lunes, 26 de enero de 2015

Ciutat Morta

Título original: Ciutat Morta
Dirección: Xavier Artigas, Xapo Ortega 
Producción: Diana Asenjo
Guion: Jesús Rodríguez, Mariana Huidobro
Música: Las Casicasiotone, Rui Aires
Sonido: Xapo Ortega (post-producción de Francesc Gosalves)
Fotografía: Xapo Ortega, Marielle Paon y Xavier Artigas (etalonaje de Luís Germanó)
Montaje: Xavier Artigas y Núria Campabadal
Licencia: Creative Commons BY-NC-SA 3.0
País de producción: España
Idioma: Catalan con subtítulos en castellano.
Productora y distribuidora: Metromuster
Año: 2014
Duración: 120 min.








Ciutat Morta es una película documental catalana sobre el caso 4F, dirigida por Xavier Artigas y Xapo Ortega en el año 2013. Se preestrenó el 8 de junio de 2013 en Barcelona y se estrenó oficialmente el 24 de marzo de 2014 en Málaga. Ha sido premiada en el Festival de Guía de Isora, MiradasDoc, con una mención honorífica y también como mejor documental en el Festival de Málaga de Cine Español, en su edición de 2014.


Estreno

El 8 de junio de 2013 se estrenó el documental '4F: ni olvido ni perdón' con una acción de desobediencia civil. Esta acción consistió en la ocupación por parte de 800 personas de un cine cerrado 11 años antes, en el centro de Barcelona: el Palau del Cinema de Via Laietana. El cine fue rebautizado como Cinema Patricia Heras. Ciutat Morta incluye las imágenes de la ocupación del cine.




Sinopsis

8 de junio de 2013. 800 personas entran en un cine abandonado del centro de Barcelona con el fin de proyectar un documental. El antiguo edificio lo rebautizan como Cinema Patricia Heras en honor a una chica que se suicidó dos años antes. ¿Pero quién es Patricia? ¿Por qué decidió quitarse la vida? ¿Qué relación tiene su muerte con Barcelona? Las respuestas a estas preguntas son exactamente lo que quiere dar a conocer esta acción ilegal y de gran impacto mediático: que se sepa la verdad sobre uno de los peores casos de corrupción policial en Barcelona, en la ciudad muerta.

El caso del 4F

La noche del 4 de febrero de 2006 terminó con una carga policial en el centro de Barcelona. Fue en los alrededores de un antiguo teatro ocupado en el que se estaba celebrando una fiesta. Entre los golpes de porra, empezaron a caer objetos desde la azotea de la casa ocupada. Según relató por radio el Alcalde de Barcelona pocas horas después, uno de los policías, que iba sin casco, quedó en coma por el impacto de una maceta.


Las detenciones que vinieron inmediatamente después del trágico incidente nos relatan la crónica de una venganza. Tres jóvenes detenidos, de origen sudamericano, fueron gravemente torturados en dependencias policiales y posteriormente enviados a prisión provisional, siendo privados de libertad durante dos años, a la espera de juicio, sin llegar a esclarecerse de qué se les acusaba. Poco importaba que el objeto que hirió al policía hubiera sido tirado desde una azotea mientras que los detenidos estaban a pie de calle. Otros dos detenidos aquella noche —Patricia y Alfredo— niegan haber estado presentes en el lugar de los hechos: fueron detenidos en un hospital cercano y hallados sospechosos por su forma de vestir. A pesar de las pruebas y evidencias que exculpaban a todos los acusados, en el juicio que se celebró contra ellos no se estaba juzgando a individuos, sino a todo un colectivo.

Se trataba de un enemigo genérico construido por la prensa y los políticos de la Barcelona modélica. Barcelona, la ciudad que acababa de estrenar su llamada “ordenanza de civismo”, una ley higienista, marco legal perfecto para los planes de gentrifcación de algunos barrios céntricos, destinados al turismo. Los chicos detenidos aquella noche eran cabezas de turco que encajaban perfectamente, por su estética, con la imagen del disidente antisistema: el enemigo interno que la ciudad modélica había ido generando aquellos últimos tiempos.


