viernes, 5 de octubre de 2012

El Acordeón del diablo


Título original: El Acordeón del diablo
Dirección: Stefan Schwietert
Intervienen: Francisco Rada, Antonio Jamarillo, Manuel Rada Oviedo, Alfredo Gutiérrez, Israel Romero, Jose Romero, Rafael Valencia
Año: 2000
País de producción.: Alemania, Colombia, Suiza
Duración: 84 min.





















Un barco alemán repleto de acordeones con rumbo a Argentina naufraga en una remota playa del caribe. Los nativos, que hasta ese entonces solo habían contado con los tambores de los africanos y las flautas de los indígenas, aprenden por si mismos a tocar este instrumento. Uno de ellos, de nombre Francisco Rada, adquiere singular virtuosismo en este instrumento y alegra a su pueblo con su don. El Diablo, celoso de sus cualidades musicales, lo reta un día a un duelo de acordeones, en el cual es vencido. Por su valor, el músico es desde entonces rebautizado como Francisco el Hombre.

Esta bien pudiera ser una fábula extraída de alguna novela de Gabriel García Márquez, pero es la verdadera historia del nacimiento del vallenato en Colombia, según el documental germano-suizo “El acordeon del Diablo” del director alemán Stefan Schwietert. 

Francisco el Hombre en realidad existe, y en el año 2000 tenía 92 años y unas cualidades interpretativas y mentales intactas. Comenzó a tocar el acordeón a los 4 años y se le considera como uno de los fundadores del vallenato. Hizo su carrera tocando de pueblo en pueblo y de fiesta en fiesta por unos cuantos pesos. En la película oímos de su propia boca su historia, sus canciones, su vida personal, y vemos su habilidad musical y la casi total pobreza en la que vive. Oímos además interpretaciones de otros músicos famosos de Colombia que rinden homenaje a Francisco Rada, y vemos su forma de vida, su idiosincracia, sus problemas y sus anhelos. Hay escenas en verdad memorables, como un duelo de acordeones entre dos jóvenes intérpretes herederos de la tradición de Francisco, y otra, en la cual unos músicos de orígen seguramente africano interpretan una maravillosa pieza en los tambores. Un documental muy agradable y lo recomiendo ampliamente. Además los ávidos lectores de García Márquez pueden satisfacer su curiosidad viendo en carne y hueso a las personas y los paisajes que inspiraron la obra del colombiano.





Extracto de el artículo "Una familia de artesanos colombianos reinventa el acordeón vallenato"


El organetto, del cual deriva el acordeón, lo patentó en Viena el austríaco Cyril Demian en 1829, y nadie discute su papel protagonista en la música vallenata de la costa norte de Colombia.

La historia de cómo llegó el acordeón a Colombia a finales del siglo XIX no está clara. Unos dicen que lo trajeron los marinos europeos que llegaron a la Guajira (península fronteriza con Venezuela) y otros afirman que un barco alemán naufragó y los indígenas cogieron los acordeones y aprendieron a tocarlos.

El cineasta alemán Stefan Schwietert cuenta en su documental “El acordeón del diablo” que un nativo llamado Francisco Rada se volvió un virtuoso del instrumento y en una pelea con el diablo, lo vence, y desde entonces se le conoció como “Francisco El Hombre”.

A partir de ahí nació la leyenda en torno al vallenato, un género musical que cuenta historias de amores y tradiciones de los pobladores del norte de Colombia y que muchos años después se popularizó a nivel mundial gracias al cantante Carlos Vives.

Su principal exponente artístico fue el maestro Rafael Escalona, autor e interprete de “La casa en el aire”, y desde 1968 se celebra el Festival de la Leyenda Vallenata sobre una tarima llamada “Francisco El Hombre”, en Valledupar, la capital del César.

El mismo Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez llegó a afirmar que “Cien años de soledad” era “un vallenato de 350 páginas”.

En esa joya literaria García Márquez pone a Aureliano a tocar el acordeón, del que dice “aprendió a tocar el fuelle nostálgico de oídas”, convencido de que cuando se escucha este instrumento a uno se le “arruga el sentimiento”.

Y para Domingo Vega, “el acordeón es un sentimiento grande, es casi el corazón de la humanidad, es un sentimiento que a pesar de que se toca con los dedos llega al alma”.*1