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martes, 11 de octubre de 2011

Cabra Marcado Para Morrer

Título original: Cabra Marcado Para Morrer (Cabra, Marcado Para Morir o Hombre marcado para morir o Twenty Years Later).
Dirección: Eduardo Coutinho.  
Guión: Eduardo Coutinho.
Fotografía: Fernando Duarte (1964), Edgar Moura (1984). 
Música: Rogério Rossini.  
Edición: Eduardo Escorel.
Intervienen: Eduardo Coutinho, Elizabeth Teixeira, João Virginio Silva.
Narración: Ferreira Gillar,Tite De Lemos 
Producción: Eduardo Coutinho Produções Cinematográficas, Produções Cinematográficas Mapa, Zelito Viana, Vladimir Carvalho, Eduardo Coutinho.  
Formato: 35mm, Color y B/N.
Idioma: Portugués con subtítulos en castellano.
País de producción: Brasil  
Año: 1964-1984. Estreno: 1985.
Duración: 119 mins.




Cuando se comenzó este filme, en 1964, relataba la vida de Joao Pedro Teixeira, líder campesino asesinado en 1962. Interrumpido por el golpe militar, la cinta fue recomenzada en 1981. Con material del pasado y del presente, de ficción y documental, narra la historia de las ligas campesinas y de Joao Pedro. Testimonios de los testigos de 1964 y de la viuda, Elizabeth Teixeira. *1

Reinventarse a sí mismo: el paso de la ficción al documental a partir de “Hombre marcado para morir” (Por Pablo Russo) 

No era la primera vez que Eduardo Coutinho se probaba el traje de director, aunque posiblemente Cabra marcado para morrer (1984) implique una dimensión fundante que sería esencial para su recorrido cinematográfico futuro. Se trata de la película considerada por el mismo Coutinho como el verdadero inicio de su carrera como documentalista, que realizó con 50 años cumplidos, mientras aún trabajaba para Globo Reporter. Y este comienzo implicó a su género opuesto, la ficción, a partir de la generación de una intertextualidad con su propio cine: una película dentro de otra.

Para entender este juego de implicancias es necesario desandar el tiempo hasta el año 1964. Coutinho, que entonces tenía 28 años, fue elegido para dirigir una película de ficción basada en hechos reales: el asesinato por orden de terratenientes de Joao Pedro Teixeira, un líder campesino del nordeste brasilero, ocurrido poco tiempo antes. La producción estaba a cargo del Centro Popular de Cultura de la Unidad Nacional de Estudiantes, y del Movimiento de Cultura Popular de Pernambuco. Quienes oficiaron de actores eran campesinos de la zona y algunos de los mismísimos protagonistas de los hechos, como ser Elizabeth Teixeira, la mujer del dirigente asesinado. La filmación comenzó en marzo del 64, pero el 1 de abril fue paralizada por el golpe militar que tuvo lugar la noche anterior contra el presidente Joao Goulart, y que duró hasta 1985. Al día siguiente de derrocar a Goulart, el ejército interrumpió la filmación, que derivó en parte del equipo en fuga, actores prisioneros y expropiación del material filmado. Cabra marcado para morrer se convirtió en una película violentamente interrumpida, con sus integrantes en éxodo y dispersión. Lo increíble es que algo del material filmado pudo salvarse, y es precisamente de esas imágenes recuperadas que parte Coutinho para finalizar su película, casi veinte años más tarde, desde una óptica de trabajo muy diferente a la de 1964.