Años después, apareció en los medios la noticia de que dos policías habían sido condenados a prisión, con penas de más de dos años, por haber torturado en dependencias policiales a un joven latinoamericano. La sentencia condenatoria demostraba que los agentes mintieron y manipularon pruebas durante el juicio. A fin de encubrir las torturas a las que sometieron al joven latinoamericano, acusaron a éste de ser traficante de drogas. Sin embargo, en el curso de la investigación judicial el juez descubrió que dicha acusación era falsa y no obedecía sino a un montaje policial: el joven en cuestión era, en realidad, hijo del cónsul honorario de Noruega en Trinidad y Tobago y se hallaba en Barcelona cursando estudios universitarios. Estos agentes resultan ser los mismos que habían torturado a los jóvenes detenidos aquella noche del 4 de febrero de 2006, además de haber declarado como testigos en contra de los acusados durante la celebración del juicio. Se puso de manifiesto así que los agentes torturadores se sirvieron del mismo modus operandi en ambos casos. La única diferencia en el segundo caso era el origen social de las víctimas: al ser hijo de un diplomático, el joven torturado tuvo un juicio justo; los acusados por el proceso del 4 de febrero de 2006, no lo tuvieron. Es la enésima historia de impunidad policial, acompañada por buenas dosis de racismo, clasismo y la vulneración de derechos fundamentales, todo ello amparado por un aparato policial-judicial que no experimentó ruptura alguna con la dictadura franquista y unos políticos obsesionados con el negocio inmobiliario que brinda la Marca Barcelona a costa de sus ciudadanos.
Patricia Heras, la poeta difunta

Más allá de la ciudad de Barcelona, el personaje principal de Ciutat Morta es Patricia, a quien vamos conociendo a través de su poesía y el testigo de sus amigas y ex-parejas sentimentales.8 Se trata de una joven estudiante de literatura, extremadamente sensible, que esconde sus inseguridades detrás de una estética excéntrica, alimentada por la cultura queer con la que se identifica.

La experiencia que le atraviesa a partir de aquella mañana del 4 de febrero de 2006, cuando es detenida junto con su amigo Alfredo en un hospital, da un giro radical a su vida. Dos años de angustia a la espera del juicio, agotando todos los ahorros de su vida para pagar abogados. Tres años de condena en la cárcel. A parte de destrozar su vida, estos hechos disparan su productividad literaria que va quedando registrada en un blog que titula de forma premonitoria: Poeta Muerta.9

Patricia se suicida durante una salida de la cárcel, en abril del 2011. Esta película pretende ser un homenaje a ella.


Licencias

La película está publicada bajo la licencia Creative Commons BY-NC-SA 3.0.

Financiación

La película documental Ciutat Morta fue financiada exclusivamente con una campaña de crowdfunding en la plataforma Verkami a partir de microdonaciones, consiguiendo 4.720€ de los 4.211€ solicitados. El excedente fue destinado directamente al grupo de apoyo a Patricia Heras y Rodrigo Lanza con la campaña de "Des-Montaje 4F".

El coste real, de haberse cubierto todos los gastos de realización, ascendería a unos 90.000€ aproximadamente.

Censura

Los medios de comunicación minimizaron la cobertura de su estreno, la obtención de premios en diferentes festivales. TV3, la televisión pública catalana, rechazó la coproducción del filme cuando concluyó su grabación y retrasó todo lo posible su emisión a pesar de que se llegó a ofrecer gratuitamente, llegando a mentir en sede parlamentaria a este respecto el director de TV3, Eugeni Salent.

