martes, 23 de junio de 2009

Undergångens arkitektur - Arquitectura del destino


Titulo Original: Undergångens arkitektur
Titulo en Inglés: The Architecture of Doom
Año: 1989
País de Producción: Suecia
Duración: 119 min.
Formato: 35 mm, Blanco y Negro
Dirección, producción y guión: Peter Cohen
Editor: Peter Cohen
Narrador: Sam Gray (en Versión original en Alemán es Bruno Ganz).
Co-producida por: POJ Film Produktion AB; Sveriges Television Kanal 1, y Sandrews Film & Teater AB Filmmixarna (mezcla de la película).
Idioma: Versión en Ingles con subtítulos en Castellano.

Anatomía de una obsesión

Arquitectura del destino es un sorprendente documental del realizador sueco Peter Cohen (quien además asume labores como productor, editor y guionista); es decir, el caso de una obsesión en la cual el artista empeña todas sus fuerzas para conseguir plasmarla. Se trata de un material que, mediante un amplísimo fondo de imágenes de archivo, desarrolla la tesis de que el nazismo no fue sólo una ideología de conquista, sino que la práctica del exterminio organizado (de judíos, gitanos, eslavos y homosexuales, principalmente) estaba profundamente imbricado con la estética y era el reverso del sueño fascista de que el Tercer Reich fuese el principio de una nueva y superior raza alemana.

Vista desde este ángulo, la violencia fascista resultaba el camino más corto para alcanzar en el mundo un orden de belleza que, pese a lo demencial del planteo, se presumía que sería eterno. De esta manera nos son mostradas continuas muestras de la vocación estética de Hitler (su apoyo a la quema de libros de autores judíos, a la prohibición del arte de vanguardia bajo la acusación de ser un “arte degenerado”, sus diseños de arcos de triunfo, teatros y museos), elevadas al nivel de la megalomanía, en un argumento derivado del ensayo Hitler según Albert Speer, de Elías Canetti. En paralelo a ello, igual nos es enseñado material de archivo que documenta el plan secreto dentro del cual fue aplicada la eutanasia a los alemanes con problemas de retardo mental e incluso a aquellos enfermos de tuberculosis; unidas a lo anterior, semejantes revelaciones apuntan a la realidad de una trilogía perturbadora: el guerrero, para el exterminio a gran escala (mediante la destrucción de asentamientos humanos en países extranjeros y sus habitantes o en los campos); el médico, para la eliminación de los alemanes “defectuosos”, brindar las bases científicas encima de las cuales organizar el exterminio a gran escala y para desarrollar una gran ciencia que beneficiara a la Nueva Raza Alemana, mediante la realización de experimentos con seres humanos en los campos; y, finalmente, el esteta, cuya función sería la de elaborar el aparato conceptual dentro del cual sucedería lo anterior, además de crear un entorno bello para el hombre futuro.

Fue Canetti quien, con mayor sagacidad, mediante el análisis de las memorias de Speer, arquitecto de Hitler, comprendió la combinación según la cual la grandeza estética a la que aspiraba el nazismo precisaba del ejercicio de una inmensa cantidad de violencia organizada. Lo mismo que en su ensayo, el documental sigue la pista de la construcción de grandes obras de arquitectura al tiempo que la agresión fascista crece; pormenoriza en detalles de la megalomanía hitleriana en la remodelación de Linz, ciudad natal del Führer, para convertirla en “capital del arte mundial”, o en el sueño de sepultar Moscú bajo una presa cuando terminara la guerra y así borrarla de la memoria de los hombres. En la carrilera opuesta a toda esta voluntad creativa se encuentra la realidad brutal de la guerra, especialmente cuando está asociada a los instantes en que la balanza se inclina del lado de la derrota de Alemania, pues es allí cuando lo demencial alcanza su mayor estatura: vemos a Hitler, revisando la versión final de la maqueta de Linz, cuando los bombardeos prácticamente han destruido Berlín y los soviéticos se encuentran a las puertas de la ciudad. Que el trabajo de los diseñadores y arquitectos haya proseguido aún en esta situación, como si la ilusión fuese todavía posible, alcanza para revelar la magnitud del delirio implícito en el nazismo. Después de ello, lo mismo que en el ensayo de Canetti, el convencimiento en el Führer de que Alemania será vencida equivale a la idea de que todo, habitantes y cosas, merece ser barrido para que pueda algún día futuro renacer de sus cenizas; el testimonio de la grandeza del sueño serían las construcciones, la estética. En la secuencia que cierra la película, la única realizada en el presente, presenciamos una escena alucinante: en algún sitio de Europa, en el sótano de alguna casa, ha sido descubierta toda una colección de retratos al óleo de las más altas figuras de la jerarquía del partido nazi. La cámara se mueve entre los cuadros apilados, finalizando en el de Hitler y entonces el delirio regresa: si los restantes habían sido ejecutados con meticuloso realismo, el de Hitler nos lo muestra con la armadura propia de un guerrero medieval y portando en la mano derecha una bandera batida por el viento.

Fuente de información: Reseña escrita por Víctor Fowler Calzada, para Miradas (EICTV).

Versión en Ingles con Subtítulos en Castellano.


Vídeo original en V.O. sin subtítulos en: GoogleVideo.