A principios de los años ochenta, Coutinho carga con una copia de lo que pudo salvar del primer Cabra…, el de los años sesenta, y dos cámaras, con la idea de encontrar a quienes habían trabajado en la película. Al rescate histórico de imágenes (found footage de sí mismo), el director le agrega reportajes a los participantes, indagando así en las memorias individuales y en la memoria colectiva sobre los acontecimientos traumáticos. Es decir, Coutinho recupera el material antiguo, pero lo actualiza y reelabora generando nuevos significados a partir de una nueva interacción en el montaje con otro tipo de material (entrevistas, por ejemplo). La película conserva su contenido original, que a su vez también se ha transformado por su innegable valor de archivo. Con la primera cámara, el director busca, averigua, entrevista. Con la segunda filma a la cámara principal, dejando en claro las condiciones de producción de la película, que además son explicadas desde la propia voz en off de Coutinho. El realizador produce el acontecimiento a ser filmado a partir del trabajo con su propio metraje recuperado: les proyecta las imágenes de la película trunca a quienes va reencontrando en su investigación, estableciendo conexiones entre los acontecimientos de 1964 y el presente (de los años ochenta) de esas personas. Los campesinos que se van reconociendo en la pantalla en el momento de la proyección también son entrevistados, y conocemos entonces sus recorridos particulares en los años posteriores a la filmación interrumpida. El rescate histórico a partir de los testimonios contiene la reconstrucción del último día de filmación. Además, el reencuentro de Coutinho con Elizabeth Teixeira generó profundas transformaciones en la vida de la mujer, ya que hasta ese entonces ella vivía en la clandestinidad y no sabía del destino de varios de sus hijos. Elizabeth se convierte en un personaje principal de Cabra marcado para morrer. Coutinho también es un personaje más, que le imprime al trabajo una dimensión subjetiva con su sola presencia. En varios momentos la narración es en primera persona, ya que el fue también protagonista de la filmación y los sucesos del 64.

El resultado final incluye imágenes documentales de inicios de los años sesenta, fragmentos del primer Cabra marcado para morrer, fotografías de la filmación que se pudieron salvar, recortes de diarios de época, imágenes del proceso de filmación, reportajes a los participantes, y búsquedas e investigaciones sobre el paradero de las personas que trabajaron en 1964, así también como de los hijos de Elizabeth Teixeira.

El director podría haber elegido el final feliz de Elizabeth recuperando su identidad luego de tantos años de clandestinidad, pero la narración informa que al momento de la edición, ella sólo había reencontrado a dos de sus ocho hijos vivos. Esto tiene que ver con una concepción medular del pensamiento de Coutinho: las películas no resuelven las vidas de las personas. Ni cambian el mundo. A lo sumo, sirven para pensarlo, e intentar conocerlo. *2





jueves, 6 de octubre de 2011

Level 5

Título original: Level Five (Level 5)
Dirección: Chris Marker
Guión: Chris Marker
Música: Michel Krasna
Fotografía: Yves Angelo, Gérard de Battista, Chris Marker
Reparto: Catherine Belkhodja, Kenji Tokitsu, Nagisa Oshima, Ju'nishi Ushiyama, Kinjo Shigeaki
Productora: Les Films de l'Astrophore / Argos Films
País de producción: Francia
Año: 1997  
Duración: 104 min.







Laura recibe el encargo de finalizar el guión de un videojuego dedicado a la batalla de Okinawa (una tragedia prácticamente desconocida en Occidente pero cuyo desarrollo desempeñó un papel decisivo en el fin de la Segunda Guerra Mundial, y, como se verá, en la posguerra y hasta el presente). Juego muy singular, sin duda pues, a diferencia de los juegos de estrategia clásicos, cuyo objetivo es revertir el curso de la Historia, Level Five sólo permite reproducir esta historia tal y como fue. Pero, al trabajar sobre Okinawa, Laura se topará con una misteriosa red paralela en Internet de informadores y testigos de la batalla. Así, acumulará los vestigios de la tragedia que empezarán a interferir en su propia vida. Como todos los videojuegos, Level Five avanza por niveles. Laura y su interlocutor, intoxicados por su misión, acabarán por componer una metáfora de la vida, distribuyendo los "niveles" a todo lo que les rodea. ¿Alcanzará Laura el Nivel Cinco?.*1

CARPETA CHRIS MARKER (IV). Gato y lechuza. Mirando desde la oscuridad ("Level Five", 1996)

