lunes, 12 de octubre de 2009

Ceramiqueros de Tras la Sierra

Año: 1965
País de Producción: Argentina
Dirección: Raymundo Gleyzer
Guión: Raymundo Gleyzer, Ana Montes
Fotografía: Humberto Ríos
Montaje: Raymundo Gleyzer
Sonido: Juana Sapire
Formato: 16 mm B/N.
Duración: 20 min.















Documental de investigacion antropologica, que registra el trabajo y la vida de una comunidad de artesanos en el norte de Argentina.

Raymundo Gleyzer nació en Buenos Aires (Argentina) en 1941. Hijo de Jacobo (un ruso ucraniano) y Sara Aijen, ambos artistas y activistas que fundaron el teatro IFT ( Idisher Folks Teater -Teatro Popular Judío- ) donde Raymundo creció.

Cursando en la escuela, en 1963, se va a Brasil con Jorge Giannoni, que había ganado un premio del Instituto de Cine para hacer un corto sobre la sequía y la inmigración campesina en el sertao brasileño. Jorge no aguantó y una mañana Raymundo encontró una cartita, que decía: "chau". Y un buen día la familia Gleyzer, recibio la siguiente carta: "Llego tal día a tal hora a la Estacion Lacroze". Lo fueron a buscar, flaco, la cara pelada por el sol, barbudo y sucio, pero tenia "La Tierra Quema" en la mochila.

Así era Raymundo, neura, apasionado, y por eso garantizaba todo, poder filar en tiempos en que no existía la facilidad del video.

Según sus amigos, donde ellos decían "tal vez podamos..." él decía "sí, se puede".

Hacia 1965, le propone a Huberto Rios, docente de realización de la escuela de Cine, irse con e'y su compañera Juanita a Cordoba. De Alli salen "Pictografias de Cerro Colorado" y "Ceramiqueros de Tras la Sierra" que se llevó el Primer Premio del Segundo Festival Internacional Experimental y Documental de la Universidad Catolica de Córdoba. Mauricio Berú, jurado en ese festival, recuerda: "Raymundo llegaba con ideas claras y trataba todos los temas sin nigun misticismo, mostrando la llaga, sin falsos pudores. Lógicamente eso le valio la repulsa de muchos, pero no había peligro, era lo bastante empecinado y resuelto para seguir luchando".

Un buen día, Raymundo dejó de ser alumno, y nos convertimos en amigos y colaboradores. Nos fuimos juntos a Córdoba a filmar Ceramiqueros tras las sierras y Pictografías del Cerro Colorado. Yo hacía la cámara y él dirigía. Entonces, lo conocí mejor: Vi cómo afloraban sus preocupaciones sociales, cómo crecía su conciencia lentamente –al decir de Benedetti, "como crecen las victorias"–.

En el final de Ceramiqueros tras las sierras (Argentina. 1965. Dirección de Raymundo Gleyzer), la cámara se da vuelta y pone en cuestión el rol del mismo equipo que está filmando. La idea es la de indicar una necesidad de conciencia: miro y me miran. Miro a través de la cámara y me miran a través de lo que filmé con ella. Ese momento era una forma de preguntarnos ¿qué es lo que estamos haciendo? ¿Qué es lo que estamos pensando? ¿Qué es lo que somos? ¿Para qué queremos la cámara? ¿Para qué esta estructura? ¿Qué objeto tiene? ¿Qué es lo que me rodea? ¿Qué es lo que veo alrededor de mí? ¿Qué es lo que la gente no puede hacer y yo puedo hacer? Es decir, dar vuelta la pregunta que hago al personaje y enfrentar el realizador al espejo. El espejo tiene una función muy importante, no solamente en el cine sino en la psicología. Porque, ¿el cine qué es? El cine es memoria. Por más que uno trabaje y aunque el resultado sea simplemente un registro sin ningún pensamiento constructor, ese registro ya es memoria. Y es memoria depositada en el tiempo, que puede crecer.

Fuentes de Información: Cuaderno del Taller Experimental de Montaje "Contraimagen", Introducción al Cine Documental, por Humberto Ríos.


Ver en Youtube: Parte 1. Parte 2.