Finalmente, el documental se emitió el 17 de enero de 2015 en el Canal 33 en horario de máxima audiencia aunque no en su versión íntegra, consiguiendo una cuota de pantalla en Cataluña del 20% y una audiencia de 569.000 personas. La versión emitida tenía eliminada unos 5 minutos, en cumplimiento a una sentencia judicial, lo cual fue considerado como una posible forma de censura parcial.

por Lucía Lijtmae


Es imposible olvidar  Ciutat Morta una vez la ves. Si además eres barcelonés, es muy probable que la película te persiga por las calles, acechándote. Sería muy fácil decir que te quita un velo de delante de los ojos, pero más bien puede que te suceda lo contrario. De repente, sobre monumentos, esquinas, paseantes, hay algo pegajoso que lo cubre todo. Los ciudadanos que hayan visto la película, por primera vez emitida en la televisión pública catalana, deberán enfrentarse a todo ello. A lo siguiente:

1. El poder público como cómplice y encubridor de un caso de violencia y tortura policial tras las irregulares detenciones de cinco ciudadanos durante una pelea –que se saldó con un guardia urbano gravemente herido– en un antiguo teatro ocupado. Su posterior encarcelamiento habría podido ser evitado cuando el entonces alcalde Joan Clos relató tener conocimiento de un informe policial que probaría la inocencia de los detenidos. La posterior desaparición de ese informe hace evidente el necesario conocimiento e implicación del concejal de Seguridad y Movilidad Jordi Hereu (después alcalde), el exconcejal de Ciutat Vella Carles Martí y la exconsellera de Interior, Montserrat Tura.

2. El papel de la justicia: la jueza Carmen García Martínez, del Juzgado de Instrucción número 18 de Barcelona, envió a prisión provisional a los jóvenes Juan Pintos, Álex Cisternas y Rodrigo Lanza, que habían sido claramente torturados, y les privó de libertad durante dos años, a la espera de juicio, sin llegar a esclarecerse de qué se les acusaba. La Audiencia Provincial de Barcelona condenó en enero de 2008 a los detenidos –incluyendo a Patricia Heras, que no estaba presente en el lugar de los hechos– a penas de hasta cuatro años basándose exclusivamente en los testimonios de los policías presentes. La pena fue posteriormente aumentada a cinco años en el caso del detenido Rodrigo Lanza.

3. La policía: los agentes Bakari Samyang y Víctor Bayona, que torturaron a los acusados la noche del 4 de febrero de 2006, fueron los mismos que declararon como testigos en contra de los acusados durante la celebración del juicio. Posteriormente fueron condenados a prisión, con penas de más de dos años, por haber torturado en dependencias policiales a un joven de Trinidad y Tobago. Los agentes, de 34 y 38 años, acaban de obtener la jubilación. Recibirán una pensión vitalicia de entre 1.600 y 1.800 euros mensuales. Durante la proyección del documental el sábado pasado en la televisión pública, la reacción de Mossos d'Esquadra en las redes sociales  fue de mofa

4. Los médicos. De todo el metraje de Ciutat Morta, el papel de los médicos en el Hospital del Mar supone un indicio aterrador: la llegada de unos veinteañeros sangrando y en estado de shock, custodiados por los agentes de la policía, es recibida con indiferencia por el personal médico del hospital, que no hace preguntas ni da señal de alarma.

5. Los medios de comunicación: con honrosas excepciones –quizás el más claro sea el de La Directa–, el caso 4F ha sido omitido de los medios catalanes. Esto ha continuado con la repercusión del documental, y ha llegado a extremos delirantes con la televisión pública catalana: TV3 desestimó la compra de la película incluso cuando fue premiada en Málaga. La presión ciudadana en las redes obligó a la cadena a asegurar que el documental se emitiría antes de que acabara 2014. Tras idas y venidas –que incluyeron la pregunta directa al director de Televisió de Catalunya sobre el retraso en emitir el documental, por parte del diputado de las CUP David Fernández en sesión parlamentaria–, la película ha sido emitida previa censura.

Si jueces, policía, representantes públicos, medios de comunicación y especialistas sanitarios omiten y, por tanto, se hacen cómplices de un caso así, ¿qué le queda a la ciudadanía?

Y entonces, el velo pegajoso que cubre la ciudad se revela. Lo que muestra, con su olor a muerte, es demasiado aterrador para ser olvidado.



Fuentes de información: Metromunster, Wikipedia, Ciutat Morta, El Diario.es.