Chris Marker, el último pensador metafísico, nos invita a asisitir a un extraño ritual funerario. En él, el recuerdo personal y la memoria colectiva se entremezclan a distintos niveles, o juegos de lenguaje, de tal forma que el límite entre realidad y ficción, entre documento y juego se pierde irremediablemente, quién sabe si para siempre. El sufrimiento de Laura/Catherine Belkhodja, por la pérdida de un ser querido, se vuelca una y otra vez sobre el horror de la guerra y su doloroso legado. Okinawa y su trágico destino en la Segunda Guerra Mundial entran en Laura, y en el hueco dejado por aquel a quien ha amado y que ha perdido, para llenarlo con la angustia de una pregunta. De no haberse producido el sacrificio de Okinawa, es muy probable que no hubiera existido el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki y, de seguro, la historia del siglo XX habría sido otra muy distinta. Marker reconstruye, gracias a la memoria, el mosaico de aquello que fue, y restituye, gracias a la distancia, nuestra capacidad de comprensión, más allá de la explicación de unos hechos. Así lo expresa Christa Blümlinger: "El mecanismo regulador de una cultura del recuerdo precisa algo más que el mero documento, algo más que la referencia a un acontecimiento histórico o a una circunstancia".

(...)

Otra pregunta nos asalta. ¿Podemos decir que sigue viva esa concepción de lo audiovisual ahora mismo? ¿No será ese existir audiovisual un concepto marchito y moribundo? Probablemente sí. Lo audiovisual ya no existe. Hemos franqueado una nueva frontera, adentrándonos en el plano de lo virtual, lugar donde la imagen y la palabra, lo fílmico y el audio, ya no son una representación sino que son su realidad latente hecha ilusión microtécnica. Lo cibernético, que está condenado a morir, como Cocoloco, el loro mecánico que se queda sin respuestas ante Laura, marca la pauta técnico-estética, es su vanguardia. Y Marker, vanguardista y experimentalista a conciencia, se ha convertido en un poeta digital. Sin embargo, en Marker, al contrario de lo que pasa con el movimiento Dogma 95, Lars von Trier a la cabeza, los nuevos tratamientos que se abren hacia la imagen y el sonido no son nunca una respuesta nerviosa ni maniquea a los conflictos que los personajes suscitan, sino que se interpone entre ambos, personajes y conflictos, el lúcido filtro de la reflexión conceptual y de la serenidad expositiva. Además vale recordar que el Dogma 95, en su aparente y rabiosa modernidad, no es más que una versión reducida y simplificada de aquel otro movimiento de los años 60, hoy ya casi olvidado o dócilmente asumido, que se llamó cinéma-verité, del que precisamente Chris Marker es uno de sus principales representantes tanto a nivel teórico como práctico, junto a Jean Rouch o, un poco más tarde, Alain Cavalier. Pero claro, también hay un elitismo de las formas y mientras el comercial Dogma 95 llena las salas, los restos del naufragio del cine-verdad se vacían de público, y eso con suerte de que lleguen a estrenarse estas obras, significativamente siempre en circuito especializado, ya sea vía filmoteca, festival o anacrónico cine-club. Curiosamente, lo que de válido tiene el Dogma 95, y otra vez con von Trier como su apostol más claro, es la reformulación de los principios del cine-verdad que conlleva su propuesta.*2


Fuentes de información: *1 FilmAffinity, *2 Extracto del artículo "CARPETA CHRIS MARKER (IV). Gato y lechuza. Mirando desde la oscuridad ("Level Five", 1996)" de Nacho Cagiga publicado en la revista Shangrila.



