martes, 23 de marzo de 2010

Araya

Título original: Araya
Año: 1959
País de producción: Venezuela
Dirección: Margot Benacerraf
Guión: Margot Benacerraf y Pierre Seghers
Fotografía: Giuseppe Nisoli.
Música: Guy Bernard.
Narración: Voz de Laurent Terzief en la versión francesa y de José Ignacio Cabrujas en la venezolana.
Intervienen: La gente del pueblo de Araya
Productora: Caroni Films
Duración: 82 min.
Formato: 35 mm, B/N.
Formato copia: BETARip.










"Araya" es una salina natural, ubicada al nordeste de Venezuela en la Peninsula del mismo nombre, cuyos recursos han sido explotados manualmente por largos años. Margot Benacerraf plasma en imagenes la vida de los "salineros y sus artesanales métodos de trabajo, antes de que estos definitivamente desaparezcan a consecuencia del arribo de la explotación industrial con avances tecnológicos.


Araya parece ser un film maldito. Maldito, porque no encontró su lugar ni en la filmografía documental como género, ni en la producción de su directora, ni en la representación de su país. ¿Por qué digo esto? Es que Araya es un film que podría catalogarse de documental porque muestra la labor que los pobladores de la península de Araya (en el noroeste del país) realizan de sol a sol en las salinas del lugar. Pero su autora niega que lo sea, pues insiste en que ella preparó un guión y ubicó a sus personajes de acuerdo a ese guión, en lugar de registrar “desde afuera” las acciones que los pobladores realizaban día a día. Y allí entraríamos en un terreno polémico en el que tendríamos que detenernos a definir los matices de la realidad, materia prima del cine, y su reproducción. No es de eso de lo que quiero hablar, porque el tema que nos reúne es la cinematografía de los 50 y no los límites entre la ficción y el documental. Quiero hablar de los injustos reveses que ha sufrido este film que es un hito en la historia del cine venezolano.

Margot Benacerraf nació en la Caracas de 1926, que en ese entonces vivía los últimos años del gobierno dictatorial de Juan Vicente Gómez, un gobierno tan gris que dejó al país con treinta años (los que duró su dictadura) de atraso con respecto al resto de los países de América latina. Benacerraf pertenece a una de las familias más acomodadas de Venezuela. Estudió cine en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (IDHEC) de París y volvió a su tierra a filmar, primero, un cortometraje sobre el pintor venezolano Armando Reverón, “el pintor de la luz”, que recogió valiosos comentarios de la crítica cinematográfica, incluso de aquella que se leía en Cahiers du Cinéma. Con ese estímulo encaró la filmación de Araya, film que le permitiría un mayor reconocimiento internacional.

Conviviendo largas temporadas con los sujetos de su obra, plantándose horas y horas frente a los posibles escenarios que le ofrecían las salinas, Benacerraf se pasaba los días buscando los elementos que le darían cuerpo a su historia. Con una mirada casi antropológica, la autora nos muestra, con encuadres cuidados, la fotografía en blanco y negro, y una composición verdaderamente poética, las condiciones primitivas en que se desarrolla la vida de esos seres que viven de la pesca y de la producción de la sal en un rincón olvidado del país, que más allá de ese entorno se mostraba con un impulso vital desmesurado.

Araya compitió en el Festival de Cannes, donde no sólo fue admirada y despertó cantidad de comentarios auspiciosos, sino que además recibió el Premio Internacional de la Crítica, junto a Hiroshima mon amour (Alain Resnais), en su edición de 1959. Sin embargo, su autora no había quedado conforme con el montaje de su film. Habiéndole hecho caso a los distribuidores, la duración original de tres horas (que tanto Renoir como Langlois le habían recomendado no cortar) pasó a ser una versión de ochenta minutos que nunca conformó a Benacerraf, a tal punto, que esta mujer que sobresalía en el panorama cinematográfico no sólo venezolano, sino latinoamericano e internacional, no volvería a rodar nunca más.

En Venezuela, la película tardó dieciocho años en estrenarse, debido a varios contratiempos, que incluían desde la pérdida de la copia hasta la enfermedad de la directora, pasando por ese montaje que no terminaba de complacer a su autora. El país natal de Margot Benacerraf vivía al ritmo de los cambios sociales y políticos del resto del continente. Los años 70 irrumpieron con su carga ideológica y el Festival de Cine de Mérida ofrecía a los ojos ávidos de propuestas fundamentales, las imágenes revolucionarias del cine de Glauber Rocha, de Jorge Sanjinés, de Octavio Getino y Fernando Solanas, de Fernando Birri, de Gutiérrez Alea… Un cine comprometido con la realidad social y política de la región, un cine que buscaba concientizar al espectador para que no fuera un ente pasivo frente al film, sino que por el contrario tomara en sus manos la solución de una realidad hecha sobre la base de la colonización y la explotación. En ese marco, Araya apareció como anacrónica, como una hermosa película que mostraba algo que había sucedido mucho tiempo atrás.

Sin embargo, Araya contiene todos los elementos que permiten ubicarla entre las mejores películas de los 50. Su cuidado estilo, su mirada contemplativa, el lirismo de sus luces y sombras, los hermosos y desolados paisajes que ofrece la salina, la orquestación de esos cuerpos que son parte de un gran mecanismo que realiza un trabajo agotador… forman un conjunto de imágenes con gran fuerza narrativa y poderosa carga estética, que permiten ubicar a Margot Benacerraf como un referente del cine poético venezolano.

Ya no importa si estamos ante una ficción o un documental, es una pena que no haya habido más películas de su autora; hoy vemos este film no sólo como un regalo para nuestros ojos, lo vemos en su contexto, con todo lo que le jugó a favor y en contra. Y en el balance, la rescato como una película que debería ser accesible para todos, como un film para recuperar, como una obra de arte que no debe quedar en el olvido.

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Fuentes de información: Artículo de Liliana Sáez, publicado en Miradas de Cine, Cultivadores de Culto (info y descargas), Clan Sudamerica (info y descargas).



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3 comentarios:

Fawdawi dijo...

Qué hermoso documental que nos permite conocer los días sufridos de esta comunidad venezolana. Mil gracias por todas estas películas.

Documaniático dijo...

Con su permiso, pondré este docu en mi blog. un saludo.

Naranjas De Hiroshima dijo...

Gracias por comentar y por ayudar a difundir maravillas como esta.