente historia de España. Los “asesinos de los ruiseñores”, “la estirpe infiel de los Panero” denostada por Neruda, conjuga tanto la ambigüedad de la generación poética de la posguerra, su superficialidad fingidamente trascendente, su necesaria falsedad (y su inevitable verdad), como su opuesto, encarnado en la transgresión de toda norma, en el buscado satanismo de Leopoldo María. En último extremo, estas cualidades tienen su raíz en esa locura poética y real que lleva al ser humano al conocimiento de sí mismo.

La ausencia de Leopoldo se prolonga durante una gran parte de la película, mientras se nos presenta a Juan Luis, empeñado en seguir ocupando el papel principal, y desempeñando el papel de bufón, alternando conscientemente lo grotesco con lo serio: es inolvidable la escena en que enumera sus “fetiches”, como también lo es aquella en que relata la muerte de su padre. La inseguridad y la nerviosidad de Michi, ese chico tan mono, cobran diversos matices a lo largo de la película, cuando asume el papel de “entrevistador” de su madre, o bien cuando se complace en provocar la irritación de Juan Luis; quizá una de las escenas más sublimes del filme es aquella en la que deja traslucir la idealización que ha hecho de su madre, citando un verso de Rimbaud. Michi aparece aquí como eterno adolescente, desubicado y con las alas cortadas en el mundo franquista que le tocó vivir; sin embargo, es patente la intrascendencia de esa circunstancia, su desazón vital que, al no hallar cauce alguno, se dilata en la pereza y en la abulia. La pericia narradora de la madre, Felicidad Blanc, no logra ocultar cierto cinismo y un afán de protagonismo que tal vez siempre le había sido negado. 

Al inicio de la película, la figura de Luis Rosales, que aparece dando un discurso en el día en que se descubre en Astorga una estatua de Leopoldo Panero, ofrece un extraño contraste con los niños vestidos con trajes regionales; su andar indeciso, como el despiste generalizado de los habitantes del pueblo, parecen estar reflejando la impericia de los españoles en la transición. Las palabras de Luis Rosales surgen como vestigios ampulosos de una época pasada, que sin ser del todo mentira, ocultan gran parte de la verdad; en esa secuencia, la familia proyecta una mirada sesgada sobre la escena que se desarrolla ante sus ojos. Rosales es también protagonista de algunas de las anécdotas magistralmente relatadas por Felicidad Blanc, que sin duda no fueron muy de su gusto. (Al parecer, tras el estreno de la película, Felicidad Blanc propuso a Luis Rosales tomar algo después, y él replicó: «Ya por hoy he tenido suficiente».) 

El meollo de la película es sin duda la prodigiosa infancia de Leopoldo María, presentada primero por los demás, y pormenorizada y matizada en sus anécdotas, por el propio poeta; la infancia –tema fundamental de la película– se revela finalmente como el lugar en el que permanece anclado el ser humano. No en vano Leopoldo estuvo influido por Ana Mª Moix en su peterpanismo: «En la niñez vivimos, y después sobrevivimos».

Entre todo este denso material, poético por su naturaleza y por la aquilatada expresión de sus protagonistas, el mérito de Chavarri está sobre todo en haber sido capaz de ordenar un material tan valioso como caótico, y en haberlo acompañado sabiamente con la primera página de la sonata 959 de Schubert, cuyos doloridos acordes, en su reiteración, nos terminan de confirmar lo aburrido que hubiera sido ser feliz.

Fragmento:



P.D.: Gracias a Charly 2001, que nos recomendo este documental, sin duda una de los imprescindibles, esperamos que lo disfruteís.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Nada, sólo decirte que este blog está de puta madre y que haces un gran servicio cultural.
Como veo que nadie te dice nada, pues te lo digo yo para darte ánimos.
Un saludo.
Pepe.

Naranjas De Hiroshima dijo...

Gracias Pepe, no sabes como se agradece cuanquier comentario, estaría genial que hubiera mas participacion, pero los docus se ven mucho, que eso es lo importante.

Carmen G. dijo...

He descubierto este blog y como anonimo, no puedo menos que agradecerte la estupenda idea de poner documentales on line.
Trabajo en Argentina y soy documentalista, tengo un blog de Antropologia visual y estabamos en la misma linea de querer subir algunas pelis, podrias decirme como se hace?
Tambien quisiera enviarte una mia para que puedas subir y colaborar con tu blog.
Maravilloso, pondre un link para que mis alumnos puedan encontrate. Gracias por tu tarea.

Diego dijo...

Realmente impresionante. Es un documental único en su género, tan original como fascinante. No lo conocía, ni siquiera había oído hablar de él, y después de verlo (ya van dos veces) tengo la convicción de que es una de las creaciones audiovisuales más llamativas de nuestro país. El desencanto morboso de los personajes, personas reales, su espléndido lenguaje, cómo rebuscan en su interior y en sus vivencias para darle un sentido a la tragedia existencial que viven y nos transmiten. Una herencia maldita que desemboca en este lento y difícil exhibicionismo final de una familia que se quedó encallada en un giro de la historia y se deshace ante nuestors ojos.

Gracias por haberlo puesto. ¿Hay posibilidades de que lleguemos a ver por aquí la segunda parte, "Después de tantos años"?

Naranjas De Hiroshima dijo...

Estamos encantad@s de que este gustando tanto este documental, lo teníamos en casa, pero hasta que no nos hablaron de él, no lo descubrimos. Menos mal.
Respecto a la segunda parte, posibilidades hay casi siempre, personalmente no lo he visto, ¿vale la pena? , lo hemos encontrado por ahi en 2 partes, tendremos que hecharle un vistazo.

Anónimo dijo...

Hoy por vez primera me tropiezo con este blog. Sencillamente increible. De un solo tirón me he visto "La Educación Prohibida" y he quedado lleno de ideas. Gracias por compartirlo.