Solo trailer disponible

sábado, 1 de octubre de 2011

Tlatelolco Claves de la Masacre

Dirección: Carlos Mendoza        
Guión: Carlos Alberto Mendoza Aupetit 
Producción: Nancy Ventura Ramírez
Música: Benito Espinoza, David Mora
Fotografía: Eliseo Morales,Francisco Javier Zarco        
Montaje: Roberto Vázquez Rojas 
Productora: La Jornada, Canal 6 de Julio. 
Páis de producción: México
Año: 2003
Duración: 57 min.
"Fruto de la investigación de Carlos Mendoza y del equipo del Canal Seis de Julio, A.C., este video es un documental que reúne todos los testimonios cinematográficos que se conocen sobre los sucesos del 2 de octubre y que La Jornada ha decidido poner al alcance de sus lectores a partir del 27 de septiembre en los puestos de periódicos Quizá porque se nos advierte cuando empieza a correr la cinta que el sonido que acompaña a las escenas no es una ambientación a modo, sino el silbar de las balas y el bullicio angustioso que se escuchó la tarde del 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas, es precisamente ese rumor de descargas una de las cosas que más impresionan de Tlatelolco, las claves de la masacre."
Algunas notas previas a la masacre del 68:
  • La palabra Tlatelolco proviene del náhuatl tlatelli o xaltiloll que significa “terraza o lugar del montón de arena”. Era el hogar de los Chichimecas  hasta que en 1473 formó parte del Imperio Mexica gracias al emperador Axayácatl
  • En el México originario, Tlatelolco era la 2a ciudad más importante después de Tenochtitlan y fue muy famosa porque tenía el mercado más importante de toda la región.
  • El 13 de agosto de 1521, Tlatelolco es testigo de la derrota del último emperador azteca Cuauhtémoc en la batalla decisiva contra los mexicas y donde se calcula que murieron más de 40,000 indígenas.*2
¡CONTRA LA PARED HIJOS DE LA CHINGADA! ¡AHORITA LES VAMOS A DAR SU REVOLUCION! (frase histórica de los altos mandos del ejército mexicano al cargar contra los manifestantes) 
Hoy se cumplen los cuarenta (actualizando, son 42) años de la matanza de estudiantes en Tlatelolco, siguen pasando los años y las conmemoraciones pero el juicio histórico y político, aunque parezca mentira, está aún por hacerse. Los culpables amparados en un sistema que premia con la impunidad han logrado escapar al cerco de la justicia. Lo cierto es que el presidente de entonces Díaz Ordaz desde un primer momento asumió la responsabilidad en dicha tragedia que según sus propias palabras “fue provocada por los estudiantes comunistas que dispararon contra la tropa”. La democracia y el estado de derecho estaban en peligro y había que cortar de raíz ese fermento subversivo.

Díaz Ordaz no es más que un perverso matarife de guante blanco y levita sólo comparable al conquistador Hernán Cortés que también en la misma plaza de Tlatelolco un día 13 de agosto de 1521 inició el genocidio del pueblo Azteca. Para mayor ironía semanas después de la matanza el verdugo de Díaz Ordaz inauguró los Juegos Olímpicos del 68 con una suelta de palomas de la paz tras encomendarse a la protección de la virgen de Guadalupe. Lo más curioso es que ningún país se retiró de la olimpiada o hizo una declaración de protesta por la masacre La comunidad internacional, muy por el contrario, felicitó al presidente por la valentía y el arrojo que demostró en este “infausto” episodio.

El año 1968 será recordado en la historia de la humanidad como un año de revueltas y agitación social: el mayo del 68, la primavera de Praga o el movimiento hippie, las panteras negras en EE UU y las manifestaciones en contra de la guerra del Vietnam. También fue marcado por el asesinato de Martín Luther King y el de Robert Kennedy, y como, no Tlatelolco, que es lo que más nos atañe a los latinoamericanos. 
El movimiento estudiantil mexicano se declaraba antiimperialista y libertario resuelto a protestar contra del orden establecido, a protestar contra el autoritarismo y la represión policial propiciada por el gobierno, la inviolabilidad la autonomía universitaria y un sin fin de reformas sociales necesarias para consolidar un sistema plural y democrático. En esos años gobernaba el PRI que ejercía un poder omnímodo, monolítico sin apenas oposición, en donde no existían errores y el jefe máximo era glorificado por la camarilla oficialista. Cada una de sus palabras se consideraban sagradas y todos los medios de comunicación y la elite intelectual tenían que hacerle venias a su majestad todopoderosa.

No existía la posibilidad de hablar mal del presidente, caricaturizarlo y menos demostrar como él y sus secuaces desfalcaron millones de pesos del erario público. Lo más natural era que los grandes dignatarios y su cortesanos salieran multimillonarios del palacio de gobierno. Bala, cañonazos y bayoneta calada fueron las órdenes impartidas por el sicario y sucesor de Díaz Ordaz, Luís Echevarria, en ese entonces Secretario de Gobernación, con el fin de reprimir las protestas estudiantiles. Estos dirigentes corruptos, asesinos a sueldo de los norteamericanos, en los libros de historia siguen siendo renombrados como próceres beneméritos del orden y al progreso.

