jueves, 6 de octubre de 2011

Level 5

Título original: Level Five (Level 5)
Dirección: Chris Marker
Guión: Chris Marker
Música: Michel Krasna
Fotografía: Yves Angelo, Gérard de Battista, Chris Marker
Reparto: Catherine Belkhodja, Kenji Tokitsu, Nagisa Oshima, Ju'nishi Ushiyama, Kinjo Shigeaki
Productora: Les Films de l'Astrophore / Argos Films
País de producción: Francia
Año: 1997  
Duración: 104 min.







Laura recibe el encargo de finalizar el guión de un videojuego dedicado a la batalla de Okinawa (una tragedia prácticamente desconocida en Occidente pero cuyo desarrollo desempeñó un papel decisivo en el fin de la Segunda Guerra Mundial, y, como se verá, en la posguerra y hasta el presente). Juego muy singular, sin duda pues, a diferencia de los juegos de estrategia clásicos, cuyo objetivo es revertir el curso de la Historia, Level Five sólo permite reproducir esta historia tal y como fue. Pero, al trabajar sobre Okinawa, Laura se topará con una misteriosa red paralela en Internet de informadores y testigos de la batalla. Así, acumulará los vestigios de la tragedia que empezarán a interferir en su propia vida. Como todos los videojuegos, Level Five avanza por niveles. Laura y su interlocutor, intoxicados por su misión, acabarán por componer una metáfora de la vida, distribuyendo los "niveles" a todo lo que les rodea. ¿Alcanzará Laura el Nivel Cinco?.*1

CARPETA CHRIS MARKER (IV). Gato y lechuza. Mirando desde la oscuridad ("Level Five", 1996)

Chris Marker, el último pensador metafísico, nos invita a asisitir a un extraño ritual funerario. En él, el recuerdo personal y la memoria colectiva se entremezclan a distintos niveles, o juegos de lenguaje, de tal forma que el límite entre realidad y ficción, entre documento y juego se pierde irremediablemente, quién sabe si para siempre. El sufrimiento de Laura/Catherine Belkhodja, por la pérdida de un ser querido, se vuelca una y otra vez sobre el horror de la guerra y su doloroso legado. Okinawa y su trágico destino en la Segunda Guerra Mundial entran en Laura, y en el hueco dejado por aquel a quien ha amado y que ha perdido, para llenarlo con la angustia de una pregunta. De no haberse producido el sacrificio de Okinawa, es muy probable que no hubiera existido el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki y, de seguro, la historia del siglo XX habría sido otra muy distinta. Marker reconstruye, gracias a la memoria, el mosaico de aquello que fue, y restituye, gracias a la distancia, nuestra capacidad de comprensión, más allá de la explicación de unos hechos. Así lo expresa Christa Blümlinger: "El mecanismo regulador de una cultura del recuerdo precisa algo más que el mero documento, algo más que la referencia a un acontecimiento histórico o a una circunstancia".

(...)

Otra pregunta nos asalta. ¿Podemos decir que sigue viva esa concepción de lo audiovisual ahora mismo? ¿No será ese existir audiovisual un concepto marchito y moribundo? Probablemente sí. Lo audiovisual ya no existe. Hemos franqueado una nueva frontera, adentrándonos en el plano de lo virtual, lugar donde la imagen y la palabra, lo fílmico y el audio, ya no son una representación sino que son su realidad latente hecha ilusión microtécnica. Lo cibernético, que está condenado a morir, como Cocoloco, el loro mecánico que se queda sin respuestas ante Laura, marca la pauta técnico-estética, es su vanguardia. Y Marker, vanguardista y experimentalista a conciencia, se ha convertido en un poeta digital. Sin embargo, en Marker, al contrario de lo que pasa con el movimiento Dogma 95, Lars von Trier a la cabeza, los nuevos tratamientos que se abren hacia la imagen y el sonido no son nunca una respuesta nerviosa ni maniquea a los conflictos que los personajes suscitan, sino que se interpone entre ambos, personajes y conflictos, el lúcido filtro de la reflexión conceptual y de la serenidad expositiva. Además vale recordar que el Dogma 95, en su aparente y rabiosa modernidad, no es más que una versión reducida y simplificada de aquel otro movimiento de los años 60, hoy ya casi olvidado o dócilmente asumido, que se llamó cinéma-verité, del que precisamente Chris Marker es uno de sus principales representantes tanto a nivel teórico como práctico, junto a Jean Rouch o, un poco más tarde, Alain Cavalier. Pero claro, también hay un elitismo de las formas y mientras el comercial Dogma 95 llena las salas, los restos del naufragio del cine-verdad se vacían de público, y eso con suerte de que lleguen a estrenarse estas obras, significativamente siempre en circuito especializado, ya sea vía filmoteca, festival o anacrónico cine-club. Curiosamente, lo que de válido tiene el Dogma 95, y otra vez con von Trier como su apostol más claro, es la reformulación de los principios del cine-verdad que conlleva su propuesta.*2


Fuentes de información: *1 FilmAffinity, *2 Extracto del artículo "CARPETA CHRIS MARKER (IV). Gato y lechuza. Mirando desde la oscuridad ("Level Five", 1996)" de Nacho Cagiga publicado en la revista Shangrila.



Solo trailer disponible

3 comentarios:

angola dijo...

Me gustó mucho. Lo histórico, lo real, lo poético y lo cibernético forman un cóctel explosivo. Hai una escena colage sobre las máscaras que volveré a ver varias veces.
También encuentro muy acertadas las reflexiones sobre el ciberespacio, esa fábrica de autismos. Espero contribuír con este comentario a animaros a que continueis regalándonos con una oferta audiovisual que no es posible encontrar en ningún otro lado. Gracias. Un saludo exportable a todo el mundo. Disfruté mucho con este nivel. Seguimos en el siguiente.

angola dijo...

No puedo evitar acordarme de HIROSHIMA, MON AMOUR, de Resnais. Está aquí esta esta película?

Claudia Molina dijo...

:( Está bloqueado :(