¡Qué frágil y efímera es la memoria! Hoy el presidente mexicano Felipe Calderón no es más que el sucesor de esos genocidas pues continúa utilizando la represión para acallar los movimientos sociales, sin olvidar a los cachorritos de la Madrid, Salinas de Gortari, Cedillo y el zorro de Fox.

Díaz Ordaz ante la multitudinaria marcha del silencio el 13 de septiembre de 1968, en la que participaron alrededor de 200.000 jóvenes que tomaron el zócalo capitalino, dijo: hasta donde estemos obligados a llegar llegaremos. Fue tal la demostración de fuerza que los estudiantes amenazaron con ocupar el Palacio Nacional si el presidente no accedía a negociar un pliego de peticiones. En respuesta fueron desalojados a la brava con tanques militares y arrestados varios de sus dirigentes. 
Pero lo peor estaba por venir. Fue ese día aciago del dos de octubre del 68 cuando los estudiantes de la UNAM y del Instituto Politécnico junto al Consejo Nacional de Huelga se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas o Tlatelolco para conminar al gobierno a aceptar sus reivindicaciones. Pero Díaz Ordaz iracundo dio la orden de disolver el motín pues se acercaban las olimpiadas y para él los insurgentes pretendían boicotearlas. La reputación de México estaba en peligro. Uno de los lemas más coreados por los estudiantes no dejaba dudas de sus intenciones: no queremos olimpiada, queremos revolución. Ésta fue su sentencia de muerte.

Inmediatamente el régimen priísta los acusó de traidores a la patria y de estar financiados, entrenados y armados por los soviéticos y los cubanos. “Los Estudiantes no tenían otra intención que la de desestabilizar la institucionalidad”-titulares de la prensa-Esos son los instigadores de un golpe bolchevique Testigos de la matanza dicen que a las 18 horas 15 minutos vieron acercarse a un helicóptero militar que dio varias vueltas sobre la plaza lanzando una bengala. Esta era la señal para iniciar el combate. Los estudiantes cercados en Tlatelolco fueron presa fácil del “heroico” cuerpo de Granaderos y el batallón Olimpia del ejército mexicano que al grito de “a todos estos cabrones se los llevo la chingada” dispararon a mansalva -dizque en defensa propia- al verse atacados por francotiradores (que no eran otros que agentes infiltrados del propio Batallón Olimpia) Luego se demostró que la mayoría de las víctimas tenían heridas de bala en la espalda, los glúteos o en las piernas. En medio del caos fueron cobardemente fusilados a traición.

A los oficiales que participaron en la operación de la Plaza de las Tres Culturas se les premió con ascensos, autos LTD ultimo modelo y viajes a Disneylandia. Díaz Ordaz de carácter autoritario y déspota, colaborador de la CIA como tantos otros gobernantes latinoamericanos, hoy yace enterrado en el pabellón de próceres ilustres. Incluso fue nombrado a finales de los años setentas embajador en España por ser uno de los estadistas mejicanos de mayor prestigio. Siempre se vanaglorió de que él había salvado a México de la catástrofe y así lo contaba la historia oficial hasta hace muy pocos años pruebas más contundentes salieron a relucir sentando en el banquillo de los acusados a los inductores de la masacre. Díaz Ordaz junto a sus esbirros Luís Echevarría, Secretario de Gobernación y Marcelino García Barragán, Secretario de Defensa son los directos responsables del asesinato, desaparición y tortura de cientos de estudiantes a los que hoy 40 años después homenajeamos como mártires de la libertad. No podemos cejar en el empeño de perseguir a los asesinos hasta que sean condenados porque estos crímenes de lesa humanidad jamás prescriben y el ordenamiento jurídico de los tribunales internacionales está presto a castigarlos. El estado mexicano es el directo culpable de este genocidio y debe pagar una justa reparación moral y económica a todas las víctimas. Ese día sangriento en medio de la balacera nació un nuevo México, un México que a pesar de todo se ha reafirmado en la lucha revolucionaria que inspiraron sus héroes populares Pancho Villa y Emiliano Zapata.*1 
Otros documentales que tratan este tema: El Grito, México La Revolución Congelada.

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¡EL 02 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA!